Han pasado poco más de seis mil
años desde el descubrimiento de la estructura de sustento mediante arcos en el
que durante su construcción se utiliza una estructura auxiliar que lo sostiene
provisionalmente, conocido esto como “cimbra”.
Las sociedades basan su
sostenibilidad y proliferación en base a determinadas estructuras
organizacionales que por lógica bien podríamos desglosar en conjuntos y
ordenarlos por relevancia e imprescindibilidad. Va de suyo que este último
concepto el mismo que ha de ser considerarse para sí, como el de ser cuidado en
el mismo orden de relevancia, puesto que hablando de sociedades, la conquista y
el sometimiento del prójimo es condición intrínseca del ser humano y por ende,
la conducta referida a ello implica un flanco el que atacar y proteger.
Sencillo es imaginar siguiendo la
línea de razonamiento propuesta en el párrafo precedente, que los suministros
vitales son ordenadores y pilares de la estructura social propuesta al
principio, por lo que preservar la reserva de agua dulce, como las fuentes de
calor para sobrevivir al frío presupone al mismo tiempo un blanco el cual no
perder de vista. Tal como expresó Colmar von der Goltz en 1883, la nación debe
movilizar todos sus recursos humanos, económicos e ideológicos para poder
imponerse en un enfrentamiento bélico moderno, entendiendo que en los momentos
de presunta paz, las naciones deben estar preparándose para la guerra.
Así todo, la conquista implica
distintas fases en distintos plazos, de corto, mediano y largo, por lo que la
inmediatez resultara fácilmente advertible, la de mediano tan sólo visible para
los analistas serios y los de largo plazo quizá para un puñado de personas que
son señalados como conspiracionistas por los del primer grupo, y desestimados
por los del segundo y no es de extrañar esta última situación ya que en este
caso hablo desde el tercer mundo donde la propaganda imperialista hace mella
justamente donde no puede ser advertido —en el corto plazo mediante los
destellos de las pantallas a través de Netflix 24 x 24—, donde es puesto en
duda en un laberinto de análisis progresista —diezmando las estructuras
bibliográficas de la academia—y donde
sólo los que tradicionalmente han sido capaces de leer las señales del gran TEG mundial por lo general han sido
asesinados en la argentina desde 1955.
En el mundo, mientras la riqueza
se concentra en menos personas como nunca antes ha sucedido —gracias a la maldita globalización— ya que en la
actualidad se estima que 26 personas poseen más riqueza que 3.800 millones en
el mundo, las clases que están debajo de la elite se pelean por la distribución
de esos recursos restantes —ya que el statu quo no se toca—, donde se pone en
duda en la actualidad sobre la estructura de activos/pasivos de los
trabajadores y esto bajo un filtro de Instagram con forma de “la tecnología que
reemplaza al ser humano” y otras formas como “la expectativa de vida del hombre
es cada vez mayor…” y otras pelotudeces de esas que exasperan ver historias
tras historias en las redes sociales.
El imperio no tiene nación, sólo
tiene seguridad jurídica de su dinero legitimado por los Estados y su propiedad
privada, por lo que esto último es el nervio de la guerra, y por lógica de
conquista, es lo que uno atacaría para defenderse, como por ejemplo hacer lobby
sobre las estructuras que dan soporte a la jerarquía jurídica de un país que
garantice ad finitum la
intangibilidad de esta condición. Si fuera parte de este imperio, invertiría en
las Facultades de derecho, en los Colegios de Abogados, en la Justicia, en el
Poder Ejecutivo y en el Poder Legislativo, lógicamente ya que mediante el
abrigo dialéctico progresista de la
democracia permitiría bajo simples lineamientos preservarnos y sostenernos
mientras los medios de comunicación custodian con la espada de Damocles en
vaina.
Así las cosas, inerme resisten
las sociedades que adquieren dinámicas de organismos vivos en las que
proliferan sus enfermedades y se activan sus mecanismos de defensa, en tanto y
en cuanto esto sea entendido de esta manera nuestro adversario sabrá hábilmente
subirnos o bajarnos la temperatura ambiente lo suficiente y de manera sigilosa
para que mientras no nos demos cuenta no esté suministrando paracetamol a toda
vez que la fiebre se presente, sin darnos cuenta que también la factura de la
electricidad del aire acondicionado nos la hace pagar a nosotros, de marras
quizá, a través de la sumisión perpetua de la deuda externa, su consecuente
necesidad de proveer más productos que los adquiridos, es decir mediante un
superávit comercial que interpretado por los voceros del falso mesías
progresista y por su dialéctica de sofista pasará siempre como sano desempeño macroeconómico.
Todo remite a la estructura, ya
sea de nuestra cotidianeidad que demanda organización, como aquella estructura
emocional que de ambos lados del mostrador se vuelve causa y consecuencia ante
desfasaje del nivel de burbuja cuando factores exógenos alteran nuestra
estabilidad y que ante imposibilidad de resolución nos postra a sucumbir de
rodillas a financista de lengua bífida que en cómodas cuotas hasta la muerte
nos ofrece una oferta que no podremos rechazar, haciéndonos correr la coneja
desde atrás como siempre sucede, y culpándonos de no alcanzarla nunca porque no
nos esforzamos lo suficiente y claro…desde el palco apostando sobre nosotros y
aguardando que la plusvalía del azar se ajuste automáticamente en función de
los recursos disponibles que hayamos generado los peones de este ajedrez.
Continuará.
