martes, 31 de marzo de 2020

Obsecuentia, el arte de traicionar


La etimología establece a la obsecuencia como originario del término latino obsequens, que para tiempos modernos y actuales bien pueden diferenciarse como atributos de determinadas personalidades, a menudo identificados con los comportamientos sociales tóxicos de personalidades tóxicas. Así las cosas, mi código fuente de razonamiento en base a mi experiencia desenvolviéndome en diversos grupos sociales y bajo determinadas estructuras jerárquicas me lleva a detectar que la obsecuencia orbita en derredor a la traición como satélite, entendiendo las señales de lenguaje corporal —y no tanto— obsecuentes que se ubican en el camino trazado por la traición. Digamos que la obsecuencia es indispensable para el interés tácito del traidor.

Como mencioné en mi artículo “La traición” (https://estertormental.blogspot.com/2016/05/la-traicion.html) “[…] Después de todo, la moral y la ética son inventos del ser humano para convivir y sobrevivir entre los demás frente a recursos escasos…las opciones de fingir una sonrisa adosada a un halago revisten del terciopelo de la funda de un puñal […]”. Es imprescindible no encerrarnos en dilemas que oscilan entre los límites de la legalidad de los códigos de conducta acordados por las distintas sociedades que dan entidad —cuando pueden— a un compendio de cláusulas identitarias. Veamos.

En lo que respecta a la etimología, "identidad" proviene del latín "identitas", y este de "idem", que dio lugar a "ídem" y significa "lo mismo". Desde un punto de vista morfológico no implica anomalías, ya que está claramente formado a partir del morfema "ident", fácilmente reconocible en el sustantivo "identidad". Si bien la R.A.E. no oficializa aun su adopción, la raíz de la expresión no presenta conflicto conceptual por lo que no es rechazado de plano en su utilización frecuente en las ciencias sociales.

Las leyes se sancionan en el Congreso, el que se compone por los soberanos a quienes el pueblo empodera y en quienes depositan el velar por sus intereses, y que, tomando como referencia a Hobbes: “…una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto de que pueda utilizar la fortaleza y medios de todos, como lo juzgue oportuno, para asegurar la paz y defensa común. El titular de esta persona se denomina SOBERANO, y se dice que tiene poder soberano; cada uno de los que le rodean es SÚBDITO suyo…

Sócrates, en su diálogo con Polo, correspondiente a uno de los diálogos de Platón (entre 388 a. C. y 385 a. C.) tratando sobre la retórica, Sócrates le concede al joven discípulo de Gorgias una definición acerca de la retórica haciéndole ver que el mismo no es en sí un arte, sino una capacidad basada en la experiencia cuyo fin es el de producir agrado y placer, lo que esto último confunde al joven ya que lo asocia a lo positivo, mientras el sabio Sócrates le señala que la retórica se asemeja al arte culinario, al menos en que no son más que formas de la adulación.

Digamos que en la carrera de construcción de Poder el pueblo legitima explícita e implícitamente las acciones de su soberano, o bien lo realiza al momento de erigirlo mediante su voto o también mediante su silencio e inacción cuando aquél toma decisiones en detrimento de las mayorías. En efecto, los mecanismos de convencimiento de las masas cuando estos no violaran la legalidad, se constituirán como legítimos a menos que la comunidad organizada se pronunciara y exhortara al soberano a tomar medida contra ello. En esta última oración reside la incógnita a despejar en la ecuación que define el pasado, presente y futuro de las sociedades. La adulación como instrumento de convencimiento fue advertido por Sócrates como perjudicial para la construcción sana de la sociedad, y como elemento anómalo para la generación de las buenas leyes que indicaba Hobbes.

La condescendencia entendida como una conducta de adaptación al gusto de sometimiento a la voluntad de un tercero parece quedar a mitad del lago de fuego donde las medias tintes que, como patrón hartamente repetido en vidas repetidas, se manifiesta abiertamente en los lazos de amistad que el ser humano tiende para su propia supervivencia física como metafísica. En esta dirección bien podemos diferenciar pasos erráticos que sólo redundan sobre sí, de aquellos dados en la obsecuencia que se ubican, como mencioné antes, sobre la senda delineada de un destino de interés planificado por la traición. Si bien la inocencia de la condescendencia observada en los círculos de amistad difiere del pragmatismo que denota la obsecuencia, se funden en una danza nebulosa plausible de ser socializado vía Instagram.

