jueves, 25 de abril de 2019

Declaración de Principios


Me recibí de licenciado en comercio internacional con 23 años, y una semana después cumplí los 24 y eso fue sólo anecdótico ya que muy por el contrario a mis expectativas, mi empleador de aquel entonces sólo me dio unas palmadas y me depositó una pila de carpetas para trabajar todavía un poco más por el mismo salario. Amén de este relato, mis convicciones sobre confluir las ciencias con el empirismo sin la construcción de conocimientos queda trunca en alguna instancia.

Toda mi vida laboral/académica/profesional comenzó a los 19 años ya que desde el día uno que empecé a estudiar me tomé muy en serio preciarme de tal, por lo que fui sorteando las tapas impuestas por lógico pre-juicio sobre alguien imberbe –aunque siempre tuve barba- ya sea porque la contraparte tenga más años y/o trayectoria que yo, o simplemente una chicana al alcance del bolsillo de los flojos de CVs…

A todo esto, poco a poco fui adhiriendo a aquella expresión popular de que “los pelotudos están distribuidos estratégicamente para que te encuentres con uno en todo momento” (Violencia Rivas) ya que como en un tablero de ajedrez los primeros en morir siempre son los peones, sólo que en el ajedrez las jerarquías son inmutables y en la vida pues…más o menos igual pero hay algunas herramientas por ahí y algún que otro movimiento socio-político que en algunos países vinieron para apagar la luz y tirar ese tablero a la mierda. –Ustedes mentienden

También fui acogiendo aquello de que todo acto político es también un acto de fe, por lo que como todo ex adolescente fui reconciliándome con ese concepto de la fe como algo inherente a la vida misma, ya que todo lo que espere que ocurra en un tiempo que no sea el presente mismo quedará atado a un sinfín de variables que escapan a mis dominios. Y aquí es donde entra en juego la importancia de la aplicación de las ciencias y el empirismo, ya que sólo aquel que conozca el pasado y su contexto está menos condenado a repetir los errores, es decir, equivocarse menos. Por tanto, de nada vale arrogarse alguna cuota de pertinencia sobre un tema por el sólo hecho de pasar tiempo alrededor de él sin haberse dedicado en ningún momento a contemplarlo bajo procedimiento científico…muy por el contrario es más sabio un incipiente estudiante de la realidad que un longevo peinando canas recostado recitando lo que ha visto.

Muchas veces los temores sociales nos proponen barreras a las que debemos lanzarnos en algún momento si es que queremos trascender-los donde en alguna etapa de nuestras vidas tendremos que sentarnos a reflexionar sobre quiénes elegiremos que graviten a nuestro alrededor como amigos o socios. En otras tantas oportunidades las frases armadas consuetudinariamente nos retienen enlazados a relaciones tóxicas por el mero hecho del arrastre del tiempo y nos impiden intentar relaciones nuevas infinitamente más sanas por el simple temor a aquello con lo que comencé este párrafo, a los temores sociales de ser juzgados por lo establecido. Se dice que los genios antes fueron locos a los que la sociedad los excluyó por sus ideas raras, no convencionales y luego del éxito fueron laureados. Salvando cualquier instancia a esto último, en el sistema financiero ocurre algo similar, el primero en apostar a algo que otros consideran riesgoso, si tiene éxito se queda con la ganancia y luego ingresan otros inversores detrás buscando un retorno de él y mientras más ingresen, menos valor va obteniendo. También esto se emparenta con las amistades que nacen al calor de la fama. ¡Cuánta paradoja!

De un puñado de profesores que quedaron en la banquina de mi trayectoria algunos me impartieron ciertas enseñanzas, como por ejemplo uno de ellos dijo algo así como: “mucha gente tiene grandes ideas, pensamientos, se les ocurren cosas increíbles pero sólo unos pocos se sientan a escribirlas y lo demás queda en la nada”, y seguramente quedó mejor redactado de lo que fue su expresión pero así parece que fue ordenado por mi mente hasta el día de hoy se encuentra allí en alguna repisa al alcance de mis recuerdos. 

Ya cuando comencé la última etapa de mi carrera de licenciado tuve una materia de “metodología de la investigación” que abrió en mí las puertas al inframundo del que no quisiera salir nunca, porque para algunas personas recluirse en la estructuración mental de corte socio-científico les implica verse como estructurados y quedar afuera de un extracto social que parece seguir una tendencia a sus antípodas. A mí me gustó unir esos mundos y adentrar en aquella órbita de mente seductora sin defraudar el estereotipo de los considerados “superficiales”, un poco de libro y un poco de músculo no debería de ser excluyentes entre sí. Es más, hasta me da que pensar que quiénes inviertan marketineramente en dividir la mente del cuerpo lo harían por interés propio, ya que les resultaría una combinación poderosa…y si me apuran un poco puedo argüir que los que tienen mucho poder por lo general son bastante feos. -Quedará a criterio de cada quien

En esta etapa, a mis 32 años aun y con la enorme responsabilidad y colosal privilegio de ejercer la docencia mientras desarrollo mi actividad profesional en otro sector afín a mis intereses y trayectoria me significa recoger el guante e intentar batirme a duelo contra el gigante y poderosa configuración de razonamiento que los pibes traen de sus casas en la mayoría de los casos que se me han presentado hasta hoy, con el simple fin de que sean ellos quienes se pongan en duda a sí mismos sin que esto les detenga y los desanime. Me gusta instarlos y exhortarlos a que intenten y fracasen, aprendan y continúen porque para quienes nos encontramos en ese 90% de primera generación de profesionales debemos ampararnos bajo las reglas de juego para todos aquellos que no poseen su patrimonio heredado y sus ingresos en divisas, los que nos necesitamos entre sí y no por una cuestión de principios éticos/morales de convicción justicialista cristiana y frugal, sino también por una realidad pragmática monetaria cuya fundamento yace sobre los cimientos empíricos de la historia que cuelgan en la pared a mis espaldas que dan crédito irrefutable a premisas que nacieron muertas como las de Smith y Ricardo, y otras que mientras este Orden Mundial persista seguirán condenadas a desenvolverse dentro de los confines de la biblia keynesiana. Averigüen sino, porque si culturalmente la sociedad es influenciada para que desacredite a la economía como una ciencia social, y ciencia primero que nada, será quizá emparentado con aquello de dividir la mente de la estética por eso que mencioné párrafos más arriba…por interés y por miedo a perder esa posición de dominio.

Continuará…