sábado, 16 de agosto de 2014

La mirada del león



Erguido y entusiasta camina sensual hacia la nada, escuchando el crujir de sus conquistas marchitas y pisoteadas. En un rastro de adulaciones vacías, y halagos inmensurables cuyas vanidades perdidas se encuentran en el fondo del mar.
Sigue en su andar, buscando algo que no encontrará. Sus expectativas no ceden, y su senda socava el caminar. Perdido en el misterio del tiempo que no puede controlar, porque supo conjugar su verba con la gracia de atormentar. Huyendo de sí mismo y pasible de claudicar.
Mira con desdén aquellos que son de fiar, porque su sumisa personalidad lo volvió a irritar.
No soporta la debilidad, y con franqueza suele avasallar, cosechando la lealtad que el temor le suele inspirar. Acobija en su mirada una cuota de compasión que lo enternece, a tal punto de balbucear.
La sobreestimó, y su error nunca reconocerá, el orgullo le enceguece prisionero de su vanidad. Quedó a un costado de su tempestuoso laurel jurando más nunca volver a soñar. Porque su intuición la pudo superar, derrotando su mirada agachando a su Majestad.
La desolló en el prado del magnetismo vulnerable a su respirar, mostró su garganta implorando piedad. El león avanza, la redujo a cenizas sin comenzar… su poder fue desmedido algo imposible para él controlar.
Tan sólo en un segundo al desafiar, la mirada ambos supieron congeniar… ella vio el averno asomándose en sus ojos sin poder dejar de soñar, que en aquellos elíseos campos su alma pueda replegar…el miedo fue mayor, y el abandono inminente le doblegó.
La fiera continúa sin pispear, el desastre a su paso dejar…que perdidas en sus huellas las presas al conquistar, la frustración en su frondosa melena de tiranía y déspota jugar.
A kilómetros y bajo el sol, huele el temor que inspira el sensual contoneo de su portentoso lomo, esbelto embiste seduciendo sin mirar…preso de su propia altivez cautiva sin jugar y cosecha sin sembrar.
Detrás queda su arrollador pasar, vacío de esperanzas víctima de su propio estimar…pírrica victoria entiende al reflexionar…
…que continua en soledad, buscando un reinado que le cueste conquistar…sumiendo a rodillas cuanto aquel ose desafiar.



miércoles, 25 de junio de 2014

Los Cantos de Sirena en los Pasillos del Central



Los rumores como aquella información decodificada del habla, resuenan y reverberan en los pasillos de los Bancos comerciales que en un pasado no muy remoto, fueron protagonistas de la debacle financiera en nuestro país.
Tal es el punto de la incidencia del rumor, que por osmosis se traslada hacia el inconsciente colectivo, que por falta de asesoramiento se torna permeable y echa por tierra un armado delicado de la confianza en un porvenir.
A su vez, las profecías se auto-cumplen por un imaginario que se propaga como en un efecto contagio, derribando las fichas de un dominó que visto en un plano alejado y a nivel macro, conforma la imagen de la impertinente teoría del derrame.
Parece irónico entender que cuando la confianza en el dinero circulante comienza por transpirar, quienes retienen el poder adquisitivo –vía derecho a la propiedad privada- se vuelcan hacia las reservas de valor de antaño y en paralelo, aumentan las ganancias de capital frente al engorde de la tasa de desempleo.
Aquello que se entiende por globalización no es otra cosa que esta capacidad de trasladar la crisis del dinero hacia todos los que participan del intercambio comercial, y en virtud del grado de insolvencia que yace en las arcas estadounidenses, se termina por confluir en la democratización de la miseria en las periferias que compone cada jurisdicción, sea esto a nivel país, provincia, ciudad, o barrio.
El derecho a la propiedad privada le permite retener a quien posea titularidad de capital, la potestad de decidir cuándo y dónde, volver a reiniciar el circuito productivo/consumista, viendo éstos a través de la mirilla, el desahucie de desempleados bollar en una marejada que se los lleva a las profundidades de la exclusión social.
Se entiende al rumor, como la especulación no confirmada con un objetivo determinado que condiciona el comportamiento social por encima de la información objetiva, con lo que podemos argüir que cada rumor proviene de un interés en un sistema de ganancias financieras que no entiende otras reglas de juego que la suma cero, es decir, que no haya ganador sin perdedor.
En efecto, en medio de un año electoral condicionado por una crisis financiera internacional inédita desde la posguerra, cada rumor se perfeccionara en su sintaxis a modo de seducir cuanto oído quede al espectro cercano de quienes deciden volcar sus pequeñas o grandes sumas de titularidad de poder adquisitivo, en los pasillos de una galería de avenida Florida.
Es por esta minoría del 5% que participa de estas ganancias de capital ilícitas, en una elite que no supera el 7% de la población, que obliga al resto de la periferia a sucumbir su estabilidad económica segregada y marginada por el derecho a la propiedad privada que sucinta los bolsillos de una clase media típica que se dejan encantar por sirenas que cantan desde los pasillos del Banco Central de la República Argentina.


