jueves, 30 de junio de 2011

La situación Europea, y la experiencia Argentina


Poco más de una década ha transcurrido desde aquel episodio en el que unas treinta personas perdieron sus vidas, como consecuencia del manotazo de ahogado que expide –como patrón de conducta- la mecánica funcional de un sistema socio-económico, del cual sus premisas subyacen en las teorías de libertad empresaria.
Tal es el punto de asombre, que en una instancia inminente se veía caer la noche en una jornada de peregrinación en el deterioro de una idiosincrasia vaciada de ideales, y profanada de esperanzas, donde la suerte era la única salida hacia una situación de sosiego económico.
Habrá sido entonces, el epicentro de la problemática ya en fase de detonación, cual iceberg aloja en sus profundidades, el estatuto del subdesarrollo social y económico fornecido en las más absurdas conjeturas, sobre el comportamiento de una sociedad dinámica.
No es de extrañar entonces, que desde la concepción misma de la economía internacional, se tenga por biblia, todo un razonamiento tan falaz como el titulo mismo de una obra que implícitamente habla sobre las riquezas de las elites de las naciones.
Curiosamente, el análisis sobre la senda marcada hacia los países en situación de asimetrías, desde lo cultural, hasta de disponibilidad de recursos naturales, implica la racionalización inteligente de los mismos, en pos de alcanzar un bienestar mínimo entre cada país.
Siguiendo el tejido sobre esta lógica, es de suponer entonces, que ante una situación de disparidad de recursos necesarios entre países, esto mismo los obligue a intentar un intercambio, dejando de lado los intereses intrínsecos de conquistas, sino hablando mínimamente de la cobertura de necesidades. Es así, que el intercambio comercial sea por excelencia, tal esquema de intercambio de recursos en función de la cobertura misma de necesidades.
Hasta aquí, todo resulta congruente siempre y cuando dejemos de lado por un momento, los intereses de conquistas que prevalecen en el núcleo social de cada sociedad, como elemento de conducta que anida en los cromosomas del ser humano.
Por tanto, presuponer un intercambio comercial que solo repose en los intereses más simples y llanos del solo intercambio comercial a fines de intercambio de recursos, es tan inocente que se torna torpe. También hay que admitir, que el trasfondo de la cuestión, no se trata de cuan torpe suene un planteo smithiano, siempre y cuando entendamos, que no es torpe el mismo autor, sino quien tome tal mensaje y lo legitime.
Smith no podría ser torpe, sino en todo caso, pícaro al tratarse de Inglaterra por aquel entonces, el país que podría autoabastecerse, y que además, era el más competitivo en cada asignatura que desempeñe.
El mensaje de Smith seria propagado por iniciativa de su propio país, como herramienta de colonización intelectual por sobre el resto de las economías. Esto es coherente, si entendemos que el mercantilismo nunca dejo de lado su máxima: proteger los recursos de una economía, y destruir el proteccionismo de las demás, en función de su acumulación de tesoros y riquezas.
Quizá el eslabón que distancie estas visiones de dos paradigmas no tan diferentes, sea la vía de la acumulación, es decir, reemplazar sangre, por libros.
Aun así, el mensaje de Smith, no es un problema para los países en su totalidad, sino tan solo para la clase no-elite. Ya que las guerras mundiales buscan establecer una sola hegemonía que imponga al resto del mundo –inclusive sus aliados- la estructura pertinente que adecue sus lineamientos internos en política y economía, de forma tal, que sostenga un sistema de imperialismo en el cual el emperador, viva a través del sudor del trabajador extranjero. Tiene sentido.
Smith mencionaba la acumulación de capital, y la división del trabajo. Ambos pilares serían los encargados de orientar la especialización de cada economía según su respectiva composición de recursos. A su vez, el intercambio comercial, en el mensaje de Smith, debe producirse sin la intervención del Estado respectivo, de modo tal, que no existan distorsiones en la composición misma de los precios.
Ahora bien, en una idílica situación como la que plantea Smith, existe un elemento que escapa a este razonamiento, y que nuevamente toma por inocente algo como lo es la organización misma de los seres humanos. Tal es el grado de torpeza –nuevamente- que no se tenga en cuenta como se conforma un término de intercambio –producto de país A, por producto de país B en diferentes precios-.
Es decir, que el término de intercambio aloja en su seno, una composición de costes que va desde la ganancia misma que pretenda el capitalista, el coste de materias primas, y desde el luego, la remuneración al salario, que no es un coste promedio mas, sino un precio que se determina políticamente, y previo a la producción.
Si tenemos en cuenta, que las elites sostienen una brecha entre la clase trabajadora, hay que mencionar, que macroeconómicamente, en un país, solo existe el capital y el trabajo. Ambos porcentaje, suman 1. Digamos, que si una elite concentra el 80% de las riquezas, el 20 restante se repartirá entre los trabajadores. A su vez, también existen diferencias entre las mismas elites.
Sin embargo, lo que diferencia las clases no es solo la remuneración en términos monetarios, sino el salario real que devenga de cada situación. Digamos, que despegar de un mínimo de coste de vida, implica la brecha que marginaliza a clases que caen por debajo de esa línea.
Si tenemos en cuenta que el mensaje de Smith plantea la anulación de un Estado, esto implica que el trabajador pierda representatividad que le sostenga políticamente, su propio salario. Por consiguiente, el Estado deja de proveer las garantías a los asalariados, pero no anula el derecho a la propiedad privada. Estamos entonces, en una encrucijada de conceptos. Ya no es un concepto sólido, sino una perversidad que se refugia en un mensaje confuso, y que propicia las creaciones de grupos concentradores de riqueza – que no es acumulación de riquezas- y disparando las proporciones de remuneraciones entre las clases.
Esta es la mecánica que existe en un trasfondo de economía clásica, donde lo que se intenta imponer no es un modelo económico, sino que es político-social, ya que la eficiencia en los recursos, pasa a segundo plano, y se vuelve solo una excusa para colonizar intelectos.
Hoy, el centro europeo, se encuentra con una periferia solidificada Estatalmente, donde protegen su producción, y con él la remuneración que va camino a la justicia social, buscando la equidad donde particularmente en la Argentina, la participación del trabajador, trepa hasta casi el 49% del PBI.
La autarquía económica seguirá siendo el camino de cada región, al menos hasta que en los cromosomas del ser humano, desaparezca el interés de conquista, y sea reemplazado por el altruismo.
Mientras tanto, quienes confíen en un mensaje idílico, eclesiástico quizás, seguirán viendo revueltas en sus plazas simbólicas, afrontando crisis económico-sociales. Otros, aprendimos de nuestros errores, y reencauzamos nuestras acciones, hacia un desarrollo completo, donde la dignidad ante todo, se iza en la conmemoración de nuestros ideales, y que hoy nos ponen al frente de un mundo que cambia solo de formalidades, para que a fin de cuentas, nada cambie.
Cristina 2011.


