jueves, 26 de diciembre de 2019

Fe y amor, la migración de huida



Se dice que los animales perciben una eventualidad de inestabilidad que les hace escapar de sus lugares hacia quién sabe dónde porque aún no se ha determinado que como protocolo de escape tengan algún criterio de norte y en función de qué se hace esta elección —si existe tal.

De momento los animales perciben temblores, cambios erráticos de temperatura ambiente, o tal vez leen comportamientos de otras especies que les indica que algo no está bien y que para preservar su especie entiende su genoma que debe retirarse de allí y emprender otro destino de emergencia hasta tanto se reordene su hábitat. Y aquí viene en cuestión otra especie que ante determinados estímulos de su hábitat entiende que es momento de partir, o de quedarse a defender su guarida, según.

El ser humano huye o se queda a enfrentar aquello que entiende desfavorable para su inmediato presente, es decir, su futuro próximo.

Todo acto con una expectativa de presente no inmediato implica un acto de fe, que el mismo bien puede ser disgregado en especulación en función de intereses propios y con esto me refiero a los del individuo y/o de su familia. En la antigüedad el pueblo luchaba a sabiendas de su indefectible muerte en batalla o ejecución porque depositaba en su fe, un futuro prometedor para la generación futura de su comunidad, y claro, porque el arraigo social daba lugar a una identidad que hoy y gracias a la maldita globalización carece de una propia, al menos donde el libertinaje empresario mediático echó riendas sueltas a su natural apetito expansivo.

El gran movilizador de la vida humana misma es el amor, porque su atributo de indefinible, de abstracto y subjetivo le vuelve un enigma para cada quién, si es que se puede aceptar la individualidad de los seres humanos, que por más que prediquen su vida como propia y auténtica la gran mayoría, sino casi la totalidad de ella, terminan siendo subproductos de la televisión cuyas personalidades se ven tan repetidas y predecibles como saliendo de una cinta de producción en serie.

El amor, casi como un eslogan marquetinero impuesto a los empujones en los segundos publicitarios audiovisuales destellantes, al límite de la epilepsia fotosensible -como las publicidades de Claro-, nos introduce algo que perseguir sin siquiera ponernos de acuerdo en algún significante y que se presenta como dolor fantasma en los albores de nuestras emociones.

La contención de la incertidumbre por la muerte biológica del ser humano nos ha mantenido con cierto grado de estabilidad por miles de años, siendo que ante un juego de posi/proba-bilidades nuestra constancia emocional se ve más/menos alterado por aquello mismo de no poder vivir un presente, es decir, un trastorno de ansiedad que nos conlleve a mitigarlo mediante alguna conducta derivada de ella, a saber, el entretenimiento, ya que o bien depositamos la creencia de la inmortalidad del alma, una vida más allá, la perpetuidad mediante la descendencia o el nihilismo de entender nuestro paso como efímero e insignificante.

Lo cierto es que las corporaciones, o bien el resultado de sus decisiones como correlación de fuerzas deriva en la actualidad en el cuestionamiento hacia los preceptos eclesiásticos como nunca antes haya sido visto, mancomunado con una concentración de riquezas mundiales arrinconando al humano promedio en la desigualdad social donde éste no encuentra contención y se entrega a mercaderes de falsas religiones que los recluta hábilmente como actores políticos que irónicamente predican la no-política dejando al individuo así, individualizado cual oveja vulnerable.

Mi mente no puede evitar conformar un identikit sobre los estándares estéticos que las corporaciones elaboran como productos en góndolas que debieran de decir “combo revolucionario”; “combo feminista”; “combo evangélico”; “combo apolítico”; etcétera, donde la metodología de investigación como de relevamiento de datos para estudio sociológico, o ya sea éste para una mera investigación de mercados nos lleva indefectiblemente a buscar patrones de conducta con la subsiguiente aglomeración de resultados por determinadas variables de segmentación.

