lunes, 25 de julio de 2011

Formas y fondo: el destape de una olla


Se dan circunstancias, quizás, en la que los vestigios de una etapa idílica de la que ya no recordamos, donde las imágenes de lo que nos asedia nos obliga a desplazar realidades que solíamos retener de un pasado no tan lejano.
Será entonces, la desidia por reconstruir un presente y una proyección de presente –como concepción de futuro- la causante del atraso y la involución de nosotros, como una sociedad que camina en una senda demarcada por la influencia de las corporaciones.
Sin dudas, que la amalgama de situaciones que incomoda a las masas, perece en un debate de ideas, de las cuales el conformismo prescinde y prefiere evitarlas, y sustituirlas en un proceso de olvido y abandono, que luego se refleja por sobre todos los ciudadanos de una localidad jurisdiccionalmente bien definida, republicanamente organizada, y federalmente administrada por sus electores, a través de la voluntad popular convergida en las urnas.
La realidad que nos insta, nos sumerge en un océano de dudas y resquemor, de la cual no podemos estrujarnos, puesto que las ideas más sórdidas se cocinan en el abismo de una ideología que carece de espíritu, y que se nutre cíclicamente y reiteradamente como ejercicio de un mensaje que va quedando perdida en algún punto de la línea del tiempo.
Paradójicamente se presentan en simultaneo, dos universos en nuestro tiempo y espacio, donde el progreso de las ideas se lleva puesto la estaticidad de una concepción obsoleta de producción y sustento de un sistema que no se condice con un presente tan enmarcado por el contexto tecno-industrialista.
Por un lado, la renovación de pensamientos que nos mantiene ocupados en el desafío por innovar y continuar más allá de nuestros próceres pioneros en la ciencia y tecnología, con el aval de un Estado presente que imponentemente nos presenta un Ministerio renovado y poderoso, con la repatriación de nuestra materia gris que debió huir con sus capacidades a otros rumbos en una hecatombe neoliberal, hacia destinos que pudieran acoger sus necesidades y en línea con su remuneración pertinente.
Por otro lado, la minoría de siempre que se recluye en los andamios de sus empobrecidos valores, eclesiásticamente desafortunados y acomplejadamente inducidos a su auto marginación, hacen uso de su status social otorgada por la suerte capitalista, y el derecho a la propiedad privada que los protege desde un Estado aun no debatido en la sociedad.
La aleatoriedad que persiste en el reparto de riquezas se mantiene a través del rendimiento a la esclavitud de no sólo nuestros trabajadores, sino también, nuestra evolución misma como sociedad, en la que nos detenemos al avance, por tan solo “éticas” y “morales” que no son mas que prácticas que buscan subsistir refugiados por un poder político jerárquico, que gobierna desde las sombras a través de la culpa y el juzgamiento subjetivo.
La ignorancia se apodera de seres que son influenciados y violentados emocionalmente, arropados por la mentira de “clase” que imparten sobre sus vulnerables mentes en una etapa de desarrollo y crecimiento como personas, protegidas por una realidad que escapa a la concepción misma de lo que sucede fuera de las compuertas de un barrio privado, como consulado del sistema imperialista neoliberal.
A su vez, el individualismo es impulsado como estrategia de dispersión y atomización del ser humano, en pos de evitar la colectividad y la construcción de poder simbólico político para afrontarse a una minoría que descansa cómodamente en el trono del reinado.
El Rey no es nadie sin sus súbditos, y no hay súbditos sin sometimiento, donde la violencia no solo se expresa motus propio, sino verbalmente como herramienta de desinformación y engaño de quien dispone del artefacto informativo como su ala de embate.
Nuestras pupilas se dilatan ante el destelle de las luces del futuro, que nos invitan a participar, fronteras afuera de una General Paz que separa la ciudad de luces muertas, frente al vórtice que nos abduce hacia el maremágnum de creatividades en la que somos partícipes con tan solo ingresar a esa brecha del tiempo, dejando tras nuestras espaldas, el pasado mismo expresado en un evento agropecuario, vociferado en un mensaje erróneamente sarmientista y violentamente desafiante.
Es la Sociedad Rural, la que nos invita a perecer como sociedad encantados bajo cantos de sirenas, que se exilian en la mentira del trabajo genuino y la arrogancia de la elite perfumada por la osamenta existencial que emana de sus impolutas manos que jamás fueron expuestas a labores atávicas.
Algunos decidimos continuar la senda del desarrollo dejando atrás, una General Paz que divide las aguas turbias, frente a una propuesta que nos seduce, donde el límite es la mente humana, y no el bolsillo de recoletos que pregonan por la conservación de su statu quo, en detrimento del avance de la justa distribución de riquezas y reparación social.