lunes, 27 de junio de 2011

Nuevos horizontes, viejas tormentas

Nuestra historia, la de nuestro país, se ha caracterizado por la reiteración cíclica de procesos socio-económicos, que jamás terminó por cesar.
Es así, que el punto de equilibrio, como situación idílica en un paraíso utópico de la falsa idiosincrasia económica ortodoxa, se ubica entre la zanahoria y el hocico que galopa al fragor de falsas esperanzas.
Sin embargo, la remuneración al trabajo se encuentra corriendo a la coneja siempre desde atrás, en un ínterin en el cual las batallas se tornan codo a codo entre seres de la misma posición jerárquico-social. Valdrá entonces el interrogante que se corresponde con dilucidar el por qué de tal desgaste político entre sectores de símil vulnerabilidad, para los cuales quedan expuestos permanentemente a las batallas ideológicas que son luego encerradas en el tabú del rol del Estado.
Digamos, que desde la concepción misma del nuevo lineamiento mundial, enraizado en los albores de la revolución industrial, el nuevo orden establecido post-guerra mundial –la segunda- alineó las esferas para el fin de sostener la misma mecánica, y propagarla mundialmente. Desde luego, el método por excelencia para esta propagación, ha sido la invasión del capital foráneo por sobre las jurisdicciones republicanas, donde en un desafortunado efecto dominó, la misma lógica ha suscitado en las crisis económicas pertinentes, devenidas de tal esquema de producción.
Es decir, que la estructura resiste incondicionalmente a los cambios, y parecen permanecer intactos debajo de las cenizas de un proceso socio-económico. Al parecer, existe un elemento que escapa a nuestras reflexiones, y que lanza la pelota a la calle, para luego sobrevivir pasando desapercibido, y ser nuevamente, el eslabón desatante de tal desfasaje social.
Como mencionamos recientemente, “la remuneración al trabajo, se encuentra corriendo a la coneja siempre desde atrás, en un ínterin en el cual las batallas se tornan codo a codo entre seres de la misma posición jerárquico-social” lo cual significa que el sector de “elite”, o “clase alta” o “capitalista” –sea la acepción que mejor se adecue- queda siempre protegido en esta contienda ideológica.
Si tenemos en cuenta que los recursos son escasos, entonces los que conserve una proporción de la sociedad, será exactamente proporcional a la misma cantidad de recursos de las cuales el resto de la población, no podrá acceder. Entonces, lo que protege ese “derecho” de tenencia por sobre un sector del cual jamás se discute su genuinidad, se nutre del derecho a la propiedad privada.
Tal derecho, y garantía constitucional, es a su vez propiciada por el Estado. Se vuelve falaz entonces, que lo público sea juzgado por la vara de lo democrático al mismo tiempo, que por sobre lo privado poco se juzga, sino que muy por el contrario, se defiende y se da por hecho, que el derecho a la propiedad privada consta de un derecho divino. Nada más alejado de la verdad.
El dinero, es la representación aritmética de lo producido previamente. Es decir, que el dinero representa producción, sobre lo cual existe solo dos cuestiones a saber: capital y trabajo.
Se preguntarán entonces, ¿dónde queda la materia prima en esta ecuación lineal? pues, la materia prima, es a su vez producto, compuesto por capital y trabajo.
Si tomamos en cuenta que el capital, es solo dinero, que representa a su vez, producción pasada más capital, entonces arribaremos a la conclusión, de que el capital a tiempo hoy representa potencial producción futura y con él, el futuro trabajo de la población.
En efecto, cuando un ser humano es traído a la vida, éste carece de distinción alguna por sobre otro ser. Sin embargo, la transferencia de bienes de padres a hijos –y por lo tanto producción pasada- a través del dinero, es una transferencia dispareja entre seres de diferentes “clases sociales”. Este es el punto en el que se produce la injusticia social, donde el derecho a la propiedad privada protege recursos de un sector, mientras que esa proporción se torna faltante para la otra proporción que es llegada al mundo, con una necesidad no cubierta.
Es el derecho a la propiedad privada la que resiste entonces, a las reestructuraciones que se dan en el comienzo de un nuevo proceso económico luego de una crisis socio-económica.
Muy a pesar del disgusto de una aristocracia que teoriza pasando por alto este punto, el reclamo por una justicia social luego de un desfasaje sistemático estructural como es entendido partiendo de un derecho a la propiedad privada establecida de tal forma, este reclamo se vuelve genuino, y no una obstinación de “clases”.
De hecho, es el mismo derecho a la propiedad privada otorgada por el Estado –porque consta de su génesis en la Constitución Nacional- el que parte a la población en clases, en una sucesión de hechos, en una línea de tiempo que tal diferencia de pisos de oportunidades va abriendo paso en una brecha que no detiene su marcha.
La reparación de tal injusticia social, es entonces asignatura del mismo Estado, y su rol de administrar los recursos de manera tal, que ningún partícipe de la sociedad –ya que cada ciudadano conforma al Estado mismo- quede desprotegido en ninguna de sus necesidades básicas.
Si la vía hacia el reparto de asignación de recursos se da en un marco legal, así como la Constitución Nacional, es entonces la misma senda que recorren medidas políticas socio-económicas que deben resistir a los cambios coyunturales e incluso estructurales, tal y como resiste el derecho a la propiedad privada.
Digamos entonces, que las leyes que vienen a reparar tal desfasaje económico-social, deben incorporarse en la carta magna para prescindir de una administración coyuntural y circunstancial.
La Asignación Universal por Hijo, y embarazadas desde 3 meses, tanto como la jubilación con su actualización de haberes obligatorios y sistemáticos anuales, se vuelven políticas de Estado, y no políticas gubernamentales. Tal es el caso de las paritarias obligatorias anuales entre el síndico y el patronal, que prescinden de la voluntad política de turno.
Será el nuevo desafío, quizá, el de incorporar políticas de Estado a la Constitución Nacional, para que logren resistir un simple decreto o una simple derogación, y a su vez, el desafío por concientizar a la población a su participación en la política y el entendimiento propio de las cuestiones económicas, jurídicas y políticas, para el fin mismo del logro del bienestar social PARA TODOS.


