lunes, 5 de diciembre de 2011

La policía y la simbología del statu quo

“Proteger y servir”
Al parecer, la consigna y/o slogan que pregona una estructura orgánica que depende directamente de los estamentos asociados al republicanismo y a la protección misma de estructuras, poco tienen que ver con la ética y moral que el espíritu mismo del cuerpo policiaco pareciera intentar representar.
Lo cierto es que la “protección” es solo efímera cuando la palabra no se condice con las prácticas que emergen de los aplicativos usuales que se ejecutan desde el seno del Estado, sea este del nivel jerárquico  que fuera.
Por consiguiente, al desfasaje entre la palabra y aquello que se inmiscuye en el relato cotidiano, pasa desapercibido ante la reflexión que sobrevuela los intercambios de ideas o traspasos de creencias que se producen en el núcleo de la sociedad parlante.
Es cierto que la implementación de la policía es ambiguamente tanto necesaria, como contraproducente al mismo tiempo, si lo que se persigue como fin es de corto plazo actuando ex –post, es decir actuando sobre las consecuencias, y no proyectando modificar las bases, es decir, trabajando ex –ante, es decir, sobre las causas de la problemática.
De todas formas, previo al precedente párrafo, es necesario ir hacia lo central del problema, el cual se corresponde con dilucidar lo estructural de lo coyuntural y arribar a la conclusión de que el actuar de la policía comienza cuando se termina de consumar un hecho social, que está directamente relacionado con las condiciones socio-económicas, ya que sucede entre seres humanos, y por intereses de tracto económicos.
Dicho de otra manera, la estructura del reparto de las riquezas se entiende estructural, ya que previamente el derecho a la propiedad privada cercena una porción de los recursos, y los reserva y protege a una elite, en detrimento de las grandes masas.
Es decir, que remontándonos a los registros históricos de las sociedades, los conflictos siempre tuvieron lugar al momento de disputarse recursos, que conforme pasa el tiempo, mutan y evolucionan en función de las ambiciones futuras del ser humano.
Las reglas de juego que enmarcan a una sociedad, se debe tanto a los vacíos legales tanto así como las prácticas que se ejecutan por fuera de la normativa que engloba el comportamiento de las personas como seres humanos sujetos de derechos y obligaciones.
El “robo” se produce como acto de apropiación de propiedad privada ajena, por lo tanto para que exista tal, debe existir la ley de propiedad privada, lo cual carece de relación ética y moral, debido a que la apropiación de recursos es arbitraria y protegida, la cual también no puede encuadrarse en conceptos como “éticos” y “morales”.
Sin embargo, la sociedad juzga al robo, como un acto no ético e inmoral, al mismo tiempo que se corresponde como infracción de legalidad.
Por un lado, quien detiene los actos que infringen la ley, es la policía como primer órgano que lleva a cabo sus prácticas y su voluntad expresa en su accionar, previamente al sometimiento a justicia, es decir, uno de los poderes que el Estado como republicano delega en funciones.
Por otro lado, la Justicia ajusta a derecho las acciones cometidas, o pre-juzgadas por la policía, quien por voluntad propia puede llevar adelante, ya que el criterio subjetivo de éste organismo, se corresponde como facultad delegada.
En efecto, hacer hincapié en la policía como benefactor de la sociedad, es un error conceptual peligroso, que confunde la prevención con la contención, ambos necesarios para sostener un sistema legal como la Constitución Nacional misma requiere para su plena aplicación.
Digamos, que cuando el acto de reparto de riquezas se vuelve injusto debido a la inequidad de oportunidades para seres recién llegados al mundo, vulnerables y necesitados de recursos mínimos de subsistencia y desarrollo, al mismo tiempo que las oportunidades a mediano y largo plazo como incentivo al activismo dentro de los estándares normativos de conductas.
Si se evaluaran las causas de los actos nominados como “delitos” por parte de la investigación que lleva adelante la policía, también correspondería la lógica para la investigación que lleva a cabo la Justicia, ya que ambos relevamientos de “pruebas” son atravesadas por un mismo elemento, el cual es la acción objetiva consumada por los seres humanos.
Sin embargo, existe una causa subjetiva en el accionar de los seres humanos que son impulsadores de tales conductas, las cuales no preocupan ni son el fin para ambos órganos, hablando de la Policía por un lado, y el Poder Judicial por otro.
Si nos adentramos en la vocación del personal que compone a la Justicia como a la Policía, la misma se corresponde con la solvencia de una problemática ex –post que no modifica la estructura, sino que espera recibir una problemática a resolver. Es decir, que filosóficamente hablando, si se reduce la aparición de crímenes y delitos por acto del mejor sistema de reparto de las riquezas, también se reduciría la utilidad de ambos organismos, y el personal abocado (por vocación) carecería de razón de existencia. Si la verdadera vocación de las personas fuera el “servir” y “proteger” a las sociedades, tomando ambos términos como universales para toda la sociedad, implicaría una desviación de agentes volcados a otras actividades político-económicas.
Dado que ésta última conjetura jamás se produce por voluntad expresa de tales personas, su vocación de servir y proteger, no se aplica sobre la sociedad en su totalidad, sino sobre una porción de la sociedad que sale ventajosa en la distribución de los recursos, y que ante la aparición de un intento de apropiación, utiliza en su derecho, al brazo policial, recupera el recurso que el Estado le reconoce a través del derecho a la propiedad privada, y pone al actor del delito bajo el dedo índice del juzgamiento ético y moral de una sociedad que apuesta a la implementación del órgano policial, como herramienta benefactora, que protege y sirve a los intereses de una elite, y que ve pasar delante de sus narices, los recursos a los que ya no podrá acceder.

