Mostrando las entradas con la etiqueta Educación; Ciencias; dilema; individualidad; reflexión; periodismo;. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Educación; Ciencias; dilema; individualidad; reflexión; periodismo;. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de julio de 2020

Acumulación de capitales y la concentración en Estados no-Nación: la nacionalidad del capital


Difícilmente pueda llevarse a cabo la premisa de la acumulación del capital cuando la voluntad de su tenedor se antepone como derecho humano por sobre la lógica de la preservación de la salud de la comunidad en su conjunto. Cualquier planteo socioeconómico fundamentalista entra en jaque dentro de un embrollo que no tiene punta de dónde tirar.

Los estándares que movilizan las decisiones individuales son promovidas incluso por la creencia del mismo individuo que propaga una noción sobre las cosas que lo terminan sujetando a la suerte de su propia acción, casi como la profecía autocumplida que cada vez retorna con mayor velocidad dado las herramientas informáticas comunicacionales que imposibilitan repetir aquello de las palomas que proveyeron de la fortuna de los Rothschild.

Lo cierto es que a medida que la masa de asalariados acumula pequeños ahorros y los estímulos los conducen a decisiones arriadas, el destino del volumen acumulado se termina por diluir en canales antiproductivos de ahorros que por sonidos ahuyentagolondrinas se fugan del sistema y se reclaman en ganancias financieras que sólo hacen depreciar la producción real oprimiendo sobre el stock de dólares y depreciando los precios/salarios relativos en dólares para reducir todavía más el poder adquisitivo absoluto y con esto, claro, la masa de consumo que es lo que retiene capitales extranjeros de retornar a la casa matriz de sus empresas en concepto de remesas.

Por otra parte, si desde el Estado y a través del Banco Central se opta por seducir al inversor mediante altas tasas de interés, entonces se vuelve más atractivo esperar por un retorno de tasa de interés en concepto de plazo fijo que consumirlo en productos de fabricación nacional cuando al mismo tiempo el mismo Estado no restringe el acceso de mercadería de importación obligando a competir al local vía precios pujando por la baja relativa de la carga salarial ya sea reduciendo el mismo, ya sea despidiendo o subiendo los precios nominales o todo al mismo tiempo que es lo que a cuentagotas termina ocurriendo.

Repasando, si del Producto Nacional se fuga una alta masa de dólares al mismo tiempo que se abren las importaciones, el capital nacional se esfuma desinvirtiendo en producción volcándose a las finanzas a expensas de lo que sea no importa que los instrumentos financieros impliquen apostar contra el Estado Nacional, y el capital extranjero reduce sus inversiones y gasto en divisas localmente puesto que vende menos internamente por la reducción generalizada del poder adquisitivo, volviendo menos competitiva su inversión por los costos medios que implican una inversión a escala que justifique radicarse aquí, ya que la mano de obra no se encuentra tan barata como la asiática (excepto Japón y Corea del Sur) con salarios de subsistencia, ni el poder adquisitivo es tan importante como el que se encuentra en la Europa occidental por los altos salarios, mientras la lejanía del cono sur latinoamericano encarece el traslado tanto de la materia prima que viene importada como del bien final a exportar. Aquí es donde entra en juego la primarización de la economía exportadora, ya que se vuelve más rentable apostar por la actividad primaria y a grandes volúmenes y que emplea poca mano de obra, y de donde la proporción de tributo local es relativamente menor que la actividad productiva y de la que las retenciones por convenio suscrito ante la OMC no puede exceder del 35 por ciento en calidad de retenciones.

Si del compromiso de pago de deuda externa estimando una carga relativa al Producto en el orden del 20 por ciento, asciende al 100 por ciento y cuando sincronizadamente el Estado decide reducir la recaudación de divisas por eliminación de retenciones hacia los productos de exportación, entonces la capacidad de ahorro/stock de dólares de las Reservas se ven relativamente debilitadas volviendo vulnerable las Cuentas Nacionales frente a eventualidades futuras, alterando esto las calificaciones y disparando los riesgos de default puesto que hay menos dinero para pagar más deuda (no es difícil de augurar), entonces los capitales o potenciales desistirán de invertir en una economía que enferma generando revuelo en las bolsas y comenzando el efecto dominó de desinversión donde se activa el protocolo social involuntario del “sálvese quien pueda” resucitando una y otra vez las lecciones de Lord Maynard Keynes de la Ley Psicológica Fundamental acelerando el proceso recesivo a ritmo vertiginoso.