jueves, 2 de junio de 2011

La Ciudad de Buenos Aires, y los resultados de una pseudo ideología neoliberal


Es difícil dilucidar de entre la borrasca que acontece, en una esfera donde las batallas ideológicas con dificultad pueden ser respaldadas con resultados económicos, cuando la jurisdicción se confunde de lo que es el capitolio del stablishment, con la jurisdicción propia del Estado Nacional.
Tal es el punto de confusión, que el engaño y el ardid, quedan sujetos a la merced de funcionarios que no sólo esconden el polvo debajo de la alfombra mediática, sino que aprovechan los resultados logrados por políticas económicas proteccionistas de desarrollo económico-social ejecutados por el Estado Nacional, y los toman como propios, adjudicándose los logros de los cuales hicieron publicidad como eje de campaña política, y de los cuales prescindieron en el paupérrimo desempeño de sus funciones.
No es de extrañar, que el Ministerio de Hacienda de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, subejecute fondos disponibles para alcanzar el estado de bienestar, sino que muy por el contrario, un presupuesto que alcanza los dieciocho mil millones de pesos -$18.000.000.000 – es destinado en parte, a la creación de una deficiente policía metropolitana.
La simbología que destila la creación de una policía con más presupuesto, es irónicamente un mensaje a futuro, jugando con las cartas al revés, advirtiendo sobre las consecuencias que traerán aparejadas las recetas económicas ortodoxas, en cual lecho descansan los lineamientos más reaccionarios que se conocen en la historia reciente.
Al parecer, la intervención del Estado sólo cumple con el derecho a la propiedad privada, acotando los recursos para unos pocos, y dejando a la buena de dios a un puñado de personas que ven llegar sus horas finales en los confines del abandono, tal como sucediera el año 2009 con la suma de 113 personas fallecidas por el frio y hambre padecido en las descuidadas calles de la ciudad de Buenos Aires.
La desidia por el bienestar social, vira hasta el extremo de presumir el desprecio mismo, excluyendo a la sociedad y sometiéndola como herramienta de ajuste para falaces teorías liberales económicas, que reposan sobre los vírgenes hombros de un Ministerio de Hacienda, que pocos esfuerzos dedica hacia alcanzar la felicidad de su pueblo.
Sin embargo, el alcance de una medida revolucionaria, y reparadora como no se tenga experiencia previa como punto de comparación como es la Asignación Universal por Hijo, es tan poderosa que atraviesa las jurisdicciones, y la rueda de la producción y el consumo nacional le llega como una brisa para acalorados individuos que deambulan en los suburbios porteños.
Es curioso apreciar, que en la ola de la crisis mundial financiera del año 2009, el desempleo en promedio de nuestro país alcanzara el 9%, mientras que particularmente en la ciudad de buenos aires, desplegara todo su daño ubicando tal indicador en el 14%.
¿Cómo es posible, que un Ministro de Trabajo haya tenido el plazo de 12 horas para resolver un problema de tamaña magnitud, y como por arte del reflejo de una ideología proteccionista, se desplegara un programa como el REPRO? En este programa, las empresas que tuvieran problemas en sus libros contables, obtenían la suma de $600 no retributivos por cada empleado, a fin de solventar su situación contable, y fundamentalmente, para no expulsar trabajadores a la calle.
Sin embargo, en la ciudad de Buenos Aires, las medidas anti cíclicas se hacían esperar, hasta el punto de anunciar implícitamente su ausencia, con el cierre de escuelas para niños discapacitados, haciendo terapia con animales para unos 500 chicos. Al parecer, el presupuesto porteño debiera ser “cuidado” para otras funciones, como hemos visto al comienzo, en una ostentosa policía metropolitana.

