martes, 31 de marzo de 2020

Obsecuentia, el arte de traicionar


La etimología establece a la obsecuencia como originario del término latino obsequens, que para tiempos modernos y actuales bien pueden diferenciarse como atributos de determinadas personalidades, a menudo identificados con los comportamientos sociales tóxicos de personalidades tóxicas. Así las cosas, mi código fuente de razonamiento en base a mi experiencia desenvolviéndome en diversos grupos sociales y bajo determinadas estructuras jerárquicas me lleva a detectar que la obsecuencia orbita en derredor a la traición como satélite, entendiendo las señales de lenguaje corporal —y no tanto— obsecuentes que se ubican en el camino trazado por la traición. Digamos que la obsecuencia es indispensable para el interés tácito del traidor.

Como mencioné en mi artículo “La traición” (https://estertormental.blogspot.com/2016/05/la-traicion.html) “[…] Después de todo, la moral y la ética son inventos del ser humano para convivir y sobrevivir entre los demás frente a recursos escasos…las opciones de fingir una sonrisa adosada a un halago revisten del terciopelo de la funda de un puñal […]”. Es imprescindible no encerrarnos en dilemas que oscilan entre los límites de la legalidad de los códigos de conducta acordados por las distintas sociedades que dan entidad —cuando pueden— a un compendio de cláusulas identitarias. Veamos.

En lo que respecta a la etimología, "identidad" proviene del latín "identitas", y este de "idem", que dio lugar a "ídem" y significa "lo mismo". Desde un punto de vista morfológico no implica anomalías, ya que está claramente formado a partir del morfema "ident", fácilmente reconocible en el sustantivo "identidad". Si bien la R.A.E. no oficializa aun su adopción, la raíz de la expresión no presenta conflicto conceptual por lo que no es rechazado de plano en su utilización frecuente en las ciencias sociales.

Las leyes se sancionan en el Congreso, el que se compone por los soberanos a quienes el pueblo empodera y en quienes depositan el velar por sus intereses, y que, tomando como referencia a Hobbes: “…una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto de que pueda utilizar la fortaleza y medios de todos, como lo juzgue oportuno, para asegurar la paz y defensa común. El titular de esta persona se denomina SOBERANO, y se dice que tiene poder soberano; cada uno de los que le rodean es SÚBDITO suyo…

Sócrates, en su diálogo con Polo, correspondiente a uno de los diálogos de Platón (entre 388 a. C. y 385 a. C.) tratando sobre la retórica, Sócrates le concede al joven discípulo de Gorgias una definición acerca de la retórica haciéndole ver que el mismo no es en sí un arte, sino una capacidad basada en la experiencia cuyo fin es el de producir agrado y placer, lo que esto último confunde al joven ya que lo asocia a lo positivo, mientras el sabio Sócrates le señala que la retórica se asemeja al arte culinario, al menos en que no son más que formas de la adulación.

Digamos que en la carrera de construcción de Poder el pueblo legitima explícita e implícitamente las acciones de su soberano, o bien lo realiza al momento de erigirlo mediante su voto o también mediante su silencio e inacción cuando aquél toma decisiones en detrimento de las mayorías. En efecto, los mecanismos de convencimiento de las masas cuando estos no violaran la legalidad, se constituirán como legítimos a menos que la comunidad organizada se pronunciara y exhortara al soberano a tomar medida contra ello. En esta última oración reside la incógnita a despejar en la ecuación que define el pasado, presente y futuro de las sociedades. La adulación como instrumento de convencimiento fue advertido por Sócrates como perjudicial para la construcción sana de la sociedad, y como elemento anómalo para la generación de las buenas leyes que indicaba Hobbes.

La condescendencia entendida como una conducta de adaptación al gusto de sometimiento a la voluntad de un tercero parece quedar a mitad del lago de fuego donde las medias tintes que, como patrón hartamente repetido en vidas repetidas, se manifiesta abiertamente en los lazos de amistad que el ser humano tiende para su propia supervivencia física como metafísica. En esta dirección bien podemos diferenciar pasos erráticos que sólo redundan sobre sí, de aquellos dados en la obsecuencia que se ubican, como mencioné antes, sobre la senda delineada de un destino de interés planificado por la traición. Si bien la inocencia de la condescendencia observada en los círculos de amistad difiere del pragmatismo que denota la obsecuencia, se funden en una danza nebulosa plausible de ser socializado vía Instagram.

