miércoles, 21 de marzo de 2012

In God We Trust

Podría decirse que el título de lo que será este artículo se refiera a una connotación religiosa, cediendo la suerte de lo que nos excede a destinar nuestro destino en las manos de quien sabe qué.

Lo cierto es que muy lejos de la religión se encuentra la semántica de lo que nos inquieta y por lo que quien suscribe –yo- se siente impulsado a desasnar algunas vicisitudes político-económicas que han recaído en las manos del libre mercado, emulando la entidad de un Dios –vaya ironía-.

A decir verdad, desde la concepción misma de las organizaciones religiosas –organizaciones políticas al fin y al cabo- siempre persistió un colorido trasfondo de intereses que negociaron con toma de rehenes, no física, sino metafísicamente.

Por el año 1971, a raíz del “pick del petróleo” y la llegada de barcos franceses repletos de papeles verdes –también llamados dólares- fueron cambiados por oro que yacía en las arcas del Tesoro norteamericano. Es decir, que el patrón oro que se mantenía hasta el momento, fungía de lastre que ataba el crecimiento real a las disponibilidades de oro que existían hasta el momento.

En efecto, luego del abandono del patrón oro el 15 de agosto de 1971, los papeles verdes pasaron a carecer de convertibilidad en bienes reales, y pasaron a depositar su sustento, en las bondades del señor. "In God We Trust" dice al dorso de la moneda norteamericana.

Los billetes ahora convertibles a nada, se convirtieron en moneda fiduciaria atada a la confianza del mundo entero por sobre la producción de los Estados Unidos.

Desde 1971, el mercado financiero comenzó a gestar su crecimiento por encima del crecimiento real de la producción mundial, provocando una transferencia de riqueza desde quien producía, hacia quien especulaba, deteriorando el precio absoluto de los productos, provocando las disputas por la distribución de las riquezas entre el capitalista y el trabajador.

Cuando comienza a decaer la rentabilidad empresaria a raíz del detrimento de sus riquezas, el apalancamiento deriva su sustento y desvía los capitales desde la inversión productiva, hacia la especulativa, configurándose así una sumatoria de micro-realidades, en un resultado macro de contracción económica y caída del empleo mundial, debido a que todos los países jugaban a la balanza comercial excedentaria, restringiendo el ingreso de los productos a sus mercados internos.

No es casual, que a partir de esta década, se comenzara por reordenar la estructura mundial entre el centro y la periferia, donde al segundo le correspondió un “reordenamiento” poco feliz, con la desaparición de 33.000 personas como proyecto de corto plazo, y el terrorismo cultural del Estado para sostener el statu quo como proyecto de largo plazo.