domingo, 16 de octubre de 2011

La primavera reparadora

De entre el crujir de hojas al pisar, y los tintes marrones que decoran el paisaje de un otoño, se gesta el ocaso de una estación y da lugar al florecer de una primavera que se respira en el perfume de las praderas y el aluvión de abejas en la borrasca de polinización.
El aire cambia violentamente y templa otrora semblanza de aquello que vira los humores hacia la empatización de los seres que pueblan las tierras en los confines de este mundo.
En el recorrer de las rutas provinciales se aprecia la variación de las situaciones que particularmente subyacen en cada distrito jurisdiccionalmente determinado.
Casi como la ilustración de aquello que los números y los porcentajes parecen no poder, y que estos mismos paradójicamente parecen alejarse cada vez más de lo humano, para así envolverse en lo abstracto del inimaginable condecir.
Lo cierto es que la evolución/involución de la realidad material que pende de las responsabilidades de la gestión de turno, se manifiesta a gritos vivos en las rutas repavimentadas como así también en las vías de un tren que ya no pasa.
La provincia de Buenos Aires tímidamente expresa su realidad en situaciones sociales que bien se mimetizan con el olvido y la inexistencia visual de coterráneos que no registran en su rango de percepción, y que los medios informativos encargados de tal tarea trabajan en connivencia con la desidia que emerge desde la más primitiva enseñanza escolar, arropada en las nefastas sentencias sarmientistas.
En una orgia de ignorancia, se hacen presentes las vestiduras de la ortodoxia y el gen de honda raigambre, luciendo sus reciclados métodos de sometimiento de la población partiendo todo lo que toca en centro y periferia.
El compromiso que asumen los electos es ratificado en base al grado de compromiso social por el retorno de aquello que transfieren con su voto, para modificar su proyecto de presente, es decir, su futuro mismo.
Casi como en un duelo de esgrima, la estocada final no es simbólica, puesto que el sable penetra en el subconsciente y en el bolsillo que padece a diario la escasez de aquellos recursos que se encuentran en manos de otros, y que necesitan del Dios Estado para reequilibrar aquella injusticia social.
En consecuencia, los recursos son reinsertados en la sociedad, o bien, acumulados ociosamente cual suerte mercantilista pernoctaba en las prácticas de los reinados por el siglo XVI.
De cualquier manera, la ambición es echada a correr por las llanuras del descontrol que emancipa la necesidad del soberano, y su propia voluntad –conciencia mediante- desgraciada en los vestigios de una era agroexportadora.
Los caminos se bifurcan en el acceder a una autopista, o se acotan al colisionar por un desperfecto en las rutas, abandonadas por el desdén vaporado del deseo retorcido de una monarquía oligárquica, sigilada en los agradables modales de una melodía de sirena neoliberal.
El conformismo efervesce del vaso medio vacío cual teoría del derrame nunca se produce, y que a consecuencia de ello, la desprotección social se vanagloria de recalcitrante orgullo y se regodea en el frotar de manos manchadas de sangre trabajadora.
La pereza en el accionar de actores esenciales en la transformación, parece incidir en la ambición del soberano cuyos brazos deja caer acompañado a hombros que se agachan y se reportan como servidumbre del sistema.
Paradójicamente el ocaso para la melancolía ortodoxa liberal, tiñe el paisaje desdibujando la sonrisa financiera de una elite que abre paso su ambición y su especulación, hacia el paso de una nueva generación de conciencia popular que emerge de las multitudes y que interpela a su sociedad, hoy combustible de una llama viva que expresa un discurso sólido e infranqueable susurrado en los oídos de una sociedad puesta de pie.
Las palabras llegan como una brisa sosegadora para acalorados individuos que vieron perderlo todo y descreer, estando en todo su derecho, de seres que hoy deciden poner sus manos en el fuego y quemarse con el calor de las masas populares y cargándose a hombro, bolsones de responsabilidades bajo la tutela de un verdugo elitista y de sesgo marcadamente liberal, refugiados todos ellos en el derecho a la propiedad privada, privilegio de unos pocos, intervención por sobre muchos.
Los hechos hablan por sí mismos, y se manifiestan con leyendas sobre pancartas en desandadas calles de una militancia juvenil y de aquellos eternamente jóvenes en su espíritu, con la grandeza de la humildad que se refleja en brillosas pupilas que encarnan la emoción por sentirse partícipes del cambio de sus propios destinos.
La reparación de aquella desventura soberana, en función del beneficio de unos pocos, hoy se respira y se resiente de la reverberación del sonido de los bombos que acoplan los oídos y que simulan el latir de una generación que carece de edades y que incluye y resquebraja los estándares sociales.
Maginando tan solo a la desidia de algunos que se dejan guiar por la mentira casquivana de comunicadores sociales encuadrados en filas como soldados de las utilidades financistas y corporativas del sistema que deja su huella de sangre y ve perderse en la muchedumbre, fundiéndose en la redistribución de riquezas del trabajador que hoy participa de la mitad de lo producido en el país.


