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jueves, 7 de mayo de 2020

El Mercosur y la Decisión 32



En el año 2000 se emitió la “Decisión 32” desde el Consejo del Mercado Común estableciendo que los estados parte deberán negociar tratados comerciales en forma conjunta. El artículo primero establece que se negocia de forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias.

El año 2000 no fue cualquier año para el comercio internacional, por caso fue el lanzamiento por Goldman Sachs de los BRIC’s (brick en inglés significa ladrillo), bloque comercial compuesto por Brasil, Rusia, India y China, con la integración también en menor medida de Sudáfrica, como un proyecto económico y financiero proyectado a 50 años estimando que el crecimiento de mencionadas economías se daría ininterrumpidamente y afirmando a todo momento de visión ortodoxa que simplemente sumando población y PBI absoluto era motivo suficiente para alcanzar el desarrollo a fuerza de exportaciones. El 15 de septiembre del 2008 fue se firmó el acta de defunción de los BRICS con el quiebre del Lehman Brothers y el hundimiento de los commodities llevándose consigo los sueños neoclásicos de un bloque comercial nuevo y desarrollado. La restricción externa puso al descubierto la fragilidad de contentar a los capitalistas locales a fuerza de divisas por exportación presionando internamente mediante precios empujando la negativa curva del Gini de cada uno de los países del ladrillo empobreciendo sus poblaciones muriendo con las botas puestas del librecambio.

Por otra parte en el año 2000 como propuesta de Estados Unidos, China solicita ante la OMC ingresar  como estado parte, mientras la Unión Europea calentaba sus hornos para acuñar su flamante moneda única, el “euro”. La UE fue el primer bloque comercial en poner el grito en los cielos del multilateralismo denunciando que la China comunista no se trataba de una “economía de mercado” sino una intervenida que pondría en contradicción más de un principio fundamental del libre mercado acordado en Naciones Unidas. El plan de adecuación de China a los estándares admisibles por la Organización Mundial del Comercio constó de un plazo de 15 años semi-automático de admisión en el cual China debiera de respaldar periodo tras periodo sus números contables que den cuenta de una no intervención en los precios de producción sospechados de subsidios constantemente por parte de innumerables denuncias presentadas por la Unión Europea bajo el concepto de dumping, a lo que China bajo el Protocolo de Adhesión WT/L/432 celebrado en Doha el 10 de noviembre de 2001, se sometió a exámenes periódicos de sus “precios de mercado” con los que terminó inundando de mercadería chatarra compuesto de salario esclavo con el aval de la escribanía estadounidense “Organización Mundial del Comercio”.

La idea inicial del Mercosur data de mediados de la década de 1980 por acuerdo entre Argentina y Brasil de establecer mecanismos comunes de intercambios, y una unión aduanera cuando mucho, ya que siguiendo las tendencias mundiales en 1984 entre el Consejo Europeo de Fontainebleu que estableció correcciones de equidad presupuestaria entre los estados miembros, y el Consejo Europeo de Milán de 1985 que por decisión unánime convoca una conferencia intergubernamental para estudiar las competencias institucionales para establecer un verdadero mercado común. Es decir, que en los manuales de integración económica donde parece ser que vale todo la única experiencia verosímil de aquello fue un proceso de adecuación jurídico-económico como el experimentado por el viejo continente, por lo que en 1985 se firmó la base de lo que sería luego el Mercosur entre Argentina y Brasil, estableciendo un plan de trabajo a diez años siguiendo similares pasos que Europa occidental, estudiando caso por caso y entendiendo la importancia de las asimetrías socio-económicas de ambos Estados. Algo habrá sucedido en el medio de todo, ya que el Mercosur se termina firmando en 1991 y los Estados argentino y brasileño estuvieron presididos por gobiernos neoliberales Fernando Collor de Mello como presidente del Brasil, y Carlos Saúl Ménem como presidente de la Argentina. ¿Casualidad?

El Consenso de Washington consistió en un paquete de diez fórmulas de reformas económicas a propuesta del economista John Williamson hacia países en desarrollo que estuvieran atravesando crisis financieras. Claro, para vender un producto hay que instalar una necesidad primero, es márketing puro. No obstante los métodos de persuasión y coerción de los grandes centros de poder —apátridas y sin Nación—lo sorprendente es acelerar procesos de integración como a punta de pistola, la misma pistola que desde los medios de comunicación apuntan a la cabeza del desarrollo para que mire hacia un costado mientras el neoliberalismo hace las suyas al compás de las risas agregadas a las situaciones de humor al mejor estilo “Friends”. Mirar para un costado, eso mismo hace Europa cuando utiliza el dinero de la abultada Cuenta Capital, bien nutrida de ingresos provenientes de sus colonias, de sus remesas y de todo aquello que proviene de un comercio bilateral desigual donde el déficit comercial agolpa sus consulados para tramitar visas que nunca se otorgan mientras a cuentagotas pasan los mejores recursos humanos fabricados por el tirano sistema de sustitución de importaciones que como perros tras rejas ladran encrespados a sabiendas que la ferocidad sólo aparece cuando se cuestiona la raigambre del poder cultural.