Por consiguiente el interés por conservar y preservar una amistad muchas veces entra en conflicto por aquél desinterés propio de arriesgar una amistad con la ejecución de acciones que un ser considera su par debe atender, cuando éste último pudiera reaccionar negativamente ante su negación, rechazo o simplemente la ofensa. Aquí entra en juego la entereza, la autoestima y la determinación de uno y otro por quebrantar la ruidosa melodía de la paz que muchas veces sólo reverbera para tapar la incomodidad de un silencio que sólo puede echar luz sobre el andrajoso camino de la depuración emocional de un individuo. El manipulador conoce bien los naipes, e incluso los marca en su dorso casi imperceptiblemente para llevar siempre un paso adelante y llevar así adelante su plan de acción.

Por cuestionada, polémica, discutible y endeble que pueda resultar, el psicoanálisis como cualquier ejercicio científico debiera y debe de considerarse y apreciarse por sobre los consejos que el “sentido común” susurra desde usinas transportadoras de mensajes que por momentos parecieran representar lo que entiendo como “el efecto cucaracha” (https://estertormental.blogspot.com/2018/11/el-efecto-cucaracha.html), y pecar de verdugo por omisión a cambio de 33 monedas de amistad que utilizará a futuro para su beneficio propio. Cualquiera que ejerza la metodología científica estará más cerca de la verdad que aquél que no lo hace, y punto.

Así las cosas, la realidad se torna al calor del entorno que establece una simultánea de eventualidades y bajo patrones que definen como “normales” y bajo ese domo coexisten y hasta se multiplican como cualquiera logia de la que se tenga noción, el juicio de valor emitido sobre tal quedará sujeta a subjetividades y objetividades cuando exista un plexo normativo acordado por la comunidad.

En la amistad se incuban falsas verdades bajo caracteres embanderados de amor, en tanto que las patologías crecen conforme la distracción del auto-juicio al que nuestra consciencia nos somete de tanto en cuanto como válvula de alivio y evitar así las implosiones emocionales cuando el verdadero amor incurriría en el riesgo de resultar expulsado por introducir un reflejo que vendría a alterar el orden establecido, amén del interés genuino de provocar un bien en su prójimo. Aquí entra la dicotomía de guarecerse en la mentira confortable y la disuasión amena de las vanidades, o el tedio del silencio fúnebre de la indagación ante el lóbrego estrado que nos mira con desdén. En mi experiencia personal, muchos han vuelto a mí al cabo de tiempos de diversos plazos, quizá luego de desandar caminos equívocos y andrajosos a oscuras y enceguecidos por falaces consejos tibios y carentes de carácter lo suficientemente crudos para cortar el cordón umbilical que los estrangula y no les permite desarrollarse. Sean bienvenidos, sin rencores.

Y re-citando a Arthur Schopenhauer: "de algunas personas vale más ser traicionados que desconfiar"

Continuará...

jueves, 26 de marzo de 2020

El comercio internacional y las teorías importadas


“La experiencia ha demostrado que la inseguridad real o imaginaria del capital, cuando éste no está bajo control inmediato de su dueño, aunada a la natural renuencia que siente cada persona a abandonar su país de origen y sus relaciones, confiándose a un gobierno extraño, con nuevas leyes, detienen la emigración del capital. Estos sentimientos, que lamentaría ver debilitados, son los de que muchos capitalistas se den por satisfechos con una tasa de utilidades baja en su propio país, en vez de buscar un empleo más ventajoso de su riqueza en países extraños” (Ricardo, Principios, Cap. VII. 1817)

La ciencia es objeto de vejación conceptual con frecuencia puesto que la semiótica al servicio del poder corporativo enquistado en las modernas formas de Estado-Nación —esto último podrá discutirse— se constituye como el Sable de Londres de las cruzadas de un sector de la élite que ha alcanzado un grado de concentración de riquezas que incluso demanda ser gravado para preservar su statu-quo —esto quedará como misterio tabú para los libertarios hasta el fin de sus días.

He de advertir al lector que se esmere en preservar lo menester de sostener a las ciencias económicas como gajo de las ciencias sociales y no una autónoma, muy a pesar de la corriente marina que propulsa los reactores que suministran la energía de nuestro día a día, ya que como consecuencia de la no-comprensión y el infradimensionamiento de sus alcances debemos debatirnos a vanos duelos contra una progresía que reniega de la economía y se resguarda en los confortables brazos culposos de padres separados que retienen a sus vástagos con la sociología como convitio que decanta en pubertario o progres como consecuencia de una falta de autoridad paternal.

