El inevitable revés de la vida cumplió con sus augurios, dejando a su paso, una estela de miseria que carcome lo más paupérrimo que pernocta en mi cuerpo como rastro de lo que fue un alma…un alma que hoy se ve empobrecerse día tras día al fragor de la emoción cuya sangre coagula en las tinieblas de la inocencia…
El frio llega tarde para refrescar un cuerpo calcinado, una conciencia trastornada lo suficiente para aislarse hasta de sí misma…brazos que se enredan para escudarse de entes ajenos que apañan su visión y nublan su estima…
El dolor se apodera de mi espíritu hoy espectral, el cual sonríe a su pasar asegurando un porvenir devastador, asolación que sanará lo último de esta gangrena existencial, donde la carne ya marchita solo es un esbozo de lo que alguna vez creyó ser, y lo que alguna vez quizás lo fue…
Al tiempo se burla mi esperanza, óleo de una escena sólo capaz de recrearse en los más profundos y apócrifos sueños devenidos en pesadillas, de los que mi propio ego se regocija ante el revuelque sobre mi broza, proyecto de cadáver…
Como una droga fue consumiendo toda huella de libertad, donde las cadenas lastiman tobillos y muñecas que ya no desangran…
El pavor combustiona las heridas que suceden las presiones por un anhelo de felicidad, de lo que jamás podría gozar cual lluvia jamás detiene su ira…
Se resquebrajan los recuerdos de algo que nunca sucedería, ya que todo transcurre dentro de un sueño donde sueña con despertar, para tan solo abrir los ojos, y ver que ya no está.