Platón aseveró que “la ciencia es un juicio verdadero acompañado de razón”, donde el campo de las verdades cruzado con el campo de las creencias sobre una base de premisas dan a luz el conocimiento —epistemología— sobre el que la humanidad prolifera, siendo el mensaje elaborado por un ser pensante, y transportado por una persona que sólo lo propaga sin legitimarlo cognitivamente constituyéndolo a éste último como un mero creyente. Es decir, que cuando encuentro frases repetidas sin ninguna reversión ni metaforizada me da a entender que se trata de otro creyente cuyo mensaje que predica viene cargado de un determinado interés de alguien más. En este caso puntual, cuando veo seres repetidos hasta estéticamente, me da que pensar que son subproductos de las corporaciones también, que dicho sea de paso, son quienes venden la tinta para tatuajes, tijeras para cortes de pelo, el material de sus piercings y por supuesto las telas para la moda/no-moda, o a-moda tal como sucedió con la “generación x” y el movimiento grunge, que no eran otra cosa que aquellos caídos del sistema por injusticia social de los nacidos en el famoso “baby-boom” de los años 60.

Las corporaciones están en todo, nos venden las herramientas para hacer la revolución también, al mejor estilo James Moriarty, el archienemigo de Sherlock Holmes.

Como ya dije “todo acto con una expectativa de presente no inmediato implica un acto de fe” por lo que vivir en la incertidumbre, como a algunos patrones les gusta y lo manifiestan públicamente, les implica mayores ventas de entretenimiento y de ansiolíticos también, porque ellos tienen acciones de todo el espectro productivo/especulativo/productivo por lo que sólo deben de alterar nuestro estado emocional, o bien convenciéndonos de que no importa nada, o que lo que nos importa son las causas que instalan sólo para vendernos algo en el medio, tal como Edward Bernays homologó utilizando causas sociales para colocar productos hace 80 años exactamente.

¿Quieren hacer una revolución? Retomemos la lectura y el estudio, volvamos a la filosofía, y entendamos que el mundo pelea por la distribución de la riqueza, porque limpio de polvo y paja no es otra cosa que trabajar para alguien a cambio de nada, o tal vez a cambio de un pago en moneda que sólo representa trabajo pasado y trabajo a futuro, es decir, otro acto de fe.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Propaganda, por Edward Bernays* (fragmentos)



“La propaganda moderna es el intento consecuente y duradero de crear o dar forma a los acontecimientos con el objetivo de influir sobre las relaciones del público con una empresa, idea o grupo.”

La práctica de crear circunstancias e imágenes en las mentes de millones de personas es muy común. Hoy en día, prácticamente no se lleva a cabo ninguna empresa de importancia sin su concurso, con independencia de si la empresa consiste en construir una catedral, financiar una universidad, comercializar una película de cine, poner en circulación una importante emisión de bonos o elegir al presidente. En ocasiones es un propagandista profesional quien crea el efecto deseado sobre el público; en otras, es un aficionado a quien se encarga el trabajo.

Lo importante es que la propaganda es universal y continua, y que se salda con la imposición de una disciplina tanto como un ejército impone la disciplina en los cuerpos de sus soldados.

Tan ingente es el número de mentes que se pueden disciplinar, y tan obstinadas se vuelven cuando se les ha impuesto la disciplina, que un grupo a veces ofrece tanta resistencia que los empeños de legisladores, directores de periódicos o maestros resultan inútiles. El grupo se aferrará a su estereotipo, tal y como lo expresa Walter Lippmann, y logrará que aquellos seres presuntamente poderosísimos, los líderes de opinión en la mente pública queden convertidos en simples precios a la deriva. Cuando un brujo imperial del Ku Klux Klan, figurándose quizá se acerca al ideal solado, fantasea con la imagen de una nación poblada en toda su extensión por nórdicos nacionalistas, el hombre de a pie del más rancio abolengo americano, sintiéndose arrinconado y descabalgado de su posición y prosperidad legítimas por los nuevos linajes inmigrantes, recoge la imagen, se viste con ella porque le sienta bien, y la convierte en suya propia. Se compra el atuendo de la sábana y la funda de almohada y se reúne con sus iguales, que se cuentan por millares, hasta formar un grupo tan enorme y poderoso que puede decantar elecciones estatales y poner palos en las ruedas de una convención nacional.

*Edward L. Bernays es doble sobrino de Sigmund Freud (1856-1939): su padre es el hermano de la mujer del fundador del psicoanálisis, mientras que su madre, Anna Freud es su hermana. Bernays utilizará a menudo esa prestigiosa filiación para promover sus servicios, pero aquello que lo liga con su tío va más allá de esa simple relación familiar: en efecto, la obra de Freud será relevante en la concepción que Bernays desarrollará tanto que la labor que deben cumplir las relaciones públicas, como de los medios que éstas deben poner en práctica.

martes, 22 de octubre de 2019

El romance del diablo


Imágenes. Aromas que me devuelven a una infancia, y gestos corporales reflejados en un pequeño espejo de 80 centímetros que me recuerdan que el tiempo ya no pasa.