lunes, 3 de octubre de 2011

Las raíces de lo falaz

Es difícil divisar de entre las respuestas, casi por arte de reflejo, aquel eslabón que escapa a la imaginación como herramienta indefectible de cara a la búsqueda de respuestas sobre comportamientos de los cuales no podemos abordar.
Sin dudas, que existe alojada en la matriz de lógica de un ser humano, toda una serie de premisas instauradas desde las enseñanzas primitivas, encubiertos en un confuso sistema de reflexión que se aproxima más a una respuesta idílica, que a lo que la realidad lo insta mediatamente.
En consecuencia, aquello que se aleja de la realidad y se asemeja a un planteo impertinente, es la misma situación que una ecuación que en sus albores es falso, necesariamente el resultado se encaminará hacia la misma suerte, a saber: el error.
De todos modos, así como aquellos elementos que se filtran de entre la lógica y se acopla a una suerte de reflexión inmediata, esta misma no fue reflexionada por el individuo, lo cual implica que solo sea necesario reflotarlo a fin de la reflexión propia del mismo ser en cuestión.
Lo difícil no es lograr que la persona lo razone, sino más bien, lo complejo es descubrir aquel elemento falaz que se encuentra enquistado en un falso entramado de razonamientos.
Veamos.
Si una persona razona que la baja de impuestos como el impuesto al valor agregado sobre los alimentos, producirá una baja en los precios de los mismos, el supuesto que se encuentra implícito y que está asumiendo es el del libre juego de oferta y demanda como condicionador de precios al consumidor.
Está claro, que los precios son colocados y definidos por seres a voluntad propia donde purgan al producto de su coste y le agregan el proporcional extra de ganancia que arbitrariamente decide en relación a lo que puede vender, en tanto y en cuanto mida el grado de poderío que pueda ejercer por sobre la competencia, en el caso de que la hubiere.
Si nos ponemos en lugar de esta persona que reflexiona prescindiendo de las relaciones de poder, podríamos recaer en un ingenuo planteo que nos conllevaría a ceder en nuestra presión por apropiarnos de mayores recursos, y transferir los que dejamos ir hacia aquellos que en la realidad ejercen su poder sobre los demás.
Este sistema de reflexión falaz, es enseñado desde el centro hacia la periferia con el fin mismo de instaurar una realidad que no se condice con lo que realmente sucede, y de esta manera es que la distribución de los recursos –a través del dinero- se mantiene en una proporción no equitativa.
Sin embargo, a la problemática del conocimiento, y el entendimiento, hay que sumarle la voluntad ejercida por reequilibrar aquel desnivel en la balanza. De esta misma forma, si la voluntad se hace presente pero con un sistema de razonamiento falaz, nunca terminaremos por encontrar los fundamentos necesarios para reclamar por lo que nos pertenece, o más bien, lo que a otro no le pertenece.
Es decir, que conociendo el problema filosófico en virtud, lo que nos resta conocer son las reglas de juego de las cuales disponemos y con las que debemos desempeñarnos a fin de lograr recomponer aquel desfasaje entre lo que aportamos y lo que recibimos.
Si a esto le agregamos que las reglas de juego implican la construcción de poder a través de la empatía y la confianza que logremos en conjunción con demás seres del rebaño, lo que resta por licuar son los prejuicios éticos y morales que provienen de una organización política como la iglesia católica, donde pretenden deponer al ser humano como algo divino, y desconociendo su razón de ser como animal racional con sus atributos que le permiten adaptarse y sobrevivir con los recursos que dispone.
Por consiguiente,  la racionalización del pensamiento se hace presente y nos permite reflexionar sobre la importancia de desasnar realidades que incomodan al statu quo, y que son tan poderosos que se alojan el subconsciente, tal vez de por vida, como un mecanismo de defensa que utiliza el “Yo” (cerebro) para evitar la frustración. Para ello, se usa un razonamiento para encontrar justificación a una conducta, actitud, sentimiento, prejuicio o pensamiento cuya aceptación podría provocar temor, ansiedad, sentimientos de inferioridad o de culpa.
Muy por lo profundo de lo que intentamos explicar,  es factible que los planteos por más razonables que sean, dependen del grado de aceptación del individuo que recibe el mensaje y que delibera una batalla contra su propia situación psíquica, donde su situación emocional muchas veces le obliga a imponer una barrera por sobre la razón, creyendo una realidad que lo contenga de su frustración, en connivencia esto con la enseñanza de vida que se ejerce a través de su propósito como ser humano, en ocasiones utilitarista, alejándolo de su condición humana.
No es de extrañar entonces, que la importancia de transmitir un mensaje libre de prejuicios éticos y morales fundamentados en el interés implícito de una organización política que juega en sociedad con el statu quo, le signifique la voluntad por restituir aquello que le fue expropiado aun antes de haber llegado al mundo.
Entendemos a todo momento, que los recursos son limitados, y que en una sociedad delimitada jurídicamente, los recursos que algunos concentran, son los mismos que otros no tendrán, y  que en relación con un sistema de Estado protector de los intereses privados de unos pocos, es necesaria la concientización del ser humano, colocándolo sobre la realidad, y no sobre una falaz nube idílica, tan solo sostenible por la inculcación de la ignorancia y el sometimiento al prejuicio moral y ético.


