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jueves, 22 de febrero de 2018

Raigambre

Entendamoslo, sin su pasado no será nada ni nadie.

Es difícil avanzar cuando la cinta caminadora sobre la que nos desplazamos siempre permanece en el mismo sitio, y así nos resulta todo cuando desde pequeños mamamos diversos códigos que se nos impregnan y hacen metástasis por toda nuestra matriz de construcción de pensamiento y la misma que permite comprender al universo.

Así todo, la contradicción de quien nos ametralla con preceptos y ética moralista de dudosa singularidad lo hace a sabiendas de su ambigüedad, lo que nos mantiene suspendidos en un limbo cognitivo haciéndonos dudar permanentemente sobre el avanzar o licuar las culpas primero, mientras nuestro adversario carente de toda culpabilidad avanza a paso redoblado por sobre nuestros intereses más inmediatos y aquellos que anhelamos en algún remoto futuro posible.

¿Será quizá entonces que parte de nuestro subdesarrollo se deba al dubitar como una constante en nuestra caminadora que imaginamos como 'vida'?

Los interrogantes se repliegan sobre todo el frente de batalla del que solemos abandonar con recurrencia porque el miedo a la soledad nos abruma y se cierne sobre nuestras socavadas espaldas, permitiendo abstraernos de nuestro horizonte y sumirnos en la horizontalidad donde yace y se mece nuestro rebaño.

Cuando aprendemos a caminar nuestro enemigo espera que podamos sostenerlo en sus espaldas, es sólo especulación y aprovechamiento del esfuerzo ajeno, mientras nos endulza el oído con meritocracias encontradas, en un mundo de criterios perdidos y de lógicas ultrajadas...porque cuando nos cae la ficha del qué está pasando nos encontramos nuevamente ante un dilema instalado por la opinión publicada.

Mientras tanto la brecha se extiende como una pandemia en las entrañas de nuestra mente, dividiéndonos entre los pares perdiendo nuestro tiempo en nimiedades que a fin de cuenta sólo logra distraernos de la senda, haciéndonos parar sobre la banquina para contestar una llamada que nos hace volver porque nos olvidamos de algun papel en la oficina.

Y la moral y la ética se pelean por twitter y se toman unas cervezas en un after-hour de retiro, porque de 9 a 18 horas somos esclavos de las mentiras de un falso matrimonio que solloza para que empaticemos con su "momento" y nos replanteemos nuestros reclamos para más adelante, porque somos cristianos éticos y morales y a fin de cuentas nuestro empleador es una persona también que no debe tener malas intenciones. Porque en algún rincón de nuestra difusa consciencia nos inculcaron que todos somos iguales y que somos presuntamente buenos y que los malos son la excepción a la regla.

Claro, nos inculcaron un universo binario que duela entre el bien y el mal, lo malo y lo bueno, lo que está bien y lo que no. Pero...¿en qué momento nos explicaron los conceptos de lo bueno y lo malo? No lo recordamos, porque si nos debemos replantear lo que está bien y lo que no, ya somos sujetos de juicio ético y moral de los demás, porque también nos metieron a patadas en el culo que existe un "sentido común", aquel mismo sentido como el que nos redactaron en un libro desde hace mas de dos mil años con un montón de reglas de vida que si no las cumplimos las sufriremos en otra posible vida luego de la muerte.

Eso sí, los bienes materiales son efímeros, por eso los ricos no lo son tanto y debemos conformarnos con lo que tenemos y creer que los ricos lo son porque se esforzaron para ello y al fin y al cabo, nos convencemos en segundo plano que el mundo se rige por la meritocracia.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Doble moral


Resuenan como chasquidos de metal y reverberan unos segundos como en un duelo de paladines que se disputan un triunfo efímero, tan sólo para volver a repetir el duelo como en un sinfín que retorna siempre a cero.