martes, 17 de mayo de 2011

EL MITO DEL PRECIO Y EL SALARIO REAL COMO COMPROBACIÓN EMPÍRICA

Desde tiempos de batalla mediática entre el gobierno nacional y las corporaciones asociadas a la explotación agraria sojera, el grupo hegemónico que controla los medios de comunicación, tomó como elemento de choque, la manipulación de criterios subjetivos y apreciaciones acompañadas de juicios de valor, emitidos por personajes presuntamente consagrados en sus áreas.
La emisión de datos que fueron traídos de los pelos, y torturados para lograr informar lo que escapa a su propia comprobación contrastada con datos reales y concretos, ha sido desde tiempos de la creación de las ciencias sociales, el ariete fundamental para la desinformación, y con ella aparejada, la respectiva ignorancia generada.
El arte del engaño es liberado en una pradera donde corre protegido por la desidia del receptor de la información que es sometido al destelle de una pantalla o parlante que habla pero no escucha, y que sus reclamos jamás llegarían a ser contemplados, jugando con la fe de erratas como herramienta desechada al olvido.
Las mentiras son reiteradas en función de la necesidad de quien proscribe su interés en producir cierto efecto, sobre quien absorbe los mensajes subliminales florecidos de la gesticulación que empatiza su miseria, acompañando una sonrisa desdibujada por la tristeza que pretende transmitir.
 La anunciación de un resultado económico desfavorable para el segmento dirigido, es previamente estudiado para no mermar pérdidas frente a la apreciación de quien capta el mensaje, por lo que los artilugios puestos en práctica son tan variados como rebuscados, con el objeto final de inculcar una mentira, y por supuesto, aumentar el nivel de audiencia.
Afirmar que un producto es “caro” o “barato” sin expresar el nicho comparable, es abusar de lenguaje tanto como determinar la belleza de un dios. Los precios solo pueden ser caros, contrastados contra un poder adquisitivo, o baratos en la misma lógica.
El salario se expresa en determinada moneda de curso legal en un país, y expresado en divisa bajo la respectiva conversión mediante el tipo de cambio determinado por su banco central.
El costo de vida, comparado entre la necesidad de los productos a consumir como necesidad básica –llamada canasta básica- y entre el salario percibido, deja una franja que es la que determina el salario real de un ciudadano.
Entre países cercanos que intercambian comercialmente sus productos, existe estrecha relación entre el costo de producción de cada estructura económica, vinculado directamente con los niveles de salario nominales, y salario real como elemento sustancial para determinar la evolución o no, del bolsillo del trabajador promedio.
Presumir que un país como Uruguay exporte mas alimentos cárnicos que la Argentina, no quiere decir nada, si este indicador no es ponderado con la cantidad que consume un trabajador promedio uruguayo, comparándolo con la cantidad que consume un trabajador promedio argentino.
El grado de calidad de una canasta básica, será determinado por su composición, y el coste que este representa para quien consume.
Si al dato de exportación uruguaya lo ponderamos con el coste de la canasta básica que ronda los 45,45 dólares, frente a un salario promedio de 579 dólares, nos dará un coeficiente de coste de vida del 0,078. Ahora la misma comparación con la situación argentina.
La canasta básica argentina ronda los 29,75 dólares frente a un salario promedio de 927 dólares, lo cual arroja un coeficiente de coste de vida del 0,032 lo que significa que el trabajador promedio argentino posee un salario real superior al trabajador promedio uruguayo, y el dato primeramente arrojado no significa otra cosa que el encarecimiento de los precios internos debido al grado de apertura del comercio exterior en ese producto, tal como el caso de la carne en el país charrúa.
Presuponer que el televidente argentino, o el interlocutor radial quede sujeto a la mentira, es casi tan grave como la baja en las ventas del Clarín diario, como en las visitas que ven caer dia tras dia en su diario online.
Se hará justicia social. Se ha hecho.

