viernes, 16 de septiembre de 2016

Jaque



Sola en un bar ella estaba, sentada de costado con una leve inclinación en señal de derrota, cabizbaja no comprendía, o tal vez lo hacía pero se resistía a entender…

Una pausa indeterminada, era eso, se encontraba detenida mientras todo giraba en derredor, el mundo continuaba y nada importaba, nadie existía para ella mientras sollozaba su alma como en una profunda eternidad…era un sueño surrealista sin principio ni final

Muecas de resignación, suspiraba en vano, bufaba mirando la mesa donde se acodaba con su mejilla apisonada por el puño que la sostenía mientras observaba sin comprender un tablero donde no había nada, sólo líneas verticales y horizontales donde suele jugarse el ajedrez

La fuerza la dejaba como un amor no correspondido que se diluye por las rendijas de lo indefectible, era irreversible solo mutaba el paso del tiempo donde nada pasaba para ella mientras observaba con atención el tablero donde solía jugar ajedrez

Por el rabillo de un ojo que nítida veía la sombra de la suerte que la vino a buscar, impaciente la sujetaba del brazo con virulencia incomodando al entorno con una escena de regaños tirando la taza de té, derramándose fría por la ajada madera de aquella vieja mesa de bar donde solía jugar sola al ajedrez

Con un fuerte jalón logró divorciar la silla de la incertidumbre quien derrotada se encontraba en jaque con el peor castigo de los infiernos que ni el propio Dante imaginó, reteniendo su sentencia a la pausa de un mate que no llegaría jamás, ahora rebufaba, ya nada quedaba para ella, la esperanza la traicionó y le soltó la mano que la ataba al tablero de ajedrez ahora recostada sobre el sucio piso de granito de aquel bar de mala muerte

La incertidumbre supo que el momento llegó y hasta la ejecución de su proceder se encontraba en un intervalo de eternidades, el juego había terminado y solo podía aferrarse a la frustración que ansiosa la aguardaba tras el escritorio de una oficina pública para derivarla con un superior que no existía, confinada a aguardar tras el turnero que no indicaba números ni nada, era la próxima pero eso nunca ocurriría

Bien supo la incertidumbre que no había ya alternativa, no había categoría ni juicio de valor que le asesorara una salida, la letra chica del contrato solo decía “buena suerte” mientras observaba su reloj de muñeca donde veía las manecillas moverse mientras nada más lo hacía a su alrededor, porque en aquella partida de ajedrez estaba sola jugando contra su propia culpa, mientras todos pasaban y ella se diluía en el cotidiano azar que nos observa detrás del mostrador.