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lunes, 11 de marzo de 2019

La libertad del cuentapropista


Se entiende al “cuentapropista” como aquel sujeto que vive de su propio negocio, lo que a fines fiscales la Argentina los contempla y agrupa como “monotributistas”, es decir aquellos que realizan aportes previsionales (jubilación y obra social) e impositivos.

Por otra parte, en los regímenes laborales que acostumbran los diversos Estados en este mundo capitalista existen determinadas modalidades en las que se imparten aquellos sujetos entre quienes aportan capital y los demás. Entendiendo que el capital sólo y per se persigue la mayor rentabilidad a menor coste, entendemos de esa manera que todo aquello que se ubique dentro de la legalidad y no fuera de los vacíos legales es donde las ganancias extras marcan una diferencia ostensible entre aquellos que pugnan por la mayor apropiación del capital circulante y aquel que circulará en un futuro.

El destello de las implosiones rara vez se puedan diferenciar de los flashes y los relámpagos cuando es la mente quien se aturde, ya sea por el susto a causa del factor sorpresa, o el asedio incesante al que los ojos son expuestos permanentemente. Claro está que la guerra fría era una combinación de lo descrito recientemente, es decir, que la obnubilación se da por bombas y por pantallas destellantes. Aunque uno se prepare para el fogueo, ni el más preparado emocionalmente escapa a los simbolismos que el cuarto poder nos propone.

Si prestáramos atención a los comerciales de la tele veríamos cómo se encasilla a los jóvenes adolescentes en sus amplios departamentos donde siempre hay una guitarra eléctrica apoyada contra una pared, o una composición étnica en los grupos de amigos –tal como lo hacen en las series de comedia de producción estadounidense- y alocados divirtiéndose casi como en los deportes extremos, y mediante ráfagas de imágenes que desafían a la percepción humana alternando entre aquellas 10 o 12 fotogramas procesándolas por segundo individualmente (donde se exceden las 12 imágenes el cerebro ya las percibe como movimiento).

La comunidad científica –si es que esto signifique algo- calcula que el cerebro humano puede leer en promedio unas 200 palabras por minuto, sin embargo, la asimilación del contenido que se lee ya dista en demasía entre los seres humanos dependiendo de la dotación de materia gris que disponga cada quien en cuestión.

Estudiar los mensajes que la propaganda publicitaria nos propone bajo el estudio semiótico es la clave para determinar sobre qué hace foco el poder que imparte nuestros destinos inmediatos, por referirme a toda clase socioeconómica que no pertenezca a la élite, claro está. Para esto es imprescindible comprender que no hay casualidades sino causalidades en el accionar del imperio económico y apátrida que gobierna detrás de las finanzas internacionales y del que bien debiéramos de interpretar cuando el cuentapropismo asciende en la distribución de la ocupación de la PEA (población económicamente activa) y alcanza a un quinto del total ocupado. Si se nos ocurre relacionar tanta publicidad que muestra al joven que se independiza y tiene su propio negocio como ideal de triunfo personal, esto colisionaría de frente contra la distribución de la ocupación que es inversamente proporcional en los países de mejor calidad de vida. -La canallada pregonada de la “meritocracia”

Cualquier economía que se desarrolle de forma sostenible y solvente requiere de un orden y previsibilidad, algo que la alternancia de los ingresos del cuentapropista no proporciona, ya que a cambio de alguna que otra franja horaria flexible de aquello de “manejarse los tiempos” y confundiendo la labor con aquello que le da placer le signifique trabajar más horas que el promedio y a destiempo. La flexibilidad en este caso es siempre hacia un mismo lado, y el temor a no cubrir los ingresos mínimos a causa de la incertidumbre que infunden la micro y macroeconomía de un país vuelve un hastío el desenvolverse cotidianamente.

Tal como enuncia un reconocido economista heterodoxo argentino: “la incidencia porcentual del cuentapropismo en la estructura ocupacional es un indicador del grado de desarrollo económico”. Al mismo tiempo el sólo hecho de pensar que tratándose de una economía sólida y predecible uno podría inferir que bajo determinadas condiciones de competencia, el cuentapropista bien podría al menos contar con una base de ingresos mínimos haciendo uso de los cálculos microeconómicos y contables de una industria vegetativa –tómese como ejemplo un peluquero que cuenta con sus clientes fijos y el tiempo en que les vuelve a crecer el cabello.