Por consiguiente el interés por conservar y preservar una amistad muchas veces entra en conflicto por aquél desinterés propio de arriesgar una amistad con la ejecución de acciones que un ser considera su par debe atender, cuando éste último pudiera reaccionar negativamente ante su negación, rechazo o simplemente la ofensa. Aquí entra en juego la entereza, la autoestima y la determinación de uno y otro por quebrantar la ruidosa melodía de la paz que muchas veces sólo reverbera para tapar la incomodidad de un silencio que sólo puede echar luz sobre el andrajoso camino de la depuración emocional de un individuo. El manipulador conoce bien los naipes, e incluso los marca en su dorso casi imperceptiblemente para llevar siempre un paso adelante y llevar así adelante su plan de acción.

Por cuestionada, polémica, discutible y endeble que pueda resultar, el psicoanálisis como cualquier ejercicio científico debiera y debe de considerarse y apreciarse por sobre los consejos que el “sentido común” susurra desde usinas transportadoras de mensajes que por momentos parecieran representar lo que entiendo como “el efecto cucaracha” (https://estertormental.blogspot.com/2018/11/el-efecto-cucaracha.html), y pecar de verdugo por omisión a cambio de 33 monedas de amistad que utilizará a futuro para su beneficio propio. Cualquiera que ejerza la metodología científica estará más cerca de la verdad que aquél que no lo hace, y punto.

Así las cosas, la realidad se torna al calor del entorno que establece una simultánea de eventualidades y bajo patrones que definen como “normales” y bajo ese domo coexisten y hasta se multiplican como cualquiera logia de la que se tenga noción, el juicio de valor emitido sobre tal quedará sujeta a subjetividades y objetividades cuando exista un plexo normativo acordado por la comunidad.

En la amistad se incuban falsas verdades bajo caracteres embanderados de amor, en tanto que las patologías crecen conforme la distracción del auto-juicio al que nuestra consciencia nos somete de tanto en cuanto como válvula de alivio y evitar así las implosiones emocionales cuando el verdadero amor incurriría en el riesgo de resultar expulsado por introducir un reflejo que vendría a alterar el orden establecido, amén del interés genuino de provocar un bien en su prójimo. Aquí entra la dicotomía de guarecerse en la mentira confortable y la disuasión amena de las vanidades, o el tedio del silencio fúnebre de la indagación ante el lóbrego estrado que nos mira con desdén. En mi experiencia personal, muchos han vuelto a mí al cabo de tiempos de diversos plazos, quizá luego de desandar caminos equívocos y andrajosos a oscuras y enceguecidos por falaces consejos tibios y carentes de carácter lo suficientemente crudos para cortar el cordón umbilical que los estrangula y no les permite desarrollarse. Sean bienvenidos, sin rencores.

Y re-citando a Arthur Schopenhauer: "de algunas personas vale más ser traicionados que desconfiar"

Continuará...

jueves, 26 de marzo de 2020

El comercio internacional y las teorías importadas


“La experiencia ha demostrado que la inseguridad real o imaginaria del capital, cuando éste no está bajo control inmediato de su dueño, aunada a la natural renuencia que siente cada persona a abandonar su país de origen y sus relaciones, confiándose a un gobierno extraño, con nuevas leyes, detienen la emigración del capital. Estos sentimientos, que lamentaría ver debilitados, son los de que muchos capitalistas se den por satisfechos con una tasa de utilidades baja en su propio país, en vez de buscar un empleo más ventajoso de su riqueza en países extraños” (Ricardo, Principios, Cap. VII. 1817)

La ciencia es objeto de vejación conceptual con frecuencia puesto que la semiótica al servicio del poder corporativo enquistado en las modernas formas de Estado-Nación —esto último podrá discutirse— se constituye como el Sable de Londres de las cruzadas de un sector de la élite que ha alcanzado un grado de concentración de riquezas que incluso demanda ser gravado para preservar su statu-quo —esto quedará como misterio tabú para los libertarios hasta el fin de sus días.

He de advertir al lector que se esmere en preservar lo menester de sostener a las ciencias económicas como gajo de las ciencias sociales y no una autónoma, muy a pesar de la corriente marina que propulsa los reactores que suministran la energía de nuestro día a día, ya que como consecuencia de la no-comprensión y el infradimensionamiento de sus alcances debemos debatirnos a vanos duelos contra una progresía que reniega de la economía y se resguarda en los confortables brazos culposos de padres separados que retienen a sus vástagos con la sociología como convitio que decanta en pubertario o progres como consecuencia de una falta de autoridad paternal.

Lo curioso de desempolvar viejos manuales de economía es que exaspera al millennial por acuciar una atemporalidad en función de su subdesarrollada personalidad, la que es atañida por la estampida audiovisual de la Guerra fría cuyo individuo es sumido por el miedo a la soledad como producto de una desestructurada crianza producto de la concentración de riquezas acelerada desde el abandono del patrón oro, allá por el 15 de agosto de 1971, obligando a los padres a salir del hogar y ceder la silla de la cabecera familiar a un Estado-Nación en el que aquel mencionado plutócrata es accionista mayoritario también.

