viernes, 31 de octubre de 2014

Los BRIC's y la Falacia del Desarrollo

Fabricar robots o exportar materias primas no es el dilema.
Los años dorados de la globalización han encontrado la especialización y la división internacional del trabajo como un punto de inflexión en la desventura que le depara a la distribución consecuente de los ingresos.
Dícese de la industrialización como el faro inexorable al desarrollo. Sin embargo, al permearse en la tela de juicio qué es lo que entendemos por “desarrollo”, nos vemos obligados a confluir en una vertiente de falacias y dicotomías que los sectores sociales vulnerables terminan por percibir en el fondo de sus bolsillos.
Tal es el punto de la disonancia lingüística, que incluso quienes son considerados por la heterodoxia como aptos para explicar y predicar un modelo de desarrollo económico con inclusión social, recaen en tabúes que difícilmente puedan sortear.
Distribuir o no distribuir las riquezas es el dilema.
Por otro lado, la conformación del precio local como internacional parece llevarse consigo al averno océanos de tinta vertidos en las cloacas de textos y ensayos devenidos en pasquines con olor a espíritu adolescente que peca de ingenuidad per se.
Las bases de razonamiento cuya génesis reside en la microeconomía neoclásica, condicionan el desenlace de una ecuación económica despejando una equis errada de concepto.
Recaer en la explicación del precio como un valor nominable implica aceptar de cuajo la máxima de los teóricos de la escuela clásica de la institucionalización que no pudo salir ni el mismo Marx.
Los precios son políticos, la distribución del ingreso reside allí.
El almacenero, o el más rústico de los contadores –que para el caso son la misma persona- entiende que de su libro balance o cuaderno, todos los costos son medios –es un dato dado- a excepción del salario y su ganancia.
Si entendemos que el dinero es un papel rectangular cuyo valor viene dado por la creencia y confianza en su garante –el Banco Central-, deducimos que es poder de compra a tiempo indefinido, lo que lo diferencia de una letra o un bono.
Por consiguiente, el dinero es un papel que las personas dicen valer por una equis cantidad de bienes. Si sospechamos que los productos se componen de mano de obra y otros productos –materias primas, por ejemplo- la ganancia del empleador viene a ubicarse entre medio de ambas cosas.
Si se comprende que la materia prima o insumo de un producto compuesto, es también otro producto donde intervino la mano de obra, se deduce entonces que los productos en general, se componen sólo de capital y trabajo.
De aquellas anotaciones del almacenero inferimos que la proporción entre salario y su ganancia no es otra cosa que una correlación de fuerzas, donde existe una garantía constitucional que avala la acumulación de capital pero en ningún lugar parece pronunciarse de la misma manera hacia la preservación del salario. El primero está preestablecido y el segundo se re-configura de paritaria a paritaria. Hay un desfasaje de tiempo y espacio que mantiene en vilo a la sociedad. Se lo conoce como statu quo y no se entiende su mecanismo.
Un precio internacional viene dado, y un precio local es parido como un embrión que no necesariamente fue concebido como fruto del amor.
Cuando este precio local siente curiosidad por cruzar la frontera se convierte en un precio internacional, y así debe comprenderse un precio internacional que viene dado. Es decir, como una consecuencia en una correlación de fuerzas entre el salario y la ganancia.
Aquella porción que se corresponde como salario implica una capacidad de compra también identificada como poder adquisitivo de bienes y servicios locales como bienes extranjeros. Esta composición de salario/ganancias es la pata de la sota del desarrollo socio-económico de un determinado país.
Si tomamos el espíritu del mercantilismo de buscar el excedente exportando más que importando, llegaríamos a la conclusión de los clásicos que el mundo se quedaría sin excedentes cuando todos buscasen lo mismo cuando la verdadera riqueza de las naciones es la producción de bienes. Si a este último razonamiento le adosamos que los países entienden la ganancia del comercio internacional como el superávit comercial, enviaríamos más productos que los que consumiríamos.
Tanto los mercantilistas como los clásicos de la revolución industrial coincidían en salarios mínimos de subsistencia para desincentivar la importación. El propio marx introdujo el “elemento moral e histórico” en la noción de los medios de subsistencia, sin repudiar la base biológica sino tan sólo explicando cómo se formó.
Si la máxima de los ideólogos de la revolución industrial consta de la riqueza de las naciones en la producción y por deducción la exportación de los mismos, la acumulación de capital viene entendida por estratos sociales, castas, linaje, statu quo. Los trabajadores o asalariados no parecen encastrar en la concepción de “nación” ya que resultan confinados a la pobreza y la mínima subsistencia.
Nada parece haber cambiado con los BRIC’s si encontramos que son todos ellos, por caso, Brasil, Rusia, India y China, atravesados por una deficiente distribución de ingresos que en proporción resultan, de marras, de poco poder adquisitivo.

