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martes, 19 de mayo de 2020

La hambruna de Bengala

"Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende"

Churchill y la hambruna de Bengala: la especulación de siempre, el hambre de ayer y hoy

El economista y Premio Nobel Amartya Sen afirmó que no había escasez global de arroz en Bengala en 1943: la disponibilidad era algo mayor que en 1941, cuando no había hambre.​ En parte fue esto lo que condicionó la lenta respuesta oficial al desastre, ya que no habiendo pérdidas de cosechas, el hambre era inesperada. Una de sus causas fundamentales, sostiene Sen, estaba en los rumores de la escasez que provocaron el acaparamiento y la inflación de los precios causada por la rápida demanda en tiempo de guerra que hizo que las partidas de arroz fueran una excelente inversión (los precios ya se habían duplicado respecto al año anterior).

En la interpretación de Sen, mientras que los campesinos propietarios de tierras en donde creció el arroz y los que trabajaban en las industrias de las zonas urbanas y en los muelles vieron cómo sus salarios se elevaban, se condujo a un cambio desastroso en los derechos de intercambio de grupos como los campesinos sin tierra, pescadores, barberos, descascarilladores de arroz y otros grupos que encuentran que el valor real de sus salarios había sido recortado por dos tercios desde 1940. Churchill impidió aliviar la carga a la india, y la aumentó, las industrias indias fueron reconvertidas para ayudar en la manufactura de armas y uniformes a las tropas en África y la frontera con Japón. Esto dejó sin industrias de primera necesidad a las grandes ciudades Indias, lo que sumado a un aumento en los envíos de granos, provocó el colapso. Al estar las fábricas ocupadas en armamentos, bienes como herramientas agrícolas y ganaderas estaban en escasez. Esto contrajo la producción agrícola y al no poder entregar la cantidad de granos que los Británicos pedían producir, los terratenientes indios entregaron los almacenes de comida locales. Al haber menos granos disponibles en los comercios, el precio se duplicó mientras los sueldos con el esfuerzo de guerra se congelaron por 5 años. Esto causó que en 1943 murieran 2 millones de personas en la peor hambruna de la india del siglo XX. En pocas palabras, a pesar de que en Bengala había suficiente arroz y otros granos para alimentarse, la gente no tenía suficiente dinero para comprar.

jueves, 14 de mayo de 2020

Destetar o detestarse


Según el psicoanálisis, El destete se define como un período de tiempo en la vida del niño y de la madre que comienza con la introducción de alimentos diferentes de la leche materna en la alimentación del niño y termina con el abandono total de la lactancia. Es un proceso gradual, no se produce de forma súbita y requiere de un periodo de tiempo para culminarse. El inicio del destete tendría una fecha de inicio general que es el comienzo de la introducción de los alimentos complementarios a la dieta del bebé. Y si bien todos los niños abandonan la lactancia materna de modo natural, la madre puede decidir contribuir a la aceleración del proceso natural del destete.

Hay una paradoja en la vida que a la deriva naufraga perdido en los mares de su consciencia, casi una dicotomía sustancial que impide el desarrollo individual sin la contención de su álter ego por naturaleza, que en sociedades lactadas por las comunicaciones, recrea un hermano gemelo en cada uno de los individuos al que adhiere gregariamente y le concede el descanso emocional que implica abandonar a su madre. Esto nunca llega, es parasitario y crónico, y en algunos casos toma un revólver matando a su opresor para quedarse sometido a su recuerdo por el resto de sus días. Mata la enfermedad suicidándose emocional y cognitivamente. El destete nunca se da. Negocios.

La concepción que los seres humanos le dan como forma intangible para comprender el mundo que los contiene y los rodea les implica establecer un compendio de significados y significantes para los objetos inanimados como para las sensaciones, emociones y fenómenos que escapan al tacto y sobre aquellos conceptos construir las estructuras que necesitan para desarrollarse. El sentido común dicta que si la materia prima falla y se alcanza noción de ello, pues la materia prima debe sustituirse por una que reúna las características adecuadas en virtud de su propósito. Lo ilógico es aferrarse al equívoco esperando de aquello algo que nunca obtendrá. Y lo curioso es que de los locos, o mentalmente enfermos se espera comportamiento absolutamente racional cuando del ser humano cuerdo se espera comportamiento irracional e ilógico. Paradojas nada más.

