Es frecuente encontrarse ante la
apertura de un medio informativo, sea este formato papel o virtual, donde
nuestro espectro visual haga contacto con el término “estable” referido en el
caso que vengo a significar ahora, a la economía.
Si bien es imposible la
construcción de conocimiento sin concordar el alcance que cada acepción emplea,
y más importante aún, las premisas que deben entrar en el juego dialectico y
epistemológico, es notable cómo se ha detenido el avance en materia de ciencias
sociales, no así como ocurre con las exactas, también llamadas duras, como por ejemplo en el campo de
la medicina, o de la mecánica. –Intuyo que hay intereses de que esto sea así
Para ejemplificar el perverso
juego de dialéctica que viene a difuminar la evolución sobre el campo de las
ciencias sociales de corte económico, es habitual que esta disociación de la
economía casi como escindida de las demás ciencias, bien podría establecerse un
paralelismo con el mamarracho jurídico que es la autonomía de la Ciudad de
Buenos Aires donde ya no existe una ciudad Capital Federal como tal, sino que
desde 1994 y bajo un estatuto (no da para Constitución) se eleva el rango
de la ciudad al equivalente a Provincia, donde no tiene una capital propia, y
donde la Nación ya no tiene Jurisdicción propia. La Economía ha sido emancipada
también de las ciencias sociales en una idea similar, y en términos pragmáticos
se relaciona la economía a las finanzas, y nada más.
Cuando uno busca un pasquín, un
diario digital, o uno específico de las ciencias económicas, se encuentra con
una prevalencia de lo financiero y casi que lo microeconómico productivo queda
como un efecto colateral de la resultante del mundillo financiero.
En el caso estricto de la
terminología que impera por sobre las realidades inmediatas de la
cotidianeidad, la estabilidad que
bien refiere como cualidad de estable, aparecen dos referencias donde la
primera es de alcance económico; y la
segunda una definición emparentada con la física (Propiedad de un cuerpo de
mantenerse en equilibrio estable o de volver a dicho estado tras sufrir una
perturbación). Así todo, como los hombres primigenios de la civilización
adoraban a Dioses donde mantenerlos complacidos les significaba –según su
creencia- garantía de estabilidad. Hoy por hoy se da algo similar donde
pareciera que todo confluye en no alterar al Dios mercado ya que este se irrita
y trae consigo inestabilidad en el todo. -Vaya paradoja
Las economías, o Estados
democráticos/capitalistas que conforman el globo se organizan y administran bajo
normas similares cuando no equiparables. Sin embargo, los órganos que se
arrogan la labor de medir la viabilidad y la salud de cada una, escoge
determinados índices a los que atribuye mayor o menor cualidad, en nuestro caso, estabilidad. Por otra parte, desde hace
más de 50 años en un puñado de países que experimentan la mejor calidad de
vida, según estos organismos, ellos han acordado que el Estado sea un jugador
presente en la administración financiera y productiva, siendo que en el mundo
del subdesarrollo al que pertenecemos, nuestros pseudo-pensadores del campo de
las ciencias económicas, todavía libran acalorados debates de hace más de 200
años donde ponen en duda Estado sí-Estado no, al que una gran parte de la
población adhiere aun siendo víctimas a primera
sangre de los embates producción/especulación.
Así las cosas, parecieran ignorar
que frente a un escenario de volatilidad financiera y desmantelamiento del
sector productivo, lo poco que proporciona cierta estabilidad es el empleo en
blanco que sólo el Estado garantiza ofreciendo cierta cuota de certeza y
fiabilidad. De hecho el artículo 14 bis de la Constitución Nacional Argentina
cita: El trabajo en sus diversas formas
gozará de protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones
dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados;
retribución justa; salario mínimo vital y móvil; igual remuneración por igual
tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la
producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido
arbitrario; ESTABILIDAD DEL EMPLEADO PÚBLICO; organización sindical libre y
democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. […] .
Si el empleo público genera
estabilidad, y esto es un derecho constitucional, entonces ¿cómo es posible que
el propio habitante que se encuentra confinado a percibir un salario toda su
vida esté en contra del empleo público? Más llamativo será entonces que el
mismo ciudadano que reniega de sus raíces y que como clase socio-económica
vióse ascenderse de la desprotección
absoluta hacia una protegida y amparada por el derecho soberano, no entienda
que lo que el consume le significará venta a otro productor que al mismo tiempo
también es consumidor y esto propicia el bien llamado ciclo virtuoso de la
economía. –Siempre y cuando el consumo/producción se dé por productos
nacionales y no importados.
De cualquier manera, los medios
de comunicación que en el caso del presente artículo tratan asuntos de
economía/finanzas confunden al ciudadano con un juego de dialéctica donde los
sofismas se engalanan como en la entrega de premios óscares, alfombrando el
piso cognitivo con suspicacias y entregando premios a la meritocracia de la
cual no participa ni el último de los herederos ya que no se considera trabajo
el mero hecho de ser hijo/a de alguien, ni nieto/a, por lo tanto no puede
quedar sujeto a interpretación de labores que alguien sin trabajar adquiera
propiedad mientras acuse al prójimo recibir algún beneficio económico por parte
del Estado sin rendir méritos.
Si el empleo público representa
entre el 20 y 30 por ciento de toda la plata asalariada, sólo el empleo público
es quien propicia aquella certeza y mantiene un nivel mínimo de estabilidad
hacia aquellos productos sin alterar la elasticidad del consumo de los mismos. Es
menester advertir a la sociedad que reacciona a estímulos neoliberales que no
se disparen en un pie, porque quedarán rengos en esta vertiginosa carrera a la
que el capitalismo financiero nos empuja en la carrera de embolsados de la
vida, donde algunos en la escalera del desarrollo le pisan los dedos al que
viene abajo para que no suba mientras le mira el culo al que está un poco más
arriba.
