viernes, 3 de mayo de 2013

Decada ganada al neoliberalismo



La escuela económica clásica, nacida en los albores de la revolución industrial por el siglo XVIII, se ha caracterizado por menoscabar la dinamicidad de los procesos socio-políticos, y reducirlos a un mero ejercicio que halla su correlato con los quehaceres de las ciencias estáticas.

No es menor deducir la sintaxis del espíritu de la obra teórica que funda al neoliberalismo, en dos puntos clave que tanto sus autores intelectuales por excelencia, a saber: Smith y Ricardo, concuerdan los pilares inexorables de sus teoremas en los salarios mínimos de subsistencia, y la inmovilidad del factor capital entre los países.

Resulta como mínimo impertinente situar un paralelismo entre la máxima de dos obras de tal envergadura que ni siquiera en el propio contexto de tiempo y espacio de aquella época pudieron encuadrar. Tan solo bastó con que Keynes mirara por la ventana de su oficina para ver la inorgánica masa de desahuciados deambular por las calles de Inglaterra buscando el derrame de las Elite que pregonaron la no intervención del Estado.

Por consiguiente, los puntos claves que tornan inexpugnable la aplicación de tales teoremas, el de Smith de 1776 y el de Ricardo de 1814, vulneran la capacidad cognitiva de las masas que bien supieron sublevarse ante las imposiciones por la fuerza de las burguesías industriales.

En definitiva, el avance en la comunicación y la perfección de la colonización vía cultura, ha trascendido las fronteras y se ha ganado un lugar cómodamente en los sillones familiares, alimentado la audiencia radio-televisiva.

El imperialismo logró descontracturarse, y renombrarse como “derechas” e “izquierdas”, que para el caso logró confundir las expectativas de las clases obreras, partiendo al mundo en centro y periferia de la mano del derecho a la propiedad privada y subyaciendo cual espada de Damocles pendula sobre acéfalas masas de trabajadores.

“El Comercio se parece a una guerra” sentenciaría Colbert, el Ministro de Finanzas de Luis XIV, cual mercantilismo soterraba una población pobre que trabajara barato, que consumiera poco, y guerreando –comerciando- para colocar sus producciones en otros países y nutrir las arcas de la monarquía de oro para su propio beneficio. Tres siglos y medio parecen no haber transcurrido.

En efecto, la escuela clásica como primigenia labor de corte científica, abordó el comercio internacional y la economía internacional posicionando la extranjerización como el modo del desarrollo productivo y alegando que la verdadera riqueza de las naciones radica en la producción de bienes.

Sin embargo, la teoría clásica y ortodoxa dedicaron pocas sino ninguna página en sus obras para los momentos de crisis donde los países del mundo cerraran sus fronteras e impidiesen la importación de tales productos. En tal caso, encontrándose con una población con salarios mínimos de subsistencia, los productos ya elaborados no podrían consumirse localmente y tampoco seguir produciendo. En definitiva: stock y hambre. Vaya paradoja.

La contracara de esta moneda es el autarquismo, algo que un viejo economista argentino contemporáneo analogaba con “vivir con lo nuestro”, haciendo alusión a aquella necesidad de sustituir el trabajo foráneo por el trabajo local, y potenciar la calidad de los propios y competir con el mundo con las producciones una vez colmadas las necesidades locales de consumo.

Si entendemos que el dinero solo está respaldado por productos y servicios, y que a su vez esos productos y servicios traen consigo trabajo y capital, deducimos que el capital representa trabajo en tiempo pasado, y potencial trabajo futuro. Por consiguiente, la acumulación de capital que no se vuelca a la producción y sí a la especulación, sólo genera desempleo por concepción filosófica.

El proteccionismo, traducido de este teorema de la autarquía, requiere el avance en la distribución de este capital que se atesora y se concentra de pocos individuos hacia el resto, de tal manera que la producción se torne accesible para todos los habitantes que conforman un Estado.

La Argentina ha vivido en carne propia los vaivenes de los resultados prácticos de mencionados teoremas, alojando en su memoria colectiva los incesantes movimientos de una sociedad que comprendió que las vías hacia la transformación estructural radican en la política.

La implementación del neoliberalismo le significó a la Argentina el retroceso en la distribución del ingreso acompañado del aumento crónico del desempleo en virtud de abultadas cuentas en paraísos fiscales que echan por tierra uno de los pilares claves de la escuela clásica –la inmovilidad de los capitales-.

