martes, 16 de noviembre de 2010

El maremágnum

¿Qué sería de nuestra sociedad si no existiese el entretenimiento?
Probablemente estaríamos en presencia de una sociedad llena de expresiones artísticas, intelectuales por doquier, un maremágnum existencial, donde los prejuicios terminen por discriminar al ser superfluo y vacío.
¡Vaya universo utópico! en el cual el albor de la conciencia subyagan impulsos revolucionarios donde la tristeza sólo habite en los vestigios de seres descarriados, cual rebaño repelió.
Sin dudas sería una sutileza producto de la filtración del alma, cuyo anhelo muera desangrado en manos de la sapiencia.
Lamentablemente, los seres llegan al universo sin formación alguna, por lo que el reiterativo ciclo de la vida debe atenderse sistémicamente, ya que el más mísero desliz en la sociedad pudiera desatar el deseo individualista, ególatramente sucedido por la putrefacta ambición per se, oriundo de las descompuestas vísceras del infortunio.
Pero no, la realidad es la inversa, la sociedad ignora –a su conveniencia- las causas, el origen, y trabaja ex –post atendiendo las injusticias consecuentes, sin menoscabar las injusticias previas que desataron las recurrentes taxativamente.
La caja boba habla pero no escucha, los ojos pueden dejar de ver, pero los oídos no pueden dejar de oír, y el subconsciente es trastornado, donde el alma ahora maniatada, sucumbe implotando y destiñéndose la integridad, donde los grises decoren los presuntos cielos en los confines de la miseria humana.
Y ahí se encuentra, omnidireccional impudorosamente radical, cuales destellos irradian la más absurda recurrencia, que impacta certeramente sobre el ya adormecido corazón de la sensatez.
El tiempo se convierte en un agraviante, donde el paso del mismo degrada la piel y atrasa la madurez del alma, cuyo dolor añora un mundo donde pueda correr libremente por las praderas de la felicidad, desnudo ante las brisas de la creatividad, donde la mente piensa para alcanzar el sosiego, donde el territorio sea de todos, y de nadie, y cuyo efecto sobre el rebaño recaiga en el compartir, y donde el deseo parasitario solo descanse en lo más profundo de las turbulentas aguas de la ignorancia.

lunes, 8 de noviembre de 2010

La política y los gusanos


¿Cómo es posible hablar de política, sin recurrir al fin mismo que conlleva éste?
Sin dudas, que la propia perseverancia cual sintaxis se compone del innato interés particular de socorrer ante un eventual epígono de tracto cambiante, requiere de la manipulación de conceptos que terminan por confundir el mensaje que intenta transmitir –como irónicamente acabo de hacer al comienzo-.
En efecto, la política se nutre de los métodos empáticos con los que se integran los grupos, donde el carácter gregario que acarrea el ser humano, termina por funcionar en base a ciertos elementos subjetivos, arbitrarios, que poco tienen que ver con la lógica pura.
De hecho, grandes movimientos de masas se producen en efecto avalancha y en determinadas circunstancias, siguen al patrón sin percatarse de ser conducidos hacia el cepo que terminará con sus vidas.
Por consiguiente, mientras más subdesarrollado se encuentre el intelecto humano, más propenso a actuar deliberadamente en base a la fe y menos en base al raciocinio. El primero, carece de comprobación empírica y sigue al movimiento de masa, y el segundo se detiene a contrastar teoría contra resultados.
El prejuicio hace de barrera intelectual que bloquea las capacidades cognitivas, lo cual se corrige con el ejercicio filosófico del auto-cuestionamiento, mientras que el entretenimiento permanente que distrae la capacidad de razonar, retrasa el proceso de deslinde de la fe hacia el pensamiento.
Por tanto, la reconstrucción del ser da rienda libre hacia el razonamiento, liberándolo de las aterradoras cadenas del entre-tenimiento, permitiendo la elección del rumbo deseado mediante la discusión entre los soberanos que negocian un destino comúnmente favorable para todos. La parte que durante un extendido lapso mantuvo la diferencia a su favor, se verá amenazado por el despierte de una sociedad que reclama su porción equitativa, conflictuando el reclamo justo contra la resistencia de mantener el statu quo.
Si durante un determinado lapso, la sociedad estuvo en estado de letargo y fue conducida hacia su hecatombe, entonces cuando el rumbo tome otra dirección, se notará que quien conserva y quiere conservar su status se resistirá y agitará las turbulentas aguas del conflicto, y pondrá su interés en vacías mentes que reclutará sometiéndolas a su inminente manipuleo.
No es de extrañar que los conflictos si algo aprovechable tienen, es que ponen de manifiesto y saca a luz, lo que el interior de cada ser posee. En unos demostrará el reflejo que traslucen desde transgresores de interés personal, que incuba en éstos individuos la relación parasitaria, poniéndolos a combatir por intereses que van en su contra; contra otros seres que reclaman justicia social y repudian la concentración injusta de riqueza –trabajo realizado por quienes reclaman justicia social-.
Sin dudas que en la Argentina en los últimos años se revolvió la tierra y salieron a la luz los gusanos parasitarios que deterioraban las raíces del gran árbol que compone a toda la sociedad, donde algunos prefieren seguir siendo la crisálida, y otros prefieren romper sus capullos y convertirse en libres y coloridas mariposas.