El Romance del Diablo de Ástor Piazzolla apareció de entre las partículas del denso aire que sopesa en derredor y me sumió por completo en un saco gestacionario renaciendo una y otra vez.

Las lágrimas se precipitaban como el exhalo de mi subconsciente que tomó por completo las usinas de comunicación de mi persona. Entendí el mensaje. Era hora de volver a reflexionar, porque instado por la desventura in-narrable de mi existencia me vi obligado en defensa propia a reordenar mis nortes y batir mi caja de brújulas hasta que el infortunio las oriente.

Los conceptos están en crisis y el tiempo y su virulencia atenta contra la redefinición de lo que elijo como manual de conducta cada vez. Y allí me veo, borroso en una imagen desfragmentada de entre esquirlas de un viejo cristal derruido, a oscuras sobre la desvencijada madera que rechina a mi pisar, musicalizando mi felicidad presentándose de incógnito como en un juego de sombras, desafiante y peligroso, con supina sonrisa, sugestivo de puñales certeros, diestro y mortal.

Los placeres se disfrutan luego de decorosa abstinencia, donde los intervalos de tiempo incierto le suben el precio a fugaces encuentros que me reviven en infinitas versiones de mí mismo dentro del caleidoscopio del que se puede observar mi personalidad.

Sonrisas y arrebatos de nervios redactados con garabatos se enreda en mi cuello enlazando mi destino cada vez, recordándome con balbuceos y rudimentario lenguaje el por qué seguir, cuando las variables todas convergen en una salida elegante que pongan un dramático fin a una escena inconclusa que no debiera terminar jamás. Y en el aire aquél violín raja notas musicales que siento corroer y desgarrar mis entrañas, tan sólo para atestiguar un discurso de mi subconsciencia que con su dedo índice y criterio perfecto me subyuga y alecciona nuevamente.

El aguacero ensordece mi percepción, melodía recurrente y cíclico tonal, como un suave piano de fondo que ejecuta la intensidad de mi presión sanguínea dibujando sus intervenciones sobre una hoja de papel con coloridos trazos, erráticos rayones justo como el desempeño de mi sístole plasmado sobre el eje de ordenadas sobre el que yace el guión de mi vida, y que con cólera manifiesta sus estados de humor llevándose consigo mi atención y recordándome las prioridades de este efímero instante al que algunos le llaman vida.


Las ventanas de mi alma se nublan a través de la lluvia que imponen un marco gris y avejenta las calles que traza el bandoneón de Piazzolla y me reduce a sucumbir ante pequeño ser que con sus monerías me da una clase sobre cómo leer al mundo y tranquilizar la turbulencia que azota mi canoa bajo una galerna de lágrimas, para recordarme que el romance del diablo es la vida misma, aquello que debo ser.

miércoles, 9 de octubre de 2019

La suerte está echada



Girando en los cielos y rotando sobre su propio eje la moneda presenta dos caras, y la excepcionalidad de quedar parada de canto, como toda una metáfora de la vida que nos insta.
Muchas veces la realidad nos golpea en medio de la oscuridad incesantemente invitándonos a dudar de que sea uno sólo o muchos sometiéndonos, casi como en una obra de “teatro para ciegos”, como las que se desarrollaban en el Konex, en la Ciudad Autónoma (¿?) de Buenos Aires —por caso, un vil engendro jurídico, mención al paso.

Como sea, aquello de girar sobre el propio eje bien me atrevo a llevarlo y trasladarlo hacia el plano de la perspectiva en primera persona donde solemos comprender el mundo desde la concepción vista a través de un empañado cristal al que se suele emparentar con el “ombligo”. Claro, el problema de la humanidad es la falsa sensación de libertad y “derecho” a todo lo que no encuentre restricción ni ética ni moral, ni mucho menos legal. Y entre estos últimos conceptos girará esta moneda apócrifa que lanzo al aire pero con la mera intención de que le golpee a alguien, y después ver cómo cae y etcétera.