Cuando una persona adquiere un vehículo además de la transacción monetaria debe adecuarse a una serie de lineamientos de carácter formal y fiscal, de la que obtiene documentación de dominio y reconocimiento de bienes bajo instrumento público y de la que goza de protección y garantía constitucional. Claro que en la documentación que prueba dominio se denomina al bien y al sujeto estableciéndose así el vínculo legal que acredita titularidad. Similar proceso ocurre con la adquisición de inmuebles. Sin embargo el dinero llamado también como “moneda de curso legal” consta de un papel certificado y garantizado por el Banco Central de cada país, aunque no declara mismo vínculo entre persona y cosa, pese a la probatoria de legitimidad en tanto y en cuanto la trazabilidad que sólo la bancarización permite, cuando el dinero sale a la plaza, o a la calle para ser más preciso, se convierte en un paria, huérfano sujeto a la ley del más fuerte (o del mejor protegido) frente a eventualidades de una sustracción, mediante hurto o robo que al mismo tiempo imposibilita la garantía constitucional que ostenta el vehículo o el inmueble ya que el billete tiene un código de serie que vincula con su emisor pero no vincula con la persona que dice poseerle. Es decir entonces que podemos atribuirle origen al dinero en cuanto a Institución emisor del país o bloque económico/Estado que refiera pero no encuentra restricción de movilidad internacional más que algunas impuestas por distintos Estados o Gobiernos. Como el dólar es la moneda de transacción mundial, sus tenedores buscan preservarlos donde encuentren mayor comodidad volviendo al capital apátrida sin Nación. He aquí la offshorización global.

Si por otra parte no replanteamos los conceptos inter-nacionales hablando estrictamente del relacionamiento entre las Naciones por los intereses respectivos, estaremos firmando pactos leoninos puesto que desde siempre prima la doctrina Washington de “intereses con todos, amistad con nadie”, reconociendo que las relaciones sólo deben darse cuando la pérdida es relativamente menor que con otro y siempre y cuando no exista un sustituto que nos provenga de resultados más ventajosos. Puesto que el dólar no tiene nacionalidad, da igual si proviene de Arabia Saudita, de la India, de Canadá o de Surinam en tanto y en cuanto el egreso de los mismos no nos resulte a largo plazo un deterioro de nuestras arcas nacionales. En efecto, las viejas conquistas se daban entre tantas razones por expansión territorial, por prevención ante un avasallamiento, para la obtención de recursos de otras latitudes, o por simple juego de dominio, entre tantos otros que desde que la Banca se institucionalizó desde pasado el doceavo siglo posterior a Cristo el intercambio de dinero (en cualquiera de sus formas) implica el traslado de los recursos (a través del comercio) y la sumisión de compromisos a futuro (a través de empréstitos y deuda) por lo que la soberanía se termina lavando a través de solemnes actos protocolares y de supino glamor que pone de rodillas a una de las partes de forma pacífica, no beligerante.

Endeudarse supone sumisión, y vender a precio irrisorio implica ceder recursos en detrimento de uno a favor del otro (puesto que suma cero) y lo demás es verso. Así las cosas, la independencia se firma con la autonomía, la autarquía, el consumo a cambio de menos y la sustentabilidad a largo plazo, y todo aquello inversamente a esta dirección es, pues, colonialismo.

martes, 19 de mayo de 2020

La hambruna de Bengala

"Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende"

Churchill y la hambruna de Bengala: la especulación de siempre, el hambre de ayer y hoy

El economista y Premio Nobel Amartya Sen afirmó que no había escasez global de arroz en Bengala en 1943: la disponibilidad era algo mayor que en 1941, cuando no había hambre.​ En parte fue esto lo que condicionó la lenta respuesta oficial al desastre, ya que no habiendo pérdidas de cosechas, el hambre era inesperada. Una de sus causas fundamentales, sostiene Sen, estaba en los rumores de la escasez que provocaron el acaparamiento y la inflación de los precios causada por la rápida demanda en tiempo de guerra que hizo que las partidas de arroz fueran una excelente inversión (los precios ya se habían duplicado respecto al año anterior).