jueves, 14 de julio de 2011

La importancia de re-educar al empleador

En reiteradas ocasiones podemos observar, como se distancian como hermanos que se pelean, a dos universos paralelos que jamás encausan sus destinos debido a un problema de conceptos, en la que su equívoca manutención, se liberan los prejuicios como salida de escape a un tabú filosófico del cual no se revisan las bases epistemológicas.
Desde ya, que los mutuos rechazos no se hacen esperar, cual antípoda brega en su favor, y se autoproclama como el portador de la realidad universal. No tan deprisa.
La microeconomía y la macroeconomía son interdependientes entre sí, en una interacción indirecta, en la cual la sumatoria de todas las microeconomías del país conforman la macroeconomía en su conjunto, ya que es menester precisar, que todos los sistemas autárquicamente, son microeconomías en cuestión, ya que la acepción misma de un sistema en el cual se desenvuelve la administración de los recursos –en la forma que fuere- frente a la escasez misma que su capacidad de adquisición le impone, puesto que tal asignación de recursos estratégicamente, se torna económico por un lado, y político por el lado operativo.
Es decir, que a su vez la macroeconomía queda estrechamente ligada a la sumatoria de las situaciones microeconómicas debajo de su espectro sobre la cual, las microeconomías dependen de la voluntad política que decide atender selectamente, a diferentes situaciones y con el énfasis y dedicación que la impronta política le asigna en sus medidas adoptadas.
Por consiguiente, es acertado que los administradores de empresas deban actuar bajo una lógica de maximizar beneficios con el menor esfuerzo posible en una empresa que pelea por la apropiación de la mayor porción de capital que deambula en el cosmos que lo apañe.
En efecto,  la lógica empresarial no escapa a la reacción natural del ser humano en cuestión, ya que como método de supervivencia, en el cromosoma anida la ambición misma. Lo lógico también es que aceptemos que los recursos en una sociedad demarcadamente por una carta magna, implica un juego de suma 1 en la cual, cada una de las porciones de las que se apropian los actores en una sociedad, conformará así, el producto bruto total del cual dispone el país en cuestión.
Si frente a esta sucesión de apropiaciones de capital, nos correspondemos con una formación académica en la cual los administradores de empresas paridos adoptan como realidad, la ausencia de la actividad política como método natural de construcción de poder económico, entonces estamos en un problema.
Lo cierto es que en una sociedad en la que el derecho a la propiedad privada conformado de forma tal que no impida la concentración de riquezas y que además, lo proteja luego, también hay que entender, que la permisión deliberada de los descuentos por cantidad, acompañan a una acumulación de riquezas en la que el poder político absorbe a los más débiles –o los destruye- y se impone la ambición misma que mencionamos párrafos atrás.
Si el derecho privado contempla esta distribución injusta de la riqueza, entonces corresponde al derecho público la obligación de equiparar la balanza en la redistribución misma lo que conlleva a la contienda política entre los actores de un bando y del otro.
No es un dato menor esto último, ya que en la formación académica que se impone como bibliografía en la administración de empresas, desconocen estas vicisitudes y actúan bajo una lógica que al propagarse en todas las microeconomías, dan como sumatoria a una macroeconomía en vías de debilitación que termina deprimiendo a la baja el capital total del cual cada microeconomía intenta apropiarse. Es decir, que la puja por la apropiación de porcentajes, pasa a segundo plano y se aleja de la puja de masa de ganancias que en definitiva es el objeto deseable.
Cuando la macroeconomía convalece, y su nivel de producto cae, debido a la baja en el consumo –como causal y consecuencia-, el destino de lo producido debe ser colocado en otras economías, es decir, la exportación.
Si la exportación es el sustento de la producción local, pero a cuestas del desempleo de una porción de la sociedad y por lógica, su empobrecimiento y decadencia social, entonces la exportación es el otro filo de la espada de Damocles.
Cuando esta teoría microeconómica se impone en los administradores de empresas, lo que el mensaje oculta, es el interés de la primarización de la economía, al punto extremo de la agroexportación, donde la distribución de la riqueza se concentre en monopolios y monopsonios, en connivencia con el sometimiento a la esclavitud y la degradación social del trabajador.
Difícilmente se pueda conciliar con la clase empresarial si entendemos que toda una generación de empleadores y administradores de empresas traccionen la economía persiguiendo un destino que le es desfavorable, y en consecuencia, frente a un Estado Ejecutivo y Legislativo que hacen uso del derecho público para re-equiparar la balanza distributiva con un sistema sustentable.
Es decir, que en esta contienda política, la sumatoria de las microeconomías dan como resultado, una macroeconomía y una situación de embates sociales entre el interés de unos pocos, por sobre el de toda la población en su conjunto.

