lunes, 24 de agosto de 2015

La amistad: falsa esperanza de una proyección que no está

Teléfono descompuesto. Una conversación entre locos, una escondida con un amigo imaginario que le hace daño con sus propias uñas.

El miedo a la soledad no es tan abrumador como el miedo hacia uno mismo. Es la caja de pandora que inhibe hasta a la propia curiosidad.

Sin embargo, pensar que esconderse y perderse entre la multitud pudiera despistar a la parca que subyace en la consciencia –también es juez y verdugo en la subconsciencia- peca de tanta inocencia que hasta un infante agacha la cabeza en signo de sumisión frente a las hormigas sosteniendo la lupa de la vida.

Tal es el caso del miedo hacia uno mismo de reconocerse, que los espejos resultan equivalentes a las cruces para los poseídos, no los pueden ver, les provocan dolor, con la diferencia que estos últimos saben bien el por qué, mientras que los primeros se rinden a la especulación. Hay mas qué perder que de ganar. Esto último sí lo tienen en claro.

La autoestima de estos seres carentes de amistad, lo son porque por principio no se quieren ni confían en sí mismos y se asemeja a la precariedad de un lupanar, donde las prostitutas son su propia dignidad  y donde existe una sola cortina que es el propio velo que cae de su cabizbaja frente ya marchita por la soledad.

El frio no cede y el otoño le hace una finta cósmica a la venida sanadora, aquel placebo que reside en la angustia oral y los placeres mundanos que sólo la alta sabe anfitriar. Charolas que rechinan y bellos ocasos que se funden en las grietas de cielo que un hermoso nogal nos convida, tatuando el prolijo césped con triviales muecas de pop-art en el country de nuestra penada alma.

De continuar con la función hasta la sonrisa del tristemente célebre payaso se desdibuja y la lágrima dibujada se vuelve cada vez más real, porque cuando el telón caiga se oirán sordos aplausos en una consagración sórdida donde el único espectador es la propia subconsciencia, que aburrida le saca filo a su guadaña para ganar unos segundos a pesar de prescindir de tiempo…ya que como juez del infierno, perdurará por siempre tanto como el olvido que este payaso engendra mentira a mentira.


Ya azorado por la triste realidad, decide levantarse temprano fingiendo disfrutar la mañana para mentirse a sí mismo y hacerle un guiño al espejo donde no ve a nadie esperándolo con un mate.