Se difumina en el espectro sonrisas y ceños fruncidos, se colorean mejillas y se ruborizan ante la indignación proseguidos del sosiego como en un duelo de naipes entre pares que no arriesgan más que una dignidad cognitiva que ya fue cobrada y puso en bancarrota la solvencia inteligible.


Van y vienen corriendo descabezados dentro de un laberinto que es tan complejo como una pista de NASCAR, porque lo que importa no es el tiempo en que se vulnera la habilidad del adversario, sino tan sólo gozar del vuelque y otrora colisión para un puñado de espectadores de pocas pretensiones.


Con tazas como testigos forzados aún vaporan aromas, vestigios de un ameno tiempo compartido entre individuos que incluso en una cama de una plaza los separa un océano de por medio…y no porque sean especiales, sino porque no empatizan porque se entienden como adversarios en esta escalera de la vida donde le pisan los dedos al que viene debajo para estar menos lejos del que está más arriba, al que sólo le mira el culo.


Y los postulados hartan el denso y viciado aire que se respira en esas oficinas, en ese comedor al que asisten como condenados a algún singular infierno como los que se encuentran en el Dante.


Lo llamativo es verlos repetir las secuencias, parecen esos dibujos animados donde sólo les cambian el fondo y se los ven correr, como si estuvieran sobre una cinta caminadora anclados siempre en el mismo sitio. Y no difiere en demasía. Incluso me atrevo a aseverar que si cerramos los ojos nunca nos fuimos y nunca nos iremos de esa habitación. Porque lo que se encuentra detenido es la matriz desde la que elaboran sus enunciados, están programados como bajo un código fuente simple, y encadenados como desde una jaula donde se encuentra su subconsciencia que ya no puede gritar por haberse dañado sus cuerdas vocales de gritar clemencia.


Los códigos y mandatos éticos y morales que les-incorporaron desde niños someten fuerza mediante a lo que el ser humano es por naturaleza, un animal con raciocinio que ha sido suplido por lo que Erich Fromm señaló como “racionalización del pensamiento”, es decir una parte de la consciencia que razona intransigente e indoblegable una temática en particular cuando al mismo tiempo se termina por  contradecir cuando el razonamiento comienza desde otras áreas y confluyen en un “valor” que de vez en cuando se los olvidan en sus casas antes de salir.


Robar es malo, pero si robo un poquito y entre amigos, no pasa nada.


jueves, 26 de octubre de 2017

Fichas

Cuando la ira se apodera de una estéril voluntad se producen implosiones donde el autoestima se estrangula creyendo estar dándose placer, sólo mueren unas neuronas y con ellas, la persona.

Colgados del cinto que presenció en primera persona el azote, los imbéciles son marcados en la piel como animales de descarte, como peones de un ajedrez que nunca comprenderán ya que los movimientos quedan sujetos a merced de una mano invisible que entre turneros los mueven hacia la muerte, tanto como un proyectil cuyo destino nació resuelto.

Las carencias tanto afectivas como como de seguridad y amor propio se recrudecen y somatizan en los demás, como si el mundo fuera un gran caleidoscopio o un cuarto de espejos del que no quieren escapar, porque el miedo al más allá es más fuerte cuando desde pequeños se les inculcó depender de algo, de alguien, no se conocen a sí mismos, son un ovillo de lana sin puntas. Un rollo de cinta que no tiene principio ni final.

El odio habla por megáfono, los filtros sociales y los ficticios “valores” a los que suelen recurrir en sus expresiones como clichés se revierten a deshoras entre improperios y exabruptos que se deslizan de sus úlceras, tomando partido por batallas que no entienden y de la que no obtienen beneficio alguno.

Mientras más apelan a los valores, más se monetizan porque todos tenemos un precio y mientras menos se sienten por dentro, más creen valer y es cuando los naipes se dan vuelta y el adversario se anticipa a la jugada.

Sólo son fichas sobre una manta del azar, echadas al aire sin valor alguno más que el que el mercado les establece…y como cada vez son más, pues….cada vez valen menos. Simple juego de oferta y demanda.


lunes, 23 de mayo de 2016

La traición

Como bien expresó el filósofo Arthur Schopenhauer, de algunas personas vale más ser traicionado que desconfiar.

Algunos pensadores se pronuncian sobre la traición como algo consumado desde el momento de su contemplación.

El ser humano es una especie como cualquier otra que manifiesta mensajes casi imperceptibles desde la postura, la gesticulación facial y otrora vicisitud aterida al lenguaje corporal.

Los estados emocionales como producto de las contiendas pírricas entre la mente y aquello otro románticamente socavado como corazón, redundan en virtud de la necesidad de quien arremete, empero sosegada la culpa con rebuscados conceptos y preceptos abortados de la moral con la que de por sí, ya el concubinato les resulta insoportable.

Las aptitudes físicas y mentales por momentos aparentan reñir los recursos que anidan en el mapa genético del ser humano del cual se termina perfilando una proporción cuya configuración salta a la vista como una pintura de arte abstracto.

Sin embargo, la lectura implica la capacidad de comprensión ya que todo aquello que escapa al espectro sensorial de una persona en pos de interactuar, recae en la creencia y por momentos el simbolismo que se diluye por las cloacas de lo anecdótico.

De marras, la preservación del equilibrio emocional pendula con virulencia en los nebulosos valles de la soledad, que simbióticamente se aferra a la suerte de un individuo que confunde su estreñimiento cognitivo con una debilidad fáctica de supervivencia gregaria, del que no logra apropiarse de recursos que anhela y/o necesita.

Ante la encrucijada y la rendición a los laberintos que la competencia lo sume, rendido y entregado a sucumbir ante el recurso mas elemental de cualquier especie en este planeta, se remite a la agresión. En este caso, incendia el laberinto consigo mismo, a sabiendas de las consecuencias ineludibles de apelar a tamaña treta.

Puesto que el ser humano se diferencia de otros mamíferos por la marejada de su consciencia, no encuentra mejor alternativa que apelar al primo hermano de la traición, a saber: el engaño.

Si no se puede convencer, hay que confundir, suele citarse en la jerga de la supervivencia social, casi coqueteando con la sociopatía manifiesta e inefable que la debilidad mental incuba como cláusula de garantía.

Después de todo, la moral y la ética son inventos del ser humano para convivir y sobrevivir entre los demás frente a recursos escasos. Los tabúes irresolubles de la moral son tan amplios como las opciones de fingir una sonrisa adosada a un halago que revisten del terciopelo de la funda de un puñal.


lunes, 17 de septiembre de 2012

El Parricidio Precoz


Parados en una gris cosmopolita hemos sido espectadores frente al destello de marquesina de led’s al fragor del chapoteo de aguas muertas estancas de una muchedumbre alienada de sí.

Ante el confluir de individuos aglomerados en su autismo social, la información apuñala flancos sórdidos que revela el vacío existencial, parcialmente sosegado por el entretenimiento que a través de auriculares parecen venir a apaciguar.

Una tibia bruma asedia cada descorazonado latido empapado por mentiras rociadas desde invasivas pantallas, y cadenas de creencias que son replicadas como epidemia social entre portadores de ideas ajenas y de intereses parasitarios.
  
El dolor por el complejo de clase que el rebaño incuba, sazona un agridulce pensar liviano y chabacano de una porción de la sociedad que ignora su sustento físico, y que compensa con otro metafísicamente soez, propio del desarraigo emocional del roto cordón umbilical tardío, y el parricidio precoz al que incurre una adolescencia acéfala de ideales.

La sucesión de frustraciones que desencadena la descendencia, obliga una y otra vez a procrear la miseria y confinarla al mismo destino de oquedad, al que el miedo al progreso ajeno corrompe la frugalidad hoy ausente en una generación que niega responsabilidad en el destino al que predestinó a su primogénito.

El odio es inculcado como antorcha hacia la supervivencia en una orgía de vanidades, donde una tertulia de tristes almas conspira contra todo aquello que deslegitime su statu autoproclamado.