lunes, 29 de agosto de 2011

Sobre la vida, estar vivo, y la muerte


La naturaleza misma es usualmente la ejecutora que pone inicio y fin de ciclo como por arte del azar, en la estirpe sucedida en las esferas del equilibrio como método de supervivencia de un cuerpo tomando al planeta como un todo.
El miedo natural que sienten los seres vivos, es el mecanismo por el cual el cuerpo presiente que su pellejo se encuentra en riesgo, y es el miedo el que se convierte en el detonante de la reacción pánico que libera adrenalina que se manifiesta de diversas formas. Una, es la secreción de una hormona que estimula y potencia los atributos físicos del individuo en función de lograr escapar a tal potencial o efectivo peligro.
Lo intrigante es observar qué ocurre cuando el miedo a la muerte se da en la psiquis de un ser humano que todo lo puede vivir y desvivir dentro de su mente y que es el único espécimen que proyecta un presente, es decir, piensa a futuro.
Esto último no es un dato menor, ya que esa herramienta de previsibilidad proyecta tanto sobre la línea de tiempo que ocupa, que en un punto avanza tanto que lo incierto de lo no vivido contrasta con un punto indefectible como la muerte, pero que se puede presentar a cualquier momento. Es esta incertidumbre lo central.
El desafío es definir de qué manera se manifiesta aquella acción de escape al momento de advertir una muerte segura tal como sucede ante el ciclo natural de las cosas, como mencionamos al comienzo del ensayo.
El título de este ensayo redunda sobre lo esencial en todo momento, lo cual consta de la composición epistemológica, o dicho de otro modo, la definición conceptual filosófica que defina uno y cada uno de los términos tales como la vida, el estar vivo, y la muerte.
Existen diferentes modos de morir, incluso mismo, estando vivo biológicamente.
¿Cómo se entiende? Veamos.
Difícilmente se pueda concebir la vida desde una sola persona, al menos no de forma espiritual, ya que la realización del ser se puede lograr mediante parámetros, y en el caso de un ser gregario, es decir, que necesita del entorno social para desarrollar, es a su vez esto mismo lo que determina el éxito en el desafío por encajar en una sociedad que delibera en un maremágnum de ideas de las cuales se nutre lo ético y lo moral como código de conducta y de convivencia.
Por consiguiente, la vida misma como definición biológica, depende del funcionamiento de los sistemas y subsistemas vitales que mantiene en actividad la vida de un ser, lo cual se da en todos los organismos incluyendo al ser humano, y excluyendo a éste último de su psiquis y sus emociones. En efecto, ante la extinción del sistema nervioso, la percepción de la vida misma deja de darse en un marco de inertidad de los subsistemas sensoriales, donde no se oye, ni se puede ver, ni sentir el contacto de nada.
Sin embargo, ante una situación de extinción de la percepción, el cuerpo se encuentra respirando y la sangre continua fluyendo a través de un corazón que no deja de latir. He aquí el dilema existencial de la eutanasia, y la concepción misma de la vida como una razón de pertenencia que se da en una interacción entre más de un individuo.
¿A qué me refiero con pertenencia? La descendencia produce una situación que mezcla los sentimientos con una legalidad devenida de un código de conducta social tal como la constitución nacional que recae y enmarca los límites y libertades brindadas por los embates y las negociaciones que expulsan como resultado, el tratado de paz entre los seres humanos que guerrean para tener paz.
Negociando las porciones de recursos que se apropian unos y otros, incluso defendiendo una jurisdicción a la que suscriben, o mejor dicho, los seres humanos son suscriptos al momento de ser insertados en el sistema a través del registro nacional de las personas, decisión que escapa a los alcances de un ser humano que es traído de los pelos a un mundo al cual debe adaptarse o perecer.
En este punto del nacimiento y la aleatoriedad y el azar mismo, se definen los parámetros límites donde se desenvuelve una persona –de ahora en más “persona” por ser inscripta en un sistema legal como la adhesión a la constitución nacional- y en las cuales hasta alcanzar la madurez física y mental para deslindarse de los lazos familiares para rehacer su vida espiritualmente, tanto económicamente como juego político obligado para congeniar con seres que retienen los recursos necesarios para la supervivencia de una persona.