Si como proceso de adaptación y proliferación de las especies, los organismos a prueba y error recaban y procesan esa información para que su descendencia cuente con aquella certeza y evolucione, ¿cómo es posible que el ser humano pierda aquella conexión filosofal que todo niño desanda cuando ve lastimarse una y otra vez al compás del regaño constante de sus progenitores? Pues si el problema se detecta en un punto específico de la línea de tiempo evolutiva de determinados seres, se me ocurre pensar que Sócrates hace más de 2400 años estaba en lo cierto entendiendo que los seres humanos en ese periodo debieran de estar protegidos de la mala información, de la mala educación y al carecer de sentido de disociación del bien y del mal, simplemente debe no estar expuesto a las fauces de poetas y fabuladores que mal interpelan a los Dioses. Educar al educador, es lo que el filósofo griego concluyó cuando pensaba en la formación de los soldados como artesanos y vitales para el desarrollo de una sana sociedad. Todos somos soldados.

Así dadas las cosas en esta vida y en este mundo competitivo los seres humanos guerrean entre sí por recursos, y punto final. No existen otras afirmaciones, sino preguntas acertadas que realizarnos sobre el desarrollo de aquella ecuación, como por ejemplo entender qué entendemos por recursos y cuáles no, o qué prácticas conforman el concepto de guerrear, y cuándo observamos competitividad y cuando es un mero sometimiento como el que realiza un agricultor con sus especies que cultiva para ser ingeridas inexorablemente. Oh proteccionista animal que pugna por el consumo de seres a no animados como causa por el no maltrato y la no crueldad sobre animales, permítame señalar su falta de fundamentalismo y su criterio parcial y deliberado sobre el cuál hacer su máxima kantiana, porque las leyes de los mortales como las leyes de la naturaleza dictan que el criterio para las sociedades debe ser universal y por ende el fundamentalismo registra una alineación de cero grados para levantar edificios. Cultivar plantas para engullirlas es igual que criar animales para utilizarlos, a los fines estrictos de la ciencia. Sólo somos códigos y moléculas que transitamos en este mundo, sabe, porque entre no haber nacido y morir no hay diferencia alguna, y con vaga ironía expreso que incluso en la muerte el ser humano al menos en algunas medidas puede elegir acelerar el proceso o establecer lugar y contexto en el cual finar su existencia, cuando venir a la vida es compulsivo, deliberado y autoritario. ¿O acaso usted fue consultado y dio su aprobación para venir a este mundo tal y como vino? Sólo respuestas incorrectas.

Las personas que no destetan no se desarrollan, y punto. Y el destete cuando deja de ser físico pasa a ser emocional y el cordón umbilical que lo acompaña hasta la muerte lo estrangula pero no le impide respirar, no es constrictora como las serpientes que lo emplean para cazar y alimentarse, sino que lo realizan seres humanos con su descendencia de forma egoísta consciente o inconsciente para saciar o emparchar sus propias carencias, con la diferencia que el ser humano no necesariamente pone en duda los conceptos emocionales escritos en los códigos morales y éticos que yacen en la letra chica del contrato de vida, muy por el contrario incluso hasta los repite hasta el hartazgo cargado de contradicciones que arrastra hasta generarse una escoliosis cognitiva que le impide incluso advertir que le está por salir el volante mientras conduce y sube historias a Instagram como enviando botellas al mar con mensajes incoherentes e ilegibles para que las recoja alguien que interpreta lo que está esperando oír o leer para saciar su apetito de banalidad.

Cuando el ser humano no se desteta, disléxicamente se detesta, porque muy a sabiendas de lo que no quiere repetir en su vida, se aferra a un recuerdo que corrigió con el Paint y al que arrastrará a su descendencia para configurar una fotografía con destino de fondo de pantalla.

domingo, 24 de febrero de 2019

Goebbelismo sin Goebbels




Cuando las capacidades cognitivas se encuentran encerradas en un laberinto, algunos optan por incendiarlo para librarse de él, así mismo como los economistas con una economía enferma prefieren matar al sujeto para terminar con la enfermedad, claro…si después de todo con billetera ajena somos todos guapos. ¿No?