En la interpretación de Sen, mientras que los campesinos propietarios de tierras en donde creció el arroz y los que trabajaban en las industrias de las zonas urbanas y en los muelles vieron cómo sus salarios se elevaban, se condujo a un cambio desastroso en los derechos de intercambio de grupos como los campesinos sin tierra, pescadores, barberos, descascarilladores de arroz y otros grupos que encuentran que el valor real de sus salarios había sido recortado por dos tercios desde 1940. Churchill impidió aliviar la carga a la india, y la aumentó, las industrias indias fueron reconvertidas para ayudar en la manufactura de armas y uniformes a las tropas en África y la frontera con Japón. Esto dejó sin industrias de primera necesidad a las grandes ciudades Indias, lo que sumado a un aumento en los envíos de granos, provocó el colapso. Al estar las fábricas ocupadas en armamentos, bienes como herramientas agrícolas y ganaderas estaban en escasez. Esto contrajo la producción agrícola y al no poder entregar la cantidad de granos que los Británicos pedían producir, los terratenientes indios entregaron los almacenes de comida locales. Al haber menos granos disponibles en los comercios, el precio se duplicó mientras los sueldos con el esfuerzo de guerra se congelaron por 5 años. Esto causó que en 1943 murieran 2 millones de personas en la peor hambruna de la india del siglo XX. En pocas palabras, a pesar de que en Bengala había suficiente arroz y otros granos para alimentarse, la gente no tenía suficiente dinero para comprar.

jueves, 14 de mayo de 2020

Destetar o detestarse


Según el psicoanálisis, El destete se define como un período de tiempo en la vida del niño y de la madre que comienza con la introducción de alimentos diferentes de la leche materna en la alimentación del niño y termina con el abandono total de la lactancia. Es un proceso gradual, no se produce de forma súbita y requiere de un periodo de tiempo para culminarse. El inicio del destete tendría una fecha de inicio general que es el comienzo de la introducción de los alimentos complementarios a la dieta del bebé. Y si bien todos los niños abandonan la lactancia materna de modo natural, la madre puede decidir contribuir a la aceleración del proceso natural del destete.

Hay una paradoja en la vida que a la deriva naufraga perdido en los mares de su consciencia, casi una dicotomía sustancial que impide el desarrollo individual sin la contención de su álter ego por naturaleza, que en sociedades lactadas por las comunicaciones, recrea un hermano gemelo en cada uno de los individuos al que adhiere gregariamente y le concede el descanso emocional que implica abandonar a su madre. Esto nunca llega, es parasitario y crónico, y en algunos casos toma un revólver matando a su opresor para quedarse sometido a su recuerdo por el resto de sus días. Mata la enfermedad suicidándose emocional y cognitivamente. El destete nunca se da. Negocios.

La concepción que los seres humanos le dan como forma intangible para comprender el mundo que los contiene y los rodea les implica establecer un compendio de significados y significantes para los objetos inanimados como para las sensaciones, emociones y fenómenos que escapan al tacto y sobre aquellos conceptos construir las estructuras que necesitan para desarrollarse. El sentido común dicta que si la materia prima falla y se alcanza noción de ello, pues la materia prima debe sustituirse por una que reúna las características adecuadas en virtud de su propósito. Lo ilógico es aferrarse al equívoco esperando de aquello algo que nunca obtendrá. Y lo curioso es que de los locos, o mentalmente enfermos se espera comportamiento absolutamente racional cuando del ser humano cuerdo se espera comportamiento irracional e ilógico. Paradojas nada más.

Si como proceso de adaptación y proliferación de las especies, los organismos a prueba y error recaban y procesan esa información para que su descendencia cuente con aquella certeza y evolucione, ¿cómo es posible que el ser humano pierda aquella conexión filosofal que todo niño desanda cuando ve lastimarse una y otra vez al compás del regaño constante de sus progenitores? Pues si el problema se detecta en un punto específico de la línea de tiempo evolutiva de determinados seres, se me ocurre pensar que Sócrates hace más de 2400 años estaba en lo cierto entendiendo que los seres humanos en ese periodo debieran de estar protegidos de la mala información, de la mala educación y al carecer de sentido de disociación del bien y del mal, simplemente debe no estar expuesto a las fauces de poetas y fabuladores que mal interpelan a los Dioses. Educar al educador, es lo que el filósofo griego concluyó cuando pensaba en la formación de los soldados como artesanos y vitales para el desarrollo de una sana sociedad. Todos somos soldados.