Regresando a lo espiritual, en la eutanasia se produce el dilema de la vida y el estar vivo, ya que un cuerpo sin emociones, postrado en un sitio, donde su mente se encuentra aislada del mundo en la cual deja de percibir a su entorno, los estímulos sólo responden ante las reacciones químicas que mantienen en funcionamiento a sus órganos vitales.
La reacción de pertenencia se da en terceros seres, cuyos lazos son emocionales, o directamente legales, en la cual su posesividad es inducida por una creencia y un concepto de ambición y egoísmo intrínseco del ser humano, sobre la que no admiten y/o permiten la muerte biológica de un ser humano que está muerto en vida.
Así como concebir a la muerte como la conclusión de las funciones vitales –como muerte biológica- y la muerte de las emociones –como muerte espiritual- también existe la muerte absoluta, que se da en una situación de olvido y abandono del resto de la sociedad. Es decir, que el aislamiento del rebaño, es tal vez, una de las muertes más crueles que padece un ser humano en vida y en muerte biológica.
La invisibilidad de una persona, y el olvido hacia la misma, genera la inexistencia espiritual y a su vez, las personas pueden permanecer vivas ante el recuerdo de los demás seres.
Cuando un ser humano se encuentra coyunturalmente apartado del rango de visión y espectro de percepción de los demás, son los demás los que proyectan y creen en su existencia y mantienen vivo al ser en cuestión.
En efecto, el luto que se produce en seres humanos ante el fallecimiento biológico de un ser querido, se desenvuelve en la doble situación de:
  1. No perdonarse a uno mismo la muerte del otro, y cargar con culpas propias tal eventualidad y;
  2. No perdonar al ser querido por haberse ido.
En cualquiera de los dos casos, la vida y la muerte se encuentran dependiendo de la decisión de terceras personas, quienes en definitiva, en un dilema de eutanasia se conjugan sentimientos de terceras personas, y el miedo eventual ante el luto y la dificultad de asimilar una situación irreversible; y por otro lado, el miedo a sentirse culpables por poner fin a un ciclo meramente vital, como fin de una vida biológica.
En otra situación, cuando un ser querido –por otros seres, claro- cesa su actividad biológica, y con ella también, la vida espiritual, o se encuentra en un inminente proceso en el cual terceros seres mitigan incertidumbre, acotando el umbral de posibilidades de un punto en la línea de tiempo que ven y perciben o presienten cada vez más próximo.
Por consiguiente, el luto comienza a plantearse en el ínterin irreversible que se presenta en una coyuntura sobre la cual, aquellos seres que mantienen un lazo emocional con el ser humano en cuestión comienzan a generarse culpas por –quizás- no haber asistido de alguna u otra manera para evitar tal situación, y tal vez, no admitir la pérdida de algo que consideran suyo –de su propiedad espiritual-.
Cada momento que no se percibe y de la cual no quedan recuerdos es un lapso de tiempo nulo, lo cual nos permite entender, que a contrapartida, la manutención de recuerdos de manera vívida permiten la existencia de aquello que no se encuentra físicamente en nuestro espectro sensorial.
En efecto, estas conclusiones nos obligan replantearnos aquellas condiciones que nos insta la naturaleza misma que somos, tanto como para comprender que cuando se aproxima lo indefectible como es la muerte biológica, eso nos alienta y nos moviliza a disfrutar y de vivir gratos momentos con aquellos seres de los cuales no tenemos pertenencia alguna, sino una adhesión mutua que ejercemos a través de lo espiritual.
 En tanto y en cuanto esto último nos habilite a través de las aptitudes sensoriales y de lo cual nos desprendemos de una lógica utilitarista, podremos apreciar aquellas cosas que escapan a los razonamientos, y que sólo llegan a la mente cuando es tarde, cuando sentimos miedo por encontrarnos en riesgo, o aquellos seres que estimamos, asumiendo en todo momento que la vida y la muerte va más allá de los factores biológicos naturales, sino que la vida y el vivir, distan de conceptos que dependen, de los recuerdos para sostener la vida y del olvido como triste modo de morir en vida.


