jueves, 30 de junio de 2011

La situación Europea, y la experiencia Argentina


Poco más de una década ha transcurrido desde aquel episodio en el que unas treinta personas perdieron sus vidas, como consecuencia del manotazo de ahogado que expide –como patrón de conducta- la mecánica funcional de un sistema socio-económico, del cual sus premisas subyacen en las teorías de libertad empresaria.
Tal es el punto de asombre, que en una instancia inminente se veía caer la noche en una jornada de peregrinación en el deterioro de una idiosincrasia vaciada de ideales, y profanada de esperanzas, donde la suerte era la única salida hacia una situación de sosiego económico.
Habrá sido entonces, el epicentro de la problemática ya en fase de detonación, cual iceberg aloja en sus profundidades, el estatuto del subdesarrollo social y económico fornecido en las más absurdas conjeturas, sobre el comportamiento de una sociedad dinámica.
No es de extrañar entonces, que desde la concepción misma de la economía internacional, se tenga por biblia, todo un razonamiento tan falaz como el titulo mismo de una obra que implícitamente habla sobre las riquezas de las elites de las naciones.
Curiosamente, el análisis sobre la senda marcada hacia los países en situación de asimetrías, desde lo cultural, hasta de disponibilidad de recursos naturales, implica la racionalización inteligente de los mismos, en pos de alcanzar un bienestar mínimo entre cada país.
Siguiendo el tejido sobre esta lógica, es de suponer entonces, que ante una situación de disparidad de recursos necesarios entre países, esto mismo los obligue a intentar un intercambio, dejando de lado los intereses intrínsecos de conquistas, sino hablando mínimamente de la cobertura de necesidades. Es así, que el intercambio comercial sea por excelencia, tal esquema de intercambio de recursos en función de la cobertura misma de necesidades.
Hasta aquí, todo resulta congruente siempre y cuando dejemos de lado por un momento, los intereses de conquistas que prevalecen en el núcleo social de cada sociedad, como elemento de conducta que anida en los cromosomas del ser humano.
Por tanto, presuponer un intercambio comercial que solo repose en los intereses más simples y llanos del solo intercambio comercial a fines de intercambio de recursos, es tan inocente que se torna torpe. También hay que admitir, que el trasfondo de la cuestión, no se trata de cuan torpe suene un planteo smithiano, siempre y cuando entendamos, que no es torpe el mismo autor, sino quien tome tal mensaje y lo legitime.
Smith no podría ser torpe, sino en todo caso, pícaro al tratarse de Inglaterra por aquel entonces, el país que podría autoabastecerse, y que además, era el más competitivo en cada asignatura que desempeñe.
El mensaje de Smith seria propagado por iniciativa de su propio país, como herramienta de colonización intelectual por sobre el resto de las economías. Esto es coherente, si entendemos que el mercantilismo nunca dejo de lado su máxima: proteger los recursos de una economía, y destruir el proteccionismo de las demás, en función de su acumulación de tesoros y riquezas.
Quizá el eslabón que distancie estas visiones de dos paradigmas no tan diferentes, sea la vía de la acumulación, es decir, reemplazar sangre, por libros.
Aun así, el mensaje de Smith, no es un problema para los países en su totalidad, sino tan solo para la clase no-elite. Ya que las guerras mundiales buscan establecer una sola hegemonía que imponga al resto del mundo –inclusive sus aliados- la estructura pertinente que adecue sus lineamientos internos en política y economía, de forma tal, que sostenga un sistema de imperialismo en el cual el emperador, viva a través del sudor del trabajador extranjero. Tiene sentido.