Lo curioso de desempolvar viejos manuales de economía es que exaspera al millennial por acuciar una atemporalidad en función de su subdesarrollada personalidad, la que es atañida por la estampida audiovisual de la Guerra fría cuyo individuo es sumido por el miedo a la soledad como producto de una desestructurada crianza producto de la concentración de riquezas acelerada desde el abandono del patrón oro, allá por el 15 de agosto de 1971, obligando a los padres a salir del hogar y ceder la silla de la cabecera familiar a un Estado-Nación en el que aquel mencionado plutócrata es accionista mayoritario también.

Dadas las circunstancias descritas la sociología pareciera emerger casi como por artilugio de la prestidigitación cuya ejecución aparentara haber tomado lecciones de algún instituto de prestigio internacional, aquellos donde suelen figurar los patrocinadores que, mención merece, suelen ser las multinacionales que ramifican sus acciones capilarmente en un entramado accionario que más bien se parece a una metástasis social donde toma decisiones el que pone más plata. Así de simple.

El comercio exterior pareciera inmiscuirse entre las ciencias como una sietemesina que fue dada a luz con problemas cognitivos de donde sus intérpretes razonaran a medias, tal como describió Erich Fromm con su “racionalización del pensamiento” en el que la lógica sólo se presentara para dar explicación y justificación sólo cuando las variables y estadísticas pueden probar pequeños teoremas que no calificarían para ningún ensayo científico serio dada la insuficiencia de representatividad como muestra, y que, muy por el contrario aquel razonamiento se disocia en el mismo individuo cuando se le presenta en su contra, y aquí la observación de Fromm realizada con militantes intestinos de distintas causas allí por el interludio de la Segunda Guerra Mundial y posguerra.

Desde la reorganización global y su pertinente Nuevo Orden Mundial —el de 1945— la Sociedad de las Naciones, o mejor dicho las Naciones Unidas fueron reorientando el Derecho Internacional hacia un enfoque en el cual los Estados se reconocen desde sus individuos y no sobre una concepción rígida en el que el Republicanismo deje afuera la demanda de sus grandes y no tan grandes minorías, casi como aseverando que los Estados son de sus pueblos, y no cautivos de su propio reglamento. Así las cosas resultaron muy mal para Palestina y para la Argentina con el caso Malvinas y la “autodeterminación” que pareciera no aplicar en determinados casos.

El comercio queda allí como ariete de las políticas de dominio que, invocando a Carl Von Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política mediante la fuerza...” puedo y me atrevo a inferir que es más costoso iniciar una campaña expansiva y de ocupación para extraer sus recursos que simplemente dominarlos, hacerles venderlos a precios irrisorios a cambio de productos sobrevalorados a penas con una inversión mínima en cada silla de directorio empresarial, o de concejo deliberante, de consejo superior, de algún congreso provincial o nacional, y así en cada organización cuya estructura organizacional implique un sistema tal como ¿el de la democracia? pues claro, eso mismo. Se dice en la historia oficial y no tanto que el acuerdo para extender el Plan Marshall a Japón luego de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki para su recuperación económica fue la de modificar su sistema monárquico, eliminar la figura del Emperador y sustituir éste por el de un sistema democrático. Un lindo gesto ante los ojos de la progresía que no nota cuando le roban el volante mientras va manejando.

Un sinfín de teoremas de bella poética dialéctica se presentan como modernas, incluso los viejos teoremas de Linder, el de Marshall, y toda la música ejecutada por la tecnocracia así como las “nuevas geografías económicas” que no hacen más que explicar lo que están viendo y sin saber incluso que están citando viejas melodías del trío Oli Heckscher, Bertil Ohlin y Paul Samuelson apelando al vetusto e impertinente teorema de la dotación de factores haciéndonos creer que Australia es desarrollado por su dotación de factores y la relación habitantes/tierra/capital cuando la Argentina ha transitado una distribución similar siendo que para 1870/1890 tanto Australia como Gran Bretaña, Alemania y otros tantos comenzaron a encarecer la tierra ociosa mediante el aumento de impuestos redirigiendo los capitales hacia la inversión productiva impulsado por el desarrollo industrial pesado y aquí por estos lares todavía se sigue enredando en estériles discusiones sobre las libertades individuales y que el Estado confisca las ganancias y todo aquello. Pura progresía. En fin, si debiéramos de validar la teoría de la dotación de factores para explicar el desarrollo Australiano dejando las ciencias políticas de lado mediante el esquema de Heckscher-Ohlin-Samuelson, el planteo quedaría trunco al introducir la Argentina como parte de la ecuación. Y aquí está el quid de la cuestión.