Así dadas las cosas en esta vida y en este mundo competitivo los seres humanos guerrean entre sí por recursos, y punto final. No existen otras afirmaciones, sino preguntas acertadas que realizarnos sobre el desarrollo de aquella ecuación, como por ejemplo entender qué entendemos por recursos y cuáles no, o qué prácticas conforman el concepto de guerrear, y cuándo observamos competitividad y cuando es un mero sometimiento como el que realiza un agricultor con sus especies que cultiva para ser ingeridas inexorablemente. Oh proteccionista animal que pugna por el consumo de seres a no animados como causa por el no maltrato y la no crueldad sobre animales, permítame señalar su falta de fundamentalismo y su criterio parcial y deliberado sobre el cuál hacer su máxima kantiana, porque las leyes de los mortales como las leyes de la naturaleza dictan que el criterio para las sociedades debe ser universal y por ende el fundamentalismo registra una alineación de cero grados para levantar edificios. Cultivar plantas para engullirlas es igual que criar animales para utilizarlos, a los fines estrictos de la ciencia. Sólo somos códigos y moléculas que transitamos en este mundo, sabe, porque entre no haber nacido y morir no hay diferencia alguna, y con vaga ironía expreso que incluso en la muerte el ser humano al menos en algunas medidas puede elegir acelerar el proceso o establecer lugar y contexto en el cual finar su existencia, cuando venir a la vida es compulsivo, deliberado y autoritario. ¿O acaso usted fue consultado y dio su aprobación para venir a este mundo tal y como vino? Sólo respuestas incorrectas.

Las personas que no destetan no se desarrollan, y punto. Y el destete cuando deja de ser físico pasa a ser emocional y el cordón umbilical que lo acompaña hasta la muerte lo estrangula pero no le impide respirar, no es constrictora como las serpientes que lo emplean para cazar y alimentarse, sino que lo realizan seres humanos con su descendencia de forma egoísta consciente o inconsciente para saciar o emparchar sus propias carencias, con la diferencia que el ser humano no necesariamente pone en duda los conceptos emocionales escritos en los códigos morales y éticos que yacen en la letra chica del contrato de vida, muy por el contrario incluso hasta los repite hasta el hartazgo cargado de contradicciones que arrastra hasta generarse una escoliosis cognitiva que le impide incluso advertir que le está por salir el volante mientras conduce y sube historias a Instagram como enviando botellas al mar con mensajes incoherentes e ilegibles para que las recoja alguien que interpreta lo que está esperando oír o leer para saciar su apetito de banalidad.

Cuando el ser humano no se desteta, disléxicamente se detesta, porque muy a sabiendas de lo que no quiere repetir en su vida, se aferra a un recuerdo que corrigió con el Paint y al que arrastrará a su descendencia para configurar una fotografía con destino de fondo de pantalla.

viernes, 5 de abril de 2019

Seguridad Jurídica


Prima como máxima del mundillo de las finanzas que “a mayor riesgo, mayor tasa de interés”.

Como ejercicio didáctico en reiteradas ocasiones he comenzado una clase por analizar enunciados que en las ciencias sociales de corte económicas albergan más de un simbolismo a considerar. Siguiendo esta línea continúo por observar cómo reaccionan ante lo que a prima facie pareciera resultarles, como mínimo, singular. Algunos de ellos experimentan sensaciones de encuentro cuando en el vaivén de sus mentones los veo asentir lentamente como quien experimenta la sinapsis, trazando lunares y encontrando formas en un juego mental quizá novedoso.

El lenguaje tal como lo conocemos y utilizamos habitualmente se encuentra cuando menos atiborrado de falacias que son replicadas como retuits’ a inconsciencia cuando el propósito originario del emisor primario fue justamente ese, que ante una reacción –no importa cual emoción despierte- no haga otra cosa que difundir el mensaje, cuando el mensaje se encuentra compuesto por una imagen y determinadas expresiones que encienden las alarmas del cerebro.

En definitiva, la mecánica de lograr que los individuos pregonen un mensaje como consecuencia de una reacción ya es habitual, con la novedad de incorporar una imagen de una persona con determinada expresión facial y una frase que sumado a ese coquetear con la gesticulación –hoy devenido a “meme”- termina por generar un impulso en el espectador. ¿Qué tendrá que ver todo esto con la seguridad jurídica? Ahora iremos hacia allí.

Durante años, los medios de comunicación argentinos alineados a intereses corporativos que pertenecen a un entramado piramidal apátrida –ya que el capital no tiene nacionalidad- bajan líneas como en formación 4-4-2 donde dependiendo de la audiencia en determinada franja horaria, los locutores de radio y/o televisión modulan su lenguaje según al público que se dirijan, exactamente como una estrategia de colocación de productos bajo clásicos lineamientos de estudio de mercado. Ahora bien, cada día los operadores de medios de comunicación determinan a lo largo del día instalar uno o dos conceptos con acepciones definidas y específicas con ánimos de que perdure en un futuro medio reverberando en los pasillos de nuestra mente.