martes, 3 de mayo de 2011

Los medios de comunicación y el impacto sobre la economía argentina

La relación finanza/producción
Desde tiempos de la revolución industrial, se ha implementado el sistema de producción como método de desarrollo, acompañado de la mano de la obra doctrinaria de Adam Smith, en la que introduce el concepto de verdadera riqueza, a la producción y no a la simple acumulación de tesoros al más rústico sesgo mercantilista.
En cuanto al sistema de producción basado en el desprendimiento de capital hoy, para una futura creación de bienes, y por tanto, riquezas, el sistema financiero data desde la edad media con la creación de dinero, desde la emisión de un papel representativo de las riquezas atesoradas en las arcas de los orfebres.
Digamos, que al engendro capitalista tal y como lo conocemos hoy, no es más que la reiteración del cíclico y sinusoidal trayecto que toma la curva de la producción hasta las depresiones pertinentes, ligadas claro está, a la desaparición de la confianza como especulación per se.
Es decir, desterrar el concepto de finanza para la purificación del sistema, sería arremeter no contra la corrupción que el dejo de control sobre éste recae, sino contra la propia ineficacia de quien ejecuta las funciones de uno de los pilares del cual consta el mecanismo de la producción presente y futuro.
Pretender mitigar la incertidumbre el cual detrae el lapso de tiempo entre el préstamo y la producción lograda, conlleva tanto un esfuerzo por sobre el agente que deja a disposición tal suma, y sobre el destino mismo que se le otorga al capital aludido.
Por tanto, es necesaria una relación estrecha entre la confianza de quien deposita dinero en la forma que fuere, y entre la ejecución de tal capital, pues, no habría producción futura –y con ésta, trabajo- si no hubiera inversión a tiempo hoy. Desde ya, que hasta llegar a la institución que funge de prestamista, es necesario advertir de donde obtiene éste su capital, veamos:
La banca privada no consta de un capital inicial más que de una quinta parte del total que posee la empresa, por lo que ante una eventual corrida bancaria, el sistema colapsaría de momento a otro.
Los préstamos se logran a través de los depósitos que previamente fueron depositados por los individuos, o por instituciones gubernamentales, por lo que el carácter de certeza y de seguridad, le corresponde como capital simbólico al depositante, y por tal, como poder mismo, al momento de actuar gregariamente.
Es decir, que el clima de seguridad y de garantía institucional de la cual se nutre la voluntad del depositante, es sumamente delicada y fuertemente sensible ante ruidos que pudieran propagarse de entre los pasillos de las instituciones financieras.
Por otra parte, el destino de los fondos para préstamos carece de estricto horizonte en común, ya que tan sólo una ínfima parte del conglomerado de instituciones de crédito, pertenece a la banca
Estatal. Ipso facto, solo una parte mínima del sistema bancario puede responder a una línea directiva y de igual lógica, tan sólo un ápice de capital en proporción global, es la destinada a las inversiones de producción.
Los medios de comunicación y la Argentina
A espaldas del funcionamiento de una economía, tanto a nivel macro como micro, el sujeto es quien mayoritariamente posee a disposición líquida del sustento al sistema productivo. Si bien individualmente cada movimiento no genera grandes alteraciones, los movimientos en masa, son provocados ante la eventualidad de una posible realidad, de la cual baja hacia el conjunto de la sociedad desde sistemas de transmisión de información.
Si presuponemos que el sistema de producción y consumo está estrechamente ligado al funcionamiento financiero promovido desde las cuentas de cada individuo, tomamos como premisa que la psiquis de la masa se encuentra rendida a merced de la realidad que se perciba de momento a otro.