lunes, 23 de junio de 2014

La República o el Estado, y el Alma o el interés del objeto

No puede requerirse la intervención de un ente superior que medie entre la ambición del ser humano, y la convivencia entre la colectividad del mismo que la necesita para subsistir, como así también la padece para desarrollarse haciendo uso de los recursos de los que se apropia para expandirse.

En efecto, podemos identificar diferentes elementos que son inherentes a la condición de ser, y a la supervivencia que la misma condición antecedente le confina a perseguir.

Digamos, que la apropiación y la retenencia de los recursos de los que se nutre el ser para sobrevivir tanto física, como metafísicamente dependen de las confrontaciones donde se demuestra el poderío de cada uno, de cara a reflejar tal resistencia a futuros embates sin recurrir a la propia fuerza.

Por consiguiente, la correlación de fuerzas debe nutrirse de algún compromiso entre los mismos actores que componen la universalidad de pretendientes de recursos, de manera tal que los antecedentes funjan de factores aleccionadores y de matriz de razonamiento como constante que obligue a jugar las cartas dentro de tales reglas de juego.

Es decir, que se conforman los términos de convivencia, como un código de conducta cual aloja en su seno, todo aquello que retiene la ambición del ser humano, a saber: algo que perder.

La distribución de los recursos implica no solamente la delimitación del territorio, sino también algún criterio establecido en pos de las nuevas generaciones y la contención misma que requiere todo ser humano recién traído a la vida.

Si entendemos que los recursos dentro de un espacio delimitado son también limitados, esto quiere decir que si algunos seres que recién nacen reciben como subsidio una equis cantidad de recursos -que son limitados- otros no deberían nacer hasta tanto no se expanda la frontera de recursos disponibles, de forma tal que se establezca una otorgación de recursos en base a algún criterio como el esfuerzo y el mérito físico como intelectualmente.

El párrafo que precede conlleva la génesis del centro y la periferia, y las inequidades sociales que segmentan a la sociedad en clases. Si suponemos alcanzados los límites de nacimientos sobre una determinada cantidad de recursos asignados equitativamente, con la llegada de un nuevo ser, todo el sistema se desequilibra por un simple cálculo matemático, donde entrará en juego algún criterio subjetivo que determine quién recibe más, y lógicamente, quien recibe menos.

Esta inequidad es per se, y es la apropiación de los recursos lo que divide las aguas entre las clases sociales disparadas por estas desproporciones, y sobre la cual se fundan las embestidas y las demostraciones de poder que deben ser resistidas cíclicamente conforme el nacimiento de un nuevo ser humano que demanda una equis cantidad de tiempo de madurez tanto intelectual, como fìsica para poder valerse por sí mismos.

No puede haber una concepción de un Estado que incluya a todos por igual, sin permitir que los propios debatan y justifiquen de qué valerse para apropiarse de más recursos que otros tantos, ya que como vimos, ese equilibrio es engullido por los confines de las ciencias estáticas como las matemáticas.

Aquello que quita el sueño al hombre, como animal racional, encuentra al objeto sea éste tangible o no, que le impide discernir entre las tareas que le demanda su genoma para reproducirse y preservar la especie, y aquella otra característica que algunos llaman el alma.

Cuando el ser humano complace sus impulsos y deseos de especie, conforma lo que se denomina familia y se pone en juego la distribución de recursos que quién se ocupe de la manutención deberá adoptar algún criterio subjetivo que lo lleve a repartir aquellos recursos.

