Un día simbólico, o tal vez solo
otro día comercial de las grandes corporaciones de bebidas alcohólicas, quien
sabe…
Pero si se trata de un motivo que
nos reúna, bienvenido sea, en la abundancia que nos encuentre, o en la
precariedad de nuestro poder adquisitivo, pero como bien se dice, que el mejor
vino no se hace ni en Francia, ni en nuestra región de cuyo, sino que el mejor
vino es el que se toma con los amigos.
Hoy 20 de julio es quizá ese
momento que nos pone los pies sobre la tierra, y la imaginación por las nubes
porque entre risas etílicas y comentarios lisérgicos nos vemos allí reflejados
de alguna manera en las sonrisas de aquellas personas que bien sabemos que
tienen otros ritmos y locuras, pero que la vida –por suerte- nos puso a
compartir el mismo tiempo y espacio, y que con un esfuerzo político intentamos
fortalecer esos lazos emocionales como se puede, con nuestros defectos como
lastre, y nuestras virtudes como fortalezas.
Nos une el simple hecho de contar
con ese alguien que siempre está dispuesto a abrirte la puerta a las 4 am si
perdés las llaves –por supuesto con una puteada como recibida y despedida- y
también preguntarte ¿Cómo estás? si no estás bien, o simplemente acompañarte
para rellenar ese espacio que media entre el silencio del ocio y el bullicio de
la muchedumbre.
Pero ahí están los amigos y los
compañeros de militancia que bien son lo mismo.
Tal vez estemos en condiciones de
reemplazar la palabra “compañero” por “amigo” o viceversa, ya que son más o
menos lo mismo, y entre cánticos y saltos nos podemos sentir contenidos por una
idea suprema que bien puede ser ideológicamente política, o tan solo compartir
el estilo de vida con aquellos que disentimos políticamente pero que son los
primeros en preocuparse si nos pasa algo.
Como sea, ese abrazo, esa palmada
en la espalda nos marca por dentro, nos tatúa una sonrisa en el alma porque
nacemos encorvados fetalmente, y nos erguimos por el orgullo de nuestros amigos
y compañeros de vida, y aunque nos alegre un ascenso laboral, o una materia de
la facultad aprobada, la verdadera felicidad es aquella anécdota que persiste y
resiste al paso del tiempo, porque cada rencuentro con nuestros amigos nos
recuerda lo que es verdaderamente importante en la vida, porque las situaciones
pasan, y la vida solo es un recuerdo de aquello que vivimos y que nos produce
felicidad.
A lo sumo algunos kilos de más, o
de menos, más o menos pelo, más o menos plata, y más o menos responsabilidades,
pero la esencia esta allí, abrazada a un inodoro vomitando el speed con vodka,
o abrazada al fragor de las carcajadas de los amigos, y las gastadas que
perdurarán conforme se revitalice la amistad con cada encuentro.
Así que, amigos y/o compañeros de
militancia y/o de vida, gracias por estar siempre, y no hoy, sino ayer, aquel
recuerdo que nos quedará cuando no estemos juntos, cuando la vida nos
distancie, nuestra amistad va a seguir allí, naciendo una y otra vez, cuando
recordemos lo felices que nos hace la amistad.
Un abrazo,
Arturo.