¿Cómo lograr que un individuo seteado dé formato a su cognitivismo y dé paso al tortuoso ejercicio de pensar?
Digamos, que no es difícil encontrar personas que destilen a su pasar, todas sus miserias reflejadas en sus expresiones.
Es decir, que sus miserias son metafísicas, y no de tinte material. ¿Qué quiero decir con esto?
Seria abusar del criterio, decir que yo pueda afirmar con certeza una respuesta a tamaña pregunta.
No importa, lo intentaré.
Es cierto, que una persona a simple vista no puede ser juzgada por su apariencia, más bien sería prudente esperar hasta ver que logra transmitir a través de sus lenguajes –en todas sus formas-.
Sin dudas, que no es frecuente que las personas se tomen la molestia de esperar –es decir, rescindir tiempo- por lo que es más sencillo tomar conclusiones en base al “sentido común” –su propia matriz de razonamiento desplazada por la racionalización del pensamiento- ya que éste parece ser supremo ante la infalible metodología científica en pos de concretar una afirmación de contenido empírico, y eslabonado por el correcto uso de las palabras.
Es difícil pretender que una persona que ignora el propio significado de las palabras logre comprender el espíritu de la lección, sino que más bien, efectúan un abuso tal que desvirtúan el lenguaje, por lo que se fragmenta el destino de tal afirmación, discriminando por conocimientos a individuos que carecen del mismo grado de dominio léxico.
Pareciera ser que uno haga mención al sector siempre postergado de la economía, el cual no puede acceder a una educación digna, y lo que es mucho más importante que la educación, un futuro.
Para no irnos demasiado por las ramas, una breve aclaración a lo reciente.
Es común oír que se pida “educación” para solucionar todos los problemas de la vida. Pero es difícil imaginar que una persona que pueda alcanzar la educación primaria y secundaria para luego ser excluida del “mercado laboral” quiera estudiar, de hecho, si no se tiene un incentivo de una vida digna, con ingresos dignos y oportunidades de crecer económicamente, ¿es la educación por sí sola el santo remedio a los problemas? Pareciera que no lo es.
Retomando. Se dice que las sociedades excluidas del sistema económico productivo/consumista, manipula unas 50 palabras para expresarse.
Pero en este artículo no me estoy refiriendo a este sector, sino más bien, al clase media-alta que incluso va más allá del acceso y del uso de la educación secundaria, y que pareciera manejar algunas otras palabras más que las 50 antes mencionadas. Pero entonces ¿dónde está el problema?
Si el problema no está en el entendimiento en sí, tal vez estaría en la aceptación de las afirmaciones, quizá el prejuicio se devore el esfuerzo de explicar que tiene el locutor, y éste sea en vano. No suena tan descabellado.
Probablemente el miedo a sentirse burlado por la inteligencia de un individuo que efectivamente pensó, a contracara de otro que simplemente creyó, sea motivo suficiente.
No existen muchas salidas ante una ofensiva verbal fundamentada bajo premisas, si lo que se tiene para defenderse es un libro estudiado de memoria.
No quedará más remedio que la negación, y la salida por la tangente, la disuasión, el agravio, el prejuicio, que den por finalizado o más bien suspendido el pseudo debate. Aunque más bien, debate implica una ida y vuelta de pensamientos, y no de creencias.
¿Cómo lograr entonces, que una porción de la sociedad que está configurada de forma tal que su negativa a aceptar sus lagunas de información, le permita asumir la presunta derrota?
Lo que parece más difícil aun es lograr que este rebaño desaprenda lo que conoce como su propia lógica, y la desplace comenzando desde cero.
Pero es más fácil, juntar las cabezas de unos cuantos para que entre ellos sostengan una “idea” –no quiero abusar de lenguaje- y que su carácter de subjetivo, le arrope todas las noches de su eterno invierno, bajo las blancas nieves de la ignorancia.