Esto último no es menor, ya que cuando los hijos alcancen la madurez suficiente para valerse por sí mismos, desafiarán el poder que el padre poseía y ejercía, ya que como vimos al comienzo del ensayo, los recursos son limitados, y tanto padre como hijo deberán negociar la apropiación de tales recursos.

Éste sistema de familia es por naturaleza, una organización con jerarquías establecidas, y que la política se respira con el primer regaño que recibe el primogénito. A su vez, la familia conforma un solo ente que retiene recursos y los persiste de forma individual frente a los intereses de otra familia que viene en busca de lo mismo, la mayor cantidad de recursos para su familia.


viernes, 14 de junio de 2013

La Organización: que Comience por el Escritorio

Las contiendas entre los individuos los lleva a superarse en diferentes arenas, motivados por la diferenciación de lo que consideran sus adversarios, que al momento de encontrarse con más de un flanco por abordar, se comienza a evaluar la necesidad de obtener aliados.

Será tal vez, que al momento de calcular probabilidades y estimar pérdidas, estas últimas sean tan preocupantes que se prefiera rescindir una parte de ellas que a perderlo todo.

Por consiguiente, aquello que constituye lo inverso a las pérdidas, imaginado en una proyección, no puede ser otra cosa que intereses de conquista. Se arriesga si se pretende más, y se defiende si existe algo que perder.

¿es acaso éste teorema de subsistencia algo tan elemental que por tal no debiera ser ignorado?

Tal como afirmamos párrafos atrás, el quid de la cuestión redunda en arriesgar ganancias, cuando hay pérdidas que distribuir. El asunto es cuando las pérdidas las paga un tercero, y las ganancias no se distribuyen con el mismo criterio. A esto se le llama despotismo.

Cualquier relación entre seres humanos para con sus pares, se lo conoce como política, algo cuyo fin radica en algún interés, tanto físico como metafísico.

En efecto, las alianzas implican el confluir de esta ponderación entre aspiraciones de más, y el temor a la pérdida, en tanto que la distribución de ganancias no siempre resulta proporcional a la distribución de pérdidas. En esto se destaca el liderazgo y el sometimiento.

El ser humano, cuya inteligencia le permite adaptarse a la propia dinamicidad que la propia especie impulsa, cambiante el ambiente por tratarse de la reconfiguración del reparto constante, quid pro quo, en la universalidad de los recursos.

La síntesis de las relaciones humanas bien podrían cimentar su sustentabilidad en la construcción -algo que quién suscribe entiende real- distante de aquello que se sostiene entre promesas y sobrevive en función de una esperanza. Esto último se torna efímero, ya que a diferencia de la construcción, lo efímero tiene una fecha de caducidad, incierta, pero real.

Por tanto, cuando el enemigo -entendiéndolo por ajeno a una organización- deja de ser una amenaza, el adversario como una entelequia se apodera del espíritu dentro de la propia unidad, mutando su vestidura y volviéndose un desafío que implica preservar el porvenir por aquella distribución de sus recursos, que a causa del despotismo promueve nuevas organizaciones.

viernes, 3 de mayo de 2013

Decada ganada al neoliberalismo



La escuela económica clásica, nacida en los albores de la revolución industrial por el siglo XVIII, se ha caracterizado por menoscabar la dinamicidad de los procesos socio-políticos, y reducirlos a un mero ejercicio que halla su correlato con los quehaceres de las ciencias estáticas.

No es menor deducir la sintaxis del espíritu de la obra teórica que funda al neoliberalismo, en dos puntos clave que tanto sus autores intelectuales por excelencia, a saber: Smith y Ricardo, concuerdan los pilares inexorables de sus teoremas en los salarios mínimos de subsistencia, y la inmovilidad del factor capital entre los países.

Resulta como mínimo impertinente situar un paralelismo entre la máxima de dos obras de tal envergadura que ni siquiera en el propio contexto de tiempo y espacio de aquella época pudieron encuadrar. Tan solo bastó con que Keynes mirara por la ventana de su oficina para ver la inorgánica masa de desahuciados deambular por las calles de Inglaterra buscando el derrame de las Elite que pregonaron la no intervención del Estado.

Por consiguiente, los puntos claves que tornan inexpugnable la aplicación de tales teoremas, el de Smith de 1776 y el de Ricardo de 1814, vulneran la capacidad cognitiva de las masas que bien supieron sublevarse ante las imposiciones por la fuerza de las burguesías industriales.