Continuará.

domingo, 1 de marzo de 2020

Estructuras (parte 1)



Han pasado poco más de seis mil años desde el descubrimiento de la estructura de sustento mediante arcos en el que durante su construcción se utiliza una estructura auxiliar que lo sostiene provisionalmente, conocido esto como “cimbra”.

Las sociedades basan su sostenibilidad y proliferación en base a determinadas estructuras organizacionales que por lógica bien podríamos desglosar en conjuntos y ordenarlos por relevancia e imprescindibilidad. Va de suyo que este último concepto el mismo que ha de ser considerarse para sí, como el de ser cuidado en el mismo orden de relevancia, puesto que hablando de sociedades, la conquista y el sometimiento del prójimo es condición intrínseca del ser humano y por ende, la conducta referida a ello implica un flanco el que atacar y proteger.

Sencillo es imaginar siguiendo la línea de razonamiento propuesta en el párrafo precedente, que los suministros vitales son ordenadores y pilares de la estructura social propuesta al principio, por lo que preservar la reserva de agua dulce, como las fuentes de calor para sobrevivir al frío presupone al mismo tiempo un blanco el cual no perder de vista. Tal como expresó Colmar von der Goltz en 1883, la nación debe movilizar todos sus recursos humanos, económicos e ideológicos para poder imponerse en un enfrentamiento bélico moderno, entendiendo que en los momentos de presunta paz, las naciones deben estar preparándose para la guerra.

Así todo, la conquista implica distintas fases en distintos plazos, de corto, mediano y largo, por lo que la inmediatez resultara fácilmente advertible, la de mediano tan sólo visible para los analistas serios y los de largo plazo quizá para un puñado de personas que son señalados como conspiracionistas por los del primer grupo, y desestimados por los del segundo y no es de extrañar esta última situación ya que en este caso hablo desde el tercer mundo donde la propaganda imperialista hace mella justamente donde no puede ser advertido —en el corto plazo mediante los destellos de las pantallas a través de Netflix 24 x 24—, donde es puesto en duda en un laberinto de análisis progresista —diezmando las estructuras bibliográficas de la academia—y donde sólo los que tradicionalmente han sido capaces de leer las señales del gran TEG mundial por lo general han sido asesinados en la argentina desde 1955.

En el mundo, mientras la riqueza se concentra en menos personas como nunca antes ha sucedido —gracias a la maldita globalización— ya que en la actualidad se estima que 26 personas poseen más riqueza que 3.800 millones en el mundo, las clases que están debajo de la elite se pelean por la distribución de esos recursos restantes —ya que el statu quo no se toca—, donde se pone en duda en la actualidad sobre la estructura de activos/pasivos de los trabajadores y esto bajo un filtro de Instagram con forma de “la tecnología que reemplaza al ser humano” y otras formas como “la expectativa de vida del hombre es cada vez mayor…” y otras pelotudeces de esas que exasperan ver historias tras historias en las redes sociales.

El imperio no tiene nación, sólo tiene seguridad jurídica de su dinero legitimado por los Estados y su propiedad privada, por lo que esto último es el nervio de la guerra, y por lógica de conquista, es lo que uno atacaría para defenderse, como por ejemplo hacer lobby sobre las estructuras que dan soporte a la jerarquía jurídica de un país que garantice ad finitum la intangibilidad de esta condición. Si fuera parte de este imperio, invertiría en las Facultades de derecho, en los Colegios de Abogados, en la Justicia, en el Poder Ejecutivo y en el Poder Legislativo, lógicamente ya que mediante el abrigo dialéctico progresista de la democracia permitiría bajo simples lineamientos preservarnos y sostenernos mientras los medios de comunicación custodian con la espada de Damocles en vaina.