No es casualidad que algunos procesos de “reorganización” comiencen por la proscripción y el exterminio de contenidos de textos y su posterior censura ya que el poder yace allí, donde una persona pueda tomarlo, leerlo y generarse-le un sinfín de disparadores. Lo importante es licuar aquella capacidad imaginativa y anestesiar los viejos impulsos libertarios y resumirlos a la meritocracia que los “monotributistas” para la AFIP que para Linkedin son “CEOs” “founder” y “co-founder” y todo aquello que significa poco pero que en inglés a algunos les genere cositas en sus hormonas, no posible sin un asedio cultural bélico y goebbeliano como el que pregona la industria cinematográfica estadounidense. –por más que ofenda a más de un “cinéfilo” que en realidad no conoce otra cosa que no sea cine yanqui.

Me resulta muy complicado –a quien suscribe- no dejarme llevar por las ramas, ya que los frentes abiertos por aquellos que conservan privilegios a expensas del Estado, es decir, no pensando en el 20% de empleados estatales (porque no son más que eso), sino a aquellos que gozan de la propiedad privada garantizada por Constitución Nacional y que suelen gritar a todos los vientos que lo que tienen se lo merecen porque blablablá. No conozco a un solo meritócrata que haya renunciado a su herencia familiar ni a ninguno que acepte que lo que tuvo fue simplemente suerte y que tal no se puede contabilizar como variable.

Lo cierto es que durante el trayecto de mi carrera académica transité una senda que zigzagueaba del iluminismo hacia la mediocridad –disculpen que insista con este término, pero me resulta muy poderoso- y lamentablemente aquellos docentes que se me presentaron como corrientes no les recuerdo ni un poco, y aquellos brillantes como los mediocres los recuerdo nítidamente. De hecho a uno de los brillantes me jactaba de ponerlo en jaque con simples retóricas ante la bajada de línea liberal que me proponía para lo cual quienes cursaban conmigo no entendían porque hablábamos en otra frecuencia. –sí, también mis compañeros eran así de intrascendentes y mediocres, y su actual presente los juzga.

Sin embargo a lo reciente algo que me sucedía a menudo era que estos profesores se tomaban revancha conmigo en algo que todavía escapaba a los dominios de mi mente: ellos ponían las notas. Y por más que todavía hoy me suene a excusas y auto-complacencia, aquello no era menos cierto. Es más, aquel criterio subjetivo es donde hoy reside (y siempre lo fue así) el verdadero poder ya que los manuales de sujeción tienen de cabecera el dominar las emociones, ya que éstas nublan la razón y una vez alcanzada la cerrazón ya no entran balas conceptuales, sólo balas de verdad. -Así es como “restablecieron” la democracia en Libia los franceses cuando la bombardearon en el 2011.
Amén de los latiguillos de las películas sobre el crimen organizado de los italoamericanos de los años 40, en la vida real nadie viene a decir de parte de quien viene el ataque. De hecho mientras más se confunda al enemigo más ventajas a nuestro favor tendremos. Y no es que yo sea un iluminado con esto, ya hace miles de años se enseñaban estas lecciones en los manuales de combate como “el arte de la guerra”, por poner un sólo ejemplo. También una manera de mantener dividido al adversario es despistándolo con personajes que se asemejan al delfín porque no se sabe bien si son medio inteligentes o medio pelotudos.

A veces los entramados del poder exhalan por sus válvulas de alivio algunos individuos con ínfimas cuotas de poder que sin querer nos hacen perder el tiempo a quienes aspiramos a esos espacios con verdaderos aires de cambios en aras del progreso. Estos sujetos son anclas hacia ninguna parte del tiempo porque son anacrónicos, son como aquellos bohemios de izquierda que añoran algo que nunca sucedió, porque si yo fuera el dueño de todos los medios de comunicación no me daría el lujo de perderme la otra mitad de la ideología por eso mismo, por ideología, si fuera el dueño de esos medios corporativos sería dueño de todos, pero me cuidaría de no tocar las fibras sensibles. Es decir, sería dueño de La Nación y también dueño de Página 12. O como bien expresó un filósofo contemporáneo en una breve intervención de entretenimiento: “si voy a tener algunos que me truchen mis productos, primero me voy a truchar yo mismo” (D.E. Capusotto)

Para retomar el hilo en este enmarañado relato, volveré hacia esto de los profesores mediocres que tuve y que hasta el día de hoy sigo cruzando en los pasillos de las usinas de educativas, que lamentablemente tienen más de instrucción que de enseñanza, porque la ciencia es pensar, y repetir es creer. Y mostrarte una sola opción con una justificación emocional que fue desechada desde hace más de 200 años es una canallada. –sí, estoy hablando de impartir al día de hoy las teorías neoclásicas a cara lavada con apellidos y obras que reciclan esos viejos preceptos con ediciones más cercanas al presente.

