Según el psicoanálisis, El destete se define como un período de tiempo en la vida del niño y de la madre que comienza con la introducción de alimentos diferentes de la leche materna en la alimentación del niño y termina con el abandono total de la lactancia. Es un proceso gradual, no se produce de forma súbita y requiere de un periodo de tiempo para culminarse. El inicio del destete tendría una fecha de inicio general que es el comienzo de la introducción de los alimentos complementarios a la dieta del bebé. Y si bien todos los niños abandonan la lactancia materna de modo natural, la madre puede decidir contribuir a la aceleración del proceso natural del destete.
Hay una paradoja en la vida que a la deriva naufraga perdido en los mares de su consciencia, casi una dicotomía sustancial que impide el desarrollo individual sin la contención de su álter ego por naturaleza, que en sociedades lactadas por las comunicaciones, recrea un hermano gemelo en cada uno de los individuos al que adhiere gregariamente y le concede el descanso emocional que implica abandonar a su madre. Esto nunca llega, es parasitario y crónico, y en algunos casos toma un revólver matando a su opresor para quedarse sometido a su recuerdo por el resto de sus días. Mata la enfermedad suicidándose emocional y cognitivamente. El destete nunca se da. Negocios.
La concepción que los seres humanos le dan como forma intangible para comprender el mundo que los contiene y los rodea les implica establecer un compendio de significados y significantes para los objetos inanimados como para las sensaciones, emociones y fenómenos que escapan al tacto y sobre aquellos conceptos construir las estructuras que necesitan para desarrollarse. El sentido común dicta que si la materia prima falla y se alcanza noción de ello, pues la materia prima debe sustituirse por una que reúna las características adecuadas en virtud de su propósito. Lo ilógico es aferrarse al equívoco esperando de aquello algo que nunca obtendrá. Y lo curioso es que de los locos, o mentalmente enfermos se espera comportamiento absolutamente racional cuando del ser humano cuerdo se espera comportamiento irracional e ilógico. Paradojas nada más.
Si como proceso de adaptación y proliferación de las especies, los organismos a prueba y error recaban y procesan esa información para que su descendencia cuente con aquella certeza y evolucione, ¿cómo es posible que el ser humano pierda aquella conexión filosofal que todo niño desanda cuando ve lastimarse una y otra vez al compás del regaño constante de sus progenitores? Pues si el problema se detecta en un punto específico de la línea de tiempo evolutiva de determinados seres, se me ocurre pensar que Sócrates hace más de 2400 años estaba en lo cierto entendiendo que los seres humanos en ese periodo debieran de estar protegidos de la mala información, de la mala educación y al carecer de sentido de disociación del bien y del mal, simplemente debe no estar expuesto a las fauces de poetas y fabuladores que mal interpelan a los Dioses. Educar al educador, es lo que el filósofo griego concluyó cuando pensaba en la formación de los soldados como artesanos y vitales para el desarrollo de una sana sociedad. Todos somos soldados.
Así dadas las cosas en esta vida y en este mundo competitivo los seres humanos guerrean entre sí por recursos, y punto final. No existen otras afirmaciones, sino preguntas acertadas que realizarnos sobre el desarrollo de aquella ecuación, como por ejemplo entender qué entendemos por recursos y cuáles no, o qué prácticas conforman el concepto de guerrear, y cuándo observamos competitividad y cuando es un mero sometimiento como el que realiza un agricultor con sus especies que cultiva para ser ingeridas inexorablemente. Oh proteccionista animal que pugna por el consumo de seres a no animados como causa por el no maltrato y la no crueldad sobre animales, permítame señalar su falta de fundamentalismo y su criterio parcial y deliberado sobre el cuál hacer su máxima kantiana, porque las leyes de los mortales como las leyes de la naturaleza dictan que el criterio para las sociedades debe ser universal y por ende el fundamentalismo registra una alineación de cero grados para levantar edificios. Cultivar plantas para engullirlas es igual que criar animales para utilizarlos, a los fines estrictos de la ciencia. Sólo somos códigos y moléculas que transitamos en este mundo, sabe, porque entre no haber nacido y morir no hay diferencia alguna, y con vaga ironía expreso que incluso en la muerte el ser humano al menos en algunas medidas puede elegir acelerar el proceso o establecer lugar y contexto en el cual finar su existencia, cuando venir a la vida es compulsivo, deliberado y autoritario. ¿O acaso usted fue consultado y dio su aprobación para venir a este mundo tal y como vino? Sólo respuestas incorrectas.
Las personas que no destetan no se desarrollan, y punto. Y el destete cuando deja de ser físico pasa a ser emocional y el cordón umbilical que lo acompaña hasta la muerte lo estrangula pero no le impide respirar, no es constrictora como las serpientes que lo emplean para cazar y alimentarse, sino que lo realizan seres humanos con su descendencia de forma egoísta consciente o inconsciente para saciar o emparchar sus propias carencias, con la diferencia que el ser humano no necesariamente pone en duda los conceptos emocionales escritos en los códigos morales y éticos que yacen en la letra chica del contrato de vida, muy por el contrario incluso hasta los repite hasta el hartazgo cargado de contradicciones que arrastra hasta generarse una escoliosis cognitiva que le impide incluso advertir que le está por salir el volante mientras conduce y sube historias a Instagram como enviando botellas al mar con mensajes incoherentes e ilegibles para que las recoja alguien que interpreta lo que está esperando oír o leer para saciar su apetito de banalidad.
Cuando el ser humano no se desteta, disléxicamente se detesta, porque muy a sabiendas de lo que no quiere repetir en su vida, se aferra a un recuerdo que corrigió con el Paint y al que arrastrará a su descendencia para configurar una fotografía con destino de fondo de pantalla.