Es la propia miseria humana que se desvive hacia la senda de la bajeza existencial, a la par que el vacío propiamente impropio de seres inertes que deambulan de entre los escombros de la dignidad, es la misma peste que carcome los más puros deseos florecidos en las entrañas de la amargada calaña de la que se arropa.
Se desgarra la voz de gritar los silencios recalcitrantes oriundos del rencor y el sufrimiento que padece el alma ya ignorada y negada, de rodillas ante el entretenimiento implora piedad, reclama sus miedos y vive nuevamente, esperando ser llamado.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
galerna
Es ella…quien surca los esbeltos cielos de la misericordia y quien apacigua el dolor de aquellos arropados por la intemperie marginalidad cual colosal obsesión pernocta en los brazos de la clemencia…
Pero es ella y solo ella quien camina e ilumina de entre los desposeídos, enceguece a los desalmados y obnubila con su belleza itinerante a su arrasante paso, donde sabe conquistar tan temerariamente como audaz, desfachatada condición desafiante, nebulosa energía que destila a su andar…desvanece las apócrifas fantasías narradas por la ignorancia, cual resplandor desvela cuantas vacías miradas intentan intimidarla…pero no…porque es ella, la esencia de nuestras entrañas la que nos obliga a seguir, nos pone de pie y nos guía hacia la verdad, nos quita la venda de los ojos, y las coloca sobre las heridas, apacigua el fuego, precipita la galerna cual desploma su ira sobre las llamas del engaño…
Pero es solo ella, quien nos observa y protege de las alimañas que asechan nuestro futuro, y trastabillan nuestros anhelos…pero es ella quien nos invita a desafiar nuestros propios errores y enmendar nuestras propias miserias.
Pero es ella y solo ella quien camina e ilumina de entre los desposeídos, enceguece a los desalmados y obnubila con su belleza itinerante a su arrasante paso, donde sabe conquistar tan temerariamente como audaz, desfachatada condición desafiante, nebulosa energía que destila a su andar…desvanece las apócrifas fantasías narradas por la ignorancia, cual resplandor desvela cuantas vacías miradas intentan intimidarla…pero no…porque es ella, la esencia de nuestras entrañas la que nos obliga a seguir, nos pone de pie y nos guía hacia la verdad, nos quita la venda de los ojos, y las coloca sobre las heridas, apacigua el fuego, precipita la galerna cual desploma su ira sobre las llamas del engaño…
Pero es solo ella, quien nos observa y protege de las alimañas que asechan nuestro futuro, y trastabillan nuestros anhelos…pero es ella quien nos invita a desafiar nuestros propios errores y enmendar nuestras propias miserias.
martes, 7 de septiembre de 2010
Abrigo marginal
¿Cómo lograr que un individuo seteado dé formato a su cognitivismo y dé paso al tortuoso ejercicio de pensar?
Digamos, que no es difícil encontrar personas que destilen a su pasar, todas sus miserias reflejadas en sus expresiones.
Es decir, que sus miserias son metafísicas, y no de tinte material. ¿Qué quiero decir con esto?
Seria abusar del criterio, decir que yo pueda afirmar con certeza una respuesta a tamaña pregunta.
No importa, lo intentaré.
Es cierto, que una persona a simple vista no puede ser juzgada por su apariencia, más bien sería prudente esperar hasta ver que logra transmitir a través de sus lenguajes –en todas sus formas-.
Sin dudas, que no es frecuente que las personas se tomen la molestia de esperar –es decir, rescindir tiempo- por lo que es más sencillo tomar conclusiones en base al “sentido común” –su propia matriz de razonamiento desplazada por la racionalización del pensamiento- ya que éste parece ser supremo ante la infalible metodología científica en pos de concretar una afirmación de contenido empírico, y eslabonado por el correcto uso de las palabras.
Es difícil pretender que una persona que ignora el propio significado de las palabras logre comprender el espíritu de la lección, sino que más bien, efectúan un abuso tal que desvirtúan el lenguaje, por lo que se fragmenta el destino de tal afirmación, discriminando por conocimientos a individuos que carecen del mismo grado de dominio léxico.
Pareciera ser que uno haga mención al sector siempre postergado de la economía, el cual no puede acceder a una educación digna, y lo que es mucho más importante que la educación, un futuro.
Para no irnos demasiado por las ramas, una breve aclaración a lo reciente.
Es común oír que se pida “educación” para solucionar todos los problemas de la vida. Pero es difícil imaginar que una persona que pueda alcanzar la educación primaria y secundaria para luego ser excluida del “mercado laboral” quiera estudiar, de hecho, si no se tiene un incentivo de una vida digna, con ingresos dignos y oportunidades de crecer económicamente, ¿es la educación por sí sola el santo remedio a los problemas? Pareciera que no lo es.