Cuando estos delfines del imperio son puestos en estos pequeños espacios de poder, vienen a panfletearnos pasquines de contenido impertinente a estudiantes que aún no poseen la suficiente madurez para discernir lo lógico del sofisma que enunciado con un fuerte contenido emocional dado a luz de la producción más goebbeliano, y más grave aún como “bibliografía obligatoria” en los programas. Este imperio sionista ha matado más de 30 millones de personas desde comienzos de la guerra fría hasta hoy directa e indirectamente, siempre con el pretexto de la democracia, y se han dado el lujo de hacer goebbelismo sin Goebbels...

martes, 12 de febrero de 2019

El Comercio internacional y la introducción a la mediocridad



El viejo vicio de la universidad privada, docentes hambreados enseñando cualquier cosa con el mismo librito de cabecera. “Los líderes del mañana”.

Si hace 242 años un aduanero que trabajaba para la corona británica se sentó a escribir un manual de ética comercial y una forma científica de explicar la actualidad con un sesgo bien marcado desde el punto de vista exitoso de, por caso, la potencia hegemónica de la época.

Ahora bien, este señor jamás habrá ni imaginado que usarían su obra como folleto de propaganda política ni mucho menos pensar que fuera esparcido como una metástasis y que perdura en el tercer mundo todavía defendido a capa y espada en los programas de televisión, que claramente son bancados por una logia que entiende muy bien el efecto que produce su aplicación. Pero claro, todo aquello que evoque la falacia de la “libertad” será suficiente para insertarlo entre los asuntos de conversación al pasar. Se habla de fútbol, de música y de economía con la misma de seriedad.

De entre los puntos que menciona aquel pasquín –de 1776- ya en su título comienza con una falsedad “la riqueza de las naciones”, ya que como en los artículos de Clarín y La Nación, el titular difiere del mismo contenido de la nota. –curioso, como mínimo

Desde el punto riguroso de la ciencia social, en este caso, filosófico, si habla de la riqueza de una nación, es porque se trata de la acumulación de capital de una Nación comprende territorio y un sistema de gobierno, donde esta nación política se define como sujeto político donde reside la soberanía constituyente de un Estado. Sin embargo, en la obra de Smith –de 1776- se habla de la acumulación de capital, no pensado desde la concepción de la totalidad de una nación, del Estado sino desde la perspectiva microeconómica de una unidad en particular. Sino no tendría sentido que alguien que hable de “la riqueza de una nación” también pretenda la reducción del Estado, la no intervención en la economía, y dejar que el Dios mercado regule con sus manos invisibles.

Por más que el párrafo reciente sea redundante, es tan literal como lo intenté dejar en evidencia, esas contradicciones son ufanadas y pregonadas a improperios, siendo la razón secuestrada por la cerrazón que se desploma como cortina metálica custodiando la fragilidad y volatilidad de los argumentos con los que algunos confundidos se defienden viviendo a la defensiva toda su vida. Otra redundancia.

Tuve un profesor que arrojaba cosas desde su escritorio cuando escuchaba una burrada de algún compañero, era abogado y dictaba una materia relacionada a ello. Siempre me pareció genial esa idea, y realmente nos revoleaba con tizas, y fue antes de este último cambio de época progresista donde todo es humillante, todo es traumatizante, y donde las corporaciones farmacéuticas hacen lobby para que unos diagnostiquen “trastorno bipolar” a cualquiera que repose en su diván y este salga corriendo al shopping de los medicamentos, digo, al Farmacity. Pretender que los cambios respondan a la nada misma, y no pensar que hay 200 empresas en el mundo que controlan la casi totalidad del globo operando para sus intereses…como mínimo, sería de cagón.

