Conquistar tierras mediante el
conflicto bélico, la toma por la fuerza y la invasión se constatan como el vetusto
manual de imperialismo que aun en tiempos de Sun Tzu resultaría arcaico si el
mismo tuviera twitter y la fusión de Cablevisión-Telecom.
Lo cierto es que el asedio
audiovisual se ha perfeccionado desde la Segunda Guerra Mundial como
herramienta de disuasión y convencimiento y toma de partido por parte del
ciudadano de a pie en cada rincón del universo. No por nada, en aras de la
reconstrucción europea y su subsiguiente consolidación, una de sus más
acertadas reformas fue justamente la regulación de los Medios Audiovisuales como
medida de prevención de la falaz “libertad de prensa (privada)” respaldada en
la creación de la Sociedad Interamericana de Prensa en la colonizada Cuba de
1943.
Si entendemos como definición de
la economía como aquella ciencia que estudia el comportamiento del ser humano
frente a recursos escasos, bien podemos deducir que deriva de una ciencia de
corte social donde la psique del ser humano en forma colectiva dinamiza los efectos
generales de la economía. Pues, si a lo reciente le agregamos como variable el
hecho de la supremacía audiovisual del imperio a través de sus complejas redes
de acciones, grupos societarios y
sociedades anónimas donde el dueño es siempre el mismo interesado, podemos
comprender lo tendencioso que puede resultar siempre cada movimiento que el “periodismo
independiente” realiza frente a la luz roja de led que le indica estar “al aire”.
El fin primario y único del
imperialismo, el capitalismo y sus derivaciones es siempre la siguiente:
someter a los otros y trabajar para uno. Y si no es posible que lo haga gratis
(como en China), que lo haga lo más barato posible. Entro en un país, altero su
política, abarato su mano de obra, y me traigo sus recursos mientras los
entretengo con netflix y algún que otro comediante de turno que habla de la
política “actual” ridiculizando y banalizando todo como para desactivar
cualquier intento de movilización ciudadana.
Si a estos magros resultados del
imperio de abaratar nuestro trabajo y disminuir el potencial cognitivo de la
sociedad resumido al grado “millennial” le inoculamos una reducción de
exigencia y calidad educativa en cada uno de sus niveles para “adaptarse a los
tiempos” a sabiendas del estrepitoso resultado generacional, pues el cuenco
está servido y sólo falta que nos instalen la cultura de comer arrodillados a
una mesa ratona.
