viernes, 20 de julio de 2012

A los amigos, y por qué no, a los compañeros también:


Un día simbólico, o tal vez solo otro día comercial de las grandes corporaciones de bebidas alcohólicas, quien sabe…
Pero si se trata de un motivo que nos reúna, bienvenido sea, en la abundancia que nos encuentre, o en la precariedad de nuestro poder adquisitivo, pero como bien se dice, que el mejor vino no se hace ni en Francia, ni en nuestra región de cuyo, sino que el mejor vino es el que se toma con los amigos.
Hoy 20 de julio es quizá ese momento que nos pone los pies sobre la tierra, y la imaginación por las nubes porque entre risas etílicas y comentarios lisérgicos nos vemos allí reflejados de alguna manera en las sonrisas de aquellas personas que bien sabemos que tienen otros ritmos y locuras, pero que la vida –por suerte- nos puso a compartir el mismo tiempo y espacio, y que con un esfuerzo político intentamos fortalecer esos lazos emocionales como se puede, con nuestros defectos como lastre, y nuestras virtudes como fortalezas.
Nos une el simple hecho de contar con ese alguien que siempre está dispuesto a abrirte la puerta a las 4 am si perdés las llaves –por supuesto con una puteada como recibida y despedida- y también preguntarte ¿Cómo estás? si no estás bien, o simplemente acompañarte para rellenar ese espacio que media entre el silencio del ocio y el bullicio de la muchedumbre.
Pero ahí están los amigos y los compañeros de militancia que bien son lo mismo.
Tal vez estemos en condiciones de reemplazar la palabra “compañero” por “amigo” o viceversa, ya que son más o menos lo mismo, y entre cánticos y saltos nos podemos sentir contenidos por una idea suprema que bien puede ser ideológicamente política, o tan solo compartir el estilo de vida con aquellos que disentimos políticamente pero que son los primeros en preocuparse si nos pasa algo.
Como sea, ese abrazo, esa palmada en la espalda nos marca por dentro, nos tatúa una sonrisa en el alma porque nacemos encorvados fetalmente, y nos erguimos por el orgullo de nuestros amigos y compañeros de vida, y aunque nos alegre un ascenso laboral, o una materia de la facultad aprobada, la verdadera felicidad es aquella anécdota que persiste y resiste al paso del tiempo, porque cada rencuentro con nuestros amigos nos recuerda lo que es verdaderamente importante en la vida, porque las situaciones pasan, y la vida solo es un recuerdo de aquello que vivimos y que nos produce felicidad.
A lo sumo algunos kilos de más, o de menos, más o menos pelo, más o menos plata, y más o menos responsabilidades, pero la esencia esta allí, abrazada a un inodoro vomitando el speed con vodka, o abrazada al fragor de las carcajadas de los amigos, y las gastadas que perdurarán conforme se revitalice la amistad con cada encuentro.
Así que, amigos y/o compañeros de militancia y/o de vida, gracias por estar siempre, y no hoy, sino ayer, aquel recuerdo que nos quedará cuando no estemos juntos, cuando la vida nos distancie, nuestra amistad va a seguir allí, naciendo una y otra vez, cuando recordemos lo felices que nos hace la amistad.
Un abrazo,
Arturo.