Ahora resulta que el Mercosur estuviera por romperse porque un Estado parte hace uso de un artículo emitido de hace veinte —sí, 20— años que establece que las decisiones se toman en forma conjunta, al entender que establecer libre mercado entre economías desiguales y en medio de una crisis sin precedentes como la actual por la pandemia del coronavirus. Vale mencionar que cuando Europa se dirigía hacia la firma del Acta única de 1986, la misma entró en vigencia en julio de 1987 con un retraso de seis meses porque un particular interpuso ante los tribunales irlandeses un recurso de amparo en defensa de sus intereses privados. Seguro no se lo esperaban.

jueves, 22 de febrero de 2018

Raigambre

Entendamoslo, sin su pasado no será nada ni nadie.

Es difícil avanzar cuando la cinta caminadora sobre la que nos desplazamos siempre permanece en el mismo sitio, y así nos resulta todo cuando desde pequeños mamamos diversos códigos que se nos impregnan y hacen metástasis por toda nuestra matriz de construcción de pensamiento y la misma que permite comprender al universo.

Así todo, la contradicción de quien nos ametralla con preceptos y ética moralista de dudosa singularidad lo hace a sabiendas de su ambigüedad, lo que nos mantiene suspendidos en un limbo cognitivo haciéndonos dudar permanentemente sobre el avanzar o licuar las culpas primero, mientras nuestro adversario carente de toda culpabilidad avanza a paso redoblado por sobre nuestros intereses más inmediatos y aquellos que anhelamos en algún remoto futuro posible.

¿Será quizá entonces que parte de nuestro subdesarrollo se deba al dubitar como una constante en nuestra caminadora que imaginamos como 'vida'?

Los interrogantes se repliegan sobre todo el frente de batalla del que solemos abandonar con recurrencia porque el miedo a la soledad nos abruma y se cierne sobre nuestras socavadas espaldas, permitiendo abstraernos de nuestro horizonte y sumirnos en la horizontalidad donde yace y se mece nuestro rebaño.

Cuando aprendemos a caminar nuestro enemigo espera que podamos sostenerlo en sus espaldas, es sólo especulación y aprovechamiento del esfuerzo ajeno, mientras nos endulza el oído con meritocracias encontradas, en un mundo de criterios perdidos y de lógicas ultrajadas...porque cuando nos cae la ficha del qué está pasando nos encontramos nuevamente ante un dilema instalado por la opinión publicada.

Mientras tanto la brecha se extiende como una pandemia en las entrañas de nuestra mente, dividiéndonos entre los pares perdiendo nuestro tiempo en nimiedades que a fin de cuenta sólo logra distraernos de la senda, haciéndonos parar sobre la banquina para contestar una llamada que nos hace volver porque nos olvidamos de algun papel en la oficina.

Y la moral y la ética se pelean por twitter y se toman unas cervezas en un after-hour de retiro, porque de 9 a 18 horas somos esclavos de las mentiras de un falso matrimonio que solloza para que empaticemos con su "momento" y nos replanteemos nuestros reclamos para más adelante, porque somos cristianos éticos y morales y a fin de cuentas nuestro empleador es una persona también que no debe tener malas intenciones. Porque en algún rincón de nuestra difusa consciencia nos inculcaron que todos somos iguales y que somos presuntamente buenos y que los malos son la excepción a la regla.

Claro, nos inculcaron un universo binario que duela entre el bien y el mal, lo malo y lo bueno, lo que está bien y lo que no. Pero...¿en qué momento nos explicaron los conceptos de lo bueno y lo malo? No lo recordamos, porque si nos debemos replantear lo que está bien y lo que no, ya somos sujetos de juicio ético y moral de los demás, porque también nos metieron a patadas en el culo que existe un "sentido común", aquel mismo sentido como el que nos redactaron en un libro desde hace mas de dos mil años con un montón de reglas de vida que si no las cumplimos las sufriremos en otra posible vida luego de la muerte.