Retomando. Se dice que las sociedades excluidas del sistema económico productivo/consumista, manipula unas 50 palabras para expresarse.
Pero en este artículo no me estoy refiriendo a este sector, sino más bien, al clase media-alta que incluso va más allá del acceso y del uso de la educación secundaria, y que pareciera manejar algunas otras palabras más que las 50 antes mencionadas. Pero entonces ¿dónde está el problema?
Si el problema no está en el entendimiento en sí, tal vez estaría en la aceptación de las afirmaciones, quizá el prejuicio se devore el esfuerzo de explicar que tiene el locutor, y éste sea en vano. No suena tan descabellado.
Probablemente el miedo a sentirse burlado por la inteligencia de un individuo que efectivamente pensó, a contracara de otro que simplemente creyó, sea motivo suficiente.
No existen muchas salidas ante una ofensiva verbal fundamentada bajo premisas, si lo que se tiene para defenderse es un libro estudiado de memoria.
No quedará más remedio que la negación, y la salida por la tangente, la disuasión, el agravio, el prejuicio, que den por finalizado o más bien suspendido el pseudo debate. Aunque más bien, debate implica una ida y vuelta de pensamientos, y no de creencias.
¿Cómo lograr entonces, que una porción de la sociedad que está configurada de forma tal que su negativa a aceptar sus lagunas de información, le permita asumir la presunta derrota?
Lo que parece más difícil aun es lograr que este rebaño desaprenda lo que conoce como su propia lógica, y la desplace comenzando desde cero.
Pero es más fácil, juntar las cabezas de unos cuantos para que entre ellos sostengan una “idea” –no quiero abusar de lenguaje- y que su carácter de subjetivo, le arrope todas las noches de su eterno invierno, bajo las blancas nieves de la ignorancia.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Utopías y antagonía
¿Cuál es la cuestión que no deja dormir a los economistas locales?
Probablemente me jacte de ser iconoclasta, aun así, no es una cuestión personal, ni mucho menos de prejuicios.
Para comenzar, los razonamientos populares de “sentido común” no se tratan de un ejercicio simple, sino que se basa fundamentalmente sobre ciertos preceptos. No es casualidad, que a lo largo de 3 décadas, se hayan enseñado las mismas bases, y como consecuencia inefable, que la aparente lógica tenga como resorte emocional, aquello que se inculcó durante generaciones.
Ahora bien, sin entrometerme con la sociología, no es tan complejo revisar las bases pero parece ser, que no estamos acostumbrados a leer la letra chica antes de firmar.
Durante 10 años, se llevó a la práctica la caja de conversión –Ley de Convertibilidad- la cual, era un simple ejercicio de: dólar entra, entra peso al circuito – sale dólar, sale peso del circuito.
Es decir, que los precios locales dependían de los ingresos internacionales, y así, los precios locales se igualaban con la media (sin ponderar) del mundo.
A todo esto, para ser más claros, también se igualan los salarios en divisa internacional. Entonces, por ende, se debería tener como mínimo, el mismo nivel de productividad que la media mundial, de otra forma el sistema no soportaría recibir más a cambio de menos y sostener el empleo local.
Entonces, cabe el interrogante: ¿Cómo se sostuvo entonces, el sistema sin que colapse?
La respuesta consta tan solo de cinco letras: deuda.
Pero al margen del inevitable endeudamiento, entonces no habría problemas, siempre y cuando a futuro de pago de deudas, se lo haga genuinamente con fondos producidos localmente.
Pero ¿qué sucede si encontramos que la composición de importaciones es mayoritariamente superior en bienes de consumo medios e intermedios, por sobre los bienes de capital?
Veamos:
Como es de simple observación, sumamos los bienes intermedios más los bienes de consumo, y nos da un aproximado del 60% contra un 25% de bienes de capital.
Entonces, ese diferencial que se sostuvo perpetua durante una década, debió traducirse en alguna consecuencia. ¿Saben de qué se trata?
Para que las pocas industrias locales compitan contra las importaciones, al no innovar en tecnología que logre competir vía calidad, lo hace vía precios. ¿Y cómo se compite vía precios ante un inminente avance de importación de precios y salarios más bajos, sumados a mayor calidad?
Pues, forzando la baja de salarios, flexibilizando el mercado laboral, maniatando los síndicos, para que así, se formen largas filas de desempleados que estén dispuestos a trabajar por el mínimo de subsistencia –el sueño de Adam Smith y David Ricardo-.