lunes, 11 de julio de 2011

La moda, y la muerte del alma


La razón humana ha sido por los siglos de los siglos, la herramienta de ejecución material, del interés político como gestor intelectual, donde el entendimiento ha brillado por su ausencia, en una huida inducida por el engaño, el ardid, y la debilidad mental que ha sido impulsada a través de la enseñanza en los seres humanos frágiles emocionalmente que requieren de las instrucciones de vida de la figura de la cual se refugian, como un padre, o como un dios.
La consciencia es una y otra vez, sometida al dedo que señala su aparente equivocación, y que es autoproclamada verdad universal, resguardándose en un estrado compuesto por seres de los cuales necesitan para no quedar a la intemperie de la reflexión profunda, como rocío que cae sobre las heridas de sus espaldas, causadas por los látigos que las acarician con virulencia en un mensaje manipulador y vil.
¿Será acaso el fin de la humanidad, el momento en que se destape la olla de la mediocridad y las mentes sean todas impulsadas al pensamiento en el que se debatan el futuro de la sociedad? O será quizá, el comienzo de una nueva etapa en la que el coqueteo de los intereses individuales dé por terminado con un portazo en sus narices, una respuesta arisca en la cual el poder simbólico suelte su mano, y luego estos vean caerse en las profundidades del abandono, y probablemente, luego de dar una batalla sangrienta, ya que la violencia comienza cuando se termina la razón.
Lo concreto es que los seres humanos son fácilmente corrompibles cuando se hallan debajo de la espada de Damocles, y su oscile dependa de la aleatoriedad misma que destaca la vida de todo lo que respira en nuestro planeta.
El miedo a morir queda en segundo plano, cuando la verdadera muerte no es el apague de los sentidos, sino el aislamiento de los demás seres, y que ello es luego el condicionante para los cambios estructurales, donde el arrastre de asentimientos dependa de la construcción política, y que desde ya, esto mismo requiera del entendimiento entre seres que dedican su tiempo a la reflexión.
Lo cierto es que es mucho más fácil y accesible, asomar para verse acompañados en demás seres, y que ello sea el convalidante de la certeza y la universalidad momentánea –ya que lo universal evoluciona conforme las necesidades del ser humano muten para sobrevivir con los recursos que hubieren-. Desde luego, que la maceración de las ideas en el líquido amniótico de la reflexión, es tan compleja que requiere de métodos empáticos de retención, para lo cual el mensaje debe contener un poderoso elemento de convencimiento y de interés sobre los demás.
La tentación por evadir la monotonía por sobre los demás seres, es casi tan poderoso que desafía lo convencional y resquebraja la hegemonía del conservadurismo, colocando al sujeto en una posición rebelde e incluso suicida, frente a una muerte que como bien dijimos, no se trata del apague de los sentidos, sino del aislamiento del ser humano, y su expulsión del rebaño.
En efecto, la presunción de mantenerse en una sola posición, demuestra el interés actual por conservar la ventaja que tuviere por sobre los demás, ya que en sociedades que comparten el marco de una carta magna, existen lineamientos que permiten el privilegio de unos pocos, en connivencia de la ignorancia que estos mismos impulsan por sobre las mayorías, para así conservar aquella distinción que mencionamos a comienzo de este mismo párrafo.
El entretenimiento permite, como su etimología misma demuestra, entre-tener, es decir, sostener una realidad, en un tiempo determinado. Esto no quiere decir otra cosa, que la manutención del statu quo de una realidad que es permanentemente monitoreada, desde intereses que temen en algún momento dejen de subsistir en manos de una revuelta de la otra vereda que se encuentra en desventaja.
Por consiguiente, la necesidad de someter cíclicamente al ser humano al entretenimiento, termina por confundir las modas en una polarización de realidades que de alguna manera se exponen y se dejan como banquete audiovisual, para seres que dejan el contenido de esa supuesta realidad en un segundo plano, y colocan la lógica de asimilar y reiterar un mensaje como moda, sea de la índole que fuera.
Esto último explica claramente cómo es posible que las noticias recaigan en la misma utilización del receptor, como una realidad que es tomada como una moda de entre seres humanos, que proyectan estar compartiendo con demás seres, sin poder comprobarlo, pero que universalizan un mensaje que les es enviado, como única realidad posible, cuando históricamente el emisor de información siempre ha sido uno solo…en la antigüedad, Dios, y en la actualidad, los medios de comunicación.
No es de extrañar entonces, que donde los medios de comunicación son hegemonizados y concentrados, en un discurso que persiste en la génesis misma de su composición, es donde los seres humanos son manipulados y vaciados de ideales, y sometidos al entre-tenimiento, donde confunden una realidad que los afecta, con algo trivial, ya que ambos son tomados como modas: la primera, evade el interés que los perjudica, y el segundo, los condena a la ignorancia, y al vacío existencial que invade sus empobrecidas almas.