Eso sí, los bienes materiales son efímeros, por eso los ricos no lo son tanto y debemos conformarnos con lo que tenemos y creer que los ricos lo son porque se esforzaron para ello y al fin y al cabo, nos convencemos en segundo plano que el mundo se rige por la meritocracia.

domingo, 15 de agosto de 2010

Sobre los medios de comunicacion

Si el voto de la gente depende de su propia percepción de la realidad, para así elaborar un supuesto juicio propio, entonces para que las noticias lleguen inmediatamente al 70% de la población (que fue la que voto en argentina las ultimas elecciones), entonces tiene que haber un difusor ¿no es verdad?

De ser verdad, al haber un difusor de noticias, en un país con 40 millones de habitantes, donde el lógico costo de oportunidad impide que se logren transmitir todos los hechos que ocurren en la sociedad en un día, se tendría que seleccionar las noticias de mayor relevancia ¿no es así?
¿Y quien podría tener el juicio imparcial para decidir cuales serian las noticias a difundir? siendo que para llegar a todos los ciudadanos habría que dividirse la población por un cierto numero competente de difusores, entonces, ¿quien debería tomar esas decisiones?

Siendo también, que el interés social difiere fundamentalmente del interés del productor o del empresario independiente.
Es que existen medios de producción que son onerosos para la sociedad y no lo son para la empresa. Entonces lo que es bueno para la empresa, no es necesariamente bueno para la sociedad y viceversa. (Definiciones contables)

Entonces, teniendo en cuenta que para comenzar, el difusor de medios es una empresa persigue fines de lucro, entonces desde el vamos, ya hay una puja de intereses que son intrínsecos en la naturaleza misma de la empresa a lucrar. De ser así, ¿que poder de dilucidar lo que es la noticia misma de la opinión, que de la mano baja siempre al interlocutor (el que recibe la info) tiene este último?

Ipso facto, el costo de oportunidad propio, determinó en un principio, una elección de noticias a difundir, de la cual el interlocutor nunca tuvo opción de participar, nunca hubo un consenso previo, o sea que, per se, la noticia que bajó, previamente fue seleccionada bajo un costo de oportunidad adoptado por una empresa con fines de lucro, con intereses propios, y acompañado de una opinión seudo periodística. De ser todo esto así, y para que la gente pueda acceder a la información previamente seleccionada y compuesta bajo un contenido psico-sociológico, debe tener un difusor (o muchos, para que lleguen a 28 millones de habitantes). Pero detras de esta seudo (nuevamente) "pluralidad" de medios difusores que persiguen fines de lucro, entonces deben poseer una personalidad jurídica ¿no es así?

De entre las personarías jurídicas a elegir, existen algunas que se alimentan bajo "acciones" que es una suerte de alofinanciamiento (en dinero y especias), las cuales se corresponden con una participación en toma de decisiones (por solo mencionar una característica). Esto tácitamente, deja abierta la posibilidad de un control imperceptible ante el interlocutor ¿no es verdad?

Entonces, si hay una cuasi-pluralidad de difusores, que responden bajo el control de un solo poseedor, entonces implícitamente no existe tal pluralidad de difusores de medios, cæteris paribus, los cuales previamente tomaron un costo de oportunidad, más el contenido subjetivo de la opinión. Esta propia "agenda" se repite en cada uno de los difusores que acatan órdenes al accionista, que hace valer su derecho por el financiamiento (en cualquiera de sus formalidades) que cedió, ¿no es así?

Resulta que: si la totalidad de difusores (en todas sus variantes: radios, teles, diarios) se alimenta de las raíces (acciones) que dependen de una sola figura, esto quiere decir, que estamos en presencia de un monopolio ¿cierto? Siendo que este posee un 98% en acciones (promedio ponderado) de tales difusores entonces desde el vamos (nuevamente) estamos consumiendo sin poder de elección, una suerte de agenda de noticias, y estas con un contenido psico-sociológico (nuevamente) que descienden hacia los 28 millones de interlocutores que necesitan formar (en el caso de la presencia de voluntad) un juicio y opinión propio/a, que esta misma agenda, en el fondo de la cuestión, fue armada por una sola figura, para el resto de la sociedad, que bien podría ser la población económicamente activa, o solo votantes. ¿Cabe duda de monopolio y de manipulación?

Si está comprobado que una entidad con fines de lucro, solo persigue beneficios propios, y que estos no necesariamente tienen que ser buenos para la sociedad –sino que más bien es antagónico- ¿quien es entonces el tercero imparcial que determine cómo difundir las noticias? EL ESTADO.