En definitiva, el avance en la comunicación y la perfección de la colonización vía cultura, ha trascendido las fronteras y se ha ganado un lugar cómodamente en los sillones familiares, alimentado la audiencia radio-televisiva.

El imperialismo logró descontracturarse, y renombrarse como “derechas” e “izquierdas”, que para el caso logró confundir las expectativas de las clases obreras, partiendo al mundo en centro y periferia de la mano del derecho a la propiedad privada y subyaciendo cual espada de Damocles pendula sobre acéfalas masas de trabajadores.

“El Comercio se parece a una guerra” sentenciaría Colbert, el Ministro de Finanzas de Luis XIV, cual mercantilismo soterraba una población pobre que trabajara barato, que consumiera poco, y guerreando –comerciando- para colocar sus producciones en otros países y nutrir las arcas de la monarquía de oro para su propio beneficio. Tres siglos y medio parecen no haber transcurrido.

En efecto, la escuela clásica como primigenia labor de corte científica, abordó el comercio internacional y la economía internacional posicionando la extranjerización como el modo del desarrollo productivo y alegando que la verdadera riqueza de las naciones radica en la producción de bienes.

Sin embargo, la teoría clásica y ortodoxa dedicaron pocas sino ninguna página en sus obras para los momentos de crisis donde los países del mundo cerraran sus fronteras e impidiesen la importación de tales productos. En tal caso, encontrándose con una población con salarios mínimos de subsistencia, los productos ya elaborados no podrían consumirse localmente y tampoco seguir produciendo. En definitiva: stock y hambre. Vaya paradoja.

La contracara de esta moneda es el autarquismo, algo que un viejo economista argentino contemporáneo analogaba con “vivir con lo nuestro”, haciendo alusión a aquella necesidad de sustituir el trabajo foráneo por el trabajo local, y potenciar la calidad de los propios y competir con el mundo con las producciones una vez colmadas las necesidades locales de consumo.

Si entendemos que el dinero solo está respaldado por productos y servicios, y que a su vez esos productos y servicios traen consigo trabajo y capital, deducimos que el capital representa trabajo en tiempo pasado, y potencial trabajo futuro. Por consiguiente, la acumulación de capital que no se vuelca a la producción y sí a la especulación, sólo genera desempleo por concepción filosófica.

El proteccionismo, traducido de este teorema de la autarquía, requiere el avance en la distribución de este capital que se atesora y se concentra de pocos individuos hacia el resto, de tal manera que la producción se torne accesible para todos los habitantes que conforman un Estado.

La Argentina ha vivido en carne propia los vaivenes de los resultados prácticos de mencionados teoremas, alojando en su memoria colectiva los incesantes movimientos de una sociedad que comprendió que las vías hacia la transformación estructural radican en la política.

La implementación del neoliberalismo le significó a la Argentina el retroceso en la distribución del ingreso acompañado del aumento crónico del desempleo en virtud de abultadas cuentas en paraísos fiscales que echan por tierra uno de los pilares claves de la escuela clásica –la inmovilidad de los capitales-.

En la última dictadura cívico-militar argentina se fugaron capitales por U$S 38.000.- al mismo tiempo que entre 1970 y el 2010 fugaron 400 mil millones de U$S, provocando el aumento del desempleo desde el 5% en 1975 al 22,5% en el año 2001.

Por otra parte, la distribución de ingresos, entendida como “brecha entre ricos y pobres” se amplió de 8 a 33 veces. Esto quiere decir que se aproximaba al salario mínimo de subsistencia con otra observación a la teoría clásica: la no intervención del estado, mas el salario mínimo de subsistencia con inmovilidad de factor capital, no produce pleno empleo como enunciaba Smith.

Tan voraz es el resultado de la práctica, que aquellos desempleados generados por el neoliberalismo en la Argentina ni siquiera tuvieron un salario mínimo de subsistencia, fueron empujados al vacío y cayeron del sistema que el día de hoy conforman el núcleo duro de la pobreza.

Sin embargo, la última década de restauración de derechos de los trabajadores, recompuso aquella proporción social de participación de riquezas, reduciendo del 22 al 7% el desempleo y restableciendo la distribución de la riqueza a aquellos momentos del peronismo previo al golpe de Estado comenzado en 1975.