Sin embargo, los BRIC’s fabrican robots y también exportan materias primas, pero sus clases asalariadas se encuentran más próximos al mínimo de subsistencia muy lejos de identificarse esto como arropados por el concepto de “desarrollo” siempre y cuando culmine allí y no se especifique a qué tipo de desarrollo se refiere.

sábado, 16 de agosto de 2014

La mirada del león



Erguido y entusiasta camina sensual hacia la nada, escuchando el crujir de sus conquistas marchitas y pisoteadas. En un rastro de adulaciones vacías, y halagos inmensurables cuyas vanidades perdidas se encuentran en el fondo del mar.
Sigue en su andar, buscando algo que no encontrará. Sus expectativas no ceden, y su senda socava el caminar. Perdido en el misterio del tiempo que no puede controlar, porque supo conjugar su verba con la gracia de atormentar. Huyendo de sí mismo y pasible de claudicar.
Mira con desdén aquellos que son de fiar, porque su sumisa personalidad lo volvió a irritar.
No soporta la debilidad, y con franqueza suele avasallar, cosechando la lealtad que el temor le suele inspirar. Acobija en su mirada una cuota de compasión que lo enternece, a tal punto de balbucear.
La sobreestimó, y su error nunca reconocerá, el orgullo le enceguece prisionero de su vanidad. Quedó a un costado de su tempestuoso laurel jurando más nunca volver a soñar. Porque su intuición la pudo superar, derrotando su mirada agachando a su Majestad.
La desolló en el prado del magnetismo vulnerable a su respirar, mostró su garganta implorando piedad. El león avanza, la redujo a cenizas sin comenzar… su poder fue desmedido algo imposible para él controlar.
Tan sólo en un segundo al desafiar, la mirada ambos supieron congeniar… ella vio el averno asomándose en sus ojos sin poder dejar de soñar, que en aquellos elíseos campos su alma pueda replegar…el miedo fue mayor, y el abandono inminente le doblegó.
La fiera continúa sin pispear, el desastre a su paso dejar…que perdidas en sus huellas las presas al conquistar, la frustración en su frondosa melena de tiranía y déspota jugar.
A kilómetros y bajo el sol, huele el temor que inspira el sensual contoneo de su portentoso lomo, esbelto embiste seduciendo sin mirar…preso de su propia altivez cautiva sin jugar y cosecha sin sembrar.
Detrás queda su arrollador pasar, vacío de esperanzas víctima de su propio estimar…pírrica victoria entiende al reflexionar…
…que continua en soledad, buscando un reinado que le cueste conquistar…sumiendo a rodillas cuanto aquel ose desafiar.



miércoles, 25 de junio de 2014

Los Cantos de Sirena en los Pasillos del Central



Los rumores como aquella información decodificada del habla, resuenan y reverberan en los pasillos de los Bancos comerciales que en un pasado no muy remoto, fueron protagonistas de la debacle financiera en nuestro país.
Tal es el punto de la incidencia del rumor, que por osmosis se traslada hacia el inconsciente colectivo, que por falta de asesoramiento se torna permeable y echa por tierra un armado delicado de la confianza en un porvenir.
A su vez, las profecías se auto-cumplen por un imaginario que se propaga como en un efecto contagio, derribando las fichas de un dominó que visto en un plano alejado y a nivel macro, conforma la imagen de la impertinente teoría del derrame.
Parece irónico entender que cuando la confianza en el dinero circulante comienza por transpirar, quienes retienen el poder adquisitivo –vía derecho a la propiedad privada- se vuelcan hacia las reservas de valor de antaño y en paralelo, aumentan las ganancias de capital frente al engorde de la tasa de desempleo.
Aquello que se entiende por globalización no es otra cosa que esta capacidad de trasladar la crisis del dinero hacia todos los que participan del intercambio comercial, y en virtud del grado de insolvencia que yace en las arcas estadounidenses, se termina por confluir en la democratización de la miseria en las periferias que compone cada jurisdicción, sea esto a nivel país, provincia, ciudad, o barrio.
El derecho a la propiedad privada le permite retener a quien posea titularidad de capital, la potestad de decidir cuándo y dónde, volver a reiniciar el circuito productivo/consumista, viendo éstos a través de la mirilla, el desahucie de desempleados bollar en una marejada que se los lleva a las profundidades de la exclusión social.
Se entiende al rumor, como la especulación no confirmada con un objetivo determinado que condiciona el comportamiento social por encima de la información objetiva, con lo que podemos argüir que cada rumor proviene de un interés en un sistema de ganancias financieras que no entiende otras reglas de juego que la suma cero, es decir, que no haya ganador sin perdedor.
En efecto, en medio de un año electoral condicionado por una crisis financiera internacional inédita desde la posguerra, cada rumor se perfeccionara en su sintaxis a modo de seducir cuanto oído quede al espectro cercano de quienes deciden volcar sus pequeñas o grandes sumas de titularidad de poder adquisitivo, en los pasillos de una galería de avenida Florida.
Es por esta minoría del 5% que participa de estas ganancias de capital ilícitas, en una elite que no supera el 7% de la población, que obliga al resto de la periferia a sucumbir su estabilidad económica segregada y marginada por el derecho a la propiedad privada que sucinta los bolsillos de una clase media típica que se dejan encantar por sirenas que cantan desde los pasillos del Banco Central de la República Argentina.


