lunes, 3 de octubre de 2011

Las raíces de lo falaz

Es difícil divisar de entre las respuestas, casi por arte de reflejo, aquel eslabón que escapa a la imaginación como herramienta indefectible de cara a la búsqueda de respuestas sobre comportamientos de los cuales no podemos abordar.
Sin dudas, que existe alojada en la matriz de lógica de un ser humano, toda una serie de premisas instauradas desde las enseñanzas primitivas, encubiertos en un confuso sistema de reflexión que se aproxima más a una respuesta idílica, que a lo que la realidad lo insta mediatamente.
En consecuencia, aquello que se aleja de la realidad y se asemeja a un planteo impertinente, es la misma situación que una ecuación que en sus albores es falso, necesariamente el resultado se encaminará hacia la misma suerte, a saber: el error.
De todos modos, así como aquellos elementos que se filtran de entre la lógica y se acopla a una suerte de reflexión inmediata, esta misma no fue reflexionada por el individuo, lo cual implica que solo sea necesario reflotarlo a fin de la reflexión propia del mismo ser en cuestión.
Lo difícil no es lograr que la persona lo razone, sino más bien, lo complejo es descubrir aquel elemento falaz que se encuentra enquistado en un falso entramado de razonamientos.
Veamos.
Si una persona razona que la baja de impuestos como el impuesto al valor agregado sobre los alimentos, producirá una baja en los precios de los mismos, el supuesto que se encuentra implícito y que está asumiendo es el del libre juego de oferta y demanda como condicionador de precios al consumidor.
Está claro, que los precios son colocados y definidos por seres a voluntad propia donde purgan al producto de su coste y le agregan el proporcional extra de ganancia que arbitrariamente decide en relación a lo que puede vender, en tanto y en cuanto mida el grado de poderío que pueda ejercer por sobre la competencia, en el caso de que la hubiere.
Si nos ponemos en lugar de esta persona que reflexiona prescindiendo de las relaciones de poder, podríamos recaer en un ingenuo planteo que nos conllevaría a ceder en nuestra presión por apropiarnos de mayores recursos, y transferir los que dejamos ir hacia aquellos que en la realidad ejercen su poder sobre los demás.
Este sistema de reflexión falaz, es enseñado desde el centro hacia la periferia con el fin mismo de instaurar una realidad que no se condice con lo que realmente sucede, y de esta manera es que la distribución de los recursos –a través del dinero- se mantiene en una proporción no equitativa.
Sin embargo, a la problemática del conocimiento, y el entendimiento, hay que sumarle la voluntad ejercida por reequilibrar aquel desnivel en la balanza. De esta misma forma, si la voluntad se hace presente pero con un sistema de razonamiento falaz, nunca terminaremos por encontrar los fundamentos necesarios para reclamar por lo que nos pertenece, o más bien, lo que a otro no le pertenece.
Es decir, que conociendo el problema filosófico en virtud, lo que nos resta conocer son las reglas de juego de las cuales disponemos y con las que debemos desempeñarnos a fin de lograr recomponer aquel desfasaje entre lo que aportamos y lo que recibimos.
Si a esto le agregamos que las reglas de juego implican la construcción de poder a través de la empatía y la confianza que logremos en conjunción con demás seres del rebaño, lo que resta por licuar son los prejuicios éticos y morales que provienen de una organización política como la iglesia católica, donde pretenden deponer al ser humano como algo divino, y desconociendo su razón de ser como animal racional con sus atributos que le permiten adaptarse y sobrevivir con los recursos que dispone.
Por consiguiente,  la racionalización del pensamiento se hace presente y nos permite reflexionar sobre la importancia de desasnar realidades que incomodan al statu quo, y que son tan poderosos que se alojan el subconsciente, tal vez de por vida, como un mecanismo de defensa que utiliza el “Yo” (cerebro) para evitar la frustración. Para ello, se usa un razonamiento para encontrar justificación a una conducta, actitud, sentimiento, prejuicio o pensamiento cuya aceptación podría provocar temor, ansiedad, sentimientos de inferioridad o de culpa.
Muy por lo profundo de lo que intentamos explicar,  es factible que los planteos por más razonables que sean, dependen del grado de aceptación del individuo que recibe el mensaje y que delibera una batalla contra su propia situación psíquica, donde su situación emocional muchas veces le obliga a imponer una barrera por sobre la razón, creyendo una realidad que lo contenga de su frustración, en connivencia esto con la enseñanza de vida que se ejerce a través de su propósito como ser humano, en ocasiones utilitarista, alejándolo de su condición humana.
No es de extrañar entonces, que la importancia de transmitir un mensaje libre de prejuicios éticos y morales fundamentados en el interés implícito de una organización política que juega en sociedad con el statu quo, le signifique la voluntad por restituir aquello que le fue expropiado aun antes de haber llegado al mundo.
Entendemos a todo momento, que los recursos son limitados, y que en una sociedad delimitada jurídicamente, los recursos que algunos concentran, son los mismos que otros no tendrán, y  que en relación con un sistema de Estado protector de los intereses privados de unos pocos, es necesaria la concientización del ser humano, colocándolo sobre la realidad, y no sobre una falaz nube idílica, tan solo sostenible por la inculcación de la ignorancia y el sometimiento al prejuicio moral y ético.