Dadas las circunstancias descritas la sociología pareciera emerger casi como por artilugio de la prestidigitación cuya ejecución aparentara haber tomado lecciones de algún instituto de prestigio internacional, aquellos donde suelen figurar los patrocinadores que, mención merece, suelen ser las multinacionales que ramifican sus acciones capilarmente en un entramado accionario que más bien se parece a una metástasis social donde toma decisiones el que pone más plata. Así de simple.

El comercio exterior pareciera inmiscuirse entre las ciencias como una sietemesina que fue dada a luz con problemas cognitivos de donde sus intérpretes razonaran a medias, tal como describió Erich Fromm con su “racionalización del pensamiento” en el que la lógica sólo se presentara para dar explicación y justificación sólo cuando las variables y estadísticas pueden probar pequeños teoremas que no calificarían para ningún ensayo científico serio dada la insuficiencia de representatividad como muestra, y que, muy por el contrario aquel razonamiento se disocia en el mismo individuo cuando se le presenta en su contra, y aquí la observación de Fromm realizada con militantes intestinos de distintas causas allí por el interludio de la Segunda Guerra Mundial y posguerra.

Desde la reorganización global y su pertinente Nuevo Orden Mundial —el de 1945— la Sociedad de las Naciones, o mejor dicho las Naciones Unidas fueron reorientando el Derecho Internacional hacia un enfoque en el cual los Estados se reconocen desde sus individuos y no sobre una concepción rígida en el que el Republicanismo deje afuera la demanda de sus grandes y no tan grandes minorías, casi como aseverando que los Estados son de sus pueblos, y no cautivos de su propio reglamento. Así las cosas resultaron muy mal para Palestina y para la Argentina con el caso Malvinas y la “autodeterminación” que pareciera no aplicar en determinados casos.

El comercio queda allí como ariete de las políticas de dominio que, invocando a Carl Von Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política mediante la fuerza...” puedo y me atrevo a inferir que es más costoso iniciar una campaña expansiva y de ocupación para extraer sus recursos que simplemente dominarlos, hacerles venderlos a precios irrisorios a cambio de productos sobrevalorados a penas con una inversión mínima en cada silla de directorio empresarial, o de concejo deliberante, de consejo superior, de algún congreso provincial o nacional, y así en cada organización cuya estructura organizacional implique un sistema tal como ¿el de la democracia? pues claro, eso mismo. Se dice en la historia oficial y no tanto que el acuerdo para extender el Plan Marshall a Japón luego de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki para su recuperación económica fue la de modificar su sistema monárquico, eliminar la figura del Emperador y sustituir éste por el de un sistema democrático. Un lindo gesto ante los ojos de la progresía que no nota cuando le roban el volante mientras va manejando.

Un sinfín de teoremas de bella poética dialéctica se presentan como modernas, incluso los viejos teoremas de Linder, el de Marshall, y toda la música ejecutada por la tecnocracia así como las “nuevas geografías económicas” que no hacen más que explicar lo que están viendo y sin saber incluso que están citando viejas melodías del trío Oli Heckscher, Bertil Ohlin y Paul Samuelson apelando al vetusto e impertinente teorema de la dotación de factores haciéndonos creer que Australia es desarrollado por su dotación de factores y la relación habitantes/tierra/capital cuando la Argentina ha transitado una distribución similar siendo que para 1870/1890 tanto Australia como Gran Bretaña, Alemania y otros tantos comenzaron a encarecer la tierra ociosa mediante el aumento de impuestos redirigiendo los capitales hacia la inversión productiva impulsado por el desarrollo industrial pesado y aquí por estos lares todavía se sigue enredando en estériles discusiones sobre las libertades individuales y que el Estado confisca las ganancias y todo aquello. Pura progresía. En fin, si debiéramos de validar la teoría de la dotación de factores para explicar el desarrollo Australiano dejando las ciencias políticas de lado mediante el esquema de Heckscher-Ohlin-Samuelson, el planteo quedaría trunco al introducir la Argentina como parte de la ecuación. Y aquí está el quid de la cuestión.

Continuará.

domingo, 1 de marzo de 2020

Estructuras (parte 1)



Han pasado poco más de seis mil años desde el descubrimiento de la estructura de sustento mediante arcos en el que durante su construcción se utiliza una estructura auxiliar que lo sostiene provisionalmente, conocido esto como “cimbra”.

Las sociedades basan su sostenibilidad y proliferación en base a determinadas estructuras organizacionales que por lógica bien podríamos desglosar en conjuntos y ordenarlos por relevancia e imprescindibilidad. Va de suyo que este último concepto el mismo que ha de ser considerarse para sí, como el de ser cuidado en el mismo orden de relevancia, puesto que hablando de sociedades, la conquista y el sometimiento del prójimo es condición intrínseca del ser humano y por ende, la conducta referida a ello implica un flanco el que atacar y proteger.

