Girando en los cielos y rotando sobre su propio eje la moneda presenta dos caras, y la excepcionalidad
de quedar parada de canto, como toda una metáfora de la vida que nos insta.
Muchas veces la realidad nos
golpea en medio de la oscuridad incesantemente invitándonos a dudar de que sea
uno sólo o muchos sometiéndonos, casi como en una obra de “teatro para ciegos”,
como las que se desarrollaban en el Konex, en la Ciudad Autónoma (¿?) de Buenos
Aires —por caso, un vil engendro jurídico, mención al paso.
Como sea, aquello de girar sobre
el propio eje bien me atrevo a llevarlo y trasladarlo hacia el plano de la
perspectiva en primera persona donde solemos comprender el mundo desde la concepción
vista a través de un empañado cristal al que se suele emparentar con el “ombligo”.
Claro, el problema de la humanidad es la falsa sensación de libertad y “derecho”
a todo lo que no encuentre restricción ni ética ni moral, ni mucho menos legal.
Y entre estos últimos conceptos girará esta moneda apócrifa que lanzo al aire
pero con la mera intención de que le golpee a alguien, y después ver cómo cae y
etcétera.
No es mi intención en este caso
hacer una apología de nihilismo porque entre líneas yo mismo percibo estar
encaminando este texto hacia el juego de probabilidades que se cierne sobre la hegemonía
de la suerte y las eventualidades que escapan a nuestro dominio y previsión.
Si de algo estoy seguro es que
sobre el tablero en el que jugamos, como argentinos, es que sin esfuerzo no hay
suerte, y sin suerte no hay éxito, pero sin ningún esfuerzo sólo habrá éxito
cuando sea el Estado mediante la propiedad privada que nos legue herencia y
sobre ese “punto de partida” continuaremos por expandir nuestra riqueza, o
chocaremos de frente con la calesita. Y a esto lo justifico con aquella
estadística que refleja que el 90 % de los pobres mueren en la pobreza, y el 90
% de los ricos mueren como ricos.
Volviendo al caso —que todavía no
sabemos bien cual es— se da una situación simultánea donde las personas que
componen la PEA (población económicamente activa) se ven afectados por la
macroeconomía cuando esta se haya en la espiral negativa recesiva, y ante la
falta de previsión, percepción, información y capacidad de comprensión de la
actualidad y todo esto acoplado a una desinformación arreada por el entretenimiento
que parece salirse de las pantallas destellantes, confluyen en un desahucie
donde el individuo comienza a desesperarse y comenzar a repreguntarse si hay
algo malo consigo. En muchos casos sí que hay culpa en los mecanismos de
inserción laboral en el individuo, empero cuando este se ve inmerso en la
desesperación colectiva, todos bajan su propio precio y la lógica microeconómica
estalla en millones de esquirlas que terminan por refugiarse en la precariedad
y/o en el dólar blue.
Cuando se alcanza un determinado
nivel de conocimiento sobre una base histórica y empírica es cuando las
personas deben o bien replegarse, o refugiarse o lanzarse, dependiendo el
contexto, la confianza en sí mismo y la proyección sobre el corto plazo en vistas
de conseguir éxito. Hay momento para todo, aunque es menester el advertir que
cuando uno se embarca en el camino de la profesionalización uno nunca debe
considerarse como pasivo, sino considerarse profesional en todo momento, así
sea momento de exilio y ostracismo, mas nunca perder noción de las
eventualidades que se suceden a todo momento, es decir, jamás desconectarse de
las redes de información de la que somos víctimas y marionetas y de la que no
podemos escapar porque no hay otra opción. Cuando el alumno de una carrera
técnica se encuentra fuera del sistema, debe respirar y buscar opciones de
supervivencia hasta tanto la rueda de producción y consumo comience por
detenerse y recomenzar hacia el sentido contrario, y del que nos treparemos y
le agregaremos peso y masa para que gire con más fuerza. La desesperación es
ostensible y absolutamente válida, y el dominio de las emociones es por momento
imposible de contener, pero así como los animales, el ser humano emana señales,
feromonas, estática y hasta expresiones corporales que son leídas, percibidas e
interpretadas por otros que se ubican en una posición de poder el que consciente o inconsciente determinará si incorporarlo
a sus planes onerosos.
Cuando yo te diga que es carnaval…fijate
porque la espuma está carísima y la fábrica de bombitas “Bombucha” cerró ayer y
echaron 70 familias a la calle. No sé, leé los diarios aunque sea.