El discurso que desciende hacia el ser humano, consta de valor simbólico, el cual capitaliza motu propio, adjudicándose la credibilidad y la autoridad moral para arrastrar consigo mismo, la voluntad de quien toma y asimila tal mensaje.
El costo de oportunidad dado en la estructura organizacional tal como sucede hoy –y siempre lo hará- no permite que más de un cierto límite de comunicadores que se dedique a transmitir un abstracto concepto de realidad, pues, tomamos a la realidad como cada punto de vista de cada individuo que compone a la polis.
Así como este efecto de menor proporción de comunicadores por sobre la total proporción de interlocutores, y devenido de tal lógica, la información que ocupa un tiempo y espacio por sobre el espectro informativo, es detraído de un filtro que previamente bajo el criterio de un agente, fue seleccionado para ser transmitido.
Si tenemos en cuenta, que el criterio de quien tiene su poder como capital simbólico, es un sujeto –físico o jurídico- con fines de lucro privado, entonces no queda más que aceptar que la psiquis y el movimiento de masas sea promovido desde tal agente comunicador, con sus propios fines, los cuales carecen necesariamente de relación con la situación económica que el Estado macroeconómicamente persigue lograr.
En un clima de puja de intereses entre los –o él- comunicador por excelencia en la Argentina, y el Estado como promotor de la producción/consumo local, implica una adversidad latente heredada tres décadas atrás, para lo cual, el esfuerzo por sostener la producción y el consumo, y a su vez, sostener la confianza de los depositantes, es tan ríspido como la restricción externa devenida de una crisis financiera internacional tal como sucediera desde el 2008 y del cual aún es imposible determinar el grado de daño que ha provocado y que seguirá provocando.
Aun así, la tendencia que lleva adelante la curva económica desde el 2003 hasta la fecha en nuestro País, da cuenta de la reñida puja de intereses entre el vocero de las corporaciones –y a su vez corporación per se- y el Estado por sostener las cuentas nacionales en su plenitud como no se tenga memoria en nuestra historia.
Digamos entonces, que la economía abarca desde la situación coyuntural estrictamente monetaria, hasta la situación estructural abiertamente social, por sobre el cual recae la responsabilidad por no disociar lo social de lo monetario, sino más bien, complementándolos como un todo bajo un macrocosmos.
La ofensiva del mensaje que promueve las corridas bancarias y el cese de consumo, infundadas en el temor y la incertidumbre futura provocadas desde el grupo monopólico mediático –en el caso argento- intenta provocar la caída del empleo y con este, del salario y así deprimir la masa productiva total –PBI- y retornar a la situación de servidumbre rendida ante los pies de las corporaciones transnacionales.
Frente a una economía estratégicamente cerrada y protegida del avance de la mano de obra foránea, el consumo al ser mayoritariamente local, genera nuevas fuentes de trabajo, y ante la eventual utilización de la total capacidad instalada, abre las puertas a nuevos emprendimientos para sostener la demanda surgente, para lo cual se necesita del préstamo para la inversión.
Por lo tanto, en tal círculo virtuoso del consumo y el trabajo, somos nuevamente atraídos hacia el núcleo de la razón capitalista productiva de la inversión/producción.
Al tomar como punto de partida la franja –hoy minoritaria- de desocupados, nos vemos obligados a seguir sosteniendo el sistema de depósitos individuales para ser destinados a nuevos empréstitos que incluyan al segmento desocupado, para lo cual, es necesaria la interacción entre los difusores de información, y la voluntad política por sobre todas las cuestiones.