No es mi intención en este caso hacer una apología de nihilismo porque entre líneas yo mismo percibo estar encaminando este texto hacia el juego de probabilidades que se cierne sobre la hegemonía de la suerte y las eventualidades que escapan a nuestro dominio y previsión.
Si de algo estoy seguro es que sobre el tablero en el que jugamos, como argentinos, es que sin esfuerzo no hay suerte, y sin suerte no hay éxito, pero sin ningún esfuerzo sólo habrá éxito cuando sea el Estado mediante la propiedad privada que nos legue herencia y sobre ese “punto de partida” continuaremos por expandir nuestra riqueza, o chocaremos de frente con la calesita. Y a esto lo justifico con aquella estadística que refleja que el 90 % de los pobres mueren en la pobreza, y el 90 % de los ricos mueren como ricos.

Volviendo al caso —que todavía no sabemos bien cual es— se da una situación simultánea donde las personas que componen la PEA (población económicamente activa) se ven afectados por la macroeconomía cuando esta se haya en la espiral negativa recesiva, y ante la falta de previsión, percepción, información y capacidad de comprensión de la actualidad y todo esto acoplado a una desinformación arreada por el entretenimiento que parece salirse de las pantallas destellantes, confluyen en un desahucie donde el individuo comienza a desesperarse y comenzar a repreguntarse si hay algo malo consigo. En muchos casos sí que hay culpa en los mecanismos de inserción laboral en el individuo, empero cuando este se ve inmerso en la desesperación colectiva, todos bajan su propio precio y la lógica microeconómica estalla en millones de esquirlas que terminan por refugiarse en la precariedad y/o en el dólar blue.

Cuando se alcanza un determinado nivel de conocimiento sobre una base histórica y empírica es cuando las personas deben o bien replegarse, o refugiarse o lanzarse, dependiendo el contexto, la confianza en sí mismo y la proyección sobre el corto plazo en vistas de conseguir éxito. Hay momento para todo, aunque es menester el advertir que cuando uno se embarca en el camino de la profesionalización uno nunca debe considerarse como pasivo, sino considerarse profesional en todo momento, así sea momento de exilio y ostracismo, mas nunca perder noción de las eventualidades que se suceden a todo momento, es decir, jamás desconectarse de las redes de información de la que somos víctimas y marionetas y de la que no podemos escapar porque no hay otra opción. Cuando el alumno de una carrera técnica se encuentra fuera del sistema, debe respirar y buscar opciones de supervivencia hasta tanto la rueda de producción y consumo comience por detenerse y recomenzar hacia el sentido contrario, y del que nos treparemos y le agregaremos peso y masa para que gire con más fuerza. La desesperación es ostensible y absolutamente válida, y el dominio de las emociones es por momento imposible de contener, pero así como los animales, el ser humano emana señales, feromonas, estática y hasta expresiones corporales que son leídas, percibidas e interpretadas por otros que se ubican en una posición de poder el que consciente o inconsciente determinará si incorporarlo a sus planes onerosos.

Cuando yo te diga que es carnaval…fijate porque la espuma está carísima y la fábrica de bombitas “Bombucha” cerró ayer y echaron 70 familias a la calle. No sé, leé los diarios aunque sea.

viernes, 30 de agosto de 2019

Culpa



Frases al pasar, observaciones des-oíbles e intrascendentes y reflexiones flojas de papel empírico musicalizan nuestro andar y desandar, casi como quien no quiere la cosa empujándonos a introvertirnos en los dominios de nuestra cerrazón cuyo límite se recuesta a la vera de los auriculares.

Dicho sea de paso que como todo aquello que se observa con detenimiento y se emplea el mínimo de la metodología científica, encontraremos a la postre que, determinados patrones se repiten y se coinciden casi como en serie, aunque la misma metodología entre en una falta de pertinencia ya que determinadas variables no pueden ser ponderadas en un mismo estudio. De todos modos, aquellos patrones de conducta en sí mismos residen en el comportamiento de las personas que, —mención aparte requiere— dadas las cosas, se forman en la misma maquinaria a fin de cuentas. Y los teóricos del desarrollismo me vienen con tecnocracias cuando todo continúa desde hace cientos de años como sobre la cinta que nos fabrica en serie.

