En reiteradas ocasiones podemos observar, como se distancian como hermanos que se pelean, a dos universos paralelos que jamás encausan sus destinos debido a un problema de conceptos, en la que su equívoca manutención, se liberan los prejuicios como salida de escape a un tabú filosófico del cual no se revisan las bases epistemológicas.
Desde ya, que los mutuos rechazos no se hacen esperar, cual antípoda brega en su favor, y se autoproclama como el portador de la realidad universal. No tan deprisa.
La microeconomía y la macroeconomía son interdependientes entre sí, en una interacción indirecta, en la cual la sumatoria de todas las microeconomías del país conforman la macroeconomía en su conjunto, ya que es menester precisar, que todos los sistemas autárquicamente, son microeconomías en cuestión, ya que la acepción misma de un sistema en el cual se desenvuelve la administración de los recursos –en la forma que fuere- frente a la escasez misma que su capacidad de adquisición le impone, puesto que tal asignación de recursos estratégicamente, se torna económico por un lado, y político por el lado operativo.
Es decir, que a su vez la macroeconomía queda estrechamente ligada a la sumatoria de las situaciones microeconómicas debajo de su espectro sobre la cual, las microeconomías dependen de la voluntad política que decide atender selectamente, a diferentes situaciones y con el énfasis y dedicación que la impronta política le asigna en sus medidas adoptadas.
Por consiguiente, es acertado que los administradores de empresas deban actuar bajo una lógica de maximizar beneficios con el menor esfuerzo posible en una empresa que pelea por la apropiación de la mayor porción de capital que deambula en el cosmos que lo apañe.
En efecto, la lógica empresarial no escapa a la reacción natural del ser humano en cuestión, ya que como método de supervivencia, en el cromosoma anida la ambición misma. Lo lógico también es que aceptemos que los recursos en una sociedad demarcadamente por una carta magna, implica un juego de suma 1 en la cual, cada una de las porciones de las que se apropian los actores en una sociedad, conformará así, el producto bruto total del cual dispone el país en cuestión.
Si frente a esta sucesión de apropiaciones de capital, nos correspondemos con una formación académica en la cual los administradores de empresas paridos adoptan como realidad, la ausencia de la actividad política como método natural de construcción de poder económico, entonces estamos en un problema.
Lo cierto es que en una sociedad en la que el derecho a la propiedad privada conformado de forma tal que no impida la concentración de riquezas y que además, lo proteja luego, también hay que entender, que la permisión deliberada de los descuentos por cantidad, acompañan a una acumulación de riquezas en la que el poder político absorbe a los más débiles –o los destruye- y se impone la ambición misma que mencionamos párrafos atrás.
Si el derecho privado contempla esta distribución injusta de la riqueza, entonces corresponde al derecho público la obligación de equiparar la balanza en la redistribución misma lo que conlleva a la contienda política entre los actores de un bando y del otro.
No es un dato menor esto último, ya que en la formación académica que se impone como bibliografía en la administración de empresas, desconocen estas vicisitudes y actúan bajo una lógica que al propagarse en todas las microeconomías, dan como sumatoria a una macroeconomía en vías de debilitación que termina deprimiendo a la baja el capital total del cual cada microeconomía intenta apropiarse. Es decir, que la puja por la apropiación de porcentajes, pasa a segundo plano y se aleja de la puja de masa de ganancias que en definitiva es el objeto deseable.
Cuando la macroeconomía convalece, y su nivel de producto cae, debido a la baja en el consumo –como causal y consecuencia-, el destino de lo producido debe ser colocado en otras economías, es decir, la exportación.
Si la exportación es el sustento de la producción local, pero a cuestas del desempleo de una porción de la sociedad y por lógica, su empobrecimiento y decadencia social, entonces la exportación es el otro filo de la espada de Damocles.
Cuando esta teoría microeconómica se impone en los administradores de empresas, lo que el mensaje oculta, es el interés de la primarización de la economía, al punto extremo de la agroexportación, donde la distribución de la riqueza se concentre en monopolios y monopsonios, en connivencia con el sometimiento a la esclavitud y la degradación social del trabajador.
Difícilmente se pueda conciliar con la clase empresarial si entendemos que toda una generación de empleadores y administradores de empresas traccionen la economía persiguiendo un destino que le es desfavorable, y en consecuencia, frente a un Estado Ejecutivo y Legislativo que hacen uso del derecho público para re-equiparar la balanza distributiva con un sistema sustentable.
Es decir, que en esta contienda política, la sumatoria de las microeconomías dan como resultado, una macroeconomía y una situación de embates sociales entre el interés de unos pocos, por sobre el de toda la población en su conjunto.