lunes, 25 de julio de 2011

Formas y fondo: el destape de una olla


Se dan circunstancias, quizás, en la que los vestigios de una etapa idílica de la que ya no recordamos, donde las imágenes de lo que nos asedia nos obliga a desplazar realidades que solíamos retener de un pasado no tan lejano.
Será entonces, la desidia por reconstruir un presente y una proyección de presente –como concepción de futuro- la causante del atraso y la involución de nosotros, como una sociedad que camina en una senda demarcada por la influencia de las corporaciones.
Sin dudas, que la amalgama de situaciones que incomoda a las masas, perece en un debate de ideas, de las cuales el conformismo prescinde y prefiere evitarlas, y sustituirlas en un proceso de olvido y abandono, que luego se refleja por sobre todos los ciudadanos de una localidad jurisdiccionalmente bien definida, republicanamente organizada, y federalmente administrada por sus electores, a través de la voluntad popular convergida en las urnas.
La realidad que nos insta, nos sumerge en un océano de dudas y resquemor, de la cual no podemos estrujarnos, puesto que las ideas más sórdidas se cocinan en el abismo de una ideología que carece de espíritu, y que se nutre cíclicamente y reiteradamente como ejercicio de un mensaje que va quedando perdida en algún punto de la línea del tiempo.
Paradójicamente se presentan en simultaneo, dos universos en nuestro tiempo y espacio, donde el progreso de las ideas se lleva puesto la estaticidad de una concepción obsoleta de producción y sustento de un sistema que no se condice con un presente tan enmarcado por el contexto tecno-industrialista.
Por un lado, la renovación de pensamientos que nos mantiene ocupados en el desafío por innovar y continuar más allá de nuestros próceres pioneros en la ciencia y tecnología, con el aval de un Estado presente que imponentemente nos presenta un Ministerio renovado y poderoso, con la repatriación de nuestra materia gris que debió huir con sus capacidades a otros rumbos en una hecatombe neoliberal, hacia destinos que pudieran acoger sus necesidades y en línea con su remuneración pertinente.
Por otro lado, la minoría de siempre que se recluye en los andamios de sus empobrecidos valores, eclesiásticamente desafortunados y acomplejadamente inducidos a su auto marginación, hacen uso de su status social otorgada por la suerte capitalista, y el derecho a la propiedad privada que los protege desde un Estado aun no debatido en la sociedad.
La aleatoriedad que persiste en el reparto de riquezas se mantiene a través del rendimiento a la esclavitud de no sólo nuestros trabajadores, sino también, nuestra evolución misma como sociedad, en la que nos detenemos al avance, por tan solo “éticas” y “morales” que no son mas que prácticas que buscan subsistir refugiados por un poder político jerárquico, que gobierna desde las sombras a través de la culpa y el juzgamiento subjetivo.
La ignorancia se apodera de seres que son influenciados y violentados emocionalmente, arropados por la mentira de “clase” que imparten sobre sus vulnerables mentes en una etapa de desarrollo y crecimiento como personas, protegidas por una realidad que escapa a la concepción misma de lo que sucede fuera de las compuertas de un barrio privado, como consulado del sistema imperialista neoliberal.
A su vez, el individualismo es impulsado como estrategia de dispersión y atomización del ser humano, en pos de evitar la colectividad y la construcción de poder simbólico político para afrontarse a una minoría que descansa cómodamente en el trono del reinado.
El Rey no es nadie sin sus súbditos, y no hay súbditos sin sometimiento, donde la violencia no solo se expresa motus propio, sino verbalmente como herramienta de desinformación y engaño de quien dispone del artefacto informativo como su ala de embate.
Nuestras pupilas se dilatan ante el destelle de las luces del futuro, que nos invitan a participar, fronteras afuera de una General Paz que separa la ciudad de luces muertas, frente al vórtice que nos abduce hacia el maremágnum de creatividades en la que somos partícipes con tan solo ingresar a esa brecha del tiempo, dejando tras nuestras espaldas, el pasado mismo expresado en un evento agropecuario, vociferado en un mensaje erróneamente sarmientista y violentamente desafiante.
Es la Sociedad Rural, la que nos invita a perecer como sociedad encantados bajo cantos de sirenas, que se exilian en la mentira del trabajo genuino y la arrogancia de la elite perfumada por la osamenta existencial que emana de sus impolutas manos que jamás fueron expuestas a labores atávicas.
Algunos decidimos continuar la senda del desarrollo dejando atrás, una General Paz que divide las aguas turbias, frente a una propuesta que nos seduce, donde el límite es la mente humana, y no el bolsillo de recoletos que pregonan por la conservación de su statu quo, en detrimento del avance de la justa distribución de riquezas y reparación social.