Generaciones tras generaciones son sometidas al retraso espiritual y movilizados hacia la involución del ser, atinando a mutilar cualquier retoño de felicidad en una juventud deseosa de explorar y redescubrir un mundo que de movida les es negado.

Las puertas al calabozo de la ideología, de par en par son abiertas para la curiosidad temeraria e imberbe de unos pocos que se animan y que animan a transgredir.

En la polución sonora que ensordece al gentío que deambula sin un propósito, se puede descifrar el relato que la rabia instiga verborrágica, tenaz, impoluta y lo suficientemente autosustentable como para perdurar y trascender las barreras de clase y de generación, que es retroalimentada en un círculo vicioso que sólo la egolatría es capaz de abrazar con vehemencia e hipocresía aquellos individuos que comparten un tiempo y espacio que los confina a perecer en alma, procrear en vida y proyectar su propio vacío existencial a través de su alienada descendencia.


lunes, 5 de diciembre de 2011

La policía y la simbología del statu quo

“Proteger y servir”
Al parecer, la consigna y/o slogan que pregona una estructura orgánica que depende directamente de los estamentos asociados al republicanismo y a la protección misma de estructuras, poco tienen que ver con la ética y moral que el espíritu mismo del cuerpo policiaco pareciera intentar representar.
Lo cierto es que la “protección” es solo efímera cuando la palabra no se condice con las prácticas que emergen de los aplicativos usuales que se ejecutan desde el seno del Estado, sea este del nivel jerárquico  que fuera.
Por consiguiente, al desfasaje entre la palabra y aquello que se inmiscuye en el relato cotidiano, pasa desapercibido ante la reflexión que sobrevuela los intercambios de ideas o traspasos de creencias que se producen en el núcleo de la sociedad parlante.
Es cierto que la implementación de la policía es ambiguamente tanto necesaria, como contraproducente al mismo tiempo, si lo que se persigue como fin es de corto plazo actuando ex –post, es decir actuando sobre las consecuencias, y no proyectando modificar las bases, es decir, trabajando ex –ante, es decir, sobre las causas de la problemática.
De todas formas, previo al precedente párrafo, es necesario ir hacia lo central del problema, el cual se corresponde con dilucidar lo estructural de lo coyuntural y arribar a la conclusión de que el actuar de la policía comienza cuando se termina de consumar un hecho social, que está directamente relacionado con las condiciones socio-económicas, ya que sucede entre seres humanos, y por intereses de tracto económicos.
Dicho de otra manera, la estructura del reparto de las riquezas se entiende estructural, ya que previamente el derecho a la propiedad privada cercena una porción de los recursos, y los reserva y protege a una elite, en detrimento de las grandes masas.
Es decir, que remontándonos a los registros históricos de las sociedades, los conflictos siempre tuvieron lugar al momento de disputarse recursos, que conforme pasa el tiempo, mutan y evolucionan en función de las ambiciones futuras del ser humano.
Las reglas de juego que enmarcan a una sociedad, se debe tanto a los vacíos legales tanto así como las prácticas que se ejecutan por fuera de la normativa que engloba el comportamiento de las personas como seres humanos sujetos de derechos y obligaciones.
El “robo” se produce como acto de apropiación de propiedad privada ajena, por lo tanto para que exista tal, debe existir la ley de propiedad privada, lo cual carece de relación ética y moral, debido a que la apropiación de recursos es arbitraria y protegida, la cual también no puede encuadrarse en conceptos como “éticos” y “morales”.