martes, 5 de abril de 2011

El bienestar social, y la desidia: ensayo sobre cuestiones prácticas filosóficas


La desidia por el bienestar social, tal como se desenvolvió la administración noventosa, de la cual las esquirlas aun reverberan en los pasillos de Acción Social, fue complementándose con teorías económicas de antaño y obsoletas.
Las perjurias resultan, de marras, incondicionales, las cuales abstractamente parecen mimetizarse en el umbral que divide las aguas entre la ostentación de la elite y las clases sociales rezagadas, las cuales descansan a la intemperie que sólo las premisas neoliberales pretenden sosegar en los confines de las falaces interpretaciones de la realidad.
Caeteris paribus, el núcleo de la desigualdad, tan rígido como ominoso, sostiene el mecanismo de la martirización la misma que nutre el ego del sector que se apropia de las riquezas por lo producido, y la cual se manifiesta en la frivolidad de una fotografía que inmortaliza el “gesto” solidario en una jornada de “conciencia social”.
Al parecer, el acto de la caridad cumple dos funciones nefastas:
La primera, el enjuague de culpas atañidas por seres humanos que gozan de la protección del derecho privado el cual les brinda la potestad de apropiarse del trabajo realizado por generaciones enteras, por el simple hecho de la aleatoriedad, y de la suerte capitalista de unos pocos.
La segunda, el acto de engendrar la admiración como un vacío símbolo, el cual en una relación parasitaria, las masas que a su vez son abusadas por las minorías elitistas, le otorgan a éstos, la autoridad moral para elevarlos en el altar de la pirámide jerárquico-social. Las mermas se consumen en el sinfín.
En efecto, una simbiosis es avistada bajo la lupa que observa minuciosamente las alteraciones en el rumbo de la sociedad, tomándolo como un todo, y ponderando la situación social en conjunto con la sustentabilidad macroeconómica que pernocta sobre ello.
Asimismo, la sequía que azota las cosechas de una sociedad sometida a la partición centro-periferia, es retroalimentada por los estándares culturales, los cuales son fuertemente asediados por conceptos éticos y morales basados en un sistema de producción feudal tal y como la formación eclesiástica intenta conservar.
Es menester presuponer que los cambios ad-hoc serán resentidos solo en una esfera optima de plenitud socioeconómicamente estable. Los sobresaltos no serán más que una situación coyuntural para lo cual su observación contribuirá en pos de que lo eventual no se torne crónico.
Por consiguiente, no es posible pretender grandes cambios en la matriz productiva de un país el cual se encuentre estrechamente ligado a la cerrazón en la que sólo la presencia de un modelo eclesiástico sea capaz de someter.
De hecho, la educación de las masas se verá tensionada por los intereses que recaigan por sobre las generaciones progenitoras, donde el cambio de apreciación de la realidad será un camino tortuoso en una contienda entre lo semánticamente forjado en el intelecto de matriz, y sobre las nuevas teorías y prácticas que se pretendan socavar en el seno de la actividad social.
En un acto enteramente político en el cual una porción de la sociedad se propone adjudicarse la estratificación propia, partiendo a la sociedad en clases sociales, donde la mayor porción sea arrastrada a la servidumbre de la aristocracia.
El poder más antiguo de la civilización por excelencia, la iglesia, es el aparato ejecutor y a la entera disposición de quien pretenda alcanzar el blindaje y el proteccionismo que sólo una distinción económica se necesita para alcanzarlo.
La protección brindada por la jerarquía eclesial, se nutre en –tal vez- el arma más poderosa de todas: la ignorancia.