Smith mencionaba la acumulación de capital, y la división del trabajo. Ambos pilares serían los encargados de orientar la especialización de cada economía según su respectiva composición de recursos. A su vez, el intercambio comercial, en el mensaje de Smith, debe producirse sin la intervención del Estado respectivo, de modo tal, que no existan distorsiones en la composición misma de los precios.
Ahora bien, en una idílica situación como la que plantea Smith, existe un elemento que escapa a este razonamiento, y que nuevamente toma por inocente algo como lo es la organización misma de los seres humanos. Tal es el grado de torpeza –nuevamente- que no se tenga en cuenta como se conforma un término de intercambio –producto de país A, por producto de país B en diferentes precios-.
Es decir, que el término de intercambio aloja en su seno, una composición de costes que va desde la ganancia misma que pretenda el capitalista, el coste de materias primas, y desde el luego, la remuneración al salario, que no es un coste promedio mas, sino un precio que se determina políticamente, y previo a la producción.
Si tenemos en cuenta, que las elites sostienen una brecha entre la clase trabajadora, hay que mencionar, que macroeconómicamente, en un país, solo existe el capital y el trabajo. Ambos porcentaje, suman 1. Digamos, que si una elite concentra el 80% de las riquezas, el 20 restante se repartirá entre los trabajadores. A su vez, también existen diferencias entre las mismas elites.
Sin embargo, lo que diferencia las clases no es solo la remuneración en términos monetarios, sino el salario real que devenga de cada situación. Digamos, que despegar de un mínimo de coste de vida, implica la brecha que marginaliza a clases que caen por debajo de esa línea.
Si tenemos en cuenta que el mensaje de Smith plantea la anulación de un Estado, esto implica que el trabajador pierda representatividad que le sostenga políticamente, su propio salario. Por consiguiente, el Estado deja de proveer las garantías a los asalariados, pero no anula el derecho a la propiedad privada. Estamos entonces, en una encrucijada de conceptos. Ya no es un concepto sólido, sino una perversidad que se refugia en un mensaje confuso, y que propicia las creaciones de grupos concentradores de riqueza – que no es acumulación de riquezas- y disparando las proporciones de remuneraciones entre las clases.
Esta es la mecánica que existe en un trasfondo de economía clásica, donde lo que se intenta imponer no es un modelo económico, sino que es político-social, ya que la eficiencia en los recursos, pasa a segundo plano, y se vuelve solo una excusa para colonizar intelectos.
Hoy, el centro europeo, se encuentra con una periferia solidificada Estatalmente, donde protegen su producción, y con él la remuneración que va camino a la justicia social, buscando la equidad donde particularmente en la Argentina, la participación del trabajador, trepa hasta casi el 49% del PBI.
La autarquía económica seguirá siendo el camino de cada región, al menos hasta que en los cromosomas del ser humano, desaparezca el interés de conquista, y sea reemplazado por el altruismo.
Mientras tanto, quienes confíen en un mensaje idílico, eclesiástico quizás, seguirán viendo revueltas en sus plazas simbólicas, afrontando crisis económico-sociales. Otros, aprendimos de nuestros errores, y reencauzamos nuestras acciones, hacia un desarrollo completo, donde la dignidad ante todo, se iza en la conmemoración de nuestros ideales, y que hoy nos ponen al frente de un mundo que cambia solo de formalidades, para que a fin de cuentas, nada cambie.
Cristina 2011.