En la última dictadura cívico-militar argentina se fugaron capitales por U$S 38.000.- al mismo tiempo que entre 1970 y el 2010 fugaron 400 mil millones de U$S, provocando el aumento del desempleo desde el 5% en 1975 al 22,5% en el año 2001.

Por otra parte, la distribución de ingresos, entendida como “brecha entre ricos y pobres” se amplió de 8 a 33 veces. Esto quiere decir que se aproximaba al salario mínimo de subsistencia con otra observación a la teoría clásica: la no intervención del estado, mas el salario mínimo de subsistencia con inmovilidad de factor capital, no produce pleno empleo como enunciaba Smith.

Tan voraz es el resultado de la práctica, que aquellos desempleados generados por el neoliberalismo en la Argentina ni siquiera tuvieron un salario mínimo de subsistencia, fueron empujados al vacío y cayeron del sistema que el día de hoy conforman el núcleo duro de la pobreza.

Sin embargo, la última década de restauración de derechos de los trabajadores, recompuso aquella proporción social de participación de riquezas, reduciendo del 22 al 7% el desempleo y restableciendo la distribución de la riqueza a aquellos momentos del peronismo previo al golpe de Estado comenzado en 1975.

Por caso, las Cuentas Nacionales del país gozan de tonalidad verde al lograr superávit gemelo –balanza de pagos y fiscal superavitarios- a través de las ganancias de comercio internacional, más la recaudación fiscal impulsada por el consumo de producción local y turismo.

La transformación socio-económica ha depurado los obstáculos coyunturales y se ha marcado a fuego en la estructura productiva Nacional, con la adopción de las asignaciones universales y los aumentos jubilatorios, ambos sistematizados, que vuelve a colocar en el asfalto aquella maquinaria de la economía que tracciona por encima del consumo improductivo que gozan clases medias mas pudientes, producto de la mejora de sus ingresos.


 El cambio de paradigma esta puesto en escena, y se respira a cuentagotas en un transporte público colmado de actores y factores de producción plenamente ocupados, los cuales gozan de la protección de un Estado que como garantías, depone las correlaciones de fuerza de la política por encima de los intereses foráneos que sucintan como filiales del imperio, y que hoy ve sus privilegios sangrar en las paredes y las calles que, con alegría el pueblo recuperó y con entusiasmo levantará como bandera.

viernes, 12 de octubre de 2012

LA INFORMACIÓN, EL RUMOR, Y EL HUMOR DE LA SUB-ECONOMÍA



En tiempos de violencia comunicacional, las consecuencias se suceden como psíquicamente afecta a una persona, tanto como aquello  que retiene una entidad lo suficientemente identificable con un ser que adquiere un cuerpo y mente, a saber: el dinero como cuerpo, y la especulación como psiquis.
La paranoia social que incurre en vaivenes emocionales, parece llevarse consigo no sólo angustias, sino también altibajos económicos que en un trabajo de hormiga, a fin de periodo se concibe un tumor lo suficientemente evolucionado en un pasaje de coyuntura hacia lo crónico, es decir, estructural.
En los bolsillos de la urbe se refugia el destino del sustento de las masas, sujetos a la voluntad de quien ostenta la protección del Estado mediante el reconocimiento de “patrimonio” en virtud del derecho a la propiedad privada, alojándose consigo, el potencial consumo y con éste la puesta en marcha del próximo ciclo de producción, orientado por la conciencia y la subconsciencia de quien resguarda a su antojo, una serie de billetes apelmazados en una billetera.
No es posible concebir al dinero como otra cosa que potencial trabajo futuro, debido a que su única conversión es sobre lo ya producido, y más el diferencial de lo que se espera que se vaya a producir. Un futuro corto de por sí bastante incierto.
Digamos que esa cartera de derechos implica que el Estado no pueda obligar a los tenedores de capital a realizar una u otra acción, resulta permeable al atesoramiento indefinido, en el peor de los casos.
A esa inacción de destino del capital, el Estado tan sólo puede incentivar a invertir, o consumir, para lo cual el mismo Estado debe erogar recursos soberanos en una transferencia de valor de quien produce hacia quien especula.
Los resultados son siempre los mismos, una transferencia de valor por encima de la plusvalía, ya que las ganancias de capital cuando no se correlatan con un destino de producción y trabajo, sino sólo un destino de especulación por especulación.
Muchas empresas recurren al juego de las finanzas para compensar y sobrecompensar sus libros contables en aquella área de producción que sufren efectos de “arranque y parada” dejando como rehén a una importante masa de obreros atentos a los vaivenes de una economía atada con un  alambre financiero.
A su vez, las ganancias totales de dichas empresas de las cuales una parte se computa como dividendos, y la otra se reinvierte.
Entonces, si entendemos bien, ¿el sector productivo se encuentra expectante a las fases de producción, que a su vez están dependiendo del humor de los mercados financieros?
La respuesta es si.
Y por muy perverso que parezca un sistema así, es imprescindible aseverar que el humor de los mercados depende de la información que se propaga reverberando entre falacias y mitos urbanos, incentivados por el vapor que emerge de las alcantarillas donde fluyen los intereses de los poderes económicos.
Si es en los bolsillos de la urbe donde se haya el destino del trabajo, y el salir de la billetera depende de la decisión de quien recoge información e incentivos, entonces debemos imaginar que para informarse, compra un diario, mira un canal de televisión o escucha la radio.
Dichos tres medios de comunicación dependen del mismo grupo económico, que no produce sino especula.