Prácticamente tener una idea fundamentada desde el empirismo, argumentos respaldados por la metodología científica, y una doctrina política es motivo suficiente para pecar de arrogante, de fanático, de fascista, y de populista también, ante la opinión deliberada de alguien falto de información –y colapsado de otra tanta al mismo tiempo- que no admite que alguien le responda permanentemente “respeto tu opinión, pero para mí…” porque cuando uno tiene certeza sobre lo que dice el otro apela a que “nadie tiene la verdad absoluta”. Sin embargo, jamás encontré esta misma postura frente a un arquitecto, a un ingeniero, a un médico, no los veo diciendo algo como “para mí que ese edificio puede tener más pisos, no es cierto que el viento a 20 metros de altura le ejerza esa presión” en una eventual conversación con un ingeniero civil, o un arquitecto.

La clave es la “ciencia social”, cuanto más se bastardee el concepto, más rédito tendrá la corporación ya que la unión hace la fuerza, y la idea es justamente la dispersión, la división, entonces es más fácil escuchar que en la tele llamen “científico” a alguien que está con un tubo de ensayos, y llamen “político” a alguien con un cargo en la función pública. Ambos casos son sofismas, ya que no existe la categoría ni el título de “científico” ni tampoco para el “político” ya que el grupo de WhatsApp de “las mamis” es una forma de política también, toda relación entre dos o más personas ya es política. No es casual esto, ya que cuando un fallo judicial es contrario a los intereses de la corporación se trata de la acción de “un juez”, y cuando el lobby triunfa por sobre los intereses del soberano, se trata de “la justicia” para la pluma oficial. Es un juego dialéctico demasiado peligroso como para que pase desapercibido en la matriz que hace al aprendizaje de un ser político, científico y dinámico como lo será o debiera de ser un Licenciado en Comercio Internacional.

-Esto fue sólo el comienzo, continuará en otro escape de catarsis mental-

viernes, 11 de enero de 2019

Millennials

¿Millennials? Oféndanse.

Alumnos: no se confundan, no los etiquetan así, los quieren así. Sean más que eso, o no serán nada frente a lo que viene.

Me discutieron un programa porque les resultaba ambicioso, excedido de contenido para un estudiantado “millennial que lo quiere todo fácil y rápido” [Sic], y los obsecuentes que me acompañaron y que debieron de sostener esa embestida corporativa asintieron y entregaron los trapos. –Sí, ya sé que no es muy de mi estilo expresarlo así, pero mi estilo es que se entienda-

El desafío es que el alumno incorpore dos o tres elementos para sobrevivir: conocimientos; viveza; y lógica.

Reducir los contenidos justificándolo por no espantar al alumno no es viveza, es mediocridad. Ya egresados serán reemplazables por un puñado de aplicaciones de celular por lo que marcarles una diferencia y que ello implique que per se desarrollen una impronta propia, será determinante en su inserción en este mundo violento de buenos modales y eufemismos de casita de té.

Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla cita una frase de antaño y atemporal. El contenido sensible que vinieron a truncar era justamente el nervio de la guerra, que como su explicación lógica requiere de una contextualización histórica, se agarraron de “la historia” para dejarla sin efecto. Nada inoportuno si traemos a colación de que el mandamás que llegó y cortó la cinta con el pecho en aquella ceremonia se expresó citando más o menos que las ciencias sociales son puro humo y que no sirven para nada. ¿Les suena?

Hechos actuales, eventualidades que resultan ridículamente semejantes a eventos recientes de nuestra historia global parecieran presentarse a cara lavada, con una corbata nueva y una lengua bífida dulcificando nuestro oír, haciendo ademanes y presentando imágenes que no nos permitan escuchar, ya que la clave reside en la disuasión del pensamiento crítico, el que exige pruebas presentando las propias, dejando por un momento los preceptos éticos y morales en el perchero para batirnos en un duelo de información útil que contribuya a la creación de conocimiento.

El retorno que debiéramos de pretender como docentes no es el de la empatía personal, sino el de constatar que el alumno logra insertarse en el siniestramente mal llamado “mercado laboral”.

El trabajo no es un favor, es un servicio que se presta a cambio de una retribución que se negocia política de por medio, ex-ante (previo a la producción) lo que lo vuelve la variable independiente, no un costo medio. Una oración bastante cargada de contenidos que requieren de un ciclo de ponencias interactivas, en un plazo razonable, con una estructura diagramada en función de la velocidad con la que incorporamos la información. Es un proceso como cualquier otro, si en el medio creemos saltarnos el alambrado pecaremos de ingenuos si compramos el cabeceo de entendimiento que por momentos el alumno realiza.

