lunes, 27 de mayo de 2019

La guerra conceptual: la Guerra fría no cayó con el muro



Si algo nos deja bien en claro como mensaje liminal y subliminal que nos imparten los contenidos audiovisuales, es que nuestra mente asociará a consciencia o no, que todo lo que implique organización se emparentará con una connotación negativa, para lo que siempre contaremos con un antagonista que no es otro que un ser individual, o un puñado de éstos que se unen circunstancialmente a combatir-la (la organización).

Grandes producciones cinematográficas nos han dejado enseñanzas que persisten ad finitum en nuestra matriz de razonamiento para sobrevivir las peripecias diarias, basta tan sólo con citar la trilogía de “El Padrino” (The Godfather) donde podemos observar que el doblaje español-latino menciona el término “mafia” acuñado para referirse al crimen organizado de génesis italiana. Culturalmente Estados Unidos de América (al que me referiré como EUA, ya que no tiene nombre de fantasía propio) según el Poder de turno elije su enemigo a combatir culturalmente, étnicamente, y en cada una de esas variables posibles, manifestándolo a través de su cine, series, comics, y demás. Por ejemplo a lo reciente podemos tomar a la inmigración italiana de principio de siglo XX, la que maduró como “mafia” en los años 40 muy bien ilustrado tanto en El Padrino, como en Cara Cortada (Scarface).

Para el caso puntual de Scarface, es preciso señalar que la película de 1932 retrata la vida de Al Capone (gánster de los años 20/30) en su actividad como líder de banda de crimen organizado. Sin embargo, la mayoría de la sociedad recuerda con mayor nitidez la película Scarface de 1983 protagonizada por Al Pacino (Alfredo James Pacino, hijo de padres italianos) que en esta ocasión no interpreta al crimen organizado de procedencia italiana, sino procedente de Cuba…algo curioso como mínimo.

En una de las películas de la trilogía El Padrino, se puede ver claramente a uno de los Corleone leyendo el diario donde en una nota se menciona al crimen organizado como “syndicate”, que en español significa sindicato,  algo que la Real Academia Española  define como:
M. Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros”, que dicho sea de paso se ampara con claridad en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional Argentina, en referencia a la organización de los trabajadores (asalariados) y la protección de sus derechos constitucionales.

En efecto, el sindicato es en sí mismo una institución compuesta por personas humanas, sin embargo desde siempre y hasta nuestros días nunca es bien tomado por la presunción de corrupción que sobrevuela en derredor a la actividad que le dan las personas humanas, al menos desde el tercer mundo latinoamericano. Mientras la propaganda norteamericana (al que sólo me referiré como propaganda) se esfuerza en que nuestra consciencia y subconsciencia asocie el término sindicato a algo negativo, a la mafia, al crimen organizado, y para lo que el ciudadano en situación de vulnerabilidad ante ella sólo pueda recurrir a un emergente individual (mesiánico, como en el judaísmo) que con sus dotes extra-terrestre o sobre-humano pueda vencerlos para traer paz, ya sea aquí mismo en este sitio y en presente, o cruzando el atlántico a decenas de miles de kilómetros para prevenirnos de que la amenaza propague hasta aquí.

Otro hecho que podemos afirmar como tal es que el género “bélico” o “épico” que se relacione con la primera y segunda guerra mundial, EUA parece una víctima tanto como Inglaterra o Francia, siendo que en su territorio no pasó absolutamente nada más que un auto-ataque (permítanme la teoría conspirativa) en Pearl Harbor en 1941 por lo que dos años más tarde decide participar directamente, ya que indirectamente siempre participa y hasta genera los conflictos bélicos porque…su mayor industria pesada es justamente la armamentística y para consumir sus productos…pues…hay que utilizarlos y fabricar más. Simple.

Retomando el caso de la Segunda Guerra Mundial, las películas afines nos muestran el sufrimiento que atravesaron los soldados norteamericanos equiparando en nuestras mentes la misma empatía para con ellos que para con los europeos quienes vivieron el verdadero calvario de la guerra y sus consecuencias, como si las contaminadas napas de agua y las esterilizadas tierras europeas fueran de igual a igual con el “pueblo estadounidense”, todo a causa del mal y el terror que impartió el fascismo y el comunismo y donde volvió triunfante “la libertad”. Así las cosas, la historieta (cómic) “El Capitán América”, surge en 1940 como respuesta al nazismo, presentado como un patriota representando una “América libre” como antagonista de la tiranía en cuyo caso particular contra la Alemania nazi. Vale aclarar que concluida la Segunda Guerra Mundial, las ventas de las historias del capitán américa combatiendo al comunismo y al nazismo ya no encajaban y por consiguiente sus ventas cayeron en picada. Tal como si en 1983 reeditaran Scarface teniendo al estereotipo italoamericano como cabeza de crimen organizado, por lo que claramente decidieron reemplazarlo por la avanzada centroamericana/caribeña.

A los laberintos que se le presenta a la propaganda a causa de la anacronía, supieron sortearla por arriba esgrimiendo hábilmente con el simbolismo en vaina como maestros de la semiótica evocando al enemigo a través de la organización, y la déspota ambición de dominar el mundo. Viejo chascarrillo que podríamos tomar para ellos como su “vieja confiable”, para lo que como método de prevención se decide embarcarse hacia el foco de la cuestión (como con la intervención militar para “ayuda humanitaria”) y prevenirse así de la consecuente e indefectible avanzada hacia el mundo libre. Otro ejemplo más contemporáneo a la adaptación del enemigo de turno según el contexto que azore bien podría citar la saga “El señor de los anillos” (2001) y establecer una comparación de la estética del ejército que sigue a su líder (caracterizando al fascismo) como morochos, de ojos rojos/marrones, con rasgos duros, bien contrastantes frente al ario de ojos claros, piel caucásica de los elfos, hobbits, dúnadans (Viggo Mortensen), éstos últimos pertenecientes al bando de los “buenos”, el lado justiciero.

Sin embargo a la estética mencionada del enemigo de turno de “El señor de los anillos”, la última entrega llamada “El hobbit: la batalla de los Cinco Ejércitos” lanzada en el 2014/2015, el enemigo de turno ya no se presenta como oscuro y en un escenario de fuego y llamas (calor) sino más bien justo lo contrario, de piel blanca, ojos claros y en un escenario de hielo y nieve, como si se retornara al enemigo frío de Rusia. Curioso como mínimo.


Para los años 2012/2013 podemos encontrar una infinidad de producciones cinematográficas (películas y series) que evocan los estereotipos que vengo denunciando, como por ejemplo en la película en que veremos una escena relacionada con un muro en “Guerra Mundial Z” protagonizada por Brad Pitt (ario), algo que bien pudiéramos asociar como solución a la que arribó Estados Unidos en la frontera con México, en Guerra Mundial Z podemos observar la avanzada zombie con idéntica estética a los zombies de “The Walking Dead” (los buenos/sanos son arios casi todos) entre 2010/2019, y “Soy Leyenda” (2007) con Will Smith (afroamericano) quizá simpatizando con la comunidad que luego será representada a través de Barack Obama, y un sinfín de series de Fox y TNT entre las cuales hasta lanzaron una serie sobre el MOSSAD, con ese mismo nombre, casi como humanizando la vida íntima del servicio asesino de inteligencia israelí, exactamente lo mismo que hacen las películas estadounidenses cuando sacan a lucir sus ejércitos (como por ejemplo en Transformers, y en Avatar, con un afroamericano al mando y los comandantes/generales, coroneles y soldados arios).



Continuaré este relato en otra oportunidad.