Entendamoslo, sin su pasado no será nada ni nadie.
Es difícil avanzar cuando la cinta caminadora sobre la que nos desplazamos siempre permanece en el mismo sitio, y así nos resulta todo cuando desde pequeños mamamos diversos códigos que se nos impregnan y hacen metástasis por toda nuestra matriz de construcción de pensamiento y la misma que permite comprender al universo.
Así todo, la contradicción de quien nos ametralla con preceptos y ética moralista de dudosa singularidad lo hace a sabiendas de su ambigüedad, lo que nos mantiene suspendidos en un limbo cognitivo haciéndonos dudar permanentemente sobre el avanzar o licuar las culpas primero, mientras nuestro adversario carente de toda culpabilidad avanza a paso redoblado por sobre nuestros intereses más inmediatos y aquellos que anhelamos en algún remoto futuro posible.
¿Será quizá entonces que parte de nuestro subdesarrollo se deba al dubitar como una constante en nuestra caminadora que imaginamos como 'vida'?
Los interrogantes se repliegan sobre todo el frente de batalla del que solemos abandonar con recurrencia porque el miedo a la soledad nos abruma y se cierne sobre nuestras socavadas espaldas, permitiendo abstraernos de nuestro horizonte y sumirnos en la horizontalidad donde yace y se mece nuestro rebaño.
Cuando aprendemos a caminar nuestro enemigo espera que podamos sostenerlo en sus espaldas, es sólo especulación y aprovechamiento del esfuerzo ajeno, mientras nos endulza el oído con meritocracias encontradas, en un mundo de criterios perdidos y de lógicas ultrajadas...porque cuando nos cae la ficha del qué está pasando nos encontramos nuevamente ante un dilema instalado por la opinión publicada.
Mientras tanto la brecha se extiende como una pandemia en las entrañas de nuestra mente, dividiéndonos entre los pares perdiendo nuestro tiempo en nimiedades que a fin de cuenta sólo logra distraernos de la senda, haciéndonos parar sobre la banquina para contestar una llamada que nos hace volver porque nos olvidamos de algun papel en la oficina.
Y la moral y la ética se pelean por twitter y se toman unas cervezas en un after-hour de retiro, porque de 9 a 18 horas somos esclavos de las mentiras de un falso matrimonio que solloza para que empaticemos con su "momento" y nos replanteemos nuestros reclamos para más adelante, porque somos cristianos éticos y morales y a fin de cuentas nuestro empleador es una persona también que no debe tener malas intenciones. Porque en algún rincón de nuestra difusa consciencia nos inculcaron que todos somos iguales y que somos presuntamente buenos y que los malos son la excepción a la regla.
Claro, nos inculcaron un universo binario que duela entre el bien y el mal, lo malo y lo bueno, lo que está bien y lo que no. Pero...¿en qué momento nos explicaron los conceptos de lo bueno y lo malo? No lo recordamos, porque si nos debemos replantear lo que está bien y lo que no, ya somos sujetos de juicio ético y moral de los demás, porque también nos metieron a patadas en el culo que existe un "sentido común", aquel mismo sentido como el que nos redactaron en un libro desde hace mas de dos mil años con un montón de reglas de vida que si no las cumplimos las sufriremos en otra posible vida luego de la muerte.
Eso sí, los bienes materiales son efímeros, por eso los ricos no lo son tanto y debemos conformarnos con lo que tenemos y creer que los ricos lo son porque se esforzaron para ello y al fin y al cabo, nos convencemos en segundo plano que el mundo se rige por la meritocracia.
Cuando aprendemos a caminar nuestro enemigo espera que podamos sostenerlo en sus espaldas, es sólo especulación y aprovechamiento del esfuerzo ajeno, mientras nos endulza el oído con meritocracias encontradas, en un mundo de criterios perdidos y de lógicas ultrajadas...porque cuando nos cae la ficha del qué está pasando nos encontramos nuevamente ante un dilema instalado por la opinión publicada.
Mientras tanto la brecha se extiende como una pandemia en las entrañas de nuestra mente, dividiéndonos entre los pares perdiendo nuestro tiempo en nimiedades que a fin de cuenta sólo logra distraernos de la senda, haciéndonos parar sobre la banquina para contestar una llamada que nos hace volver porque nos olvidamos de algun papel en la oficina.
Y la moral y la ética se pelean por twitter y se toman unas cervezas en un after-hour de retiro, porque de 9 a 18 horas somos esclavos de las mentiras de un falso matrimonio que solloza para que empaticemos con su "momento" y nos replanteemos nuestros reclamos para más adelante, porque somos cristianos éticos y morales y a fin de cuentas nuestro empleador es una persona también que no debe tener malas intenciones. Porque en algún rincón de nuestra difusa consciencia nos inculcaron que todos somos iguales y que somos presuntamente buenos y que los malos son la excepción a la regla.
Claro, nos inculcaron un universo binario que duela entre el bien y el mal, lo malo y lo bueno, lo que está bien y lo que no. Pero...¿en qué momento nos explicaron los conceptos de lo bueno y lo malo? No lo recordamos, porque si nos debemos replantear lo que está bien y lo que no, ya somos sujetos de juicio ético y moral de los demás, porque también nos metieron a patadas en el culo que existe un "sentido común", aquel mismo sentido como el que nos redactaron en un libro desde hace mas de dos mil años con un montón de reglas de vida que si no las cumplimos las sufriremos en otra posible vida luego de la muerte.
Eso sí, los bienes materiales son efímeros, por eso los ricos no lo son tanto y debemos conformarnos con lo que tenemos y creer que los ricos lo son porque se esforzaron para ello y al fin y al cabo, nos convencemos en segundo plano que el mundo se rige por la meritocracia.