Viejos conceptos que a perpetuidad parecieran parecer inmutables, impolutos e incuestionables sobre las que echamos más y más cemento encima sin considerar que por más abstracto que resulte lo conceptual, tiene más en común con lo tangible y las ciencias duras de lo que somos capaces de imaginar. La arquitectura de una obra gris tiene demasiados parecidos con aquella construcción sobre la que desarrollamos nuestros razonamientos y que como si fueran código fuente de programador, subyace en lo más recóndito de nuestra mente una matriz de razonamiento de la que nuestro desempeño diario depende, y nuestra supervivencia en función también de los recursos que disponemos, que dispondremos, y que creemos que pensamos podremos disponer. —y sobre esto último iré

Escuché del porahí algo sumamente interesante que dice algo como que nuestra forma de vivir cotidianamente está atravesada por el modo de producción sobre el que basamos nuestro sustento microeconómico, es decir, nuestra economía doméstica; como que si fuéramos contadores veríamos y nos relacionaríamos en términos relacionados con ello, y así para cada cosa. Adhiero plenamente en muchos casos particulares donde observo esto, sobre todo cuando hablando de recursos y determinados individuos los consiguen de una forma y otra, donde en casos concretos algunos trabajan por ellos y otros tantos recursos le vienen dado por familiares o porque viven en un pequeño mundillo que les proveen de fácil manera los que cubren sus necesidades básicas y hasta algún que otro gustillo.

En la formación de la niñez y de aquellos que son traídos —deliberadamente como es la vida misma— y sometidos a la formación del sistema del que pertenecerán y bajo las reglas de los que están tras bambalinas y tras el telón de las decisiones, y donde éstas últimas estarán en más o menor pugna social dependiendo los ánimos de la mayoría. Digamos que hasta ahora lo que prima en todo esto es la psiquis individual y colectivo ante todo, de hecho hablando de recursos y comportamiento se cae por peso propio de la rama de cualquier ciencia madre aquella definición de la economía que cita algo así como que la economía es el estudio del comportamiento humano frente a situación de escasez de recursos. Y de hecho si a esta definición le incorporamos la de la relación inmediata con el modo de producción del que vivimos, pues, podremos acotar bastante el campo de la política que estamos estudiando y observando, ya que aquellos seres que no imprimen esfuerzos para conseguir lo que demandan tienden a tomarse la vida misma con la misma liviandad y carecen de la capacidad de empatizar con otros tantos que viven una realidad tan cruda como real. —y valga la redundancia.

El cinismo muchas veces, y la hipocresía también —aunque sean similares—  juegan un rol social con un sesgo parental con la culpa que muchos de ellos experimentan en algún sótano de sus frágiles consciencias, que como tal deben resguardarse en los confines de una sociedad que los contenga y los anexe por extensión de paralelismo porque como mencioné párrafos atrás, echan cemento sobre conceptos que no han reflexionado y que los pondría en contradicciones tan virulentas que no alcanzarían píxeles para censurar lo grotesco que es.

Otro es el rol que desempeña la sociedad como tal donde los usos y costumbres tienen por prisionero al “sentido común” casi como inalterable e incuestionable que pareciera desprender per se etimológicamente una obviedad y que por tal no merece la pena reflexión nueva alguna. A todo esto, bien podría inferir que individualmente las eventualidades experimentadas sientan un precedente en nuestra conducta para preservarnos a futuro de potencial situación similar, por lo que hasta se puede considerar como un mecanismo de defensa. A su vez, el cordón umbilical que nos ata a nuestras relaciones intra-familiares, mientras no sea cortado, repetiremos el mismo hacia las nuevas relaciones que se nos presenten enmarañando todo un círculo que llegado el momento, y como en la pesca, se termina por cortar el tramo arrojando todo el enredo llevándose consigo las emociones afectadas por un vínculo que no fue cortado a tiempo. El miedo a la soledad, a ser juzgado y puesto en valor por lo que realmente valen para la sociedad los lleva a danzar con los instructores de la psicopatía, dando a luz relaciones parasitarias, y generando una simbiosis para con su descendencia, obligando a repetir la historia una y otra vez.

El comportamiento humano es más parecido al de ciertos animales que al de otros humanos mismos, ya que la situación de escasez de recursos lleva a algunos a simplemente intentar adaptarse para sobrevivir, y aquellos otros que sin esforzarse obtienen lo que necesitan y anhelan, al mismo tiempo carecen hasta de remordimiento por tal, porque ante una eventualidad experimentada como un divorcio mal resuelto en una etapa crucial de la madurez, le signifique vivir de prestado para con padres que son incapaces de tomar una decisión que los obligue a salir al mundo a valerse por sí mismos, es decir, ejercer el rol de padres, porque por sentir culpa por aquello que provocaron y porque son lo suficientemente cobardes como para aceptar las consecuencias y esperar la sentencia de soledad, terminan por alimentar aquel círculo vicioso que mantiene retenido a la persona en un pasado que les sintió confortable, y no poder así abandonar jamás el barrio donde se los vio juntos y felices.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Charlas ted, la nueva cara de la meritocracia



El futuro, la vanguardia, el atraso, los desafíos, e infinidades de expresiones que bajan de una tarima, casi perpetrados como una prédica con un decorado stand-up irrumpe en determinados espacios “abiertos” a la comunidad, o quizá con más precisión, a una comunidad que se autoproclaman pensante, o también les llaman “charlas ted”.

