Poco más de una década ha transcurrido desde aquel episodio en el que unas treinta personas perdieron sus vidas, como consecuencia del manotazo de ahogado que expide –como patrón de conducta- la mecánica funcional de un sistema socio-económico, del cual sus premisas subyacen en las teorías de libertad empresaria.
Tal es el punto de asombre, que en una instancia inminente se veía caer la noche en una jornada de peregrinación en el deterioro de una idiosincrasia vaciada de ideales, y profanada de esperanzas, donde la suerte era la única salida hacia una situación de sosiego económico.
Habrá sido entonces, el epicentro de la problemática ya en fase de detonación, cual iceberg aloja en sus profundidades, el estatuto del subdesarrollo social y económico fornecido en las más absurdas conjeturas, sobre el comportamiento de una sociedad dinámica.
No es de extrañar entonces, que desde la concepción misma de la economía internacional, se tenga por biblia, todo un razonamiento tan falaz como el titulo mismo de una obra que implícitamente habla sobre las riquezas de las elites de las naciones.
Curiosamente, el análisis sobre la senda marcada hacia los países en situación de asimetrías, desde lo cultural, hasta de disponibilidad de recursos naturales, implica la racionalización inteligente de los mismos, en pos de alcanzar un bienestar mínimo entre cada país.
Siguiendo el tejido sobre esta lógica, es de suponer entonces, que ante una situación de disparidad de recursos necesarios entre países, esto mismo los obligue a intentar un intercambio, dejando de lado los intereses intrínsecos de conquistas, sino hablando mínimamente de la cobertura de necesidades. Es así, que el intercambio comercial sea por excelencia, tal esquema de intercambio de recursos en función de la cobertura misma de necesidades.
Hasta aquí, todo resulta congruente siempre y cuando dejemos de lado por un momento, los intereses de conquistas que prevalecen en el núcleo social de cada sociedad, como elemento de conducta que anida en los cromosomas del ser humano.
Por tanto, presuponer un intercambio comercial que solo repose en los intereses más simples y llanos del solo intercambio comercial a fines de intercambio de recursos, es tan inocente que se torna torpe. También hay que admitir, que el trasfondo de la cuestión, no se trata de cuan torpe suene un planteo smithiano, siempre y cuando entendamos, que no es torpe el mismo autor, sino quien tome tal mensaje y lo legitime.
Smith no podría ser torpe, sino en todo caso, pícaro al tratarse de Inglaterra por aquel entonces, el país que podría autoabastecerse, y que además, era el más competitivo en cada asignatura que desempeñe.
El mensaje de Smith seria propagado por iniciativa de su propio país, como herramienta de colonización intelectual por sobre el resto de las economías. Esto es coherente, si entendemos que el mercantilismo nunca dejo de lado su máxima: proteger los recursos de una economía, y destruir el proteccionismo de las demás, en función de su acumulación de tesoros y riquezas.
Quizá el eslabón que distancie estas visiones de dos paradigmas no tan diferentes, sea la vía de la acumulación, es decir, reemplazar sangre, por libros.
Aun así, el mensaje de Smith, no es un problema para los países en su totalidad, sino tan solo para la clase no-elite. Ya que las guerras mundiales buscan establecer una sola hegemonía que imponga al resto del mundo –inclusive sus aliados- la estructura pertinente que adecue sus lineamientos internos en política y economía, de forma tal, que sostenga un sistema de imperialismo en el cual el emperador, viva a través del sudor del trabajador extranjero. Tiene sentido.
Smith mencionaba la acumulación de capital, y la división del trabajo. Ambos pilares serían los encargados de orientar la especialización de cada economía según su respectiva composición de recursos. A su vez, el intercambio comercial, en el mensaje de Smith, debe producirse sin la intervención del Estado respectivo, de modo tal, que no existan distorsiones en la composición misma de los precios.
Ahora bien, en una idílica situación como la que plantea Smith, existe un elemento que escapa a este razonamiento, y que nuevamente toma por inocente algo como lo es la organización misma de los seres humanos. Tal es el grado de torpeza –nuevamente- que no se tenga en cuenta como se conforma un término de intercambio –producto de país A, por producto de país B en diferentes precios-.
Es decir, que el término de intercambio aloja en su seno, una composición de costes que va desde la ganancia misma que pretenda el capitalista, el coste de materias primas, y desde el luego, la remuneración al salario, que no es un coste promedio mas, sino un precio que se determina políticamente, y previo a la producción.
Si tenemos en cuenta, que las elites sostienen una brecha entre la clase trabajadora, hay que mencionar, que macroeconómicamente, en un país, solo existe el capital y el trabajo. Ambos porcentaje, suman 1. Digamos, que si una elite concentra el 80% de las riquezas, el 20 restante se repartirá entre los trabajadores. A su vez, también existen diferencias entre las mismas elites.
Sin embargo, lo que diferencia las clases no es solo la remuneración en términos monetarios, sino el salario real que devenga de cada situación. Digamos, que despegar de un mínimo de coste de vida, implica la brecha que marginaliza a clases que caen por debajo de esa línea.
Si tenemos en cuenta que el mensaje de Smith plantea la anulación de un Estado, esto implica que el trabajador pierda representatividad que le sostenga políticamente, su propio salario. Por consiguiente, el Estado deja de proveer las garantías a los asalariados, pero no anula el derecho a la propiedad privada. Estamos entonces, en una encrucijada de conceptos. Ya no es un concepto sólido, sino una perversidad que se refugia en un mensaje confuso, y que propicia las creaciones de grupos concentradores de riqueza – que no es acumulación de riquezas- y disparando las proporciones de remuneraciones entre las clases.
Esta es la mecánica que existe en un trasfondo de economía clásica, donde lo que se intenta imponer no es un modelo económico, sino que es político-social, ya que la eficiencia en los recursos, pasa a segundo plano, y se vuelve solo una excusa para colonizar intelectos.
Hoy, el centro europeo, se encuentra con una periferia solidificada Estatalmente, donde protegen su producción, y con él la remuneración que va camino a la justicia social, buscando la equidad donde particularmente en la Argentina, la participación del trabajador, trepa hasta casi el 49% del PBI.
La autarquía económica seguirá siendo el camino de cada región, al menos hasta que en los cromosomas del ser humano, desaparezca el interés de conquista, y sea reemplazado por el altruismo.
Mientras tanto, quienes confíen en un mensaje idílico, eclesiástico quizás, seguirán viendo revueltas en sus plazas simbólicas, afrontando crisis económico-sociales. Otros, aprendimos de nuestros errores, y reencauzamos nuestras acciones, hacia un desarrollo completo, donde la dignidad ante todo, se iza en la conmemoración de nuestros ideales, y que hoy nos ponen al frente de un mundo que cambia solo de formalidades, para que a fin de cuentas, nada cambie.
Cristina 2011.