Así las cosas, las herramientas informáticas, redes sociales y un gran entusiasmo impulsado por el optimismo innato puede confundir al cuentapropista que no hace otra cosa que correr desde atrás la coneja tan sólo para equiparar un salario mínimo promedio a cambio de una descontracturada organización de su bregar. Aun con las discrepancias latentes entre los estudios socioeconómicos de los ingresos y en la medición de si el salario se mide en horas o cualquiera de sus variantes, calculando los días que no genera ingresos al cuentapropista implica un re-prorrateo de lo trabajado y percibido para constatar que su apetito de libertad es sólo un espejismo más, mientras la opinión pública se hace eco de falacias bajadas por la élite de que hay que trabajar más para generar más. Tan sólo pensemos que en febrero del 2018 el sector metalúrgico alemán redujo de 35 horas semanales (7 horas, 5 días laborables) a 28 horas semanales bajo la premisa de generar más trabajo. -Vaya paradoja la creencia argentina-

Volviendo al eje de la cuestión, nuestros cuentapropistas representan el 21% de la masa de ocupación, siendo de ellos que por ejemplo de las empleadas domésticas el 90% de ellas se encuentra precarizada. Según la encuesta permanente de hogares (EPH) el 70% de los cuentapropistas argentinos lo son “por elección”, es decir que no buscan otro empleo o más trabajo, siendo que en los países desarrollados sólo en un tercio de los casos el cuentapropismo es la actividad principal. En la argentina esta cifra alcanza el 82%.

La EPH argentina determina los cuentapropistas como “suplementario” (el que trabaja por cuenta propia para suplementar su ingreso principal); y el “principal” (que no hace otra cosa que trabajos por cuenta propia). El suplementario típico se ubica en la franja etaria de 38 años perteneciente a la clase media alta  (la mitad de estos suplementarios típicos pertenecen al tercio de mayores ingresos), con estudios universitarios con una ocupación principal relacionada con la enseñanza o la salud. En cambio, el “principal típico” tiene unos 46 años (donde el 15% tiene más de 60), posee estudios secundarios completos y un trabajo en la construcción, tareas domésticas o comercio minorista.

En la Argentina neoliberal de hoy, a abril del año 2018 se recuperaron 500 mil puestos de trabajo (ya que en el 2017 hubo un aumento abrupto de desempleo) donde sólo el 25% fue en blanco. Es decir, que el 75% de estos “nuevos” asalariados fueron precarizados y cuentapropistas (monotributistas). –un método clásico de empleo bajo perspectivas inciertas, desfavorables e inestables de la macroeconomía que reduce su salario mínimo en dólares de 500 a 170 en tan sólo 2 años, posicionándose último en el ranking latinoamericano.

Como conclusión, no se confundan, calculen cuantos ingresos tienen en total durante un año bajo su modalidad de cuentapropista “libre”, divídanlo por 13 meses, y revisen si en verdad no están viéndose en un reflejo que no les pertenece.


viernes, 16 de septiembre de 2016

Jaque



Sola en un bar ella estaba, sentada de costado con una leve inclinación en señal de derrota, cabizbaja no comprendía, o tal vez lo hacía pero se resistía a entender…

Una pausa indeterminada, era eso, se encontraba detenida mientras todo giraba en derredor, el mundo continuaba y nada importaba, nadie existía para ella mientras sollozaba su alma como en una profunda eternidad…era un sueño surrealista sin principio ni final

Muecas de resignación, suspiraba en vano, bufaba mirando la mesa donde se acodaba con su mejilla apisonada por el puño que la sostenía mientras observaba sin comprender un tablero donde no había nada, sólo líneas verticales y horizontales donde suele jugarse el ajedrez

La fuerza la dejaba como un amor no correspondido que se diluye por las rendijas de lo indefectible, era irreversible solo mutaba el paso del tiempo donde nada pasaba para ella mientras observaba con atención el tablero donde solía jugar ajedrez