No podría determinar con exactitud el inicio de esta modalidad, empero sí puedo asociarlo a un modismo adoptado por los CEO’s del universo informático como lo fue en su momento “Esteban Trabajos”, o en inglés, Steve Jobs, desaparecido y finado ex ceo de Apple, quien utilizaba esta modalidad para presentar sus innovaciones y en esta línea podría incluir también a quien estuvo al mando de la firma Tesla, Elon Musk hasta el año 2018, quien además fue y es asociado al concepto —si se me permite— de la innovación. Hasta aquí no hay ninguna contradicción ni nada que sugiera algo llamativo ni dudable, siempre y cuando esto nos posicione y siente nuestra visión desde los albores donde discuten y presencian estos actos, en aquellas latitudes. Sin embargo, cuando este mismo párrafo lo pensamos desde la periferia y sucintamos algún dejo de envidia o admiración como pasos a seguir y que también den explicación a nuestro diferente desarrollo, es donde aparece un quid a replantearnos.

Con frecuencia se olvida el espíritu de cada cosa y se construye sobre algo poco debatido, una idea de direccionamiento hacia dónde se quiere ir, y es donde se constituye el pecado original: dar por obvio las bases de nuestra concepción, ya sea como una comunidad, como una nación, como una colonia o como quien sabe qué. Si pensara la modalidad ted mencionada podría identificar algo similar en lo que denominan “coloquio de IDEA”, aquella ponencia realizada por empresarios muchos de ellos del orden especulativo/financiero que mal-entreverados con los empresarios de la producción suelen coincidir en diagnósticos errados si fuéramos ingenuos, o cínicos, si fuera más preciso, porque quien a sabiendas de un resultado determinado se embarca hacia ello no es alguien quien deseara ir a pérdidas, sino que claramente tendrá un plan de contención y que aquella pérdida la cargue otro/s.

La modalidad ted no es diferente del formato stand up, lo que este último persigue, a fin de cuentas, es justamente la de entretener, y paradójicamente algo que viene a imponer una impronta dinámica, innovadora, con información “de afuera” que nos viene a mostrar “por donde va la cosa”; en definitiva lo que genera es la contraria, distraen con sus chascarrillos de modernidad nos enceguecen con las luces neón que traen y todo para que obnubilados perdamos la concentración del foco del quid de la problemática estructural que nos condiciona ex ante, en este juego estanco de la producción/consumo que no cambió y no cambiará ni en un largo plazo, porque ¿saben una cosa? Por más tecnología que le quieran poner a las cosas, el ser humano no dejará de necesitar calorías, proteínas, carbohidratos y en todo caso, si los países del centro llegaron a una saturación de recursos naturales en relación con su población envejecida, pues, problema de ellos. A nosotros nos quedan dos tercios de país todavía por poblar, y si algo nos sobra es la producción de alimentos. Pero claro, producimos para 400 millones de personas, pero no podemos dejar abastecimiento para 40 millones —los nuestros— porque los dueños de las tierras y de los puertos son los mismos que nos venden estas charlas ted.

El concepto que los animadores que se pasean delante y encima de nosotros, por caso sobre una tarima, portan un micrófono de oreja, cosa de dejar libradas las manos y que estas puedan interpretar cual actuación de teatro y dibujar en el aire aquello que pretende exagerar, y recurrir como siempre sucede en algún punto, el de lanzar preguntas al aire casi como una prédica sobre qué haremos en el futuro, en misma sintonía casi como aquellas revistas de “ciencias —y lo pongo entre comillas porque el término es en sí mismo abstracto y no especifica cual rama— que nos atemorizan con la posible extinción de nuestro planeta en…¿500 millones de años? Pero claro, mejor manijearnos ahora, total, el sistema no nos produce ansiedad.