lunes, 27 de junio de 2011

Nuevos horizontes, viejas tormentas

Nuestra historia, la de nuestro país, se ha caracterizado por la reiteración cíclica de procesos socio-económicos, que jamás terminó por cesar.
Es así, que el punto de equilibrio, como situación idílica en un paraíso utópico de la falsa idiosincrasia económica ortodoxa, se ubica entre la zanahoria y el hocico que galopa al fragor de falsas esperanzas.
Sin embargo, la remuneración al trabajo se encuentra corriendo a la coneja siempre desde atrás, en un ínterin en el cual las batallas se tornan codo a codo entre seres de la misma posición jerárquico-social. Valdrá entonces el interrogante que se corresponde con dilucidar el por qué de tal desgaste político entre sectores de símil vulnerabilidad, para los cuales quedan expuestos permanentemente a las batallas ideológicas que son luego encerradas en el tabú del rol del Estado.
Digamos, que desde la concepción misma del nuevo lineamiento mundial, enraizado en los albores de la revolución industrial, el nuevo orden establecido post-guerra mundial –la segunda- alineó las esferas para el fin de sostener la misma mecánica, y propagarla mundialmente. Desde luego, el método por excelencia para esta propagación, ha sido la invasión del capital foráneo por sobre las jurisdicciones republicanas, donde en un desafortunado efecto dominó, la misma lógica ha suscitado en las crisis económicas pertinentes, devenidas de tal esquema de producción.
Es decir, que la estructura resiste incondicionalmente a los cambios, y parecen permanecer intactos debajo de las cenizas de un proceso socio-económico. Al parecer, existe un elemento que escapa a nuestras reflexiones, y que lanza la pelota a la calle, para luego sobrevivir pasando desapercibido, y ser nuevamente, el eslabón desatante de tal desfasaje social.
Como mencionamos recientemente, “la remuneración al trabajo, se encuentra corriendo a la coneja siempre desde atrás, en un ínterin en el cual las batallas se tornan codo a codo entre seres de la misma posición jerárquico-social” lo cual significa que el sector de “elite”, o “clase alta” o “capitalista” –sea la acepción que mejor se adecue- queda siempre protegido en esta contienda ideológica.
Si tenemos en cuenta que los recursos son escasos, entonces los que conserve una proporción de la sociedad, será exactamente proporcional a la misma cantidad de recursos de las cuales el resto de la población, no podrá acceder. Entonces, lo que protege ese “derecho” de tenencia por sobre un sector del cual jamás se discute su genuinidad, se nutre del derecho a la propiedad privada.
Tal derecho, y garantía constitucional, es a su vez propiciada por el Estado. Se vuelve falaz entonces, que lo público sea juzgado por la vara de lo democrático al mismo tiempo, que por sobre lo privado poco se juzga, sino que muy por el contrario, se defiende y se da por hecho, que el derecho a la propiedad privada consta de un derecho divino. Nada más alejado de la verdad.
El dinero, es la representación aritmética de lo producido previamente. Es decir, que el dinero representa producción, sobre lo cual existe solo dos cuestiones a saber: capital y trabajo.
Se preguntarán entonces, ¿dónde queda la materia prima en esta ecuación lineal? pues, la materia prima, es a su vez producto, compuesto por capital y trabajo.
Si tomamos en cuenta que el capital, es solo dinero, que representa a su vez, producción pasada más capital, entonces arribaremos a la conclusión, de que el capital a tiempo hoy representa potencial producción futura y con él, el futuro trabajo de la población.
En efecto, cuando un ser humano es traído a la vida, éste carece de distinción alguna por sobre otro ser. Sin embargo, la transferencia de bienes de padres a hijos –y por lo tanto producción pasada- a través del dinero, es una transferencia dispareja entre seres de diferentes “clases sociales”. Este es el punto en el que se produce la injusticia social, donde el derecho a la propiedad privada protege recursos de un sector, mientras que esa proporción se torna faltante para la otra proporción que es llegada al mundo, con una necesidad no cubierta.
Es el derecho a la propiedad privada la que resiste entonces, a las reestructuraciones que se dan en el comienzo de un nuevo proceso económico luego de una crisis socio-económica.
Muy a pesar del disgusto de una aristocracia que teoriza pasando por alto este punto, el reclamo por una justicia social luego de un desfasaje sistemático estructural como es entendido partiendo de un derecho a la propiedad privada establecida de tal forma, este reclamo se vuelve genuino, y no una obstinación de “clases”.
De hecho, es el mismo derecho a la propiedad privada otorgada por el Estado –porque consta de su génesis en la Constitución Nacional- el que parte a la población en clases, en una sucesión de hechos, en una línea de tiempo que tal diferencia de pisos de oportunidades va abriendo paso en una brecha que no detiene su marcha.
La reparación de tal injusticia social, es entonces asignatura del mismo Estado, y su rol de administrar los recursos de manera tal, que ningún partícipe de la sociedad –ya que cada ciudadano conforma al Estado mismo- quede desprotegido en ninguna de sus necesidades básicas.
Si la vía hacia el reparto de asignación de recursos se da en un marco legal, así como la Constitución Nacional, es entonces la misma senda que recorren medidas políticas socio-económicas que deben resistir a los cambios coyunturales e incluso estructurales, tal y como resiste el derecho a la propiedad privada.
Digamos entonces, que las leyes que vienen a reparar tal desfasaje económico-social, deben incorporarse en la carta magna para prescindir de una administración coyuntural y circunstancial.
La Asignación Universal por Hijo, y embarazadas desde 3 meses, tanto como la jubilación con su actualización de haberes obligatorios y sistemáticos anuales, se vuelven políticas de Estado, y no políticas gubernamentales. Tal es el caso de las paritarias obligatorias anuales entre el síndico y el patronal, que prescinden de la voluntad política de turno.
Será el nuevo desafío, quizá, el de incorporar políticas de Estado a la Constitución Nacional, para que logren resistir un simple decreto o una simple derogación, y a su vez, el desafío por concientizar a la población a su participación en la política y el entendimiento propio de las cuestiones económicas, jurídicas y políticas, para el fin mismo del logro del bienestar social PARA TODOS.


