viernes, 12 de abril de 2019

Estabilidad: paradojas de una sociedad voluble




Es frecuente encontrarse ante la apertura de un medio informativo, sea este formato papel o virtual, donde nuestro espectro visual haga contacto con el término “estable” referido en el caso que vengo a significar ahora, a la economía.

Si bien es imposible la construcción de conocimiento sin concordar el alcance que cada acepción emplea, y más importante aún, las premisas que deben entrar en el juego dialectico y epistemológico, es notable cómo se ha detenido el avance en materia de ciencias sociales, no así como ocurre con las exactas, también llamadas duras, como por ejemplo en el campo de la medicina, o de la mecánica. –Intuyo que hay intereses de que esto sea así

Para ejemplificar el perverso juego de dialéctica que viene a difuminar la evolución sobre el campo de las ciencias sociales de corte económico, es habitual que esta disociación de la economía casi como escindida de las demás ciencias, bien podría establecerse un paralelismo con el mamarracho jurídico que es la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires donde ya no existe una ciudad Capital Federal como tal, sino que desde 1994 y bajo un estatuto  (no da para Constitución) se eleva el rango de la ciudad al equivalente a Provincia, donde no tiene una capital propia, y donde la Nación ya no tiene Jurisdicción propia. La Economía ha sido emancipada también de las ciencias sociales en una idea similar, y en términos pragmáticos se relaciona la economía a las finanzas, y nada más.

Cuando uno busca un pasquín, un diario digital, o uno específico de las ciencias económicas, se encuentra con una prevalencia de lo financiero y casi que lo microeconómico productivo queda como un efecto colateral de la resultante del mundillo financiero.

En el caso estricto de la terminología que impera por sobre las realidades inmediatas de la cotidianeidad, la estabilidad que bien refiere como cualidad de estable, aparecen dos referencias donde la primera es de alcance económico; y la segunda una definición emparentada con la física (Propiedad de un cuerpo de mantenerse en equilibrio estable o de volver a dicho estado tras sufrir una perturbación). Así todo, como los hombres primigenios de la civilización adoraban a Dioses donde mantenerlos complacidos les significaba –según su creencia- garantía de estabilidad. Hoy por hoy se da algo similar donde pareciera que todo confluye en no alterar al Dios mercado ya que este se irrita y trae consigo inestabilidad en el todo. -Vaya paradoja

Las economías, o Estados democráticos/capitalistas que conforman el globo se organizan y administran bajo normas similares cuando no equiparables. Sin embargo, los órganos que se arrogan la labor de medir la viabilidad y la salud de cada una, escoge determinados índices a los que atribuye mayor o menor cualidad, en nuestro caso, estabilidad. Por otra parte, desde hace más de 50 años en un puñado de países que experimentan la mejor calidad de vida, según estos organismos, ellos han acordado que el Estado sea un jugador presente en la administración financiera y productiva, siendo que en el mundo del subdesarrollo al que pertenecemos, nuestros pseudo-pensadores del campo de las ciencias económicas, todavía libran acalorados debates de hace más de 200 años donde ponen en duda Estado sí-Estado no, al que una gran parte de la población adhiere aun siendo víctimas a primera sangre de los embates producción/especulación.

Así las cosas, parecieran ignorar que frente a un escenario de volatilidad financiera y desmantelamiento del sector productivo, lo poco que proporciona cierta estabilidad es el empleo en blanco que sólo el Estado garantiza ofreciendo cierta cuota de certeza y fiabilidad. De hecho el artículo 14 bis de la Constitución Nacional Argentina cita: El trabajo en sus diversas formas gozará de protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital y móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; ESTABILIDAD DEL EMPLEADO PÚBLICO; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. […]               .

Si el empleo público genera estabilidad, y esto es un derecho constitucional, entonces ¿cómo es posible que el propio habitante que se encuentra confinado a percibir un salario toda su vida esté en contra del empleo público? Más llamativo será entonces que el mismo ciudadano que reniega de sus raíces y que como clase socio-económica vióse ascenderse  de la desprotección absoluta hacia una protegida y amparada por el derecho soberano, no entienda que lo que el consume le significará venta a otro productor que al mismo tiempo también es consumidor y esto propicia el bien llamado ciclo virtuoso de la economía. –Siempre y cuando el consumo/producción se dé por productos nacionales y no importados.

De cualquier manera, los medios de comunicación que en el caso del presente artículo tratan asuntos de economía/finanzas confunden al ciudadano con un juego de dialéctica donde los sofismas se engalanan como en la entrega de premios óscares, alfombrando el piso cognitivo con suspicacias y entregando premios a la meritocracia de la cual no participa ni el último de los herederos ya que no se considera trabajo el mero hecho de ser hijo/a de alguien, ni nieto/a, por lo tanto no puede quedar sujeto a interpretación de labores que alguien sin trabajar adquiera propiedad mientras acuse al prójimo recibir algún beneficio económico por parte del Estado sin rendir méritos.

Si el empleo público representa entre el 20 y 30 por ciento de toda la plata asalariada, sólo el empleo público es quien propicia aquella certeza y mantiene un nivel mínimo de estabilidad hacia aquellos productos sin alterar la elasticidad del consumo de los mismos. Es menester advertir a la sociedad que reacciona a estímulos neoliberales que no se disparen en un pie, porque quedarán rengos en esta vertiginosa carrera a la que el capitalismo financiero nos empuja en la carrera de embolsados de la vida, donde algunos en la escalera del desarrollo le pisan los dedos al que viene abajo para que no suba mientras le mira el culo al que está un poco más arriba.