lunes, 23 de junio de 2014

La República o el Estado, y el Alma o el interés del objeto

No puede requerirse la intervención de un ente superior que medie entre la ambición del ser humano, y la convivencia entre la colectividad del mismo que la necesita para subsistir, como así también la padece para desarrollarse haciendo uso de los recursos de los que se apropia para expandirse.

En efecto, podemos identificar diferentes elementos que son inherentes a la condición de ser, y a la supervivencia que la misma condición antecedente le confina a perseguir.

Digamos, que la apropiación y la retenencia de los recursos de los que se nutre el ser para sobrevivir tanto física, como metafísicamente dependen de las confrontaciones donde se demuestra el poderío de cada uno, de cara a reflejar tal resistencia a futuros embates sin recurrir a la propia fuerza.

Por consiguiente, la correlación de fuerzas debe nutrirse de algún compromiso entre los mismos actores que componen la universalidad de pretendientes de recursos, de manera tal que los antecedentes funjan de factores aleccionadores y de matriz de razonamiento como constante que obligue a jugar las cartas dentro de tales reglas de juego.

Es decir, que se conforman los términos de convivencia, como un código de conducta cual aloja en su seno, todo aquello que retiene la ambición del ser humano, a saber: algo que perder.

La distribución de los recursos implica no solamente la delimitación del territorio, sino también algún criterio establecido en pos de las nuevas generaciones y la contención misma que requiere todo ser humano recién traído a la vida.

Si entendemos que los recursos dentro de un espacio delimitado son también limitados, esto quiere decir que si algunos seres que recién nacen reciben como subsidio una equis cantidad de recursos -que son limitados- otros no deberían nacer hasta tanto no se expanda la frontera de recursos disponibles, de forma tal que se establezca una otorgación de recursos en base a algún criterio como el esfuerzo y el mérito físico como intelectualmente.

El párrafo que precede conlleva la génesis del centro y la periferia, y las inequidades sociales que segmentan a la sociedad en clases. Si suponemos alcanzados los límites de nacimientos sobre una determinada cantidad de recursos asignados equitativamente, con la llegada de un nuevo ser, todo el sistema se desequilibra por un simple cálculo matemático, donde entrará en juego algún criterio subjetivo que determine quién recibe más, y lógicamente, quien recibe menos.

Esta inequidad es per se, y es la apropiación de los recursos lo que divide las aguas entre las clases sociales disparadas por estas desproporciones, y sobre la cual se fundan las embestidas y las demostraciones de poder que deben ser resistidas cíclicamente conforme el nacimiento de un nuevo ser humano que demanda una equis cantidad de tiempo de madurez tanto intelectual, como fìsica para poder valerse por sí mismos.

No puede haber una concepción de un Estado que incluya a todos por igual, sin permitir que los propios debatan y justifiquen de qué valerse para apropiarse de más recursos que otros tantos, ya que como vimos, ese equilibrio es engullido por los confines de las ciencias estáticas como las matemáticas.

Aquello que quita el sueño al hombre, como animal racional, encuentra al objeto sea éste tangible o no, que le impide discernir entre las tareas que le demanda su genoma para reproducirse y preservar la especie, y aquella otra característica que algunos llaman el alma.

Cuando el ser humano complace sus impulsos y deseos de especie, conforma lo que se denomina familia y se pone en juego la distribución de recursos que quién se ocupe de la manutención deberá adoptar algún criterio subjetivo que lo lleve a repartir aquellos recursos.

Esto último no es menor, ya que cuando los hijos alcancen la madurez suficiente para valerse por sí mismos, desafiarán el poder que el padre poseía y ejercía, ya que como vimos al comienzo del ensayo, los recursos son limitados, y tanto padre como hijo deberán negociar la apropiación de tales recursos.

Éste sistema de familia es por naturaleza, una organización con jerarquías establecidas, y que la política se respira con el primer regaño que recibe el primogénito. A su vez, la familia conforma un solo ente que retiene recursos y los persiste de forma individual frente a los intereses de otra familia que viene en busca de lo mismo, la mayor cantidad de recursos para su familia.