Así las cosas, inerme resisten las sociedades que adquieren dinámicas de organismos vivos en las que proliferan sus enfermedades y se activan sus mecanismos de defensa, en tanto y en cuanto esto sea entendido de esta manera nuestro adversario sabrá hábilmente subirnos o bajarnos la temperatura ambiente lo suficiente y de manera sigilosa para que mientras no nos demos cuenta no esté suministrando paracetamol a toda vez que la fiebre se presente, sin darnos cuenta que también la factura de la electricidad del aire acondicionado nos la hace pagar a nosotros, de marras quizá, a través de la sumisión perpetua de la deuda externa, su consecuente necesidad de proveer más productos que los adquiridos, es decir mediante un superávit comercial que interpretado por los voceros del falso mesías progresista y por su dialéctica de sofista pasará siempre como sano desempeño macroeconómico.

Todo remite a la estructura, ya sea de nuestra cotidianeidad que demanda organización, como aquella estructura emocional que de ambos lados del mostrador se vuelve causa y consecuencia ante desfasaje del nivel de burbuja cuando factores exógenos alteran nuestra estabilidad y que ante imposibilidad de resolución nos postra a sucumbir de rodillas a financista de lengua bífida que en cómodas cuotas hasta la muerte nos ofrece una oferta que no podremos rechazar, haciéndonos correr la coneja desde atrás como siempre sucede, y culpándonos de no alcanzarla nunca porque no nos esforzamos lo suficiente y claro…desde el palco apostando sobre nosotros y aguardando que la plusvalía del azar se ajuste automáticamente en función de los recursos disponibles que hayamos generado los peones de este ajedrez.
Continuará.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Fe y amor, la migración de huida



Se dice que los animales perciben una eventualidad de inestabilidad que les hace escapar de sus lugares hacia quién sabe dónde porque aún no se ha determinado que como protocolo de escape tengan algún criterio de norte y en función de qué se hace esta elección —si existe tal.

De momento los animales perciben temblores, cambios erráticos de temperatura ambiente, o tal vez leen comportamientos de otras especies que les indica que algo no está bien y que para preservar su especie entiende su genoma que debe retirarse de allí y emprender otro destino de emergencia hasta tanto se reordene su hábitat. Y aquí viene en cuestión otra especie que ante determinados estímulos de su hábitat entiende que es momento de partir, o de quedarse a defender su guarida, según.

El ser humano huye o se queda a enfrentar aquello que entiende desfavorable para su inmediato presente, es decir, su futuro próximo.

Todo acto con una expectativa de presente no inmediato implica un acto de fe, que el mismo bien puede ser disgregado en especulación en función de intereses propios y con esto me refiero a los del individuo y/o de su familia. En la antigüedad el pueblo luchaba a sabiendas de su indefectible muerte en batalla o ejecución porque depositaba en su fe, un futuro prometedor para la generación futura de su comunidad, y claro, porque el arraigo social daba lugar a una identidad que hoy y gracias a la maldita globalización carece de una propia, al menos donde el libertinaje empresario mediático echó riendas sueltas a su natural apetito expansivo.

El gran movilizador de la vida humana misma es el amor, porque su atributo de indefinible, de abstracto y subjetivo le vuelve un enigma para cada quién, si es que se puede aceptar la individualidad de los seres humanos, que por más que prediquen su vida como propia y auténtica la gran mayoría, sino casi la totalidad de ella, terminan siendo subproductos de la televisión cuyas personalidades se ven tan repetidas y predecibles como saliendo de una cinta de producción en serie.

El amor, casi como un eslogan marquetinero impuesto a los empujones en los segundos publicitarios audiovisuales destellantes, al límite de la epilepsia fotosensible -como las publicidades de Claro-, nos introduce algo que perseguir sin siquiera ponernos de acuerdo en algún significante y que se presenta como dolor fantasma en los albores de nuestras emociones.

La contención de la incertidumbre por la muerte biológica del ser humano nos ha mantenido con cierto grado de estabilidad por miles de años, siendo que ante un juego de posi/proba-bilidades nuestra constancia emocional se ve más/menos alterado por aquello mismo de no poder vivir un presente, es decir, un trastorno de ansiedad que nos conlleve a mitigarlo mediante alguna conducta derivada de ella, a saber, el entretenimiento, ya que o bien depositamos la creencia de la inmortalidad del alma, una vida más allá, la perpetuidad mediante la descendencia o el nihilismo de entender nuestro paso como efímero e insignificante.