Por el rabillo de un ojo que nítida veía la sombra de la suerte que la vino a buscar, impaciente la sujetaba del brazo con virulencia incomodando al entorno con una escena de regaños tirando la taza de té, derramándose fría por la ajada madera de aquella vieja mesa de bar donde solía jugar sola al ajedrez

Con un fuerte jalón logró divorciar la silla de la incertidumbre quien derrotada se encontraba en jaque con el peor castigo de los infiernos que ni el propio Dante imaginó, reteniendo su sentencia a la pausa de un mate que no llegaría jamás, ahora rebufaba, ya nada quedaba para ella, la esperanza la traicionó y le soltó la mano que la ataba al tablero de ajedrez ahora recostada sobre el sucio piso de granito de aquel bar de mala muerte

La incertidumbre supo que el momento llegó y hasta la ejecución de su proceder se encontraba en un intervalo de eternidades, el juego había terminado y solo podía aferrarse a la frustración que ansiosa la aguardaba tras el escritorio de una oficina pública para derivarla con un superior que no existía, confinada a aguardar tras el turnero que no indicaba números ni nada, era la próxima pero eso nunca ocurriría

Bien supo la incertidumbre que no había ya alternativa, no había categoría ni juicio de valor que le asesorara una salida, la letra chica del contrato solo decía “buena suerte” mientras observaba su reloj de muñeca donde veía las manecillas moverse mientras nada más lo hacía a su alrededor, porque en aquella partida de ajedrez estaba sola jugando contra su propia culpa, mientras todos pasaban y ella se diluía en el cotidiano azar que nos observa detrás del mostrador.


lunes, 24 de agosto de 2015

La amistad: falsa esperanza de una proyección que no está

Teléfono descompuesto. Una conversación entre locos, una escondida con un amigo imaginario que le hace daño con sus propias uñas.

El miedo a la soledad no es tan abrumador como el miedo hacia uno mismo. Es la caja de pandora que inhibe hasta a la propia curiosidad.

Sin embargo, pensar que esconderse y perderse entre la multitud pudiera despistar a la parca que subyace en la consciencia –también es juez y verdugo en la subconsciencia- peca de tanta inocencia que hasta un infante agacha la cabeza en signo de sumisión frente a las hormigas sosteniendo la lupa de la vida.

Tal es el caso del miedo hacia uno mismo de reconocerse, que los espejos resultan equivalentes a las cruces para los poseídos, no los pueden ver, les provocan dolor, con la diferencia que estos últimos saben bien el por qué, mientras que los primeros se rinden a la especulación. Hay mas qué perder que de ganar. Esto último sí lo tienen en claro.

La autoestima de estos seres carentes de amistad, lo son porque por principio no se quieren ni confían en sí mismos y se asemeja a la precariedad de un lupanar, donde las prostitutas son su propia dignidad  y donde existe una sola cortina que es el propio velo que cae de su cabizbaja frente ya marchita por la soledad.

El frio no cede y el otoño le hace una finta cósmica a la venida sanadora, aquel placebo que reside en la angustia oral y los placeres mundanos que sólo la alta sabe anfitriar. Charolas que rechinan y bellos ocasos que se funden en las grietas de cielo que un hermoso nogal nos convida, tatuando el prolijo césped con triviales muecas de pop-art en el country de nuestra penada alma.

De continuar con la función hasta la sonrisa del tristemente célebre payaso se desdibuja y la lágrima dibujada se vuelve cada vez más real, porque cuando el telón caiga se oirán sordos aplausos en una consagración sórdida donde el único espectador es la propia subconsciencia, que aburrida le saca filo a su guadaña para ganar unos segundos a pesar de prescindir de tiempo…ya que como juez del infierno, perdurará por siempre tanto como el olvido que este payaso engendra mentira a mentira.


Ya azorado por la triste realidad, decide levantarse temprano fingiendo disfrutar la mañana para mentirse a sí mismo y hacerle un guiño al espejo donde no ve a nadie esperándolo con un mate.