Con sentarnos y lograr concentrarnos entre un puñado de libros viejos con olor que nos exhortan a estornudar, de antaño ajados y amarillentos es más que suficiente para posicionarnos sobre la senda del conocimiento que necesitamos limpiar, ya que es en la génesis de nuestra constitución y sobre las premisas y empirismo del mundo de siempre y el que será donde tendremos que limar asperezas, bajar al muchacho de la charla ted y que se siente en otra silla cualquiera a escuchar cómo el sistema y la estructura productiva de nuestro país se halla en la actualidad privatizada y extranjerizada sumiéndonos a la dependencia cual colonia, porque ¿saben una cosa? En el mundo de siempre el ser humano tiende a la conquista, y es algo que no cambiará, así que de movida deberemos comenzar por la psiquis de un sociópata que juega al dominio y adelantarnos a las herramientas e instrumentos que éste pueda —y utiliza— emplear contra nosotros y distraernos del saqueo que con mucho carisma, sobre una tarima y con un micrófono de oreja nos realiza, mientras nosotros agachamos la cabeza para mirar nuestro teléfono y sentir vergüenza de que no sea el que esté de moda “afuera”.

lunes, 27 de mayo de 2019

La guerra conceptual: la Guerra fría no cayó con el muro



Si algo nos deja bien en claro como mensaje liminal y subliminal que nos imparten los contenidos audiovisuales, es que nuestra mente asociará a consciencia o no, que todo lo que implique organización se emparentará con una connotación negativa, para lo que siempre contaremos con un antagonista que no es otro que un ser individual, o un puñado de éstos que se unen circunstancialmente a combatir-la (la organización).

Grandes producciones cinematográficas nos han dejado enseñanzas que persisten ad finitum en nuestra matriz de razonamiento para sobrevivir las peripecias diarias, basta tan sólo con citar la trilogía de “El Padrino” (The Godfather) donde podemos observar que el doblaje español-latino menciona el término “mafia” acuñado para referirse al crimen organizado de génesis italiana. Culturalmente Estados Unidos de América (al que me referiré como EUA, ya que no tiene nombre de fantasía propio) según el Poder de turno elije su enemigo a combatir culturalmente, étnicamente, y en cada una de esas variables posibles, manifestándolo a través de su cine, series, comics, y demás. Por ejemplo a lo reciente podemos tomar a la inmigración italiana de principio de siglo XX, la que maduró como “mafia” en los años 40 muy bien ilustrado tanto en El Padrino, como en Cara Cortada (Scarface).

Para el caso puntual de Scarface, es preciso señalar que la película de 1932 retrata la vida de Al Capone (gánster de los años 20/30) en su actividad como líder de banda de crimen organizado. Sin embargo, la mayoría de la sociedad recuerda con mayor nitidez la película Scarface de 1983 protagonizada por Al Pacino (Alfredo James Pacino, hijo de padres italianos) que en esta ocasión no interpreta al crimen organizado de procedencia italiana, sino procedente de Cuba…algo curioso como mínimo.

En una de las películas de la trilogía El Padrino, se puede ver claramente a uno de los Corleone leyendo el diario donde en una nota se menciona al crimen organizado como “syndicate”, que en español significa sindicato,  algo que la Real Academia Española  define como:
M. Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros”, que dicho sea de paso se ampara con claridad en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional Argentina, en referencia a la organización de los trabajadores (asalariados) y la protección de sus derechos constitucionales.

En efecto, el sindicato es en sí mismo una institución compuesta por personas humanas, sin embargo desde siempre y hasta nuestros días nunca es bien tomado por la presunción de corrupción que sobrevuela en derredor a la actividad que le dan las personas humanas, al menos desde el tercer mundo latinoamericano. Mientras la propaganda norteamericana (al que sólo me referiré como propaganda) se esfuerza en que nuestra consciencia y subconsciencia asocie el término sindicato a algo negativo, a la mafia, al crimen organizado, y para lo que el ciudadano en situación de vulnerabilidad ante ella sólo pueda recurrir a un emergente individual (mesiánico, como en el judaísmo) que con sus dotes extra-terrestre o sobre-humano pueda vencerlos para traer paz, ya sea aquí mismo en este sitio y en presente, o cruzando el atlántico a decenas de miles de kilómetros para prevenirnos de que la amenaza propague hasta aquí.