 

lunes, 17 de septiembre de 2012

El Parricidio Precoz


Parados en una gris cosmopolita hemos sido espectadores frente al destello de marquesina de led’s al fragor del chapoteo de aguas muertas estancas de una muchedumbre alienada de sí.

Ante el confluir de individuos aglomerados en su autismo social, la información apuñala flancos sórdidos que revela el vacío existencial, parcialmente sosegado por el entretenimiento que a través de auriculares parecen venir a apaciguar.

Una tibia bruma asedia cada descorazonado latido empapado por mentiras rociadas desde invasivas pantallas, y cadenas de creencias que son replicadas como epidemia social entre portadores de ideas ajenas y de intereses parasitarios.
  
El dolor por el complejo de clase que el rebaño incuba, sazona un agridulce pensar liviano y chabacano de una porción de la sociedad que ignora su sustento físico, y que compensa con otro metafísicamente soez, propio del desarraigo emocional del roto cordón umbilical tardío, y el parricidio precoz al que incurre una adolescencia acéfala de ideales.

La sucesión de frustraciones que desencadena la descendencia, obliga una y otra vez a procrear la miseria y confinarla al mismo destino de oquedad, al que el miedo al progreso ajeno corrompe la frugalidad hoy ausente en una generación que niega responsabilidad en el destino al que predestinó a su primogénito.

El odio es inculcado como antorcha hacia la supervivencia en una orgía de vanidades, donde una tertulia de tristes almas conspira contra todo aquello que deslegitime su statu autoproclamado.

Generaciones tras generaciones son sometidas al retraso espiritual y movilizados hacia la involución del ser, atinando a mutilar cualquier retoño de felicidad en una juventud deseosa de explorar y redescubrir un mundo que de movida les es negado.

Las puertas al calabozo de la ideología, de par en par son abiertas para la curiosidad temeraria e imberbe de unos pocos que se animan y que animan a transgredir.

En la polución sonora que ensordece al gentío que deambula sin un propósito, se puede descifrar el relato que la rabia instiga verborrágica, tenaz, impoluta y lo suficientemente autosustentable como para perdurar y trascender las barreras de clase y de generación, que es retroalimentada en un círculo vicioso que sólo la egolatría es capaz de abrazar con vehemencia e hipocresía aquellos individuos que comparten un tiempo y espacio que los confina a perecer en alma, procrear en vida y proyectar su propio vacío existencial a través de su alienada descendencia.


viernes, 20 de julio de 2012

A los amigos, y por qué no, a los compañeros también:


Un día simbólico, o tal vez solo otro día comercial de las grandes corporaciones de bebidas alcohólicas, quien sabe…
Pero si se trata de un motivo que nos reúna, bienvenido sea, en la abundancia que nos encuentre, o en la precariedad de nuestro poder adquisitivo, pero como bien se dice, que el mejor vino no se hace ni en Francia, ni en nuestra región de cuyo, sino que el mejor vino es el que se toma con los amigos.
Hoy 20 de julio es quizá ese momento que nos pone los pies sobre la tierra, y la imaginación por las nubes porque entre risas etílicas y comentarios lisérgicos nos vemos allí reflejados de alguna manera en las sonrisas de aquellas personas que bien sabemos que tienen otros ritmos y locuras, pero que la vida –por suerte- nos puso a compartir el mismo tiempo y espacio, y que con un esfuerzo político intentamos fortalecer esos lazos emocionales como se puede, con nuestros defectos como lastre, y nuestras virtudes como fortalezas.
Nos une el simple hecho de contar con ese alguien que siempre está dispuesto a abrirte la puerta a las 4 am si perdés las llaves –por supuesto con una puteada como recibida y despedida- y también preguntarte ¿Cómo estás? si no estás bien, o simplemente acompañarte para rellenar ese espacio que media entre el silencio del ocio y el bullicio de la muchedumbre.
Pero ahí están los amigos y los compañeros de militancia que bien son lo mismo.
Tal vez estemos en condiciones de reemplazar la palabra “compañero” por “amigo” o viceversa, ya que son más o menos lo mismo, y entre cánticos y saltos nos podemos sentir contenidos por una idea suprema que bien puede ser ideológicamente política, o tan solo compartir el estilo de vida con aquellos que disentimos políticamente pero que son los primeros en preocuparse si nos pasa algo.
Como sea, ese abrazo, esa palmada en la espalda nos marca por dentro, nos tatúa una sonrisa en el alma porque nacemos encorvados fetalmente, y nos erguimos por el orgullo de nuestros amigos y compañeros de vida, y aunque nos alegre un ascenso laboral, o una materia de la facultad aprobada, la verdadera felicidad es aquella anécdota que persiste y resiste al paso del tiempo, porque cada rencuentro con nuestros amigos nos recuerda lo que es verdaderamente importante en la vida, porque las situaciones pasan, y la vida solo es un recuerdo de aquello que vivimos y que nos produce felicidad.
A lo sumo algunos kilos de más, o de menos, más o menos pelo, más o menos plata, y más o menos responsabilidades, pero la esencia esta allí, abrazada a un inodoro vomitando el speed con vodka, o abrazada al fragor de las carcajadas de los amigos, y las gastadas que perdurarán conforme se revitalice la amistad con cada encuentro.
Así que, amigos y/o compañeros de militancia y/o de vida, gracias por estar siempre, y no hoy, sino ayer, aquel recuerdo que nos quedará cuando no estemos juntos, cuando la vida nos distancie, nuestra amistad va a seguir allí, naciendo una y otra vez, cuando recordemos lo felices que nos hace la amistad.
Un abrazo,
Arturo.

martes, 3 de abril de 2012

La Educación, la Instrucción, y los Modales


Bien podría comenzar por describir una situación de interacción entre más de un individuo donde se pueda polarizar lo que es un código de conducta ético y moral, entre una alternancia de términos que se utilizan para describir una realidad, y lo que es el acatamiento de información propagándola sin cuestionarla –llámese creencia-.
Es decir, que implícitamente señalamos alguna breve descripción de cada situación.
Lo cierto es que en sociedades sectorizadas por clases de diferentes poderes adquisitivos, el statu quo pernocta en el cinismo que alberga una actitud de quien impone el camino al “desarrollo” o más bien “civilización” del cual imponen barreras culturales como una zanahoria en un hocico que nunca alcanza.
En efecto, la elite protegida por el derecho a la propiedad privada, se arroga la titularidad del modelo a construir, como bíblicos epígonos irrevocables e indiscutibles.
Por contraste, las barreras culturales que impone la elite, implica el cercenamiento de realidades, inculcando la universalidad de la terminología, no ya desde un punto de vista práctico y tangible como la descripción de un objeto que entre los seres aprecian y acuerdan una acepción, sino sobre lo metafísico, lo intangible y lo subjetivo de situaciones que requieren de cierta cautela a fin de compartir como verdad absoluta.
Distinta es la realidad de la Educación per se, ya que la semántica implica el análisis del contexto en el que se desenvuelve una realidad, donde la cientificidad conlleva inexorablemente al sometimiento a rigor de los supuestos, contrastados con la comprobación empírica para afinar una parcial realidad, aggiornada por el poder de convencimiento que enuncia un mensaje, o una sentencia.
A todo este palabrerío –apropósito- lo encuadramos dentro de lo que utiliza la elite, no desde de la creación de conocimiento, sino en la marginación social desde los modales y el lenguaje adoptado, refinado, que se torna exclusivo sin reflejar ninguna distinción científica.
Es decir, que lo importante trasciende el lenguaje y las modalidades de comunicación, y se posicionan sobre el resultado distributivo de las riquezas que se perciben en la mano dentro del bolsillo de quien es encuadrado en una clase u otra.
Cuando la elite inculca a la plebe, que la senda para alcanzar tal posición se limita en los umbrales de la modalidad, y su refinación, lo que hacen es disuadir el único camino a perseguir, que es la educación real, a la cual logran arribar evocando la revisión histórica entendiéndola desde su contexto socio-histórico, mutatis mutandis al tiempo y espacio hoy, con las herramientas empáticas sociales para desmenuzar lo estructural.
Por consiguiente, cuando la plebe descubre que seres nacidos de la misma manera, con la misma oportunidad de decidir dónde y cómo nacernula- encuentran una disparidad de oportunidades económicas, reclamando igualdad sin privilegios para nadie.
Cuando se alcanza la igualdad para todos por igual –hipotéticamente- la ambición intrínseca y natural del ser humano aflora, y consensua igualdad de oportunidades –al nacer- y no igualdad de techo de crecimiento económico, evolucionando así desde el imperialismo, al comunismo, y por último al progresismo y verdadero desarrollo socio-económico colectivo.
Por supuesto, que detrás de todo esto, se encuentran un sinfín de sangre derramada y crímenes contra la humanidad como no se tenga imaginación alguna.
Desde ya, que cuando la elite se posiciona sobre el Ejecutivo –la derecha al Poder- instruye al soberano desde las ciencias de la educación, sustituyendo a ésta por la instrucción de conocimiento, imponiendo las corrientes de pensamiento –en este caso, liberales- sin cuestionar sus “[…]supuestos, contrastados con la comprobación empírica para afinar una parcial realidad[..]” disuadiendo al ciudadano de alcanzar su desarrollo socio-económico a través de las reglas de juego que le impone la Carta Magna de su jurisdicción, que, para el caso argentino, la participación política y el compromiso con la modificación de su realidad inmediata, la proyección de presente, y la fantasía –por no poder vivirlo- de dejar un mundo próspero para sus descendencias venideras.
Para finalizar, cuando interactúa alguien de la elite, con alguien de la plebe, el temor del primero por perder su posición socio-económico-hegemónica, lo conduce a la humillación hacia la plebe buscando la desmoralización, para finiquitar la ilusión de reparación y la restauración de un derecho igualitario de oportunidades, logrando un “permiso, me llevo tus riquezas”, “por favor, no pises mi césped” y “gracias por no participar en la política”.