Entonces, ¿qué sucedió con el desempleo? Veamos:
Sin dudas, que el desempleo fue quien pagó los platos rotos por la apertura de mercado, y la adopción del libre mercado.
Digamos entonces, que actualmente los razonamientos se realizan en base a la caja de conversión, en base a la teoría del derrame.
¿En qué consiste la teoría del derrame?
En que cuando al sector acaudalado se rebalse de capitales, estos se derramaran hacia los de menores ingresos. Pero entonces, ¿qué se necesita para que eso ocurra?
Lo que se necesita es el cierre de las fronteras comerciales, es decir, comunismo, ya que lo que se produzca, indefectiblemente debiera ser consumido por la población local, y si éstos no tienen suficientes ingresos para absorber dicha producción, entonces quedarán dos opciones:
Una: que el sector capitalista relegue parte de sus ganancias hacia los trabajadores –redistribución de los ingresos-.
O, dos: que la sobreproducción permita un estoqueo tal, que fuerce a los capitalistas a rescindir sus ingresos para que los absorban los trabajadores.
Pero en ese interín, hasta que tal utopía suceda, ¿los trabajadores morirían de hambre? Correcto.
Pero como ninguna de las dos opciones sucedieron, porque antes, no existió tal cierre de fronteras económicas, sino más bien, todo lo contrario, entonces la sobreproducción nunca se alcanza, ya que es absorbida por los ingresos de otras clases, de otros países.
Es decir, que la antagonía es inevitable e indefectible, ya que para lograr lo que las bases y la teoría ortodoxa sean pertinentes, deben contradecirse dos puntos. La apertura del mercado vs. Comunismo.
El comercio internacional, pues, funge entonces de pérdida, o drenaje, donde la teoría del derrame jamás se produce al mismo tiempo que las clases trabajadoras mueren de hambre. Vaya círculo vicioso.
Es entonces que tiene sentido el interés del capitalista de la apertura del mercado, pero si esto ocurre puramente, entonces sucede lo que vimos anteriormente con la importación. Porque no se puede exportar, sin importar. Los productos vendidos se cobran con productos comprados y cuando éstos son más competitivos que los locales, entonces produce el cierre de la producción local. ¿Otra antagonía? Sin dudas.
Entonces, ¿qué debe hacer una empresa para protegerse de la importación? Simple. Golpear las puertas del Ministerio de Economía y pedir INTERVENCION.
Pero, ¿no es cierto que la teoría ortodoxa liberal sostenga que el Estado no deba intervenir?
Así es.
No debe intervenir en sus ganancias. Esa es la parte tácita de la premisa liberal.
Pero para que la clase trabajadora acceda a la mejora de su poder adquisitivo, se necesita o bien cerrar las fronteras económicamente hablando –cosa que el capitalista no aceptará- o intervenir en la redistribución del ingreso, protegiendo de igual a igual, mediante aranceles la importación, y mediante aranceles la exportación, más la retención de ganancias para éstas volcarlas hacia los de débiles ingresos.
Vimos entonces, que las premisas de Libre Mercado; Flexibilización Laboral; Convertibilidad; y proteccionismo todos juntos eclosionan.
En efecto, no hay protección sin libre mercado, ni flexibilización laboral, sin endeudamiento, y no hay solvencia económica, si no se restringe la importación y se interviene para impedir el avance de productos extranjeros, al tiempo que se permita la redistribución del ingreso que soslaye la sobreproducción.
Vaya menjunje. Es verdad.
Probablemente me jacte de ser iconoclasta, aun así, no es una cuestión personal, ni mucho menos de prejuicios.
Para comenzar, los razonamientos populares de “sentido común” no se tratan de un ejercicio simple, sino que se basa fundamentalmente sobre ciertos preceptos. No es casualidad, que a lo largo de 3 décadas, se hayan enseñado las mismas bases, y como consecuencia inefable, que la aparente lógica tenga como resorte emocional, aquello que se inculcó durante generaciones.
Ahora bien, sin entrometerme con la sociología, no es tan complejo revisar las bases pero parece ser, que no estamos acostumbrados a leer la letra chica antes de firmar.
Durante 10 años, se llevó a la práctica la caja de conversión –Ley de Convertibilidad- la cual, era un simple ejercicio de: dólar entra, entra peso al circuito – sale dólar, sale peso del circuito.
Es decir, que los precios locales dependían de los ingresos internacionales, y así, los precios locales se igualaban con la media (sin ponderar) del mundo.
A todo esto, para ser más claros, también se igualan los salarios en divisa internacional. Entonces, por ende, se debería tener como mínimo, el mismo nivel de productividad que la media mundial, de otra forma el sistema no soportaría recibir más a cambio de menos y sostener el empleo local.