martes, 5 de julio de 2011

La educación primaria, y el virus colonialista

Es difícil sanear décadas de vicios arraigados que tan febrilmente han sido fogoneados desde los comienzos de una educación primaria estradista y santillanista.
Tan solo basta con apreciar el resquemor que deambula en las aulas, y la apatía misma que ello contrae en sujetos que comienzan a desarrollar su intelecto, y que como esponja absorben en sus subconscientes, toda una serie de falsas realidades que luego se incuban en los confines de la razón humana.
Una imposición colonialista que en su seno lógico alberga una distorsionada historia que es narrada desde sujetos ya formados en serie, personas cuyas mentes se encuentran totalmente maniatadas y amordazadas. Cualquier intento por pisar la banquina del rebaño, serian exacerbadamente juzgados, e incluso, expulsados por toda una sociedad eclesiástica que, sentados aguardan instrucciones de vida.
A lo reciente, nos cabrá la inquietud por saber si es el sistema eclesiástico el que sostiene las bases de todo un concepto falaz que se reitera cíclicamente en sociedades que jamás ven la luz del sol, en sus obnubilados ojos que solo ven a través de un paño confeccionado en las fabriles esferas imperialistas.
No es descabellado, si relacionamos la iglesia católica en los años de conquistas –con sangre y sometimiento- y una corona española que responde a un mismo poder.
Al parecer, el síndrome colonialista ha resistido centenares, y probablemente haya tenido que ver con un sistema de control regional, como la estructura orgánica misma de una iglesia –como organización política- viene a imponer.
Si tenemos en cuenta, que en cada pueblo de cada lugar, existe una pequeña capilla con un sacerdote, o cura –o su equivalente-, estos sujetos no son más que punteros políticos que en sus manuales de conducción, responden a su cúpula jerárquica, donde son instruidos para mantener contenida la evolución de una sociedad que tiene prohibido levantar la cabeza en una permanente oración de vida.
Sin embargo, el rechazo al cambio es también parte de una sujeción de conceptos, que por sobre el análisis filosófico, es anticipadamente retenida por una conjunción de ideas, de las cuales parten las directivas hacia una sociedad que razona sobre una realidad que no es pertinente.
¿Cómo se entiende esto último? Veamos.
La razón misma parte del  entendimiento entre seres que utilizan conceptos que no pueden ser universales, sino que requieren de una puesta en escena de la reflexión a toda luz, que sea enteramente aceptada por las partes que buscan tal acuerdo.
Si partimos de una base en la que lo “moral” y “ético” no sea entendido como una construcción sociológica, que no por ello debe ser objetiva, sino que muy por el contrario, lo impuesto y reproducido durante generaciones se torna “costumbre” y de ello se hace una aceptación como universalidad, pasando por alto, que la reflexión y la razón, jamás tuvo lugar en su génesis misma.
Es frecuente escuchar como respuesta y justificativo la frase “no es moral” asumiendo que lo “moral” sea tomado como universal y objetivo.
En efecto, todo lo que lo “moral” y “ético” engloba en sí mismo, descansa todo el sistema eclesiástico que resiste a los cambios y la evolución misma que mencioné al comienzo del ensayo.
Por tanto, la propagación de este sistema inmiscuido en el discurso que se instala en las conciencias de niños y pre-adolescentes, es tan peligroso que amenaza a la evolución misma de la sociedad, en pos de resquebrajar cuestiones nefastas para una porción de la población que padece las injusticias de un sistema de producción, que margina unos cuantos para ser sometidos como herramientas de trabajo y ajuste, en virtud del bienestar de unos pocos.
Hasta tanto no se revierta esta problemática en la formación primaria y secundaria, las contiendas ideológicas seguirán la misma lógica, a saber: la creencia contra la ciencia. La primera arrastra un mensaje y lo legitima sin reflexionarlo; y el segundo, somete los conceptos a un baño de reflexión profundo, sobre el cual luego se construye “conocimiento”.
Es materia pendiente entonces, el revertir esta situación, y advertir, que la iglesia católica, siguiendo este mismo patrón de conducta y conducción, ha detenido la marcha de 600 años de evolución científica, en la cual pese a todo, ha permitido redoblar la expectativa de vida de la población, y reducido la mortalidad infantil a escalas exponenciales, gracias al avance en la ciencia medicinal.
Faltaran entonces, mas con-ciencia en las escuelas públicas primarias y secundarias,  para entender, que la fe y la esperanza, no necesita de una organización política, sino mas bien, depende de un estado puro de reflexión personal.