Sin embargo, la sociedad juzga al robo, como un acto no ético e inmoral, al mismo tiempo que se corresponde como infracción de legalidad.
Por un lado, quien detiene los actos que infringen la ley, es la policía como primer órgano que lleva a cabo sus prácticas y su voluntad expresa en su accionar, previamente al sometimiento a justicia, es decir, uno de los poderes que el Estado como republicano delega en funciones.
Por otro lado, la Justicia ajusta a derecho las acciones cometidas, o pre-juzgadas por la policía, quien por voluntad propia puede llevar adelante, ya que el criterio subjetivo de éste organismo, se corresponde como facultad delegada.
En efecto, hacer hincapié en la policía como benefactor de la sociedad, es un error conceptual peligroso, que confunde la prevención con la contención, ambos necesarios para sostener un sistema legal como la Constitución Nacional misma requiere para su plena aplicación.
Digamos, que cuando el acto de reparto de riquezas se vuelve injusto debido a la inequidad de oportunidades para seres recién llegados al mundo, vulnerables y necesitados de recursos mínimos de subsistencia y desarrollo, al mismo tiempo que las oportunidades a mediano y largo plazo como incentivo al activismo dentro de los estándares normativos de conductas.
Si se evaluaran las causas de los actos nominados como “delitos” por parte de la investigación que lleva adelante la policía, también correspondería la lógica para la investigación que lleva a cabo la Justicia, ya que ambos relevamientos de “pruebas” son atravesadas por un mismo elemento, el cual es la acción objetiva consumada por los seres humanos.
Sin embargo, existe una causa subjetiva en el accionar de los seres humanos que son impulsadores de tales conductas, las cuales no preocupan ni son el fin para ambos órganos, hablando de la Policía por un lado, y el Poder Judicial por otro.
Si nos adentramos en la vocación del personal que compone a la Justicia como a la Policía, la misma se corresponde con la solvencia de una problemática ex –post que no modifica la estructura, sino que espera recibir una problemática a resolver. Es decir, que filosóficamente hablando, si se reduce la aparición de crímenes y delitos por acto del mejor sistema de reparto de las riquezas, también se reduciría la utilidad de ambos organismos, y el personal abocado (por vocación) carecería de razón de existencia. Si la verdadera vocación de las personas fuera el “servir” y “proteger” a las sociedades, tomando ambos términos como universales para toda la sociedad, implicaría una desviación de agentes volcados a otras actividades político-económicas.
Dado que ésta última conjetura jamás se produce por voluntad expresa de tales personas, su vocación de servir y proteger, no se aplica sobre la sociedad en su totalidad, sino sobre una porción de la sociedad que sale ventajosa en la distribución de los recursos, y que ante la aparición de un intento de apropiación, utiliza en su derecho, al brazo policial, recupera el recurso que el Estado le reconoce a través del derecho a la propiedad privada, y pone al actor del delito bajo el dedo índice del juzgamiento ético y moral de una sociedad que apuesta a la implementación del órgano policial, como herramienta benefactora, que protege y sirve a los intereses de una elite, y que ve pasar delante de sus narices, los recursos a los que ya no podrá acceder.