Otro hecho que podemos afirmar como tal es que el género “bélico” o “épico” que se relacione con la primera y segunda guerra mundial, EUA parece una víctima tanto como Inglaterra o Francia, siendo que en su territorio no pasó absolutamente nada más que un auto-ataque (permítanme la teoría conspirativa) en Pearl Harbor en 1941 por lo que dos años más tarde decide participar directamente, ya que indirectamente siempre participa y hasta genera los conflictos bélicos porque…su mayor industria pesada es justamente la armamentística y para consumir sus productos…pues…hay que utilizarlos y fabricar más. Simple.

Retomando el caso de la Segunda Guerra Mundial, las películas afines nos muestran el sufrimiento que atravesaron los soldados norteamericanos equiparando en nuestras mentes la misma empatía para con ellos que para con los europeos quienes vivieron el verdadero calvario de la guerra y sus consecuencias, como si las contaminadas napas de agua y las esterilizadas tierras europeas fueran de igual a igual con el “pueblo estadounidense”, todo a causa del mal y el terror que impartió el fascismo y el comunismo y donde volvió triunfante “la libertad”. Así las cosas, la historieta (cómic) “El Capitán América”, surge en 1940 como respuesta al nazismo, presentado como un patriota representando una “América libre” como antagonista de la tiranía en cuyo caso particular contra la Alemania nazi. Vale aclarar que concluida la Segunda Guerra Mundial, las ventas de las historias del capitán américa combatiendo al comunismo y al nazismo ya no encajaban y por consiguiente sus ventas cayeron en picada. Tal como si en 1983 reeditaran Scarface teniendo al estereotipo italoamericano como cabeza de crimen organizado, por lo que claramente decidieron reemplazarlo por la avanzada centroamericana/caribeña.

A los laberintos que se le presenta a la propaganda a causa de la anacronía, supieron sortearla por arriba esgrimiendo hábilmente con el simbolismo en vaina como maestros de la semiótica evocando al enemigo a través de la organización, y la déspota ambición de dominar el mundo. Viejo chascarrillo que podríamos tomar para ellos como su “vieja confiable”, para lo que como método de prevención se decide embarcarse hacia el foco de la cuestión (como con la intervención militar para “ayuda humanitaria”) y prevenirse así de la consecuente e indefectible avanzada hacia el mundo libre. Otro ejemplo más contemporáneo a la adaptación del enemigo de turno según el contexto que azore bien podría citar la saga “El señor de los anillos” (2001) y establecer una comparación de la estética del ejército que sigue a su líder (caracterizando al fascismo) como morochos, de ojos rojos/marrones, con rasgos duros, bien contrastantes frente al ario de ojos claros, piel caucásica de los elfos, hobbits, dúnadans (Viggo Mortensen), éstos últimos pertenecientes al bando de los “buenos”, el lado justiciero.

Sin embargo a la estética mencionada del enemigo de turno de “El señor de los anillos”, la última entrega llamada “El hobbit: la batalla de los Cinco Ejércitos” lanzada en el 2014/2015, el enemigo de turno ya no se presenta como oscuro y en un escenario de fuego y llamas (calor) sino más bien justo lo contrario, de piel blanca, ojos claros y en un escenario de hielo y nieve, como si se retornara al enemigo frío de Rusia. Curioso como mínimo.


Para los años 2012/2013 podemos encontrar una infinidad de producciones cinematográficas (películas y series) que evocan los estereotipos que vengo denunciando, como por ejemplo en la película en que veremos una escena relacionada con un muro en “Guerra Mundial Z” protagonizada por Brad Pitt (ario), algo que bien pudiéramos asociar como solución a la que arribó Estados Unidos en la frontera con México, en Guerra Mundial Z podemos observar la avanzada zombie con idéntica estética a los zombies de “The Walking Dead” (los buenos/sanos son arios casi todos) entre 2010/2019, y “Soy Leyenda” (2007) con Will Smith (afroamericano) quizá simpatizando con la comunidad que luego será representada a través de Barack Obama, y un sinfín de series de Fox y TNT entre las cuales hasta lanzaron una serie sobre el MOSSAD, con ese mismo nombre, casi como humanizando la vida íntima del servicio asesino de inteligencia israelí, exactamente lo mismo que hacen las películas estadounidenses cuando sacan a lucir sus ejércitos (como por ejemplo en Transformers, y en Avatar, con un afroamericano al mando y los comandantes/generales, coroneles y soldados arios).



Continuaré este relato en otra oportunidad.