jueves, 14 de julio de 2011

La importancia de re-educar al empleador

En reiteradas ocasiones podemos observar, como se distancian como hermanos que se pelean, a dos universos paralelos que jamás encausan sus destinos debido a un problema de conceptos, en la que su equívoca manutención, se liberan los prejuicios como salida de escape a un tabú filosófico del cual no se revisan las bases epistemológicas.
Desde ya, que los mutuos rechazos no se hacen esperar, cual antípoda brega en su favor, y se autoproclama como el portador de la realidad universal. No tan deprisa.
La microeconomía y la macroeconomía son interdependientes entre sí, en una interacción indirecta, en la cual la sumatoria de todas las microeconomías del país conforman la macroeconomía en su conjunto, ya que es menester precisar, que todos los sistemas autárquicamente, son microeconomías en cuestión, ya que la acepción misma de un sistema en el cual se desenvuelve la administración de los recursos –en la forma que fuere- frente a la escasez misma que su capacidad de adquisición le impone, puesto que tal asignación de recursos estratégicamente, se torna económico por un lado, y político por el lado operativo.
Es decir, que a su vez la macroeconomía queda estrechamente ligada a la sumatoria de las situaciones microeconómicas debajo de su espectro sobre la cual, las microeconomías dependen de la voluntad política que decide atender selectamente, a diferentes situaciones y con el énfasis y dedicación que la impronta política le asigna en sus medidas adoptadas.
Por consiguiente, es acertado que los administradores de empresas deban actuar bajo una lógica de maximizar beneficios con el menor esfuerzo posible en una empresa que pelea por la apropiación de la mayor porción de capital que deambula en el cosmos que lo apañe.
En efecto,  la lógica empresarial no escapa a la reacción natural del ser humano en cuestión, ya que como método de supervivencia, en el cromosoma anida la ambición misma. Lo lógico también es que aceptemos que los recursos en una sociedad demarcadamente por una carta magna, implica un juego de suma 1 en la cual, cada una de las porciones de las que se apropian los actores en una sociedad, conformará así, el producto bruto total del cual dispone el país en cuestión.
Si frente a esta sucesión de apropiaciones de capital, nos correspondemos con una formación académica en la cual los administradores de empresas paridos adoptan como realidad, la ausencia de la actividad política como método natural de construcción de poder económico, entonces estamos en un problema.
Lo cierto es que en una sociedad en la que el derecho a la propiedad privada conformado de forma tal que no impida la concentración de riquezas y que además, lo proteja luego, también hay que entender, que la permisión deliberada de los descuentos por cantidad, acompañan a una acumulación de riquezas en la que el poder político absorbe a los más débiles –o los destruye- y se impone la ambición misma que mencionamos párrafos atrás.
Si el derecho privado contempla esta distribución injusta de la riqueza, entonces corresponde al derecho público la obligación de equiparar la balanza en la redistribución misma lo que conlleva a la contienda política entre los actores de un bando y del otro.
No es un dato menor esto último, ya que en la formación académica que se impone como bibliografía en la administración de empresas, desconocen estas vicisitudes y actúan bajo una lógica que al propagarse en todas las microeconomías, dan como sumatoria a una macroeconomía en vías de debilitación que termina deprimiendo a la baja el capital total del cual cada microeconomía intenta apropiarse. Es decir, que la puja por la apropiación de porcentajes, pasa a segundo plano y se aleja de la puja de masa de ganancias que en definitiva es el objeto deseable.
Cuando la macroeconomía convalece, y su nivel de producto cae, debido a la baja en el consumo –como causal y consecuencia-, el destino de lo producido debe ser colocado en otras economías, es decir, la exportación.
Si la exportación es el sustento de la producción local, pero a cuestas del desempleo de una porción de la sociedad y por lógica, su empobrecimiento y decadencia social, entonces la exportación es el otro filo de la espada de Damocles.
Cuando esta teoría microeconómica se impone en los administradores de empresas, lo que el mensaje oculta, es el interés de la primarización de la economía, al punto extremo de la agroexportación, donde la distribución de la riqueza se concentre en monopolios y monopsonios, en connivencia con el sometimiento a la esclavitud y la degradación social del trabajador.
Difícilmente se pueda conciliar con la clase empresarial si entendemos que toda una generación de empleadores y administradores de empresas traccionen la economía persiguiendo un destino que le es desfavorable, y en consecuencia, frente a un Estado Ejecutivo y Legislativo que hacen uso del derecho público para re-equiparar la balanza distributiva con un sistema sustentable.
Es decir, que en esta contienda política, la sumatoria de las microeconomías dan como resultado, una macroeconomía y una situación de embates sociales entre el interés de unos pocos, por sobre el de toda la población en su conjunto.

