El profesionalismo, que se someta
a juicio
Donde hay un debe, hay un haber,
cuando uno gana el otro pierde, donde el primero tiene superávit el otro tiene
déficit. En un sistema binario bancarizado no hay margen de error, tal vez y
por caso, algo de lo poco mensurable y confiable que se puede obtener de las
resultantes de la economía internacional.
Así todo, amén de las acaloradas
disputas por la razón y de vanas y estériles discusiones sobre la competitividad, algo impertinente en
muchos de los escenarios cuyas premisas nunca se dieron, nunca existieron y
nunca ocurrirán, la mediocridad profesional no puede quedar exenta de rendir
cuentas ante falsas promesas y erróneos o malintencionados augurios económicos
que inciden en la psique del
consumidor.
Cuenta la leyenda que la fortuna
de los banqueros Rothschild creció exponencialmente en un solo día con una
jugada maestra gestada en Junio de 1815 tras la derrota de Napoleón a manos de
Wellington, en la que a través de palomas mensajeras engañaron al mercado insinuando que había ganado Napoleón
vendiendo masivamente los bonos del Estado Británico a diferentes precios, haciéndole
creer al mercado que Inglaterra había perdido la batalla.
Al parecer los Rothschild fueron
los primeros en conocer la noticia de la guerra de Waterloo, y utilizaron esta
información para hacer caer la Bolsa de Londres y recomprar en el mismo día los
bonos a precios irrisorios y esperar que el mercado supiera la verdad, cosa que
finalmente sucedió disparando las acciones de la bolsa y haciéndole ganar en un
solo día, la suma de un millón de libras esterlinas a los banqueros.
Un economista puede fallar en una
proyección, pero ¿cuántas veces hasta que se demuestre o bien su deficiente
labor, o su interés en causar tal o cual reacción en la economía? sobre todo si
hablamos de economistas que gozan de la exposición frente al consumidor, que
cautivo de la información y de la falta de conocimiento debe guarecerse en las
palabras del académico.
Lo cierto es que en el comercio
exterior sobran los enfoques para las mismas variables, en términos generales,
o hay superávit o hay déficit, los datos son los mismos para todos y deberá la
sociedad de una vez por todas asumirse vulnerable de conocimiento y someter a
juicio a quienes les quieren hacer creer si salir de paraguas o no. Sobre todo
si el mismo economista desde hace tiempo que se equivoca y nos hace comprar un
paraguas sin saber que es accionista de la empresa a la que se los compramos.
Cuentas Nacionales, cuenta
capital, cuenta corriente, balanza comercial, balanza de pagos, reservas
internacionales, stock de deuda, desempleo, balance fiscal. No son muchas
variables, si alguien nos quiere convencer de algo, juzguemos lo que propone
sobre una base histórica y empírica. Si nos hablan de competitividad sin ningún
respaldo, pensemos.
El último siglo arrojó para la Argentina pocos periodos de
superávit comercial, la base de datos es la misma para todos, hay que animarse
a hacer los cálculos y replantearnos si la teoría económica no falla en algún punto,
porque siempre escuchamos lo mismo y los resultados nunca cambian. Albert
Einstein decía que “locura” es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar
resultados diferentes.