Por caso, las Cuentas Nacionales del país gozan de tonalidad verde al lograr superávit gemelo –balanza de pagos y fiscal superavitarios- a través de las ganancias de comercio internacional, más la recaudación fiscal impulsada por el consumo de producción local y turismo.

La transformación socio-económica ha depurado los obstáculos coyunturales y se ha marcado a fuego en la estructura productiva Nacional, con la adopción de las asignaciones universales y los aumentos jubilatorios, ambos sistematizados, que vuelve a colocar en el asfalto aquella maquinaria de la economía que tracciona por encima del consumo improductivo que gozan clases medias mas pudientes, producto de la mejora de sus ingresos.


 El cambio de paradigma esta puesto en escena, y se respira a cuentagotas en un transporte público colmado de actores y factores de producción plenamente ocupados, los cuales gozan de la protección de un Estado que como garantías, depone las correlaciones de fuerza de la política por encima de los intereses foráneos que sucintan como filiales del imperio, y que hoy ve sus privilegios sangrar en las paredes y las calles que, con alegría el pueblo recuperó y con entusiasmo levantará como bandera.

viernes, 12 de octubre de 2012

LA INFORMACIÓN, EL RUMOR, Y EL HUMOR DE LA SUB-ECONOMÍA



En tiempos de violencia comunicacional, las consecuencias se suceden como psíquicamente afecta a una persona, tanto como aquello  que retiene una entidad lo suficientemente identificable con un ser que adquiere un cuerpo y mente, a saber: el dinero como cuerpo, y la especulación como psiquis.
La paranoia social que incurre en vaivenes emocionales, parece llevarse consigo no sólo angustias, sino también altibajos económicos que en un trabajo de hormiga, a fin de periodo se concibe un tumor lo suficientemente evolucionado en un pasaje de coyuntura hacia lo crónico, es decir, estructural.
En los bolsillos de la urbe se refugia el destino del sustento de las masas, sujetos a la voluntad de quien ostenta la protección del Estado mediante el reconocimiento de “patrimonio” en virtud del derecho a la propiedad privada, alojándose consigo, el potencial consumo y con éste la puesta en marcha del próximo ciclo de producción, orientado por la conciencia y la subconsciencia de quien resguarda a su antojo, una serie de billetes apelmazados en una billetera.
No es posible concebir al dinero como otra cosa que potencial trabajo futuro, debido a que su única conversión es sobre lo ya producido, y más el diferencial de lo que se espera que se vaya a producir. Un futuro corto de por sí bastante incierto.
Digamos que esa cartera de derechos implica que el Estado no pueda obligar a los tenedores de capital a realizar una u otra acción, resulta permeable al atesoramiento indefinido, en el peor de los casos.
A esa inacción de destino del capital, el Estado tan sólo puede incentivar a invertir, o consumir, para lo cual el mismo Estado debe erogar recursos soberanos en una transferencia de valor de quien produce hacia quien especula.
Los resultados son siempre los mismos, una transferencia de valor por encima de la plusvalía, ya que las ganancias de capital cuando no se correlatan con un destino de producción y trabajo, sino sólo un destino de especulación por especulación.
Muchas empresas recurren al juego de las finanzas para compensar y sobrecompensar sus libros contables en aquella área de producción que sufren efectos de “arranque y parada” dejando como rehén a una importante masa de obreros atentos a los vaivenes de una economía atada con un  alambre financiero.
A su vez, las ganancias totales de dichas empresas de las cuales una parte se computa como dividendos, y la otra se reinvierte.
Entonces, si entendemos bien, ¿el sector productivo se encuentra expectante a las fases de producción, que a su vez están dependiendo del humor de los mercados financieros?
La respuesta es si.
Y por muy perverso que parezca un sistema así, es imprescindible aseverar que el humor de los mercados depende de la información que se propaga reverberando entre falacias y mitos urbanos, incentivados por el vapor que emerge de las alcantarillas donde fluyen los intereses de los poderes económicos.
Si es en los bolsillos de la urbe donde se haya el destino del trabajo, y el salir de la billetera depende de la decisión de quien recoge información e incentivos, entonces debemos imaginar que para informarse, compra un diario, mira un canal de televisión o escucha la radio.
Dichos tres medios de comunicación dependen del mismo grupo económico, que no produce sino especula.