Cuando las capacidades cognitivas
se encuentran encerradas en un laberinto, algunos optan por incendiarlo para
librarse de él, así mismo como los economistas con una economía enferma
prefieren matar al sujeto para terminar con la enfermedad, claro…si después de
todo con billetera ajena somos todos guapos. ¿No?
No es casualidad que algunos
procesos de “reorganización” comiencen por la proscripción y el exterminio de
contenidos de textos y su posterior censura ya que el poder yace allí, donde
una persona pueda tomarlo, leerlo y generarse-le un sinfín de disparadores. Lo importante
es licuar aquella capacidad imaginativa y anestesiar los viejos impulsos
libertarios y resumirlos a la meritocracia que los “monotributistas” para la AFIP
que para Linkedin son “CEOs” “founder” y “co-founder” y todo aquello que
significa poco pero que en inglés a algunos les genere cositas en sus hormonas,
no posible sin un asedio cultural bélico y goebbeliano como el que pregona la
industria cinematográfica estadounidense. –por más que ofenda a más de un “cinéfilo”
que en realidad no conoce otra cosa que no sea cine yanqui.
Me resulta muy complicado –a quien
suscribe- no dejarme llevar por las ramas, ya que los frentes abiertos por
aquellos que conservan privilegios a expensas del Estado, es decir, no pensando
en el 20% de empleados estatales (porque no son más que eso), sino a aquellos
que gozan de la propiedad privada garantizada por Constitución Nacional y que
suelen gritar a todos los vientos que lo que tienen se lo merecen porque blablablá.
No conozco a un solo meritócrata que haya renunciado a su herencia familiar ni
a ninguno que acepte que lo que tuvo fue simplemente suerte y que tal no se
puede contabilizar como variable.
Lo cierto es que durante el
trayecto de mi carrera académica transité una senda que zigzagueaba del
iluminismo hacia la mediocridad –disculpen que insista con este término, pero
me resulta muy poderoso- y lamentablemente aquellos docentes que se me
presentaron como corrientes no les recuerdo ni un poco, y aquellos brillantes
como los mediocres los recuerdo nítidamente. De hecho a uno de los brillantes me
jactaba de ponerlo en jaque con simples retóricas ante la bajada de línea
liberal que me proponía para lo cual quienes cursaban conmigo no entendían
porque hablábamos en otra frecuencia. –sí, también mis compañeros eran así de
intrascendentes y mediocres, y su actual presente los juzga.
Sin embargo a lo reciente algo
que me sucedía a menudo era que estos profesores se tomaban revancha conmigo en
algo que todavía escapaba a los dominios de mi mente: ellos ponían las notas. Y
por más que todavía hoy me suene a excusas y auto-complacencia, aquello no era
menos cierto. Es más, aquel criterio subjetivo es donde hoy reside (y siempre
lo fue así) el verdadero poder ya que
los manuales de sujeción tienen de cabecera el dominar las emociones, ya que
éstas nublan la razón y una vez alcanzada la cerrazón ya no entran balas conceptuales,
sólo balas de verdad. -Así es como “restablecieron” la democracia en Libia los
franceses cuando la bombardearon en el 2011.
Amén de los latiguillos de las
películas sobre el crimen organizado
de los italoamericanos de los años 40, en la vida real nadie viene a decir de
parte de quien viene el ataque. De hecho mientras más se confunda al enemigo
más ventajas a nuestro favor tendremos. Y no es que yo sea un iluminado con
esto, ya hace miles de años se enseñaban estas lecciones en los manuales de
combate como “el arte de la guerra”, por poner un sólo ejemplo. También una
manera de mantener dividido al adversario es despistándolo con personajes que
se asemejan al delfín porque no se sabe bien si son medio inteligentes o medio
pelotudos.
A veces los entramados del poder
exhalan por sus válvulas de alivio
algunos individuos con ínfimas cuotas de poder que sin querer nos hacen perder
el tiempo a quienes aspiramos a esos espacios con verdaderos aires de cambios
en aras del progreso. Estos sujetos son anclas hacia ninguna parte del tiempo
porque son anacrónicos, son como aquellos bohemios de izquierda que añoran algo
que nunca sucedió, porque si yo fuera el dueño de todos los medios de comunicación
no me daría el lujo de perderme la otra mitad de la ideología por eso mismo,
por ideología, si fuera el dueño de esos medios corporativos sería dueño de
todos, pero me cuidaría de no tocar las fibras sensibles. Es decir, sería dueño
de La Nación y también dueño de Página 12. O como bien expresó un filósofo
contemporáneo en una breve intervención de entretenimiento: “si voy a tener
algunos que me truchen mis productos, primero me voy a truchar yo mismo” (D.E.
Capusotto)
Para retomar el hilo en este
enmarañado relato, volveré hacia esto de los profesores mediocres que tuve y
que hasta el día de hoy sigo cruzando en los pasillos de las usinas de
educativas, que lamentablemente tienen más de instrucción que de enseñanza,
porque la ciencia es pensar, y repetir es creer. Y mostrarte una sola opción
con una justificación emocional que fue desechada desde hace más de 200 años es
una canallada. –sí, estoy hablando de impartir al día de hoy las teorías neoclásicas
a cara lavada con apellidos y obras que
reciclan esos viejos preceptos con ediciones más cercanas al presente.
Cuando estos delfines del imperio
son puestos en estos pequeños espacios de poder, vienen a panfletearnos
pasquines de contenido impertinente a estudiantes que aún no poseen la
suficiente madurez para discernir lo lógico del sofisma que enunciado con un
fuerte contenido emocional dado a luz de la producción más goebbeliano, y más
grave aún como “bibliografía obligatoria” en los programas. Este imperio
sionista ha matado más de 30 millones de personas desde comienzos de la guerra
fría hasta hoy directa e indirectamente, siempre con el pretexto de la
democracia, y se han dado el lujo de hacer goebbelismo sin Goebbels...


