martes, 17 de mayo de 2011

EL MITO DEL PRECIO Y EL SALARIO REAL COMO COMPROBACIÓN EMPÍRICA

Desde tiempos de batalla mediática entre el gobierno nacional y las corporaciones asociadas a la explotación agraria sojera, el grupo hegemónico que controla los medios de comunicación, tomó como elemento de choque, la manipulación de criterios subjetivos y apreciaciones acompañadas de juicios de valor, emitidos por personajes presuntamente consagrados en sus áreas.
La emisión de datos que fueron traídos de los pelos, y torturados para lograr informar lo que escapa a su propia comprobación contrastada con datos reales y concretos, ha sido desde tiempos de la creación de las ciencias sociales, el ariete fundamental para la desinformación, y con ella aparejada, la respectiva ignorancia generada.
El arte del engaño es liberado en una pradera donde corre protegido por la desidia del receptor de la información que es sometido al destelle de una pantalla o parlante que habla pero no escucha, y que sus reclamos jamás llegarían a ser contemplados, jugando con la fe de erratas como herramienta desechada al olvido.
Las mentiras son reiteradas en función de la necesidad de quien proscribe su interés en producir cierto efecto, sobre quien absorbe los mensajes subliminales florecidos de la gesticulación que empatiza su miseria, acompañando una sonrisa desdibujada por la tristeza que pretende transmitir.
 La anunciación de un resultado económico desfavorable para el segmento dirigido, es previamente estudiado para no mermar pérdidas frente a la apreciación de quien capta el mensaje, por lo que los artilugios puestos en práctica son tan variados como rebuscados, con el objeto final de inculcar una mentira, y por supuesto, aumentar el nivel de audiencia.
Afirmar que un producto es “caro” o “barato” sin expresar el nicho comparable, es abusar de lenguaje tanto como determinar la belleza de un dios. Los precios solo pueden ser caros, contrastados contra un poder adquisitivo, o baratos en la misma lógica.
El salario se expresa en determinada moneda de curso legal en un país, y expresado en divisa bajo la respectiva conversión mediante el tipo de cambio determinado por su banco central.
El costo de vida, comparado entre la necesidad de los productos a consumir como necesidad básica –llamada canasta básica- y entre el salario percibido, deja una franja que es la que determina el salario real de un ciudadano.
Entre países cercanos que intercambian comercialmente sus productos, existe estrecha relación entre el costo de producción de cada estructura económica, vinculado directamente con los niveles de salario nominales, y salario real como elemento sustancial para determinar la evolución o no, del bolsillo del trabajador promedio.
Presumir que un país como Uruguay exporte mas alimentos cárnicos que la Argentina, no quiere decir nada, si este indicador no es ponderado con la cantidad que consume un trabajador promedio uruguayo, comparándolo con la cantidad que consume un trabajador promedio argentino.
El grado de calidad de una canasta básica, será determinado por su composición, y el coste que este representa para quien consume.
Si al dato de exportación uruguaya lo ponderamos con el coste de la canasta básica que ronda los 45,45 dólares, frente a un salario promedio de 579 dólares, nos dará un coeficiente de coste de vida del 0,078. Ahora la misma comparación con la situación argentina.
La canasta básica argentina ronda los 29,75 dólares frente a un salario promedio de 927 dólares, lo cual arroja un coeficiente de coste de vida del 0,032 lo que significa que el trabajador promedio argentino posee un salario real superior al trabajador promedio uruguayo, y el dato primeramente arrojado no significa otra cosa que el encarecimiento de los precios internos debido al grado de apertura del comercio exterior en ese producto, tal como el caso de la carne en el país charrúa.
Presuponer que el televidente argentino, o el interlocutor radial quede sujeto a la mentira, es casi tan grave como la baja en las ventas del Clarín diario, como en las visitas que ven caer dia tras dia en su diario online.
Se hará justicia social. Se ha hecho.

