“Proteger y servir”
Al parecer, la consigna y/o slogan que pregona una estructura orgánica que depende directamente de los estamentos asociados al republicanismo y a la protección misma de estructuras, poco tienen que ver con la ética y moral que el espíritu mismo del cuerpo policiaco pareciera intentar representar.
Lo cierto es que la “protección” es solo efímera cuando la palabra no se condice con las prácticas que emergen de los aplicativos usuales que se ejecutan desde el seno del Estado, sea este del nivel jerárquico que fuera.
Por consiguiente, al desfasaje entre la palabra y aquello que se inmiscuye en el relato cotidiano, pasa desapercibido ante la reflexión que sobrevuela los intercambios de ideas o traspasos de creencias que se producen en el núcleo de la sociedad parlante.
Es cierto que la implementación de la policía es ambiguamente tanto necesaria, como contraproducente al mismo tiempo, si lo que se persigue como fin es de corto plazo actuando ex –post, es decir actuando sobre las consecuencias, y no proyectando modificar las bases, es decir, trabajando ex –ante, es decir, sobre las causas de la problemática.
De todas formas, previo al precedente párrafo, es necesario ir hacia lo central del problema, el cual se corresponde con dilucidar lo estructural de lo coyuntural y arribar a la conclusión de que el actuar de la policía comienza cuando se termina de consumar un hecho social, que está directamente relacionado con las condiciones socio-económicas, ya que sucede entre seres humanos, y por intereses de tracto económicos.
Dicho de otra manera, la estructura del reparto de las riquezas se entiende estructural, ya que previamente el derecho a la propiedad privada cercena una porción de los recursos, y los reserva y protege a una elite, en detrimento de las grandes masas.
Es decir, que remontándonos a los registros históricos de las sociedades, los conflictos siempre tuvieron lugar al momento de disputarse recursos, que conforme pasa el tiempo, mutan y evolucionan en función de las ambiciones futuras del ser humano.
Las reglas de juego que enmarcan a una sociedad, se debe tanto a los vacíos legales tanto así como las prácticas que se ejecutan por fuera de la normativa que engloba el comportamiento de las personas como seres humanos sujetos de derechos y obligaciones.
El “robo” se produce como acto de apropiación de propiedad privada ajena, por lo tanto para que exista tal, debe existir la ley de propiedad privada, lo cual carece de relación ética y moral, debido a que la apropiación de recursos es arbitraria y protegida, la cual también no puede encuadrarse en conceptos como “éticos” y “morales”.
Sin embargo, la sociedad juzga al robo, como un acto no ético e inmoral, al mismo tiempo que se corresponde como infracción de legalidad.
Por un lado, quien detiene los actos que infringen la ley, es la policía como primer órgano que lleva a cabo sus prácticas y su voluntad expresa en su accionar, previamente al sometimiento a justicia, es decir, uno de los poderes que el Estado como republicano delega en funciones.
Por otro lado, la Justicia ajusta a derecho las acciones cometidas, o pre-juzgadas por la policía, quien por voluntad propia puede llevar adelante, ya que el criterio subjetivo de éste organismo, se corresponde como facultad delegada.
En efecto, hacer hincapié en la policía como benefactor de la sociedad, es un error conceptual peligroso, que confunde la prevención con la contención, ambos necesarios para sostener un sistema legal como la Constitución Nacional misma requiere para su plena aplicación.
Digamos, que cuando el acto de reparto de riquezas se vuelve injusto debido a la inequidad de oportunidades para seres recién llegados al mundo, vulnerables y necesitados de recursos mínimos de subsistencia y desarrollo, al mismo tiempo que las oportunidades a mediano y largo plazo como incentivo al activismo dentro de los estándares normativos de conductas.
Si se evaluaran las causas de los actos nominados como “delitos” por parte de la investigación que lleva adelante la policía, también correspondería la lógica para la investigación que lleva a cabo la Justicia, ya que ambos relevamientos de “pruebas” son atravesadas por un mismo elemento, el cual es la acción objetiva consumada por los seres humanos.
Sin embargo, existe una causa subjetiva en el accionar de los seres humanos que son impulsadores de tales conductas, las cuales no preocupan ni son el fin para ambos órganos, hablando de la Policía por un lado, y el Poder Judicial por otro.
Si nos adentramos en la vocación del personal que compone a la Justicia como a la Policía, la misma se corresponde con la solvencia de una problemática ex –post que no modifica la estructura, sino que espera recibir una problemática a resolver. Es decir, que filosóficamente hablando, si se reduce la aparición de crímenes y delitos por acto del mejor sistema de reparto de las riquezas, también se reduciría la utilidad de ambos organismos, y el personal abocado (por vocación) carecería de razón de existencia. Si la verdadera vocación de las personas fuera el “servir” y “proteger” a las sociedades, tomando ambos términos como universales para toda la sociedad, implicaría una desviación de agentes volcados a otras actividades político-económicas.
Dado que ésta última conjetura jamás se produce por voluntad expresa de tales personas, su vocación de servir y proteger, no se aplica sobre la sociedad en su totalidad, sino sobre una porción de la sociedad que sale ventajosa en la distribución de los recursos, y que ante la aparición de un intento de apropiación, utiliza en su derecho, al brazo policial, recupera el recurso que el Estado le reconoce a través del derecho a la propiedad privada, y pone al actor del delito bajo el dedo índice del juzgamiento ético y moral de una sociedad que apuesta a la implementación del órgano policial, como herramienta benefactora, que protege y sirve a los intereses de una elite, y que ve pasar delante de sus narices, los recursos a los que ya no podrá acceder.