Lo cierto es que las corporaciones, o bien el resultado de sus decisiones como correlación de fuerzas deriva en la actualidad en el cuestionamiento hacia los preceptos eclesiásticos como nunca antes haya sido visto, mancomunado con una concentración de riquezas mundiales arrinconando al humano promedio en la desigualdad social donde éste no encuentra contención y se entrega a mercaderes de falsas religiones que los recluta hábilmente como actores políticos que irónicamente predican la no-política dejando al individuo así, individualizado cual oveja vulnerable.

Mi mente no puede evitar conformar un identikit sobre los estándares estéticos que las corporaciones elaboran como productos en góndolas que debieran de decir “combo revolucionario”; “combo feminista”; “combo evangélico”; “combo apolítico”; etcétera, donde la metodología de investigación como de relevamiento de datos para estudio sociológico, o ya sea éste para una mera investigación de mercados nos lleva indefectiblemente a buscar patrones de conducta con la subsiguiente aglomeración de resultados por determinadas variables de segmentación.

Platón aseveró que “la ciencia es un juicio verdadero acompañado de razón”, donde el campo de las verdades cruzado con el campo de las creencias sobre una base de premisas dan a luz el conocimiento —epistemología— sobre el que la humanidad prolifera, siendo el mensaje elaborado por un ser pensante, y transportado por una persona que sólo lo propaga sin legitimarlo cognitivamente constituyéndolo a éste último como un mero creyente. Es decir, que cuando encuentro frases repetidas sin ninguna reversión ni metaforizada me da a entender que se trata de otro creyente cuyo mensaje que predica viene cargado de un determinado interés de alguien más. En este caso puntual, cuando veo seres repetidos hasta estéticamente, me da que pensar que son subproductos de las corporaciones también, que dicho sea de paso, son quienes venden la tinta para tatuajes, tijeras para cortes de pelo, el material de sus piercings y por supuesto las telas para la moda/no-moda, o a-moda tal como sucedió con la “generación x” y el movimiento grunge, que no eran otra cosa que aquellos caídos del sistema por injusticia social de los nacidos en el famoso “baby-boom” de los años 60.

Las corporaciones están en todo, nos venden las herramientas para hacer la revolución también, al mejor estilo James Moriarty, el archienemigo de Sherlock Holmes.

Como ya dije “todo acto con una expectativa de presente no inmediato implica un acto de fe” por lo que vivir en la incertidumbre, como a algunos patrones les gusta y lo manifiestan públicamente, les implica mayores ventas de entretenimiento y de ansiolíticos también, porque ellos tienen acciones de todo el espectro productivo/especulativo/productivo por lo que sólo deben de alterar nuestro estado emocional, o bien convenciéndonos de que no importa nada, o que lo que nos importa son las causas que instalan sólo para vendernos algo en el medio, tal como Edward Bernays homologó utilizando causas sociales para colocar productos hace 80 años exactamente.

¿Quieren hacer una revolución? Retomemos la lectura y el estudio, volvamos a la filosofía, y entendamos que el mundo pelea por la distribución de la riqueza, porque limpio de polvo y paja no es otra cosa que trabajar para alguien a cambio de nada, o tal vez a cambio de un pago en moneda que sólo representa trabajo pasado y trabajo a futuro, es decir, otro acto de fe.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Propaganda, por Edward Bernays* (fragmentos)



“La propaganda moderna es el intento consecuente y duradero de crear o dar forma a los acontecimientos con el objetivo de influir sobre las relaciones del público con una empresa, idea o grupo.”

La práctica de crear circunstancias e imágenes en las mentes de millones de personas es muy común. Hoy en día, prácticamente no se lleva a cabo ninguna empresa de importancia sin su concurso, con independencia de si la empresa consiste en construir una catedral, financiar una universidad, comercializar una película de cine, poner en circulación una importante emisión de bonos o elegir al presidente. En ocasiones es un propagandista profesional quien crea el efecto deseado sobre el público; en otras, es un aficionado a quien se encarga el trabajo.

Lo importante es que la propaganda es universal y continua, y que se salda con la imposición de una disciplina tanto como un ejército impone la disciplina en los cuerpos de sus soldados.