lunes, 11 de julio de 2011

La moda, y la muerte del alma


La razón humana ha sido por los siglos de los siglos, la herramienta de ejecución material, del interés político como gestor intelectual, donde el entendimiento ha brillado por su ausencia, en una huida inducida por el engaño, el ardid, y la debilidad mental que ha sido impulsada a través de la enseñanza en los seres humanos frágiles emocionalmente que requieren de las instrucciones de vida de la figura de la cual se refugian, como un padre, o como un dios.
La consciencia es una y otra vez, sometida al dedo que señala su aparente equivocación, y que es autoproclamada verdad universal, resguardándose en un estrado compuesto por seres de los cuales necesitan para no quedar a la intemperie de la reflexión profunda, como rocío que cae sobre las heridas de sus espaldas, causadas por los látigos que las acarician con virulencia en un mensaje manipulador y vil.
¿Será acaso el fin de la humanidad, el momento en que se destape la olla de la mediocridad y las mentes sean todas impulsadas al pensamiento en el que se debatan el futuro de la sociedad? O será quizá, el comienzo de una nueva etapa en la que el coqueteo de los intereses individuales dé por terminado con un portazo en sus narices, una respuesta arisca en la cual el poder simbólico suelte su mano, y luego estos vean caerse en las profundidades del abandono, y probablemente, luego de dar una batalla sangrienta, ya que la violencia comienza cuando se termina la razón.
Lo concreto es que los seres humanos son fácilmente corrompibles cuando se hallan debajo de la espada de Damocles, y su oscile dependa de la aleatoriedad misma que destaca la vida de todo lo que respira en nuestro planeta.
El miedo a morir queda en segundo plano, cuando la verdadera muerte no es el apague de los sentidos, sino el aislamiento de los demás seres, y que ello es luego el condicionante para los cambios estructurales, donde el arrastre de asentimientos dependa de la construcción política, y que desde ya, esto mismo requiera del entendimiento entre seres que dedican su tiempo a la reflexión.
Lo cierto es que es mucho más fácil y accesible, asomar para verse acompañados en demás seres, y que ello sea el convalidante de la certeza y la universalidad momentánea –ya que lo universal evoluciona conforme las necesidades del ser humano muten para sobrevivir con los recursos que hubieren-. Desde luego, que la maceración de las ideas en el líquido amniótico de la reflexión, es tan compleja que requiere de métodos empáticos de retención, para lo cual el mensaje debe contener un poderoso elemento de convencimiento y de interés sobre los demás.
La tentación por evadir la monotonía por sobre los demás seres, es casi tan poderoso que desafía lo convencional y resquebraja la hegemonía del conservadurismo, colocando al sujeto en una posición rebelde e incluso suicida, frente a una muerte que como bien dijimos, no se trata del apague de los sentidos, sino del aislamiento del ser humano, y su expulsión del rebaño.
En efecto, la presunción de mantenerse en una sola posición, demuestra el interés actual por conservar la ventaja que tuviere por sobre los demás, ya que en sociedades que comparten el marco de una carta magna, existen lineamientos que permiten el privilegio de unos pocos, en connivencia de la ignorancia que estos mismos impulsan por sobre las mayorías, para así conservar aquella distinción que mencionamos a comienzo de este mismo párrafo.
El entretenimiento permite, como su etimología misma demuestra, entre-tener, es decir, sostener una realidad, en un tiempo determinado. Esto no quiere decir otra cosa, que la manutención del statu quo de una realidad que es permanentemente monitoreada, desde intereses que temen en algún momento dejen de subsistir en manos de una revuelta de la otra vereda que se encuentra en desventaja.
Por consiguiente, la necesidad de someter cíclicamente al ser humano al entretenimiento, termina por confundir las modas en una polarización de realidades que de alguna manera se exponen y se dejan como banquete audiovisual, para seres que dejan el contenido de esa supuesta realidad en un segundo plano, y colocan la lógica de asimilar y reiterar un mensaje como moda, sea de la índole que fuera.
Esto último explica claramente cómo es posible que las noticias recaigan en la misma utilización del receptor, como una realidad que es tomada como una moda de entre seres humanos, que proyectan estar compartiendo con demás seres, sin poder comprobarlo, pero que universalizan un mensaje que les es enviado, como única realidad posible, cuando históricamente el emisor de información siempre ha sido uno solo…en la antigüedad, Dios, y en la actualidad, los medios de comunicación.
No es de extrañar entonces, que donde los medios de comunicación son hegemonizados y concentrados, en un discurso que persiste en la génesis misma de su composición, es donde los seres humanos son manipulados y vaciados de ideales, y sometidos al entre-tenimiento, donde confunden una realidad que los afecta, con algo trivial, ya que ambos son tomados como modas: la primera, evade el interés que los perjudica, y el segundo, los condena a la ignorancia, y al vacío existencial que invade sus empobrecidas almas.