jueves, 2 de junio de 2011

La Ciudad de Buenos Aires, y los resultados de una pseudo ideología neoliberal


Es difícil dilucidar de entre la borrasca que acontece, en una esfera donde las batallas ideológicas con dificultad pueden ser respaldadas con resultados económicos, cuando la jurisdicción se confunde de lo que es el capitolio del stablishment, con la jurisdicción propia del Estado Nacional.
Tal es el punto de confusión, que el engaño y el ardid, quedan sujetos a la merced de funcionarios que no sólo esconden el polvo debajo de la alfombra mediática, sino que aprovechan los resultados logrados por políticas económicas proteccionistas de desarrollo económico-social ejecutados por el Estado Nacional, y los toman como propios, adjudicándose los logros de los cuales hicieron publicidad como eje de campaña política, y de los cuales prescindieron en el paupérrimo desempeño de sus funciones.
No es de extrañar, que el Ministerio de Hacienda de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, subejecute fondos disponibles para alcanzar el estado de bienestar, sino que muy por el contrario, un presupuesto que alcanza los dieciocho mil millones de pesos -$18.000.000.000 – es destinado en parte, a la creación de una deficiente policía metropolitana.
La simbología que destila la creación de una policía con más presupuesto, es irónicamente un mensaje a futuro, jugando con las cartas al revés, advirtiendo sobre las consecuencias que traerán aparejadas las recetas económicas ortodoxas, en cual lecho descansan los lineamientos más reaccionarios que se conocen en la historia reciente.
Al parecer, la intervención del Estado sólo cumple con el derecho a la propiedad privada, acotando los recursos para unos pocos, y dejando a la buena de dios a un puñado de personas que ven llegar sus horas finales en los confines del abandono, tal como sucediera el año 2009 con la suma de 113 personas fallecidas por el frio y hambre padecido en las descuidadas calles de la ciudad de Buenos Aires.
La desidia por el bienestar social, vira hasta el extremo de presumir el desprecio mismo, excluyendo a la sociedad y sometiéndola como herramienta de ajuste para falaces teorías liberales económicas, que reposan sobre los vírgenes hombros de un Ministerio de Hacienda, que pocos esfuerzos dedica hacia alcanzar la felicidad de su pueblo.
Sin embargo, el alcance de una medida revolucionaria, y reparadora como no se tenga experiencia previa como punto de comparación como es la Asignación Universal por Hijo, es tan poderosa que atraviesa las jurisdicciones, y la rueda de la producción y el consumo nacional le llega como una brisa para acalorados individuos que deambulan en los suburbios porteños.
Es curioso apreciar, que en la ola de la crisis mundial financiera del año 2009, el desempleo en promedio de nuestro país alcanzara el 9%, mientras que particularmente en la ciudad de buenos aires, desplegara todo su daño ubicando tal indicador en el 14%.
¿Cómo es posible, que un Ministro de Trabajo haya tenido el plazo de 12 horas para resolver un problema de tamaña magnitud, y como por arte del reflejo de una ideología proteccionista, se desplegara un programa como el REPRO? En este programa, las empresas que tuvieran problemas en sus libros contables, obtenían la suma de $600 no retributivos por cada empleado, a fin de solventar su situación contable, y fundamentalmente, para no expulsar trabajadores a la calle.
Sin embargo, en la ciudad de Buenos Aires, las medidas anti cíclicas se hacían esperar, hasta el punto de anunciar implícitamente su ausencia, con el cierre de escuelas para niños discapacitados, haciendo terapia con animales para unos 500 chicos. Al parecer, el presupuesto porteño debiera ser “cuidado” para otras funciones, como hemos visto al comienzo, en una ostentosa policía metropolitana.