lunes, 29 de agosto de 2011

Sobre la vida, estar vivo, y la muerte


La naturaleza misma es usualmente la ejecutora que pone inicio y fin de ciclo como por arte del azar, en la estirpe sucedida en las esferas del equilibrio como método de supervivencia de un cuerpo tomando al planeta como un todo.
El miedo natural que sienten los seres vivos, es el mecanismo por el cual el cuerpo presiente que su pellejo se encuentra en riesgo, y es el miedo el que se convierte en el detonante de la reacción pánico que libera adrenalina que se manifiesta de diversas formas. Una, es la secreción de una hormona que estimula y potencia los atributos físicos del individuo en función de lograr escapar a tal potencial o efectivo peligro.
Lo intrigante es observar qué ocurre cuando el miedo a la muerte se da en la psiquis de un ser humano que todo lo puede vivir y desvivir dentro de su mente y que es el único espécimen que proyecta un presente, es decir, piensa a futuro.
Esto último no es un dato menor, ya que esa herramienta de previsibilidad proyecta tanto sobre la línea de tiempo que ocupa, que en un punto avanza tanto que lo incierto de lo no vivido contrasta con un punto indefectible como la muerte, pero que se puede presentar a cualquier momento. Es esta incertidumbre lo central.
El desafío es definir de qué manera se manifiesta aquella acción de escape al momento de advertir una muerte segura tal como sucede ante el ciclo natural de las cosas, como mencionamos al comienzo del ensayo.
El título de este ensayo redunda sobre lo esencial en todo momento, lo cual consta de la composición epistemológica, o dicho de otro modo, la definición conceptual filosófica que defina uno y cada uno de los términos tales como la vida, el estar vivo, y la muerte.
Existen diferentes modos de morir, incluso mismo, estando vivo biológicamente.
¿Cómo se entiende? Veamos.
Difícilmente se pueda concebir la vida desde una sola persona, al menos no de forma espiritual, ya que la realización del ser se puede lograr mediante parámetros, y en el caso de un ser gregario, es decir, que necesita del entorno social para desarrollar, es a su vez esto mismo lo que determina el éxito en el desafío por encajar en una sociedad que delibera en un maremágnum de ideas de las cuales se nutre lo ético y lo moral como código de conducta y de convivencia.
Por consiguiente, la vida misma como definición biológica, depende del funcionamiento de los sistemas y subsistemas vitales que mantiene en actividad la vida de un ser, lo cual se da en todos los organismos incluyendo al ser humano, y excluyendo a éste último de su psiquis y sus emociones. En efecto, ante la extinción del sistema nervioso, la percepción de la vida misma deja de darse en un marco de inertidad de los subsistemas sensoriales, donde no se oye, ni se puede ver, ni sentir el contacto de nada.
Sin embargo, ante una situación de extinción de la percepción, el cuerpo se encuentra respirando y la sangre continua fluyendo a través de un corazón que no deja de latir. He aquí el dilema existencial de la eutanasia, y la concepción misma de la vida como una razón de pertenencia que se da en una interacción entre más de un individuo.
¿A qué me refiero con pertenencia? La descendencia produce una situación que mezcla los sentimientos con una legalidad devenida de un código de conducta social tal como la constitución nacional que recae y enmarca los límites y libertades brindadas por los embates y las negociaciones que expulsan como resultado, el tratado de paz entre los seres humanos que guerrean para tener paz.
Negociando las porciones de recursos que se apropian unos y otros, incluso defendiendo una jurisdicción a la que suscriben, o mejor dicho, los seres humanos son suscriptos al momento de ser insertados en el sistema a través del registro nacional de las personas, decisión que escapa a los alcances de un ser humano que es traído de los pelos a un mundo al cual debe adaptarse o perecer.
En este punto del nacimiento y la aleatoriedad y el azar mismo, se definen los parámetros límites donde se desenvuelve una persona –de ahora en más “persona” por ser inscripta en un sistema legal como la adhesión a la constitución nacional- y en las cuales hasta alcanzar la madurez física y mental para deslindarse de los lazos familiares para rehacer su vida espiritualmente, tanto económicamente como juego político obligado para congeniar con seres que retienen los recursos necesarios para la supervivencia de una persona.
