“La propaganda moderna es el
intento consecuente y duradero de crear o dar forma a los acontecimientos con
el objetivo de influir sobre las relaciones del público con una empresa, idea o
grupo.”
La práctica de crear
circunstancias e imágenes en las mentes de millones de personas es muy común. Hoy
en día, prácticamente no se lleva a cabo ninguna empresa de importancia sin su
concurso, con independencia de si la empresa consiste en construir una
catedral, financiar una universidad, comercializar una película de cine, poner
en circulación una importante emisión de bonos o elegir al presidente. En ocasiones
es un propagandista profesional quien crea el efecto deseado sobre el público;
en otras, es un aficionado a quien se encarga el trabajo.
Lo importante es que la
propaganda es universal y continua, y que se salda con la imposición de una
disciplina tanto como un ejército impone la disciplina en los cuerpos de sus
soldados.
Tan ingente es el número de
mentes que se pueden disciplinar, y tan obstinadas se vuelven cuando se les ha
impuesto la disciplina, que un grupo a veces ofrece tanta resistencia que los
empeños de legisladores, directores de periódicos o maestros resultan inútiles.
El grupo se aferrará a su estereotipo, tal y como lo expresa Walter Lippmann, y
logrará que aquellos seres presuntamente poderosísimos, los líderes de opinión
en la mente pública queden convertidos en simples precios a la deriva. Cuando un
brujo imperial del Ku Klux Klan, figurándose quizá se acerca al ideal solado,
fantasea con la imagen de una nación poblada en toda su extensión por nórdicos nacionalistas,
el hombre de a pie del más rancio abolengo americano, sintiéndose arrinconado y
descabalgado de su posición y prosperidad legítimas por los nuevos linajes
inmigrantes, recoge la imagen, se viste con ella porque le sienta bien, y la
convierte en suya propia. Se compra el atuendo de la sábana y la funda de
almohada y se reúne con sus iguales, que se cuentan por millares, hasta formar
un grupo tan enorme y poderoso que puede decantar elecciones estatales y poner
palos en las ruedas de una convención nacional.