Tan ingente es el número de mentes que se pueden disciplinar, y tan obstinadas se vuelven cuando se les ha impuesto la disciplina, que un grupo a veces ofrece tanta resistencia que los empeños de legisladores, directores de periódicos o maestros resultan inútiles. El grupo se aferrará a su estereotipo, tal y como lo expresa Walter Lippmann, y logrará que aquellos seres presuntamente poderosísimos, los líderes de opinión en la mente pública queden convertidos en simples precios a la deriva. Cuando un brujo imperial del Ku Klux Klan, figurándose quizá se acerca al ideal solado, fantasea con la imagen de una nación poblada en toda su extensión por nórdicos nacionalistas, el hombre de a pie del más rancio abolengo americano, sintiéndose arrinconado y descabalgado de su posición y prosperidad legítimas por los nuevos linajes inmigrantes, recoge la imagen, se viste con ella porque le sienta bien, y la convierte en suya propia. Se compra el atuendo de la sábana y la funda de almohada y se reúne con sus iguales, que se cuentan por millares, hasta formar un grupo tan enorme y poderoso que puede decantar elecciones estatales y poner palos en las ruedas de una convención nacional.

*Edward L. Bernays es doble sobrino de Sigmund Freud (1856-1939): su padre es el hermano de la mujer del fundador del psicoanálisis, mientras que su madre, Anna Freud es su hermana. Bernays utilizará a menudo esa prestigiosa filiación para promover sus servicios, pero aquello que lo liga con su tío va más allá de esa simple relación familiar: en efecto, la obra de Freud será relevante en la concepción que Bernays desarrollará tanto que la labor que deben cumplir las relaciones públicas, como de los medios que éstas deben poner en práctica.

martes, 22 de octubre de 2019

El romance del diablo


Imágenes. Aromas que me devuelven a una infancia, y gestos corporales reflejados en un pequeño espejo de 80 centímetros que me recuerdan que el tiempo ya no pasa.

El Romance del Diablo de Ástor Piazzolla apareció de entre las partículas del denso aire que sopesa en derredor y me sumió por completo en un saco gestacionario renaciendo una y otra vez.

Las lágrimas se precipitaban como el exhalo de mi subconsciente que tomó por completo las usinas de comunicación de mi persona. Entendí el mensaje. Era hora de volver a reflexionar, porque instado por la desventura in-narrable de mi existencia me vi obligado en defensa propia a reordenar mis nortes y batir mi caja de brújulas hasta que el infortunio las oriente.

Los conceptos están en crisis y el tiempo y su virulencia atenta contra la redefinición de lo que elijo como manual de conducta cada vez. Y allí me veo, borroso en una imagen desfragmentada de entre esquirlas de un viejo cristal derruido, a oscuras sobre la desvencijada madera que rechina a mi pisar, musicalizando mi felicidad presentándose de incógnito como en un juego de sombras, desafiante y peligroso, con supina sonrisa, sugestivo de puñales certeros, diestro y mortal.

Los placeres se disfrutan luego de decorosa abstinencia, donde los intervalos de tiempo incierto le suben el precio a fugaces encuentros que me reviven en infinitas versiones de mí mismo dentro del caleidoscopio del que se puede observar mi personalidad.

Sonrisas y arrebatos de nervios redactados con garabatos se enreda en mi cuello enlazando mi destino cada vez, recordándome con balbuceos y rudimentario lenguaje el por qué seguir, cuando las variables todas convergen en una salida elegante que pongan un dramático fin a una escena inconclusa que no debiera terminar jamás. Y en el aire aquél violín raja notas musicales que siento corroer y desgarrar mis entrañas, tan sólo para atestiguar un discurso de mi subconsciencia que con su dedo índice y criterio perfecto me subyuga y alecciona nuevamente.

El aguacero ensordece mi percepción, melodía recurrente y cíclico tonal, como un suave piano de fondo que ejecuta la intensidad de mi presión sanguínea dibujando sus intervenciones sobre una hoja de papel con coloridos trazos, erráticos rayones justo como el desempeño de mi sístole plasmado sobre el eje de ordenadas sobre el que yace el guión de mi vida, y que con cólera manifiesta sus estados de humor llevándose consigo mi atención y recordándome las prioridades de este efímero instante al que algunos le llaman vida.


