En el año 2000 se emitió la
“Decisión 32” desde el Consejo del Mercado Común estableciendo que los estados
parte deberán negociar tratados comerciales en forma conjunta. El artículo
primero establece que se negocia de forma conjunta acuerdos de naturaleza
comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales
se otorguen preferencias arancelarias.
El año 2000 no fue cualquier año
para el comercio internacional, por caso fue el lanzamiento por Goldman Sachs
de los BRIC’s (brick en inglés significa ladrillo), bloque comercial compuesto
por Brasil, Rusia, India y China, con la integración también en menor medida de
Sudáfrica, como un proyecto económico y financiero proyectado a 50 años
estimando que el crecimiento de mencionadas economías se daría
ininterrumpidamente y afirmando a todo momento de visión ortodoxa que
simplemente sumando población y PBI absoluto era motivo suficiente para
alcanzar el desarrollo a fuerza de exportaciones. El 15 de septiembre del 2008
fue se firmó el acta de defunción de los BRICS con el quiebre del Lehman
Brothers y el hundimiento de los commodities llevándose consigo los sueños
neoclásicos de un bloque comercial nuevo y desarrollado. La restricción externa
puso al descubierto la fragilidad de contentar a los capitalistas locales a
fuerza de divisas por exportación presionando internamente mediante precios
empujando la negativa curva del Gini de cada uno de los países del ladrillo empobreciendo sus poblaciones
muriendo con las botas puestas del librecambio.
Por otra parte en el año 2000
como propuesta de Estados Unidos, China solicita ante la OMC ingresar como estado parte, mientras la Unión Europea calentaba
sus hornos para acuñar su flamante moneda única, el “euro”. La UE fue el primer
bloque comercial en poner el grito en los cielos del multilateralismo
denunciando que la China comunista no se trataba de una “economía de mercado”
sino una intervenida que pondría en
contradicción más de un principio fundamental del libre mercado acordado
en Naciones Unidas. El plan de adecuación de China a los estándares admisibles
por la Organización Mundial del Comercio constó de un plazo de 15 años
semi-automático de admisión en el cual China debiera de respaldar periodo tras
periodo sus números contables que den cuenta de una no intervención en los
precios de producción sospechados de subsidios constantemente por parte de
innumerables denuncias presentadas por la Unión Europea bajo el concepto de dumping, a lo que China bajo el
Protocolo de Adhesión WT/L/432 celebrado en Doha el 10 de noviembre de 2001, se
sometió a exámenes periódicos de sus “precios de mercado” con los que terminó
inundando de mercadería chatarra compuesto de salario esclavo con el aval de la
escribanía estadounidense “Organización Mundial del Comercio”.
La idea inicial del Mercosur data
de mediados de la década de 1980 por acuerdo entre Argentina y Brasil de
establecer mecanismos comunes de intercambios, y una unión aduanera cuando
mucho, ya que siguiendo las tendencias mundiales en 1984 entre el Consejo
Europeo de Fontainebleu que estableció correcciones de equidad presupuestaria
entre los estados miembros, y el Consejo Europeo de Milán de 1985 que por decisión
unánime convoca una conferencia intergubernamental para estudiar las competencias institucionales para
establecer un verdadero mercado común. Es decir, que en los manuales de
integración económica donde parece ser que vale
todo la única experiencia verosímil de aquello fue un proceso de
adecuación jurídico-económico como el experimentado por el viejo continente,
por lo que en 1985 se firmó la base de lo que sería luego el Mercosur entre
Argentina y Brasil, estableciendo un plan de trabajo a diez años siguiendo
similares pasos que Europa occidental, estudiando caso por caso y entendiendo
la importancia de las asimetrías socio-económicas de ambos Estados. Algo habrá
sucedido en el medio de todo, ya que el Mercosur se termina firmando en 1991 y
los Estados argentino y brasileño estuvieron presididos por gobiernos
neoliberales Fernando Collor de Mello como presidente del Brasil, y Carlos Saúl
Ménem como presidente de la Argentina. ¿Casualidad?
El Consenso de Washington consistió
en un paquete de diez fórmulas de reformas económicas a propuesta del
economista John Williamson hacia países en desarrollo que estuvieran
atravesando crisis financieras. Claro, para vender un producto hay que instalar
una necesidad primero, es márketing puro. No obstante los métodos de persuasión
y coerción de los grandes centros de
poder —apátridas y sin Nación—lo sorprendente es acelerar procesos de
integración como a punta de pistola, la misma pistola que desde los medios de
comunicación apuntan a la cabeza del desarrollo para que mire hacia un costado
mientras el neoliberalismo hace las suyas al compás de las risas agregadas a
las situaciones de humor al mejor estilo “Friends”.
Mirar para un costado, eso mismo hace Europa cuando utiliza el dinero de la abultada
Cuenta Capital, bien nutrida de ingresos provenientes de sus colonias, de sus
remesas y de todo aquello que proviene de un comercio bilateral desigual donde
el déficit comercial agolpa sus consulados para tramitar visas que nunca se
otorgan mientras a cuentagotas pasan los mejores recursos humanos fabricados
por el tirano sistema de sustitución de importaciones que como perros tras
rejas ladran encrespados a sabiendas que la ferocidad sólo aparece cuando se
cuestiona la raigambre del poder cultural.
Ahora resulta que el Mercosur
estuviera por romperse porque un Estado parte hace uso de un artículo emitido
de hace veinte —sí, 20— años que establece que las decisiones se toman en forma
conjunta, al entender que establecer libre mercado entre economías desiguales y
en medio de una crisis sin precedentes como la actual por la pandemia del
coronavirus. Vale mencionar que cuando Europa se dirigía hacia la firma del
Acta única de 1986, la misma entró en vigencia en julio de 1987 con un retraso
de seis meses porque un particular
interpuso ante los tribunales irlandeses un recurso de amparo en defensa de sus
intereses privados. Seguro no se lo esperaban.