domingo, 1 de marzo de 2020

Estructuras (parte 1)



Han pasado poco más de seis mil años desde el descubrimiento de la estructura de sustento mediante arcos en el que durante su construcción se utiliza una estructura auxiliar que lo sostiene provisionalmente, conocido esto como “cimbra”.

Las sociedades basan su sostenibilidad y proliferación en base a determinadas estructuras organizacionales que por lógica bien podríamos desglosar en conjuntos y ordenarlos por relevancia e imprescindibilidad. Va de suyo que este último concepto el mismo que ha de ser considerarse para sí, como el de ser cuidado en el mismo orden de relevancia, puesto que hablando de sociedades, la conquista y el sometimiento del prójimo es condición intrínseca del ser humano y por ende, la conducta referida a ello implica un flanco el que atacar y proteger.

Sencillo es imaginar siguiendo la línea de razonamiento propuesta en el párrafo precedente, que los suministros vitales son ordenadores y pilares de la estructura social propuesta al principio, por lo que preservar la reserva de agua dulce, como las fuentes de calor para sobrevivir al frío presupone al mismo tiempo un blanco el cual no perder de vista. Tal como expresó Colmar von der Goltz en 1883, la nación debe movilizar todos sus recursos humanos, económicos e ideológicos para poder imponerse en un enfrentamiento bélico moderno, entendiendo que en los momentos de presunta paz, las naciones deben estar preparándose para la guerra.

Así todo, la conquista implica distintas fases en distintos plazos, de corto, mediano y largo, por lo que la inmediatez resultara fácilmente advertible, la de mediano tan sólo visible para los analistas serios y los de largo plazo quizá para un puñado de personas que son señalados como conspiracionistas por los del primer grupo, y desestimados por los del segundo y no es de extrañar esta última situación ya que en este caso hablo desde el tercer mundo donde la propaganda imperialista hace mella justamente donde no puede ser advertido —en el corto plazo mediante los destellos de las pantallas a través de Netflix 24 x 24—, donde es puesto en duda en un laberinto de análisis progresista —diezmando las estructuras bibliográficas de la academia—y donde sólo los que tradicionalmente han sido capaces de leer las señales del gran TEG mundial por lo general han sido asesinados en la argentina desde 1955.

En el mundo, mientras la riqueza se concentra en menos personas como nunca antes ha sucedido —gracias a la maldita globalización— ya que en la actualidad se estima que 26 personas poseen más riqueza que 3.800 millones en el mundo, las clases que están debajo de la elite se pelean por la distribución de esos recursos restantes —ya que el statu quo no se toca—, donde se pone en duda en la actualidad sobre la estructura de activos/pasivos de los trabajadores y esto bajo un filtro de Instagram con forma de “la tecnología que reemplaza al ser humano” y otras formas como “la expectativa de vida del hombre es cada vez mayor…” y otras pelotudeces de esas que exasperan ver historias tras historias en las redes sociales.

El imperio no tiene nación, sólo tiene seguridad jurídica de su dinero legitimado por los Estados y su propiedad privada, por lo que esto último es el nervio de la guerra, y por lógica de conquista, es lo que uno atacaría para defenderse, como por ejemplo hacer lobby sobre las estructuras que dan soporte a la jerarquía jurídica de un país que garantice ad finitum la intangibilidad de esta condición. Si fuera parte de este imperio, invertiría en las Facultades de derecho, en los Colegios de Abogados, en la Justicia, en el Poder Ejecutivo y en el Poder Legislativo, lógicamente ya que mediante el abrigo dialéctico progresista de la democracia permitiría bajo simples lineamientos preservarnos y sostenernos mientras los medios de comunicación custodian con la espada de Damocles en vaina.

Así las cosas, inerme resisten las sociedades que adquieren dinámicas de organismos vivos en las que proliferan sus enfermedades y se activan sus mecanismos de defensa, en tanto y en cuanto esto sea entendido de esta manera nuestro adversario sabrá hábilmente subirnos o bajarnos la temperatura ambiente lo suficiente y de manera sigilosa para que mientras no nos demos cuenta no esté suministrando paracetamol a toda vez que la fiebre se presente, sin darnos cuenta que también la factura de la electricidad del aire acondicionado nos la hace pagar a nosotros, de marras quizá, a través de la sumisión perpetua de la deuda externa, su consecuente necesidad de proveer más productos que los adquiridos, es decir mediante un superávit comercial que interpretado por los voceros del falso mesías progresista y por su dialéctica de sofista pasará siempre como sano desempeño macroeconómico.

Todo remite a la estructura, ya sea de nuestra cotidianeidad que demanda organización, como aquella estructura emocional que de ambos lados del mostrador se vuelve causa y consecuencia ante desfasaje del nivel de burbuja cuando factores exógenos alteran nuestra estabilidad y que ante imposibilidad de resolución nos postra a sucumbir de rodillas a financista de lengua bífida que en cómodas cuotas hasta la muerte nos ofrece una oferta que no podremos rechazar, haciéndonos correr la coneja desde atrás como siempre sucede, y culpándonos de no alcanzarla nunca porque no nos esforzamos lo suficiente y claro…desde el palco apostando sobre nosotros y aguardando que la plusvalía del azar se ajuste automáticamente en función de los recursos disponibles que hayamos generado los peones de este ajedrez.
Continuará.