Las ventanas de mi alma se nublan a través de la lluvia que imponen un marco gris y avejenta las calles que traza el bandoneón de Piazzolla y me reduce a sucumbir ante pequeño ser que con sus monerías me da una clase sobre cómo leer al mundo y tranquilizar la turbulencia que azota mi canoa bajo una galerna de lágrimas, para recordarme que el romance del diablo es la vida misma, aquello que debo ser.

miércoles, 9 de octubre de 2019

La suerte está echada



Girando en los cielos y rotando sobre su propio eje la moneda presenta dos caras, y la excepcionalidad de quedar parada de canto, como toda una metáfora de la vida que nos insta.
Muchas veces la realidad nos golpea en medio de la oscuridad incesantemente invitándonos a dudar de que sea uno sólo o muchos sometiéndonos, casi como en una obra de “teatro para ciegos”, como las que se desarrollaban en el Konex, en la Ciudad Autónoma (¿?) de Buenos Aires —por caso, un vil engendro jurídico, mención al paso.

Como sea, aquello de girar sobre el propio eje bien me atrevo a llevarlo y trasladarlo hacia el plano de la perspectiva en primera persona donde solemos comprender el mundo desde la concepción vista a través de un empañado cristal al que se suele emparentar con el “ombligo”. Claro, el problema de la humanidad es la falsa sensación de libertad y “derecho” a todo lo que no encuentre restricción ni ética ni moral, ni mucho menos legal. Y entre estos últimos conceptos girará esta moneda apócrifa que lanzo al aire pero con la mera intención de que le golpee a alguien, y después ver cómo cae y etcétera.

No es mi intención en este caso hacer una apología de nihilismo porque entre líneas yo mismo percibo estar encaminando este texto hacia el juego de probabilidades que se cierne sobre la hegemonía de la suerte y las eventualidades que escapan a nuestro dominio y previsión.
Si de algo estoy seguro es que sobre el tablero en el que jugamos, como argentinos, es que sin esfuerzo no hay suerte, y sin suerte no hay éxito, pero sin ningún esfuerzo sólo habrá éxito cuando sea el Estado mediante la propiedad privada que nos legue herencia y sobre ese “punto de partida” continuaremos por expandir nuestra riqueza, o chocaremos de frente con la calesita. Y a esto lo justifico con aquella estadística que refleja que el 90 % de los pobres mueren en la pobreza, y el 90 % de los ricos mueren como ricos.

Volviendo al caso —que todavía no sabemos bien cual es— se da una situación simultánea donde las personas que componen la PEA (población económicamente activa) se ven afectados por la macroeconomía cuando esta se haya en la espiral negativa recesiva, y ante la falta de previsión, percepción, información y capacidad de comprensión de la actualidad y todo esto acoplado a una desinformación arreada por el entretenimiento que parece salirse de las pantallas destellantes, confluyen en un desahucie donde el individuo comienza a desesperarse y comenzar a repreguntarse si hay algo malo consigo. En muchos casos sí que hay culpa en los mecanismos de inserción laboral en el individuo, empero cuando este se ve inmerso en la desesperación colectiva, todos bajan su propio precio y la lógica microeconómica estalla en millones de esquirlas que terminan por refugiarse en la precariedad y/o en el dólar blue.

Cuando se alcanza un determinado nivel de conocimiento sobre una base histórica y empírica es cuando las personas deben o bien replegarse, o refugiarse o lanzarse, dependiendo el contexto, la confianza en sí mismo y la proyección sobre el corto plazo en vistas de conseguir éxito. Hay momento para todo, aunque es menester el advertir que cuando uno se embarca en el camino de la profesionalización uno nunca debe considerarse como pasivo, sino considerarse profesional en todo momento, así sea momento de exilio y ostracismo, mas nunca perder noción de las eventualidades que se suceden a todo momento, es decir, jamás desconectarse de las redes de información de la que somos víctimas y marionetas y de la que no podemos escapar porque no hay otra opción. Cuando el alumno de una carrera técnica se encuentra fuera del sistema, debe respirar y buscar opciones de supervivencia hasta tanto la rueda de producción y consumo comience por detenerse y recomenzar hacia el sentido contrario, y del que nos treparemos y le agregaremos peso y masa para que gire con más fuerza. La desesperación es ostensible y absolutamente válida, y el dominio de las emociones es por momento imposible de contener, pero así como los animales, el ser humano emana señales, feromonas, estática y hasta expresiones corporales que son leídas, percibidas e interpretadas por otros que se ubican en una posición de poder el que consciente o inconsciente determinará si incorporarlo a sus planes onerosos.

Cuando yo te diga que es carnaval…fijate porque la espuma está carísima y la fábrica de bombitas “Bombucha” cerró ayer y echaron 70 familias a la calle. No sé, leé los diarios aunque sea.