En el final oral salta todo a la vista, la información se puede decodificar en la mirada, en la gesticulación, en la estructuración gramatical que el estudiante emplea. De poco sirve citar de memoria, tal vez les haga salir de alguna que otra encrucijada, pero será la excepción a la regla.

El propio Einstein reconocía que las ciencias sociales son mucho más complejas que las exactas, porque la exacta queda en el libro, lo que lo motivaba a no memorizar fórmulas como el cine nos quiere vender la “inteligencia”, porque el mismo Einstein solía decir que las fórmulas yacían en los libros, y que debía de liberar los recursos –limitados como todos- de su mente para aquello que no se puede dominar, aquello dinámico que tiene su cuota de imprevisibilidad.

No permitan que los domestiquen, que les den forma como ladrillos, para automatizarse ya están las máquinas desde hace más de cien años. Sean ambiciosos, no sean millennials porque esos están pensados como productos finales desde hace más de 60 años, sólo son piezas intercambiables de este mundo de ensamble donde el capital se mueve libremente y el trabajo se queda dentro de los límites. Atrévanse a cuestionar la teoría del comercio internacional, los “contenidos mínimos” suenan al “salario mínimo de subsistencia”. Saquen sus propias teorías.

martes, 4 de septiembre de 2018


El profesionalismo, que se someta a juicio

Donde hay un debe, hay un haber, cuando uno gana el otro pierde, donde el primero tiene superávit el otro tiene déficit. En un sistema binario bancarizado no hay margen de error, tal vez y por caso, algo de lo poco mensurable y confiable que se puede obtener de las resultantes de la economía internacional.

Así todo, amén de las acaloradas disputas por la razón y de vanas y estériles discusiones sobre la competitividad, algo impertinente en muchos de los escenarios cuyas premisas nunca se dieron, nunca existieron y nunca ocurrirán, la mediocridad profesional no puede quedar exenta de rendir cuentas ante falsas promesas y erróneos o malintencionados augurios económicos que inciden en la psique del consumidor.

Cuenta la leyenda que la fortuna de los banqueros Rothschild creció exponencialmente en un solo día con una jugada maestra gestada en Junio de 1815 tras la derrota de Napoleón a manos de Wellington, en la que a través de palomas mensajeras engañaron al mercado insinuando que había ganado Napoleón vendiendo masivamente los bonos del Estado Británico a diferentes precios, haciéndole creer al mercado que Inglaterra había perdido la batalla.

Al parecer los Rothschild fueron los primeros en conocer la noticia de la guerra de Waterloo, y utilizaron esta información para hacer caer la Bolsa de Londres y recomprar en el mismo día los bonos a precios irrisorios y esperar que el mercado supiera la verdad, cosa que finalmente sucedió disparando las acciones de la bolsa y haciéndole ganar en un solo día, la suma de un millón de libras esterlinas a los banqueros.

Un economista puede fallar en una proyección, pero ¿cuántas veces hasta que se demuestre o bien su deficiente labor, o su interés en causar tal o cual reacción en la economía? sobre todo si hablamos de economistas que gozan de la exposición frente al consumidor, que cautivo de la información y de la falta de conocimiento debe guarecerse en las palabras del académico.

Lo cierto es que en el comercio exterior sobran los enfoques para las mismas variables, en términos generales, o hay superávit o hay déficit, los datos son los mismos para todos y deberá la sociedad de una vez por todas asumirse vulnerable de conocimiento y someter a juicio a quienes les quieren hacer creer si salir de paraguas o no. Sobre todo si el mismo economista desde hace tiempo que se equivoca y nos hace comprar un paraguas sin saber que es accionista de la empresa a la que se los compramos.

Cuentas Nacionales, cuenta capital, cuenta corriente, balanza comercial, balanza de pagos, reservas internacionales, stock de deuda, desempleo, balance fiscal. No son muchas variables, si alguien nos quiere convencer de algo, juzguemos lo que propone sobre una base histórica y empírica. Si nos hablan de competitividad sin ningún respaldo, pensemos.

El último siglo arrojó para la Argentina pocos periodos de superávit comercial, la base de datos es la misma para todos, hay que animarse a hacer los cálculos y replantearnos si la teoría económica no falla en algún punto, porque siempre escuchamos lo mismo y los resultados nunca cambian. Albert Einstein decía que “locura” es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes.