domingo, 24 de febrero de 2019

Goebbelismo sin Goebbels




Cuando las capacidades cognitivas se encuentran encerradas en un laberinto, algunos optan por incendiarlo para librarse de él, así mismo como los economistas con una economía enferma prefieren matar al sujeto para terminar con la enfermedad, claro…si después de todo con billetera ajena somos todos guapos. ¿No?

No es casualidad que algunos procesos de “reorganización” comiencen por la proscripción y el exterminio de contenidos de textos y su posterior censura ya que el poder yace allí, donde una persona pueda tomarlo, leerlo y generarse-le un sinfín de disparadores. Lo importante es licuar aquella capacidad imaginativa y anestesiar los viejos impulsos libertarios y resumirlos a la meritocracia que los “monotributistas” para la AFIP que para Linkedin son “CEOs” “founder” y “co-founder” y todo aquello que significa poco pero que en inglés a algunos les genere cositas en sus hormonas, no posible sin un asedio cultural bélico y goebbeliano como el que pregona la industria cinematográfica estadounidense. –por más que ofenda a más de un “cinéfilo” que en realidad no conoce otra cosa que no sea cine yanqui.

Me resulta muy complicado –a quien suscribe- no dejarme llevar por las ramas, ya que los frentes abiertos por aquellos que conservan privilegios a expensas del Estado, es decir, no pensando en el 20% de empleados estatales (porque no son más que eso), sino a aquellos que gozan de la propiedad privada garantizada por Constitución Nacional y que suelen gritar a todos los vientos que lo que tienen se lo merecen porque blablablá. No conozco a un solo meritócrata que haya renunciado a su herencia familiar ni a ninguno que acepte que lo que tuvo fue simplemente suerte y que tal no se puede contabilizar como variable.

Lo cierto es que durante el trayecto de mi carrera académica transité una senda que zigzagueaba del iluminismo hacia la mediocridad –disculpen que insista con este término, pero me resulta muy poderoso- y lamentablemente aquellos docentes que se me presentaron como corrientes no les recuerdo ni un poco, y aquellos brillantes como los mediocres los recuerdo nítidamente. De hecho a uno de los brillantes me jactaba de ponerlo en jaque con simples retóricas ante la bajada de línea liberal que me proponía para lo cual quienes cursaban conmigo no entendían porque hablábamos en otra frecuencia. –sí, también mis compañeros eran así de intrascendentes y mediocres, y su actual presente los juzga.

Sin embargo a lo reciente algo que me sucedía a menudo era que estos profesores se tomaban revancha conmigo en algo que todavía escapaba a los dominios de mi mente: ellos ponían las notas. Y por más que todavía hoy me suene a excusas y auto-complacencia, aquello no era menos cierto. Es más, aquel criterio subjetivo es donde hoy reside (y siempre lo fue así) el verdadero poder ya que los manuales de sujeción tienen de cabecera el dominar las emociones, ya que éstas nublan la razón y una vez alcanzada la cerrazón ya no entran balas conceptuales, sólo balas de verdad. -Así es como “restablecieron” la democracia en Libia los franceses cuando la bombardearon en el 2011.
Amén de los latiguillos de las películas sobre el crimen organizado de los italoamericanos de los años 40, en la vida real nadie viene a decir de parte de quien viene el ataque. De hecho mientras más se confunda al enemigo más ventajas a nuestro favor tendremos. Y no es que yo sea un iluminado con esto, ya hace miles de años se enseñaban estas lecciones en los manuales de combate como “el arte de la guerra”, por poner un sólo ejemplo. También una manera de mantener dividido al adversario es despistándolo con personajes que se asemejan al delfín porque no se sabe bien si son medio inteligentes o medio pelotudos.

A veces los entramados del poder exhalan por sus válvulas de alivio algunos individuos con ínfimas cuotas de poder que sin querer nos hacen perder el tiempo a quienes aspiramos a esos espacios con verdaderos aires de cambios en aras del progreso. Estos sujetos son anclas hacia ninguna parte del tiempo porque son anacrónicos, son como aquellos bohemios de izquierda que añoran algo que nunca sucedió, porque si yo fuera el dueño de todos los medios de comunicación no me daría el lujo de perderme la otra mitad de la ideología por eso mismo, por ideología, si fuera el dueño de esos medios corporativos sería dueño de todos, pero me cuidaría de no tocar las fibras sensibles. Es decir, sería dueño de La Nación y también dueño de Página 12. O como bien expresó un filósofo contemporáneo en una breve intervención de entretenimiento: “si voy a tener algunos que me truchen mis productos, primero me voy a truchar yo mismo” (D.E. Capusotto)

Para retomar el hilo en este enmarañado relato, volveré hacia esto de los profesores mediocres que tuve y que hasta el día de hoy sigo cruzando en los pasillos de las usinas de educativas, que lamentablemente tienen más de instrucción que de enseñanza, porque la ciencia es pensar, y repetir es creer. Y mostrarte una sola opción con una justificación emocional que fue desechada desde hace más de 200 años es una canallada. –sí, estoy hablando de impartir al día de hoy las teorías neoclásicas a cara lavada con apellidos y obras que reciclan esos viejos preceptos con ediciones más cercanas al presente.

Cuando estos delfines del imperio son puestos en estos pequeños espacios de poder, vienen a panfletearnos pasquines de contenido impertinente a estudiantes que aún no poseen la suficiente madurez para discernir lo lógico del sofisma que enunciado con un fuerte contenido emocional dado a luz de la producción más goebbeliano, y más grave aún como “bibliografía obligatoria” en los programas. Este imperio sionista ha matado más de 30 millones de personas desde comienzos de la guerra fría hasta hoy directa e indirectamente, siempre con el pretexto de la democracia, y se han dado el lujo de hacer goebbelismo sin Goebbels...