La “seguridad jurídica” se define como un principio de derecho basado en la certeza del derecho previsto como prohibido, ordenado o permitido por el orden público. En un sentido práctico a lo que vengo a significar con esta metódica de la instalación del concepto de seguridad jurídica instalada por los medios, conllevó y conlleva un trasfondo de sesgo oneroso que a calzón quitado viene a entenderse como las ganancias empresariales garantizadas por el Estado Nacional sin miras de un posible cambio futuro lo que asegure lo que se entiende también como statu quo.

En uno de los tantos encuentros con diplomáticos que en la función de quien les habla resulta frecuente, el Consejero Económico en representación de su país, por caso, uno de los países de mayor calidad de vida del mundo, nos aseveró que su empresariado promedio –servicios y/o producción- suele esperar 4 o 5 años para comenzar a beneficiarse de mayores rentabilidades. Lo curioso del relato no es lo que a reacción de un ciudadano del subdesarrollo signifique esperar 4 años para experimentar altos beneficios, sino la naturaleza de aceptar eso como válido o normal.  Lamentablemente para mí, muchos de los que pululan en derredor no comprenden el alcance del contenido del mensaje al que me refiero, ante lo que reaccionan con una sonrisa socarrona buscando complicidad con sus pares, como algo como mínimo, irónico.

En la cultura popular argentina se recurre a determinadas expresiones que evocan una situación histórica y que tiende a repetirse una y otra vez, pensemos por un momento en dichos populares, proverbios, refranes y etcétera, donde por ejemplo utilizamos el concepto de “fantasma” como algo trágico ocurrido y que se encuentra latente a punto de repetirse en un futuro no muy lejano. Por ejemplo en épocas de crisis económicas la Argentina ha experimentado hiperinflación (1989), estanflación, corralito, saqueos (2001), devaluaciones (1958-1962-1975-1981-1989-2002) que cuando la opinión publicada por medios hegemónicos busca instalar una situación negativa apela sistemáticamente a preludiar con su tinta de sangre “el fantasma de…”.

En una época reciente, bajo la premisa enunciada en el párrafo precedente, se utilizó con frecuencia apelar al fantasma del riesgo país que azoró en épocas de flaquezas y debilidad estructural financiera, de liquidez y de solvencia en simultáneo, como por ejemplo en la crisis del año 2001, donde en una economía enferma la estructura financiera argentina pendía de un hilo sostenido por el delgado nivel del riesgo país que determinaba un sistema de puntuación de credibilidad y certeza de pagos de obligaciones contraídas. Es decir, que no es lo mismo tener 800 puntos de riesgo país en el 2001 que en el 2014 donde la argentina experimentaba aún un superávit comercial de años, y reservas internacionales netas provenidas de esa acumulación de divisas generadas por las exportaciones que superaron las importaciones a lo largo de una década.

Sin embargo a lo recién expuesto, el fantasma del riesgo país patea los neumáticos del camión productivo que traslada la confianza del consumidor argentino y hace sonar la alarma cognitiva cuando escucha esos conceptos que yacen cargados y anclados a un pasado reciente que aún se palpa lozanamente. Lo curioso quizá sea que durante la economía de expansión de la década 2004-2014 fue embestida sistemáticamente con el agite de estos fantasmas en aras de propiciar una inestabilidad y así ofrecer reaseguros lógicamente quedándose con las primas de riesgo por parte de los interesados locales y extranjeros, cuando estos en la mayor parte de los casos pertenecen a la misma empresa, con sus filiales desparramadas estratégicamente a lo largo y ancho del mundo del subdesarrollo.

Hoy, frente a un escenario de default técnico, con apenas 8 mil millones de dólares de reservas netas, con un déficit comercial estructurado de 3 años consecutivos, con una estanflación y desmantelamiento del sistema productivo y extractivo del que ya no se recauda divisa por quita de retenciones, los medios de comunicación ya parecen no apelar con mismo ímpetu al concepto de “seguridad jurídica” cuando quiebran empresas legendarias, y multinacionales experimentan bajas de antología que debieran de quedar almacenadas en alguna retina de cara a futuras décadas. Habrá que esperar entonces a que estas cuestiones caigan sorteadas en el juzgado del Bonadío de los intereses de crecimiento argentino para que se instale debidamente.

Está claro que el argentino promedio carece de libre albedrío en medio de una vorágine de confusiones donde se ha vuelto tan pajero que ya ni sabe cuando acaba.