Regresando a lo espiritual, en la eutanasia se produce el dilema de la vida y el estar vivo, ya que un cuerpo sin emociones, postrado en un sitio, donde su mente se encuentra aislada del mundo en la cual deja de percibir a su entorno, los estímulos sólo responden ante las reacciones químicas que mantienen en funcionamiento a sus órganos vitales.
La reacción de pertenencia se da en terceros seres, cuyos lazos son emocionales, o directamente legales, en la cual su posesividad es inducida por una creencia y un concepto de ambición y egoísmo intrínseco del ser humano, sobre la que no admiten y/o permiten la muerte biológica de un ser humano que está muerto en vida.
Así como concebir a la muerte como la conclusión de las funciones vitales –como muerte biológica- y la muerte de las emociones –como muerte espiritual- también existe la muerte absoluta, que se da en una situación de olvido y abandono del resto de la sociedad. Es decir, que el aislamiento del rebaño, es tal vez, una de las muertes más crueles que padece un ser humano en vida y en muerte biológica.
La invisibilidad de una persona, y el olvido hacia la misma, genera la inexistencia espiritual y a su vez, las personas pueden permanecer vivas ante el recuerdo de los demás seres.
Cuando un ser humano se encuentra coyunturalmente apartado del rango de visión y espectro de percepción de los demás, son los demás los que proyectan y creen en su existencia y mantienen vivo al ser en cuestión.
En efecto, el luto que se produce en seres humanos ante el fallecimiento biológico de un ser querido, se desenvuelve en la doble situación de:
  1. No perdonarse a uno mismo la muerte del otro, y cargar con culpas propias tal eventualidad y;
  2. No perdonar al ser querido por haberse ido.
En cualquiera de los dos casos, la vida y la muerte se encuentran dependiendo de la decisión de terceras personas, quienes en definitiva, en un dilema de eutanasia se conjugan sentimientos de terceras personas, y el miedo eventual ante el luto y la dificultad de asimilar una situación irreversible; y por otro lado, el miedo a sentirse culpables por poner fin a un ciclo meramente vital, como fin de una vida biológica.
En otra situación, cuando un ser querido –por otros seres, claro- cesa su actividad biológica, y con ella también, la vida espiritual, o se encuentra en un inminente proceso en el cual terceros seres mitigan incertidumbre, acotando el umbral de posibilidades de un punto en la línea de tiempo que ven y perciben o presienten cada vez más próximo.
Por consiguiente, el luto comienza a plantearse en el ínterin irreversible que se presenta en una coyuntura sobre la cual, aquellos seres que mantienen un lazo emocional con el ser humano en cuestión comienzan a generarse culpas por –quizás- no haber asistido de alguna u otra manera para evitar tal situación, y tal vez, no admitir la pérdida de algo que consideran suyo –de su propiedad espiritual-.
Cada momento que no se percibe y de la cual no quedan recuerdos es un lapso de tiempo nulo, lo cual nos permite entender, que a contrapartida, la manutención de recuerdos de manera vívida permiten la existencia de aquello que no se encuentra físicamente en nuestro espectro sensorial.
En efecto, estas conclusiones nos obligan replantearnos aquellas condiciones que nos insta la naturaleza misma que somos, tanto como para comprender que cuando se aproxima lo indefectible como es la muerte biológica, eso nos alienta y nos moviliza a disfrutar y de vivir gratos momentos con aquellos seres de los cuales no tenemos pertenencia alguna, sino una adhesión mutua que ejercemos a través de lo espiritual.
 En tanto y en cuanto esto último nos habilite a través de las aptitudes sensoriales y de lo cual nos desprendemos de una lógica utilitarista, podremos apreciar aquellas cosas que escapan a los razonamientos, y que sólo llegan a la mente cuando es tarde, cuando sentimos miedo por encontrarnos en riesgo, o aquellos seres que estimamos, asumiendo en todo momento que la vida y la muerte va más allá de los factores biológicos naturales, sino que la vida y el vivir, distan de conceptos que dependen, de los recuerdos para sostener la vida y del olvido como triste modo de morir en vida.


