lunes, 11 de noviembre de 2019

Propaganda, por Edward Bernays* (fragmentos)



“La propaganda moderna es el intento consecuente y duradero de crear o dar forma a los acontecimientos con el objetivo de influir sobre las relaciones del público con una empresa, idea o grupo.”

La práctica de crear circunstancias e imágenes en las mentes de millones de personas es muy común. Hoy en día, prácticamente no se lleva a cabo ninguna empresa de importancia sin su concurso, con independencia de si la empresa consiste en construir una catedral, financiar una universidad, comercializar una película de cine, poner en circulación una importante emisión de bonos o elegir al presidente. En ocasiones es un propagandista profesional quien crea el efecto deseado sobre el público; en otras, es un aficionado a quien se encarga el trabajo.

Lo importante es que la propaganda es universal y continua, y que se salda con la imposición de una disciplina tanto como un ejército impone la disciplina en los cuerpos de sus soldados.

Tan ingente es el número de mentes que se pueden disciplinar, y tan obstinadas se vuelven cuando se les ha impuesto la disciplina, que un grupo a veces ofrece tanta resistencia que los empeños de legisladores, directores de periódicos o maestros resultan inútiles. El grupo se aferrará a su estereotipo, tal y como lo expresa Walter Lippmann, y logrará que aquellos seres presuntamente poderosísimos, los líderes de opinión en la mente pública queden convertidos en simples precios a la deriva. Cuando un brujo imperial del Ku Klux Klan, figurándose quizá se acerca al ideal solado, fantasea con la imagen de una nación poblada en toda su extensión por nórdicos nacionalistas, el hombre de a pie del más rancio abolengo americano, sintiéndose arrinconado y descabalgado de su posición y prosperidad legítimas por los nuevos linajes inmigrantes, recoge la imagen, se viste con ella porque le sienta bien, y la convierte en suya propia. Se compra el atuendo de la sábana y la funda de almohada y se reúne con sus iguales, que se cuentan por millares, hasta formar un grupo tan enorme y poderoso que puede decantar elecciones estatales y poner palos en las ruedas de una convención nacional.

*Edward L. Bernays es doble sobrino de Sigmund Freud (1856-1939): su padre es el hermano de la mujer del fundador del psicoanálisis, mientras que su madre, Anna Freud es su hermana. Bernays utilizará a menudo esa prestigiosa filiación para promover sus servicios, pero aquello que lo liga con su tío va más allá de esa simple relación familiar: en efecto, la obra de Freud será relevante en la concepción que Bernays desarrollará tanto que la labor que deben cumplir las relaciones públicas, como de los medios que éstas deben poner en práctica.