martes, 3 de mayo de 2011

Los medios de comunicación y el impacto sobre la economía argentina

La relación finanza/producción
Desde tiempos de la revolución industrial, se ha implementado el sistema de producción como método de desarrollo, acompañado de la mano de la obra doctrinaria de Adam Smith, en la que introduce el concepto de verdadera riqueza, a la producción y no a la simple acumulación de tesoros al más rústico sesgo mercantilista.
En cuanto al sistema de producción basado en el desprendimiento de capital hoy, para una futura creación de bienes, y por tanto, riquezas, el sistema financiero data desde la edad media con la creación de dinero, desde la emisión de un papel representativo de las riquezas atesoradas en las arcas de los orfebres.
Digamos, que al engendro capitalista tal y como lo conocemos hoy, no es más que la reiteración del cíclico y sinusoidal trayecto que toma la curva de la producción hasta las depresiones pertinentes, ligadas claro está, a la desaparición de la confianza como especulación per se.
Es decir, desterrar el concepto de finanza para la purificación del sistema, sería arremeter no contra la corrupción que el dejo de control sobre éste recae, sino contra la propia ineficacia de quien ejecuta las funciones de uno de los pilares del cual consta el mecanismo de la producción presente y futuro.
Pretender mitigar la incertidumbre el cual detrae el lapso de tiempo entre el préstamo y la producción lograda, conlleva tanto un esfuerzo por sobre el agente que deja a disposición tal suma, y sobre el destino mismo que se le otorga al capital aludido.
Por tanto, es necesaria una relación estrecha entre la confianza de quien deposita dinero en la forma que fuere, y entre la ejecución de tal capital, pues, no habría producción futura –y con ésta, trabajo- si no hubiera inversión a tiempo hoy. Desde ya, que hasta llegar a la institución que funge de prestamista, es necesario advertir de donde obtiene éste su capital, veamos:
La banca privada no consta de un capital inicial más que de una quinta parte del total que posee la empresa, por lo que ante una eventual corrida bancaria, el sistema colapsaría de momento a otro.
Los préstamos se logran a través de los depósitos que previamente fueron depositados por los individuos, o por instituciones gubernamentales, por lo que el carácter de certeza y de seguridad, le corresponde como capital simbólico al depositante, y por tal, como poder mismo, al momento de actuar gregariamente.
Es decir, que el clima de seguridad y de garantía institucional de la cual se nutre la voluntad del depositante, es sumamente delicada y fuertemente sensible ante ruidos que pudieran propagarse de entre los pasillos de las instituciones financieras.
Por otra parte, el destino de los fondos para préstamos carece de estricto horizonte en común, ya que tan sólo una ínfima parte del conglomerado de instituciones de crédito, pertenece a la banca
Estatal. Ipso facto, solo una parte mínima del sistema bancario puede responder a una línea directiva y de igual lógica, tan sólo un ápice de capital en proporción global, es la destinada a las inversiones de producción.
Los medios de comunicación y la Argentina
A espaldas del funcionamiento de una economía, tanto a nivel macro como micro, el sujeto es quien mayoritariamente posee a disposición líquida del sustento al sistema productivo. Si bien individualmente cada movimiento no genera grandes alteraciones, los movimientos en masa, son provocados ante la eventualidad de una posible realidad, de la cual baja hacia el conjunto de la sociedad desde sistemas de transmisión de información.
Si presuponemos que el sistema de producción y consumo está estrechamente ligado al funcionamiento financiero promovido desde las cuentas de cada individuo, tomamos como premisa que la psiquis de la masa se encuentra rendida a merced de la realidad que se perciba de momento a otro.
El discurso que desciende hacia el ser humano, consta de valor simbólico, el cual capitaliza motu propio, adjudicándose la credibilidad y la autoridad moral para arrastrar consigo mismo, la voluntad de quien toma y asimila tal mensaje.
El costo de oportunidad dado en la estructura organizacional tal como sucede hoy –y siempre lo hará- no permite que más de un cierto límite de comunicadores que se dedique a transmitir un abstracto concepto de realidad, pues, tomamos a la realidad como cada punto de vista de cada individuo que compone a la polis.
Así como este efecto de menor proporción de comunicadores por sobre la total proporción de interlocutores, y devenido de tal lógica, la información que ocupa un tiempo y espacio por sobre el espectro informativo, es detraído de un filtro que previamente bajo el criterio de un agente, fue seleccionado para ser transmitido.
Si tenemos en cuenta, que el criterio de quien tiene su poder como capital simbólico, es un sujeto –físico o jurídico- con fines de lucro privado, entonces no queda más que aceptar que la psiquis y el movimiento de masas sea promovido desde tal agente comunicador, con sus propios fines, los cuales carecen necesariamente de relación con la situación económica que el Estado macroeconómicamente persigue lograr.
En un clima de puja de intereses entre los –o él- comunicador por excelencia en la Argentina, y el Estado como promotor de la producción/consumo local, implica una adversidad latente heredada tres décadas atrás, para lo cual, el esfuerzo por sostener la producción y el consumo, y a su vez, sostener la confianza de los depositantes, es tan ríspido como la restricción externa devenida de una crisis financiera internacional tal como sucediera desde el 2008 y del cual aún es imposible determinar el grado de daño que ha provocado y que seguirá provocando.
Aun así, la tendencia que lleva adelante la curva económica desde el 2003 hasta la fecha en nuestro País, da cuenta de la reñida puja de intereses entre el vocero de las corporaciones –y a su vez corporación per se- y el Estado por sostener las cuentas nacionales en su plenitud como no se tenga memoria en nuestra historia.
Digamos entonces, que la economía abarca desde la situación coyuntural estrictamente monetaria, hasta la situación estructural abiertamente social, por sobre el cual recae la responsabilidad por no disociar lo social de lo monetario, sino más bien, complementándolos como un todo bajo un macrocosmos.
La ofensiva del mensaje que promueve las corridas bancarias y el cese de consumo, infundadas en el temor y la incertidumbre futura provocadas desde el grupo monopólico mediático –en el caso argento- intenta provocar la caída del empleo y con este, del salario y así deprimir la masa productiva total –PBI- y retornar a la situación de servidumbre rendida ante los pies de las corporaciones transnacionales.
Frente a una economía estratégicamente cerrada y protegida del avance de la mano de obra foránea, el consumo al ser mayoritariamente local, genera nuevas fuentes de trabajo, y ante la eventual utilización de la total capacidad instalada, abre las puertas a nuevos emprendimientos para sostener la demanda surgente, para lo cual se necesita del préstamo para la inversión.
Por lo tanto, en tal círculo virtuoso del consumo y el trabajo, somos nuevamente atraídos hacia el núcleo de la razón capitalista productiva de la inversión/producción.
Al tomar como punto de partida la franja –hoy minoritaria- de desocupados, nos vemos obligados a seguir sosteniendo el sistema de depósitos individuales para ser destinados a nuevos empréstitos que incluyan al segmento desocupado, para lo cual, es necesaria la interacción entre los difusores de información, y la voluntad política por sobre todas las cuestiones.