Se entiende al “cuentapropista”
como aquel sujeto que vive de su propio negocio, lo que a fines fiscales la
Argentina los contempla y agrupa como “monotributistas”, es decir aquellos que
realizan aportes previsionales (jubilación y obra social) e impositivos.
Por otra parte, en los regímenes
laborales que acostumbran los diversos Estados en este mundo capitalista existen
determinadas modalidades en las que se imparten aquellos sujetos entre quienes
aportan capital y los demás. Entendiendo que el capital sólo y per se persigue la mayor rentabilidad a
menor coste, entendemos de esa manera que todo aquello que se ubique dentro de
la legalidad y no fuera de los vacíos legales es donde las ganancias extras marcan una diferencia ostensible
entre aquellos que pugnan por la mayor apropiación del capital circulante y
aquel que circulará en un futuro.
El destello de las implosiones
rara vez se puedan diferenciar de los flashes y los relámpagos cuando es la
mente quien se aturde, ya sea por el susto a causa del factor sorpresa, o el
asedio incesante al que los ojos son expuestos permanentemente. Claro está que
la guerra fría era una combinación de lo descrito recientemente, es decir, que
la obnubilación se da por bombas y por pantallas destellantes. Aunque uno se
prepare para el fogueo, ni el más preparado emocionalmente escapa a los
simbolismos que el cuarto poder nos
propone.
Si prestáramos atención a los
comerciales de la tele veríamos cómo se encasilla a los jóvenes adolescentes en
sus amplios departamentos donde siempre hay una guitarra eléctrica apoyada
contra una pared, o una composición étnica en los grupos de amigos –tal como lo
hacen en las series de comedia de producción estadounidense- y alocados
divirtiéndose casi como en los deportes extremos, y mediante ráfagas de
imágenes que desafían a la percepción humana alternando entre aquellas 10 o 12
fotogramas procesándolas por segundo individualmente (donde se exceden las 12
imágenes el cerebro ya las percibe como movimiento).
La comunidad científica –si es que esto signifique algo- calcula que
el cerebro humano puede leer en promedio unas 200 palabras por minuto, sin
embargo, la asimilación del contenido que se lee ya dista en demasía entre los
seres humanos dependiendo de la dotación de materia gris que disponga cada
quien en cuestión.
Estudiar los mensajes que la
propaganda publicitaria nos propone bajo el estudio semiótico es la clave para
determinar sobre qué hace foco el poder que imparte nuestros destinos inmediatos,
por referirme a toda clase socioeconómica que no pertenezca a la élite, claro
está. Para esto es imprescindible comprender que no hay casualidades sino
causalidades en el accionar del imperio económico y apátrida que gobierna
detrás de las finanzas internacionales y del que bien debiéramos de interpretar
cuando el cuentapropismo asciende en la distribución de la ocupación de la PEA
(población económicamente activa) y alcanza a un quinto del total ocupado. Si
se nos ocurre relacionar tanta publicidad que muestra al joven que se
independiza y tiene su propio negocio como ideal de triunfo personal, esto
colisionaría de frente contra la distribución de la ocupación que es
inversamente proporcional en los países de mejor calidad de vida. -La canallada
pregonada de la “meritocracia”
Cualquier economía que se
desarrolle de forma sostenible y solvente requiere de un orden y
previsibilidad, algo que la alternancia de los ingresos del cuentapropista no
proporciona, ya que a cambio de alguna que otra franja horaria flexible de
aquello de “manejarse los tiempos” y confundiendo la labor con aquello que le
da placer le signifique trabajar más horas que el promedio y a destiempo. La
flexibilidad en este caso es siempre hacia un mismo lado, y el temor a no
cubrir los ingresos mínimos a causa de la incertidumbre que infunden la micro y
macroeconomía de un país vuelve un hastío el desenvolverse cotidianamente.
Tal como enuncia un reconocido
economista heterodoxo argentino: “la incidencia porcentual del cuentapropismo
en la estructura ocupacional es un indicador del grado de desarrollo
económico”. Al mismo tiempo el sólo hecho de pensar que tratándose de una
economía sólida y predecible uno podría inferir que bajo determinadas
condiciones de competencia, el cuentapropista bien podría al menos contar con
una base de ingresos mínimos haciendo uso de los cálculos microeconómicos y
contables de una industria vegetativa
–tómese como ejemplo un peluquero que cuenta con sus clientes fijos y el tiempo
en que les vuelve a crecer el cabello.
Así las cosas, las herramientas
informáticas, redes sociales y un gran entusiasmo impulsado por el optimismo innato
puede confundir al cuentapropista que no hace otra cosa que correr desde atrás
la coneja tan sólo para equiparar un salario mínimo promedio a cambio de una
descontracturada organización de su bregar. Aun con las discrepancias latentes
entre los estudios socioeconómicos de los ingresos y en la medición de si el
salario se mide en horas o cualquiera de sus variantes, calculando los días que
no genera ingresos al cuentapropista implica un re-prorrateo de lo trabajado y
percibido para constatar que su apetito de libertad es sólo un espejismo más, mientras
la opinión pública se hace eco de falacias bajadas por la élite de que hay que
trabajar más para generar más. Tan sólo pensemos que en febrero del 2018 el
sector metalúrgico alemán redujo de 35 horas semanales (7 horas, 5 días
laborables) a 28 horas semanales bajo la premisa de generar más trabajo. -Vaya
paradoja la creencia argentina-
Volviendo al eje de la cuestión,
nuestros cuentapropistas representan el 21% de la masa de ocupación, siendo de
ellos que por ejemplo de las empleadas domésticas el 90% de ellas se encuentra
precarizada. Según la encuesta permanente
de hogares (EPH) el 70% de los cuentapropistas argentinos lo son “por elección”,
es decir que no buscan otro empleo o más trabajo, siendo que en los países desarrollados
sólo en un tercio de los casos el cuentapropismo es la actividad principal. En
la argentina esta cifra alcanza el 82%.
La EPH argentina determina los
cuentapropistas como “suplementario”
(el que trabaja por cuenta propia para suplementar su ingreso principal); y el “principal” (que no hace otra cosa que
trabajos por cuenta propia). El suplementario típico se ubica en la franja
etaria de 38 años perteneciente a la clase
media alta (la mitad de estos
suplementarios típicos pertenecen al tercio de mayores ingresos), con estudios
universitarios con una ocupación principal relacionada con la enseñanza o la
salud. En cambio, el “principal típico” tiene unos 46 años (donde el 15% tiene
más de 60), posee estudios secundarios completos y un trabajo en la construcción,
tareas domésticas o comercio minorista.
En la Argentina neoliberal de
hoy, a abril del año 2018 se recuperaron 500 mil puestos de trabajo (ya que en
el 2017 hubo un aumento abrupto de desempleo) donde sólo el 25% fue en blanco.
Es decir, que el 75% de estos “nuevos” asalariados fueron precarizados y cuentapropistas
(monotributistas). –un método clásico de empleo bajo perspectivas inciertas,
desfavorables e inestables de la macroeconomía que reduce su salario mínimo en
dólares de 500 a 170 en tan sólo 2 años, posicionándose último en el ranking
latinoamericano.
Como conclusión, no se confundan,
calculen cuantos ingresos tienen en total durante un año bajo su modalidad de
cuentapropista “libre”, divídanlo por 13 meses, y revisen si en verdad no están
viéndose en un reflejo que no les pertenece.
