viernes, 5 de abril de 2019

Seguridad Jurídica


Prima como máxima del mundillo de las finanzas que “a mayor riesgo, mayor tasa de interés”.

Como ejercicio didáctico en reiteradas ocasiones he comenzado una clase por analizar enunciados que en las ciencias sociales de corte económicas albergan más de un simbolismo a considerar. Siguiendo esta línea continúo por observar cómo reaccionan ante lo que a prima facie pareciera resultarles, como mínimo, singular. Algunos de ellos experimentan sensaciones de encuentro cuando en el vaivén de sus mentones los veo asentir lentamente como quien experimenta la sinapsis, trazando lunares y encontrando formas en un juego mental quizá novedoso.

El lenguaje tal como lo conocemos y utilizamos habitualmente se encuentra cuando menos atiborrado de falacias que son replicadas como retuits’ a inconsciencia cuando el propósito originario del emisor primario fue justamente ese, que ante una reacción –no importa cual emoción despierte- no haga otra cosa que difundir el mensaje, cuando el mensaje se encuentra compuesto por una imagen y determinadas expresiones que encienden las alarmas del cerebro.

En definitiva, la mecánica de lograr que los individuos pregonen un mensaje como consecuencia de una reacción ya es habitual, con la novedad de incorporar una imagen de una persona con determinada expresión facial y una frase que sumado a ese coquetear con la gesticulación –hoy devenido a “meme”- termina por generar un impulso en el espectador. ¿Qué tendrá que ver todo esto con la seguridad jurídica? Ahora iremos hacia allí.

Durante años, los medios de comunicación argentinos alineados a intereses corporativos que pertenecen a un entramado piramidal apátrida –ya que el capital no tiene nacionalidad- bajan líneas como en formación 4-4-2 donde dependiendo de la audiencia en determinada franja horaria, los locutores de radio y/o televisión modulan su lenguaje según al público que se dirijan, exactamente como una estrategia de colocación de productos bajo clásicos lineamientos de estudio de mercado. Ahora bien, cada día los operadores de medios de comunicación determinan a lo largo del día instalar uno o dos conceptos con acepciones definidas y específicas con ánimos de que perdure en un futuro medio reverberando en los pasillos de nuestra mente.

La “seguridad jurídica” se define como un principio de derecho basado en la certeza del derecho previsto como prohibido, ordenado o permitido por el orden público. En un sentido práctico a lo que vengo a significar con esta metódica de la instalación del concepto de seguridad jurídica instalada por los medios, conllevó y conlleva un trasfondo de sesgo oneroso que a calzón quitado viene a entenderse como las ganancias empresariales garantizadas por el Estado Nacional sin miras de un posible cambio futuro lo que asegure lo que se entiende también como statu quo.

En uno de los tantos encuentros con diplomáticos que en la función de quien les habla resulta frecuente, el Consejero Económico en representación de su país, por caso, uno de los países de mayor calidad de vida del mundo, nos aseveró que su empresariado promedio –servicios y/o producción- suele esperar 4 o 5 años para comenzar a beneficiarse de mayores rentabilidades. Lo curioso del relato no es lo que a reacción de un ciudadano del subdesarrollo signifique esperar 4 años para experimentar altos beneficios, sino la naturaleza de aceptar eso como válido o normal.  Lamentablemente para mí, muchos de los que pululan en derredor no comprenden el alcance del contenido del mensaje al que me refiero, ante lo que reaccionan con una sonrisa socarrona buscando complicidad con sus pares, como algo como mínimo, irónico.

En la cultura popular argentina se recurre a determinadas expresiones que evocan una situación histórica y que tiende a repetirse una y otra vez, pensemos por un momento en dichos populares, proverbios, refranes y etcétera, donde por ejemplo utilizamos el concepto de “fantasma” como algo trágico ocurrido y que se encuentra latente a punto de repetirse en un futuro no muy lejano. Por ejemplo en épocas de crisis económicas la Argentina ha experimentado hiperinflación (1989), estanflación, corralito, saqueos (2001), devaluaciones (1958-1962-1975-1981-1989-2002) que cuando la opinión publicada por medios hegemónicos busca instalar una situación negativa apela sistemáticamente a preludiar con su tinta de sangre “el fantasma de…”.

En una época reciente, bajo la premisa enunciada en el párrafo precedente, se utilizó con frecuencia apelar al fantasma del riesgo país que azoró en épocas de flaquezas y debilidad estructural financiera, de liquidez y de solvencia en simultáneo, como por ejemplo en la crisis del año 2001, donde en una economía enferma la estructura financiera argentina pendía de un hilo sostenido por el delgado nivel del riesgo país que determinaba un sistema de puntuación de credibilidad y certeza de pagos de obligaciones contraídas. Es decir, que no es lo mismo tener 800 puntos de riesgo país en el 2001 que en el 2014 donde la argentina experimentaba aún un superávit comercial de años, y reservas internacionales netas provenidas de esa acumulación de divisas generadas por las exportaciones que superaron las importaciones a lo largo de una década.

Sin embargo a lo recién expuesto, el fantasma del riesgo país patea los neumáticos del camión productivo que traslada la confianza del consumidor argentino y hace sonar la alarma cognitiva cuando escucha esos conceptos que yacen cargados y anclados a un pasado reciente que aún se palpa lozanamente. Lo curioso quizá sea que durante la economía de expansión de la década 2004-2014 fue embestida sistemáticamente con el agite de estos fantasmas en aras de propiciar una inestabilidad y así ofrecer reaseguros lógicamente quedándose con las primas de riesgo por parte de los interesados locales y extranjeros, cuando estos en la mayor parte de los casos pertenecen a la misma empresa, con sus filiales desparramadas estratégicamente a lo largo y ancho del mundo del subdesarrollo.

Hoy, frente a un escenario de default técnico, con apenas 8 mil millones de dólares de reservas netas, con un déficit comercial estructurado de 3 años consecutivos, con una estanflación y desmantelamiento del sistema productivo y extractivo del que ya no se recauda divisa por quita de retenciones, los medios de comunicación ya parecen no apelar con mismo ímpetu al concepto de “seguridad jurídica” cuando quiebran empresas legendarias, y multinacionales experimentan bajas de antología que debieran de quedar almacenadas en alguna retina de cara a futuras décadas. Habrá que esperar entonces a que estas cuestiones caigan sorteadas en el juzgado del Bonadío de los intereses de crecimiento argentino para que se instale debidamente.

Está claro que el argentino promedio carece de libre albedrío en medio de una vorágine de confusiones donde se ha vuelto tan pajero que ya ni sabe cuando acaba.