La relación finanza/producción
Desde tiempos de la revolución industrial, se ha implementado el sistema de producción como método de desarrollo, acompañado de la mano de la obra doctrinaria de Adam Smith, en la que introduce el concepto de verdadera riqueza, a la producción y no a la simple acumulación de tesoros al más rústico sesgo mercantilista.
En cuanto al sistema de producción basado en el desprendimiento de capital hoy, para una futura creación de bienes, y por tanto, riquezas, el sistema financiero data desde la edad media con la creación de dinero, desde la emisión de un papel representativo de las riquezas atesoradas en las arcas de los orfebres.
Digamos, que al engendro capitalista tal y como lo conocemos hoy, no es más que la reiteración del cíclico y sinusoidal trayecto que toma la curva de la producción hasta las depresiones pertinentes, ligadas claro está, a la desaparición de la confianza como especulación per se.
Es decir, desterrar el concepto de finanza para la purificación del sistema, sería arremeter no contra la corrupción que el dejo de control sobre éste recae, sino contra la propia ineficacia de quien ejecuta las funciones de uno de los pilares del cual consta el mecanismo de la producción presente y futuro.
Pretender mitigar la incertidumbre el cual detrae el lapso de tiempo entre el préstamo y la producción lograda, conlleva tanto un esfuerzo por sobre el agente que deja a disposición tal suma, y sobre el destino mismo que se le otorga al capital aludido.
Por tanto, es necesaria una relación estrecha entre la confianza de quien deposita dinero en la forma que fuere, y entre la ejecución de tal capital, pues, no habría producción futura –y con ésta, trabajo- si no hubiera inversión a tiempo hoy. Desde ya, que hasta llegar a la institución que funge de prestamista, es necesario advertir de donde obtiene éste su capital, veamos:
La banca privada no consta de un capital inicial más que de una quinta parte del total que posee la empresa, por lo que ante una eventual corrida bancaria, el sistema colapsaría de momento a otro.
Los préstamos se logran a través de los depósitos que previamente fueron depositados por los individuos, o por instituciones gubernamentales, por lo que el carácter de certeza y de seguridad, le corresponde como capital simbólico al depositante, y por tal, como poder mismo, al momento de actuar gregariamente.
Es decir, que el clima de seguridad y de garantía institucional de la cual se nutre la voluntad del depositante, es sumamente delicada y fuertemente sensible ante ruidos que pudieran propagarse de entre los pasillos de las instituciones financieras.
Por otra parte, el destino de los fondos para préstamos carece de estricto horizonte en común, ya que tan sólo una ínfima parte del conglomerado de instituciones de crédito, pertenece a la banca
Estatal. Ipso facto, solo una parte mínima del sistema bancario puede responder a una línea directiva y de igual lógica, tan sólo un ápice de capital en proporción global, es la destinada a las inversiones de producción.
Los medios de comunicación y la Argentina
A espaldas del funcionamiento de una economía, tanto a nivel macro como micro, el sujeto es quien mayoritariamente posee a disposición líquida del sustento al sistema productivo. Si bien individualmente cada movimiento no genera grandes alteraciones, los movimientos en masa, son provocados ante la eventualidad de una posible realidad, de la cual baja hacia el conjunto de la sociedad desde sistemas de transmisión de información.
Si presuponemos que el sistema de producción y consumo está estrechamente ligado al funcionamiento financiero promovido desde las cuentas de cada individuo, tomamos como premisa que la psiquis de la masa se encuentra rendida a merced de la realidad que se perciba de momento a otro.
El discurso que desciende hacia el ser humano, consta de valor simbólico, el cual capitaliza motu propio, adjudicándose la credibilidad y la autoridad moral para arrastrar consigo mismo, la voluntad de quien toma y asimila tal mensaje.
El costo de oportunidad dado en la estructura organizacional tal como sucede hoy –y siempre lo hará- no permite que más de un cierto límite de comunicadores que se dedique a transmitir un abstracto concepto de realidad, pues, tomamos a la realidad como cada punto de vista de cada individuo que compone a la polis.
Así como este efecto de menor proporción de comunicadores por sobre la total proporción de interlocutores, y devenido de tal lógica, la información que ocupa un tiempo y espacio por sobre el espectro informativo, es detraído de un filtro que previamente bajo el criterio de un agente, fue seleccionado para ser transmitido.
Si tenemos en cuenta, que el criterio de quien tiene su poder como capital simbólico, es un sujeto –físico o jurídico- con fines de lucro privado, entonces no queda más que aceptar que la psiquis y el movimiento de masas sea promovido desde tal agente comunicador, con sus propios fines, los cuales carecen necesariamente de relación con la situación económica que el Estado macroeconómicamente persigue lograr.
En un clima de puja de intereses entre los –o él- comunicador por excelencia en la Argentina, y el Estado como promotor de la producción/consumo local, implica una adversidad latente heredada tres décadas atrás, para lo cual, el esfuerzo por sostener la producción y el consumo, y a su vez, sostener la confianza de los depositantes, es tan ríspido como la restricción externa devenida de una crisis financiera internacional tal como sucediera desde el 2008 y del cual aún es imposible determinar el grado de daño que ha provocado y que seguirá provocando.
Aun así, la tendencia que lleva adelante la curva económica desde el 2003 hasta la fecha en nuestro País, da cuenta de la reñida puja de intereses entre el vocero de las corporaciones –y a su vez corporación per se- y el Estado por sostener las cuentas nacionales en su plenitud como no se tenga memoria en nuestra historia.
Digamos entonces, que la economía abarca desde la situación coyuntural estrictamente monetaria, hasta la situación estructural abiertamente social, por sobre el cual recae la responsabilidad por no disociar lo social de lo monetario, sino más bien, complementándolos como un todo bajo un macrocosmos.
La ofensiva del mensaje que promueve las corridas bancarias y el cese de consumo, infundadas en el temor y la incertidumbre futura provocadas desde el grupo monopólico mediático –en el caso argento- intenta provocar la caída del empleo y con este, del salario y así deprimir la masa productiva total –PBI- y retornar a la situación de servidumbre rendida ante los pies de las corporaciones transnacionales.
Frente a una economía estratégicamente cerrada y protegida del avance de la mano de obra foránea, el consumo al ser mayoritariamente local, genera nuevas fuentes de trabajo, y ante la eventual utilización de la total capacidad instalada, abre las puertas a nuevos emprendimientos para sostener la demanda surgente, para lo cual se necesita del préstamo para la inversión.
Por lo tanto, en tal círculo virtuoso del consumo y el trabajo, somos nuevamente atraídos hacia el núcleo de la razón capitalista productiva de la inversión/producción.
Al tomar como punto de partida la franja –hoy minoritaria- de desocupados, nos vemos obligados a seguir sosteniendo el sistema de depósitos individuales para ser destinados a nuevos empréstitos que incluyan al segmento desocupado, para lo cual, es necesaria la interacción entre los difusores de información, y la voluntad política por sobre todas las cuestiones.