lunes, 25 de julio de 2011

Formas y fondo: el destape de una olla


Se dan circunstancias, quizás, en la que los vestigios de una etapa idílica de la que ya no recordamos, donde las imágenes de lo que nos asedia nos obliga a desplazar realidades que solíamos retener de un pasado no tan lejano.
Será entonces, la desidia por reconstruir un presente y una proyección de presente –como concepción de futuro- la causante del atraso y la involución de nosotros, como una sociedad que camina en una senda demarcada por la influencia de las corporaciones.
Sin dudas, que la amalgama de situaciones que incomoda a las masas, perece en un debate de ideas, de las cuales el conformismo prescinde y prefiere evitarlas, y sustituirlas en un proceso de olvido y abandono, que luego se refleja por sobre todos los ciudadanos de una localidad jurisdiccionalmente bien definida, republicanamente organizada, y federalmente administrada por sus electores, a través de la voluntad popular convergida en las urnas.
La realidad que nos insta, nos sumerge en un océano de dudas y resquemor, de la cual no podemos estrujarnos, puesto que las ideas más sórdidas se cocinan en el abismo de una ideología que carece de espíritu, y que se nutre cíclicamente y reiteradamente como ejercicio de un mensaje que va quedando perdida en algún punto de la línea del tiempo.
Paradójicamente se presentan en simultaneo, dos universos en nuestro tiempo y espacio, donde el progreso de las ideas se lleva puesto la estaticidad de una concepción obsoleta de producción y sustento de un sistema que no se condice con un presente tan enmarcado por el contexto tecno-industrialista.
Por un lado, la renovación de pensamientos que nos mantiene ocupados en el desafío por innovar y continuar más allá de nuestros próceres pioneros en la ciencia y tecnología, con el aval de un Estado presente que imponentemente nos presenta un Ministerio renovado y poderoso, con la repatriación de nuestra materia gris que debió huir con sus capacidades a otros rumbos en una hecatombe neoliberal, hacia destinos que pudieran acoger sus necesidades y en línea con su remuneración pertinente.
Por otro lado, la minoría de siempre que se recluye en los andamios de sus empobrecidos valores, eclesiásticamente desafortunados y acomplejadamente inducidos a su auto marginación, hacen uso de su status social otorgada por la suerte capitalista, y el derecho a la propiedad privada que los protege desde un Estado aun no debatido en la sociedad.
La aleatoriedad que persiste en el reparto de riquezas se mantiene a través del rendimiento a la esclavitud de no sólo nuestros trabajadores, sino también, nuestra evolución misma como sociedad, en la que nos detenemos al avance, por tan solo “éticas” y “morales” que no son mas que prácticas que buscan subsistir refugiados por un poder político jerárquico, que gobierna desde las sombras a través de la culpa y el juzgamiento subjetivo.
La ignorancia se apodera de seres que son influenciados y violentados emocionalmente, arropados por la mentira de “clase” que imparten sobre sus vulnerables mentes en una etapa de desarrollo y crecimiento como personas, protegidas por una realidad que escapa a la concepción misma de lo que sucede fuera de las compuertas de un barrio privado, como consulado del sistema imperialista neoliberal.
A su vez, el individualismo es impulsado como estrategia de dispersión y atomización del ser humano, en pos de evitar la colectividad y la construcción de poder simbólico político para afrontarse a una minoría que descansa cómodamente en el trono del reinado.
El Rey no es nadie sin sus súbditos, y no hay súbditos sin sometimiento, donde la violencia no solo se expresa motus propio, sino verbalmente como herramienta de desinformación y engaño de quien dispone del artefacto informativo como su ala de embate.
Nuestras pupilas se dilatan ante el destelle de las luces del futuro, que nos invitan a participar, fronteras afuera de una General Paz que separa la ciudad de luces muertas, frente al vórtice que nos abduce hacia el maremágnum de creatividades en la que somos partícipes con tan solo ingresar a esa brecha del tiempo, dejando tras nuestras espaldas, el pasado mismo expresado en un evento agropecuario, vociferado en un mensaje erróneamente sarmientista y violentamente desafiante.
Es la Sociedad Rural, la que nos invita a perecer como sociedad encantados bajo cantos de sirenas, que se exilian en la mentira del trabajo genuino y la arrogancia de la elite perfumada por la osamenta existencial que emana de sus impolutas manos que jamás fueron expuestas a labores atávicas.
Algunos decidimos continuar la senda del desarrollo dejando atrás, una General Paz que divide las aguas turbias, frente a una propuesta que nos seduce, donde el límite es la mente humana, y no el bolsillo de recoletos que pregonan por la conservación de su statu quo, en detrimento del avance de la justa distribución de riquezas y reparación social.