Entonces, cabe el interrogante: ¿Cómo se sostuvo entonces, el sistema sin que colapse?
La respuesta consta tan solo de cinco letras: deuda.
Pero al margen del inevitable endeudamiento, entonces no habría problemas, siempre y cuando a futuro de pago de deudas, se lo haga genuinamente con fondos producidos localmente.
Pero ¿qué sucede si encontramos que la composición de importaciones es mayoritariamente superior en bienes de consumo medios e intermedios, por sobre los bienes de capital?
Veamos:
Entonces, ese diferencial que se sostuvo perpetua durante una década, debió traducirse en alguna consecuencia. ¿Saben de qué se trata?
Para que las pocas industrias locales compitan contra las importaciones, al no innovar en tecnología que logre competir vía calidad, lo hace vía precios. ¿Y cómo se compite vía precios ante un inminente avance de importación de precios y salarios más bajos, sumados a mayor calidad?
Pues, forzando la baja de salarios, flexibilizando el mercado laboral, maniatando los síndicos, para que así, se formen largas filas de desempleados que estén dispuestos a trabajar por el mínimo de subsistencia –el sueño de Adam Smith y David Ricardo-.
Entonces, ¿qué sucedió con el desempleo? Veamos:
Sin dudas, que el desempleo fue quien pagó los platos rotos por la apertura de mercado, y la adopción del libre mercado.
Digamos entonces, que actualmente los razonamientos se realizan en base a la caja de conversión, en base a la teoría del derrame.
¿En qué consiste la teoría del derrame?
En que cuando al sector acaudalado se rebalse de capitales, estos se derramaran hacia los de menores ingresos. Pero entonces, ¿qué se necesita para que eso ocurra?
Lo que se necesita es el cierre de las fronteras comerciales, es decir, comunismo, ya que lo que se produzca, indefectiblemente debiera ser consumido por la población local, y si éstos no tienen suficientes ingresos para absorber dicha producción, entonces quedarán dos opciones:
Una: que el sector capitalista relegue parte de sus ganancias hacia los trabajadores –redistribución de los ingresos-.
O, dos: que la sobreproducción permita un estoqueo tal, que fuerce a los capitalistas a rescindir sus ingresos para que los absorban los trabajadores.
Pero en ese interín, hasta que tal utopía suceda, ¿los trabajadores morirían de hambre? Correcto.
Pero como ninguna de las dos opciones sucedieron, porque antes, no existió tal cierre de fronteras económicas, sino más bien, todo lo contrario, entonces la sobreproducción nunca se alcanza, ya que es absorbida por los ingresos de otras clases, de otros países.
Es decir, que la antagonía es inevitable e indefectible, ya que para lograr lo que las bases y la teoría ortodoxa sean pertinentes, deben contradecirse dos puntos. La apertura del mercado vs. Comunismo.
El comercio internacional, pues, funge entonces de pérdida, o drenaje, donde la teoría del derrame jamás se produce al mismo tiempo que las clases trabajadoras mueren de hambre. Vaya círculo vicioso.
Es entonces que tiene sentido el interés del capitalista de la apertura del mercado, pero si esto ocurre puramente, entonces sucede lo que vimos anteriormente con la importación. Porque no se puede exportar, sin importar. Los productos vendidos se cobran con productos comprados y cuando éstos son más competitivos que los locales, entonces produce el cierre de la producción local. ¿Otra antagonía? Sin dudas.
Entonces, ¿qué debe hacer una empresa para protegerse de la importación? Simple. Golpear las puertas del Ministerio de Economía y pedir INTERVENCION.
Pero, ¿no es cierto que la teoría ortodoxa liberal sostenga que el Estado no deba intervenir?
Así es.
No debe intervenir en sus ganancias. Esa es la parte tácita de la premisa liberal.
Pero para que la clase trabajadora acceda a la mejora de su poder adquisitivo, se necesita o bien cerrar las fronteras económicamente hablando –cosa que el capitalista no aceptará- o intervenir en la redistribución del ingreso, protegiendo de igual a igual, mediante aranceles la importación, y mediante aranceles la exportación, más la retención de ganancias para éstas volcarlas hacia los de débiles ingresos.
Vimos entonces, que las premisas de Libre Mercado; Flexibilización Laboral; Convertibilidad; y proteccionismo todos juntos eclosionan.
En efecto, no hay protección sin libre mercado, ni flexibilización laboral, sin endeudamiento, y no hay solvencia económica, si no se restringe la importación y se interviene para impedir el avance de productos extranjeros, al tiempo que se permita la redistribución del ingreso que soslaye la sobreproducción.
Vaya menjunje. Es verdad.
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