Desde ya, que el avance de la ciencia por sobre la religión, ha permitido la reproducción de la humanidad en proporciones exponenciales, al tiempo que ha doblado la expectativa de vida en un tercio de milenio.
Ante tal avance del campo de la ciencia, como contraofensiva intelectual se ha logrado englobar a la ciencia tan solo a la parte que le corresponde la estaticidad y la exactitud, al tiempo que el campo que le pertenece a las ciencias de corte social, le escapa la genuinidad que le pertenece.
No es casualidad que la inteligencia, que como tantas aristas se le pueden suscitar, solamente sea adecuado a los conceptos referidos por las ciencias exactas, y en consecuencia, las ciencias sociales, también llamadas dinámicas carecen de igual reconocimiento, siendo que el desarrollo humano alberga en sus cromosomas, la condición de dinamismo como elemento de supervivencia de la especie.
Con todo, el aparato universal adecuado por la igualación de las elites en cada sociedad jurisdiccionalmente aislada, recae en los mismos preceptos y en la misma lógica operativa, donde la marginación de las clases para su indefectible aprovechamiento ex post, resulta indispensable para el sostenimiento de un sistema que permite el desfasaje productivo en un sector que trabaja a merced de una minoría.
Conclusión, todo nos remite a una sola cuestión, el entendimiento del mecanismo, y por ende, quien resulta ser marginado y expulsado a la ignorancia, o forzado a lo mismo, resultará en el brazo desfavorecido de la balanza.
En efecto, si los cambios resultaran de generación en generación y a través del conocimiento, los cambios serán tan dinámicos como las pujas entre quienes intentan conservar el statu quo y entre quienes entienden y reclaman su porción equitativa, por lo que la herramienta que atraviesa tales extremos, redundará en el conocimiento, y en el destierro de prácticas que sólo tienen cabida en la cerrazón de la capacidad cognitiva, ligadas por consiguiente, a las practicas eclesiásticas de un poder que cambia el discurso, para que luego, nada cambie.

miércoles, 26 de enero de 2011

Sueña con despertar


El inevitable revés de la vida cumplió con sus augurios, dejando a su paso, una estela de miseria que carcome lo más paupérrimo que pernocta en mi cuerpo como rastro de lo que fue un alma…un alma que hoy se ve empobrecerse día tras día al fragor de la emoción cuya sangre coagula en las tinieblas de la inocencia…
El frio llega tarde para refrescar un cuerpo calcinado, una conciencia trastornada lo suficiente para aislarse hasta de sí misma…brazos que se enredan para escudarse de entes ajenos que apañan su visión y nublan su estima…
El dolor se apodera de mi espíritu hoy espectral, el cual sonríe a su pasar asegurando un porvenir devastador, asolación que sanará lo último de esta gangrena existencial, donde la carne ya marchita solo es un esbozo de lo que alguna vez creyó ser, y lo que alguna vez quizás lo fue…
Al tiempo se burla mi esperanza, óleo de una escena sólo capaz de recrearse en los más profundos y apócrifos sueños devenidos en pesadillas, de los que mi propio ego se regocija ante el revuelque sobre mi broza, proyecto de cadáver…
Como una droga fue consumiendo toda huella de libertad, donde las cadenas lastiman tobillos y muñecas que ya no desangran…
El pavor combustiona las heridas que suceden las presiones por un anhelo de felicidad, de lo que jamás podría gozar cual lluvia jamás detiene su ira…
Se resquebrajan los recuerdos de algo que nunca sucedería, ya que todo transcurre dentro de un sueño donde sueña con despertar, para tan solo abrir los ojos, y ver que ya no está.