miércoles, 21 de marzo de 2012

In God We Trust

Podría decirse que el título de lo que será este artículo se refiera a una connotación religiosa, cediendo la suerte de lo que nos excede a destinar nuestro destino en las manos de quien sabe qué.

Lo cierto es que muy lejos de la religión se encuentra la semántica de lo que nos inquieta y por lo que quien suscribe –yo- se siente impulsado a desasnar algunas vicisitudes político-económicas que han recaído en las manos del libre mercado, emulando la entidad de un Dios –vaya ironía-.

A decir verdad, desde la concepción misma de las organizaciones religiosas –organizaciones políticas al fin y al cabo- siempre persistió un colorido trasfondo de intereses que negociaron con toma de rehenes, no física, sino metafísicamente.

Por el año 1971, a raíz del “pick del petróleo” y la llegada de barcos franceses repletos de papeles verdes –también llamados dólares- fueron cambiados por oro que yacía en las arcas del Tesoro norteamericano. Es decir, que el patrón oro que se mantenía hasta el momento, fungía de lastre que ataba el crecimiento real a las disponibilidades de oro que existían hasta el momento.

En efecto, luego del abandono del patrón oro el 15 de agosto de 1971, los papeles verdes pasaron a carecer de convertibilidad en bienes reales, y pasaron a depositar su sustento, en las bondades del señor. "In God We Trust" dice al dorso de la moneda norteamericana.

Los billetes ahora convertibles a nada, se convirtieron en moneda fiduciaria atada a la confianza del mundo entero por sobre la producción de los Estados Unidos.

Desde 1971, el mercado financiero comenzó a gestar su crecimiento por encima del crecimiento real de la producción mundial, provocando una transferencia de riqueza desde quien producía, hacia quien especulaba, deteriorando el precio absoluto de los productos, provocando las disputas por la distribución de las riquezas entre el capitalista y el trabajador.

Cuando comienza a decaer la rentabilidad empresaria a raíz del detrimento de sus riquezas, el apalancamiento deriva su sustento y desvía los capitales desde la inversión productiva, hacia la especulativa, configurándose así una sumatoria de micro-realidades, en un resultado macro de contracción económica y caída del empleo mundial, debido a que todos los países jugaban a la balanza comercial excedentaria, restringiendo el ingreso de los productos a sus mercados internos.

No es casual, que a partir de esta década, se comenzara por reordenar la estructura mundial entre el centro y la periferia, donde al segundo le correspondió un “reordenamiento” poco feliz, con la desaparición de 33.000 personas como proyecto de corto plazo, y el terrorismo cultural del Estado para sostener el statu quo como proyecto de largo plazo.