Sencillo es imaginar siguiendo la línea de razonamiento propuesta en el párrafo precedente, que los suministros vitales son ordenadores y pilares de la estructura social propuesta al principio, por lo que preservar la reserva de agua dulce, como las fuentes de calor para sobrevivir al frío presupone al mismo tiempo un blanco el cual no perder de vista. Tal como expresó Colmar von der Goltz en 1883, la nación debe movilizar todos sus recursos humanos, económicos e ideológicos para poder imponerse en un enfrentamiento bélico moderno, entendiendo que en los momentos de presunta paz, las naciones deben estar preparándose para la guerra.

Así todo, la conquista implica distintas fases en distintos plazos, de corto, mediano y largo, por lo que la inmediatez resultara fácilmente advertible, la de mediano tan sólo visible para los analistas serios y los de largo plazo quizá para un puñado de personas que son señalados como conspiracionistas por los del primer grupo, y desestimados por los del segundo y no es de extrañar esta última situación ya que en este caso hablo desde el tercer mundo donde la propaganda imperialista hace mella justamente donde no puede ser advertido —en el corto plazo mediante los destellos de las pantallas a través de Netflix 24 x 24—, donde es puesto en duda en un laberinto de análisis progresista —diezmando las estructuras bibliográficas de la academia—y donde sólo los que tradicionalmente han sido capaces de leer las señales del gran TEG mundial por lo general han sido asesinados en la argentina desde 1955.

En el mundo, mientras la riqueza se concentra en menos personas como nunca antes ha sucedido —gracias a la maldita globalización— ya que en la actualidad se estima que 26 personas poseen más riqueza que 3.800 millones en el mundo, las clases que están debajo de la elite se pelean por la distribución de esos recursos restantes —ya que el statu quo no se toca—, donde se pone en duda en la actualidad sobre la estructura de activos/pasivos de los trabajadores y esto bajo un filtro de Instagram con forma de “la tecnología que reemplaza al ser humano” y otras formas como “la expectativa de vida del hombre es cada vez mayor…” y otras pelotudeces de esas que exasperan ver historias tras historias en las redes sociales.

El imperio no tiene nación, sólo tiene seguridad jurídica de su dinero legitimado por los Estados y su propiedad privada, por lo que esto último es el nervio de la guerra, y por lógica de conquista, es lo que uno atacaría para defenderse, como por ejemplo hacer lobby sobre las estructuras que dan soporte a la jerarquía jurídica de un país que garantice ad finitum la intangibilidad de esta condición. Si fuera parte de este imperio, invertiría en las Facultades de derecho, en los Colegios de Abogados, en la Justicia, en el Poder Ejecutivo y en el Poder Legislativo, lógicamente ya que mediante el abrigo dialéctico progresista de la democracia permitiría bajo simples lineamientos preservarnos y sostenernos mientras los medios de comunicación custodian con la espada de Damocles en vaina.

Así las cosas, inerme resisten las sociedades que adquieren dinámicas de organismos vivos en las que proliferan sus enfermedades y se activan sus mecanismos de defensa, en tanto y en cuanto esto sea entendido de esta manera nuestro adversario sabrá hábilmente subirnos o bajarnos la temperatura ambiente lo suficiente y de manera sigilosa para que mientras no nos demos cuenta no esté suministrando paracetamol a toda vez que la fiebre se presente, sin darnos cuenta que también la factura de la electricidad del aire acondicionado nos la hace pagar a nosotros, de marras quizá, a través de la sumisión perpetua de la deuda externa, su consecuente necesidad de proveer más productos que los adquiridos, es decir mediante un superávit comercial que interpretado por los voceros del falso mesías progresista y por su dialéctica de sofista pasará siempre como sano desempeño macroeconómico.

Todo remite a la estructura, ya sea de nuestra cotidianeidad que demanda organización, como aquella estructura emocional que de ambos lados del mostrador se vuelve causa y consecuencia ante desfasaje del nivel de burbuja cuando factores exógenos alteran nuestra estabilidad y que ante imposibilidad de resolución nos postra a sucumbir de rodillas a financista de lengua bífida que en cómodas cuotas hasta la muerte nos ofrece una oferta que no podremos rechazar, haciéndonos correr la coneja desde atrás como siempre sucede, y culpándonos de no alcanzarla nunca porque no nos esforzamos lo suficiente y claro…desde el palco apostando sobre nosotros y aguardando que la plusvalía del azar se ajuste automáticamente en función de los recursos disponibles que hayamos generado los peones de este ajedrez.
Continuará.