martes, 4 de septiembre de 2018


El profesionalismo, que se someta a juicio

Donde hay un debe, hay un haber, cuando uno gana el otro pierde, donde el primero tiene superávit el otro tiene déficit. En un sistema binario bancarizado no hay margen de error, tal vez y por caso, algo de lo poco mensurable y confiable que se puede obtener de las resultantes de la economía internacional.

Así todo, amén de las acaloradas disputas por la razón y de vanas y estériles discusiones sobre la competitividad, algo impertinente en muchos de los escenarios cuyas premisas nunca se dieron, nunca existieron y nunca ocurrirán, la mediocridad profesional no puede quedar exenta de rendir cuentas ante falsas promesas y erróneos o malintencionados augurios económicos que inciden en la psique del consumidor.

Cuenta la leyenda que la fortuna de los banqueros Rothschild creció exponencialmente en un solo día con una jugada maestra gestada en Junio de 1815 tras la derrota de Napoleón a manos de Wellington, en la que a través de palomas mensajeras engañaron al mercado insinuando que había ganado Napoleón vendiendo masivamente los bonos del Estado Británico a diferentes precios, haciéndole creer al mercado que Inglaterra había perdido la batalla.

Al parecer los Rothschild fueron los primeros en conocer la noticia de la guerra de Waterloo, y utilizaron esta información para hacer caer la Bolsa de Londres y recomprar en el mismo día los bonos a precios irrisorios y esperar que el mercado supiera la verdad, cosa que finalmente sucedió disparando las acciones de la bolsa y haciéndole ganar en un solo día, la suma de un millón de libras esterlinas a los banqueros.

Un economista puede fallar en una proyección, pero ¿cuántas veces hasta que se demuestre o bien su deficiente labor, o su interés en causar tal o cual reacción en la economía? sobre todo si hablamos de economistas que gozan de la exposición frente al consumidor, que cautivo de la información y de la falta de conocimiento debe guarecerse en las palabras del académico.

Lo cierto es que en el comercio exterior sobran los enfoques para las mismas variables, en términos generales, o hay superávit o hay déficit, los datos son los mismos para todos y deberá la sociedad de una vez por todas asumirse vulnerable de conocimiento y someter a juicio a quienes les quieren hacer creer si salir de paraguas o no. Sobre todo si el mismo economista desde hace tiempo que se equivoca y nos hace comprar un paraguas sin saber que es accionista de la empresa a la que se los compramos.

Cuentas Nacionales, cuenta capital, cuenta corriente, balanza comercial, balanza de pagos, reservas internacionales, stock de deuda, desempleo, balance fiscal. No son muchas variables, si alguien nos quiere convencer de algo, juzguemos lo que propone sobre una base histórica y empírica. Si nos hablan de competitividad sin ningún respaldo, pensemos.

El último siglo arrojó para la Argentina pocos periodos de superávit comercial, la base de datos es la misma para todos, hay que animarse a hacer los cálculos y replantearnos si la teoría económica no falla en algún punto, porque siempre escuchamos lo mismo y los resultados nunca cambian. Albert Einstein decía que “locura” es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes.