lunes, 17 de septiembre de 2012

El Parricidio Precoz


Parados en una gris cosmopolita hemos sido espectadores frente al destello de marquesina de led’s al fragor del chapoteo de aguas muertas estancas de una muchedumbre alienada de sí.

Ante el confluir de individuos aglomerados en su autismo social, la información apuñala flancos sórdidos que revela el vacío existencial, parcialmente sosegado por el entretenimiento que a través de auriculares parecen venir a apaciguar.

Una tibia bruma asedia cada descorazonado latido empapado por mentiras rociadas desde invasivas pantallas, y cadenas de creencias que son replicadas como epidemia social entre portadores de ideas ajenas y de intereses parasitarios.
  
El dolor por el complejo de clase que el rebaño incuba, sazona un agridulce pensar liviano y chabacano de una porción de la sociedad que ignora su sustento físico, y que compensa con otro metafísicamente soez, propio del desarraigo emocional del roto cordón umbilical tardío, y el parricidio precoz al que incurre una adolescencia acéfala de ideales.

La sucesión de frustraciones que desencadena la descendencia, obliga una y otra vez a procrear la miseria y confinarla al mismo destino de oquedad, al que el miedo al progreso ajeno corrompe la frugalidad hoy ausente en una generación que niega responsabilidad en el destino al que predestinó a su primogénito.

El odio es inculcado como antorcha hacia la supervivencia en una orgía de vanidades, donde una tertulia de tristes almas conspira contra todo aquello que deslegitime su statu autoproclamado.

Generaciones tras generaciones son sometidas al retraso espiritual y movilizados hacia la involución del ser, atinando a mutilar cualquier retoño de felicidad en una juventud deseosa de explorar y redescubrir un mundo que de movida les es negado.

Las puertas al calabozo de la ideología, de par en par son abiertas para la curiosidad temeraria e imberbe de unos pocos que se animan y que animan a transgredir.

En la polución sonora que ensordece al gentío que deambula sin un propósito, se puede descifrar el relato que la rabia instiga verborrágica, tenaz, impoluta y lo suficientemente autosustentable como para perdurar y trascender las barreras de clase y de generación, que es retroalimentada en un círculo vicioso que sólo la egolatría es capaz de abrazar con vehemencia e hipocresía aquellos individuos que comparten un tiempo y espacio que los confina a perecer en alma, procrear en vida y proyectar su propio vacío existencial a través de su alienada descendencia.


viernes, 20 de julio de 2012

A los amigos, y por qué no, a los compañeros también:


Un día simbólico, o tal vez solo otro día comercial de las grandes corporaciones de bebidas alcohólicas, quien sabe…
Pero si se trata de un motivo que nos reúna, bienvenido sea, en la abundancia que nos encuentre, o en la precariedad de nuestro poder adquisitivo, pero como bien se dice, que el mejor vino no se hace ni en Francia, ni en nuestra región de cuyo, sino que el mejor vino es el que se toma con los amigos.
Hoy 20 de julio es quizá ese momento que nos pone los pies sobre la tierra, y la imaginación por las nubes porque entre risas etílicas y comentarios lisérgicos nos vemos allí reflejados de alguna manera en las sonrisas de aquellas personas que bien sabemos que tienen otros ritmos y locuras, pero que la vida –por suerte- nos puso a compartir el mismo tiempo y espacio, y que con un esfuerzo político intentamos fortalecer esos lazos emocionales como se puede, con nuestros defectos como lastre, y nuestras virtudes como fortalezas.
Nos une el simple hecho de contar con ese alguien que siempre está dispuesto a abrirte la puerta a las 4 am si perdés las llaves –por supuesto con una puteada como recibida y despedida- y también preguntarte ¿Cómo estás? si no estás bien, o simplemente acompañarte para rellenar ese espacio que media entre el silencio del ocio y el bullicio de la muchedumbre.
Pero ahí están los amigos y los compañeros de militancia que bien son lo mismo.
Tal vez estemos en condiciones de reemplazar la palabra “compañero” por “amigo” o viceversa, ya que son más o menos lo mismo, y entre cánticos y saltos nos podemos sentir contenidos por una idea suprema que bien puede ser ideológicamente política, o tan solo compartir el estilo de vida con aquellos que disentimos políticamente pero que son los primeros en preocuparse si nos pasa algo.
Como sea, ese abrazo, esa palmada en la espalda nos marca por dentro, nos tatúa una sonrisa en el alma porque nacemos encorvados fetalmente, y nos erguimos por el orgullo de nuestros amigos y compañeros de vida, y aunque nos alegre un ascenso laboral, o una materia de la facultad aprobada, la verdadera felicidad es aquella anécdota que persiste y resiste al paso del tiempo, porque cada rencuentro con nuestros amigos nos recuerda lo que es verdaderamente importante en la vida, porque las situaciones pasan, y la vida solo es un recuerdo de aquello que vivimos y que nos produce felicidad.
A lo sumo algunos kilos de más, o de menos, más o menos pelo, más o menos plata, y más o menos responsabilidades, pero la esencia esta allí, abrazada a un inodoro vomitando el speed con vodka, o abrazada al fragor de las carcajadas de los amigos, y las gastadas que perdurarán conforme se revitalice la amistad con cada encuentro.
Así que, amigos y/o compañeros de militancia y/o de vida, gracias por estar siempre, y no hoy, sino ayer, aquel recuerdo que nos quedará cuando no estemos juntos, cuando la vida nos distancie, nuestra amistad va a seguir allí, naciendo una y otra vez, cuando recordemos lo felices que nos hace la amistad.
Un abrazo,
Arturo.

martes, 3 de abril de 2012

La Educación, la Instrucción, y los Modales


Bien podría comenzar por describir una situación de interacción entre más de un individuo donde se pueda polarizar lo que es un código de conducta ético y moral, entre una alternancia de términos que se utilizan para describir una realidad, y lo que es el acatamiento de información propagándola sin cuestionarla –llámese creencia-.
Es decir, que implícitamente señalamos alguna breve descripción de cada situación.
Lo cierto es que en sociedades sectorizadas por clases de diferentes poderes adquisitivos, el statu quo pernocta en el cinismo que alberga una actitud de quien impone el camino al “desarrollo” o más bien “civilización” del cual imponen barreras culturales como una zanahoria en un hocico que nunca alcanza.
En efecto, la elite protegida por el derecho a la propiedad privada, se arroga la titularidad del modelo a construir, como bíblicos epígonos irrevocables e indiscutibles.
Por contraste, las barreras culturales que impone la elite, implica el cercenamiento de realidades, inculcando la universalidad de la terminología, no ya desde un punto de vista práctico y tangible como la descripción de un objeto que entre los seres aprecian y acuerdan una acepción, sino sobre lo metafísico, lo intangible y lo subjetivo de situaciones que requieren de cierta cautela a fin de compartir como verdad absoluta.
Distinta es la realidad de la Educación per se, ya que la semántica implica el análisis del contexto en el que se desenvuelve una realidad, donde la cientificidad conlleva inexorablemente al sometimiento a rigor de los supuestos, contrastados con la comprobación empírica para afinar una parcial realidad, aggiornada por el poder de convencimiento que enuncia un mensaje, o una sentencia.
A todo este palabrerío –apropósito- lo encuadramos dentro de lo que utiliza la elite, no desde de la creación de conocimiento, sino en la marginación social desde los modales y el lenguaje adoptado, refinado, que se torna exclusivo sin reflejar ninguna distinción científica.
Es decir, que lo importante trasciende el lenguaje y las modalidades de comunicación, y se posicionan sobre el resultado distributivo de las riquezas que se perciben en la mano dentro del bolsillo de quien es encuadrado en una clase u otra.
Cuando la elite inculca a la plebe, que la senda para alcanzar tal posición se limita en los umbrales de la modalidad, y su refinación, lo que hacen es disuadir el único camino a perseguir, que es la educación real, a la cual logran arribar evocando la revisión histórica entendiéndola desde su contexto socio-histórico, mutatis mutandis al tiempo y espacio hoy, con las herramientas empáticas sociales para desmenuzar lo estructural.
Por consiguiente, cuando la plebe descubre que seres nacidos de la misma manera, con la misma oportunidad de decidir dónde y cómo nacernula- encuentran una disparidad de oportunidades económicas, reclamando igualdad sin privilegios para nadie.
Cuando se alcanza la igualdad para todos por igual –hipotéticamente- la ambición intrínseca y natural del ser humano aflora, y consensua igualdad de oportunidades –al nacer- y no igualdad de techo de crecimiento económico, evolucionando así desde el imperialismo, al comunismo, y por último al progresismo y verdadero desarrollo socio-económico colectivo.
Por supuesto, que detrás de todo esto, se encuentran un sinfín de sangre derramada y crímenes contra la humanidad como no se tenga imaginación alguna.
Desde ya, que cuando la elite se posiciona sobre el Ejecutivo –la derecha al Poder- instruye al soberano desde las ciencias de la educación, sustituyendo a ésta por la instrucción de conocimiento, imponiendo las corrientes de pensamiento –en este caso, liberales- sin cuestionar sus “[…]supuestos, contrastados con la comprobación empírica para afinar una parcial realidad[..]” disuadiendo al ciudadano de alcanzar su desarrollo socio-económico a través de las reglas de juego que le impone la Carta Magna de su jurisdicción, que, para el caso argentino, la participación política y el compromiso con la modificación de su realidad inmediata, la proyección de presente, y la fantasía –por no poder vivirlo- de dejar un mundo próspero para sus descendencias venideras.
Para finalizar, cuando interactúa alguien de la elite, con alguien de la plebe, el temor del primero por perder su posición socio-económico-hegemónica, lo conduce a la humillación hacia la plebe buscando la desmoralización, para finiquitar la ilusión de reparación y la restauración de un derecho igualitario de oportunidades, logrando un “permiso, me llevo tus riquezas”, “por favor, no pises mi césped” y “gracias por no participar en la política”.

miércoles, 21 de marzo de 2012

In God We Trust

Podría decirse que el título de lo que será este artículo se refiera a una connotación religiosa, cediendo la suerte de lo que nos excede a destinar nuestro destino en las manos de quien sabe qué.

Lo cierto es que muy lejos de la religión se encuentra la semántica de lo que nos inquieta y por lo que quien suscribe –yo- se siente impulsado a desasnar algunas vicisitudes político-económicas que han recaído en las manos del libre mercado, emulando la entidad de un Dios –vaya ironía-.

A decir verdad, desde la concepción misma de las organizaciones religiosas –organizaciones políticas al fin y al cabo- siempre persistió un colorido trasfondo de intereses que negociaron con toma de rehenes, no física, sino metafísicamente.

Por el año 1971, a raíz del “pick del petróleo” y la llegada de barcos franceses repletos de papeles verdes –también llamados dólares- fueron cambiados por oro que yacía en las arcas del Tesoro norteamericano. Es decir, que el patrón oro que se mantenía hasta el momento, fungía de lastre que ataba el crecimiento real a las disponibilidades de oro que existían hasta el momento.

En efecto, luego del abandono del patrón oro el 15 de agosto de 1971, los papeles verdes pasaron a carecer de convertibilidad en bienes reales, y pasaron a depositar su sustento, en las bondades del señor. "In God We Trust" dice al dorso de la moneda norteamericana.

Los billetes ahora convertibles a nada, se convirtieron en moneda fiduciaria atada a la confianza del mundo entero por sobre la producción de los Estados Unidos.

Desde 1971, el mercado financiero comenzó a gestar su crecimiento por encima del crecimiento real de la producción mundial, provocando una transferencia de riqueza desde quien producía, hacia quien especulaba, deteriorando el precio absoluto de los productos, provocando las disputas por la distribución de las riquezas entre el capitalista y el trabajador.

Cuando comienza a decaer la rentabilidad empresaria a raíz del detrimento de sus riquezas, el apalancamiento deriva su sustento y desvía los capitales desde la inversión productiva, hacia la especulativa, configurándose así una sumatoria de micro-realidades, en un resultado macro de contracción económica y caída del empleo mundial, debido a que todos los países jugaban a la balanza comercial excedentaria, restringiendo el ingreso de los productos a sus mercados internos.

No es casual, que a partir de esta década, se comenzara por reordenar la estructura mundial entre el centro y la periferia, donde al segundo le correspondió un “reordenamiento” poco feliz, con la desaparición de 33.000 personas como proyecto de corto plazo, y el terrorismo cultural del Estado para sostener el statu quo como proyecto de largo plazo.


jueves, 2 de febrero de 2012

La soledad no-intelectual


¿Hasta qué punto el ser humano es capaz de rebajar su propia estima? ¿Es acaso una situación emocional la que los lleva a ridiculizarse frente al rebaño, o quizás frente a sí mismos?
De cualquier manera, la avaricia y el temor a no sobresalir por los lineamientos culturales los lleva a detentar contra sus propios intereses en los cuales se ve afectada su propia avaricia. Irónico.
A desmenuzar el quid de la cuestión, nos encontramos con una resistencia emocional que perpetra al desconsuelo de no proyectarse a sí mismos como algo superador, siendo muy por el contrario, una proyección estanca de hasta donde su propia voluntad de cambio le permita arrastrarse.
Cuando la identidad propia se diluye en el espejismo de un ser al que reconocen superioridad –en las disciplinas que se traten-, el primero es quien niega la existencia y la entiende falaz. Falsariamente el cotejo de información lo lleva a toparse con la frustración de saberse imberbes ante el avasallamiento del pensamiento, y no de una sutil manera ininteligible como la creencia que esboza cada uno de sus razonamientos.
Con todo, la miseria existencial que palpan con su propia ira, se los devora en una orgía de devoción hacia la fantasía en la que duermen arropados cada una de las noches que padecen en soledad intelectual.
Difícilmente pueda darse una situación de intelectualidad con la negación en forma de naipe envidando su propio statu quo, a merced del anhelo de la superación en un dilema que consta de crecer ellos, o hacer que el resto decrezca para sentirse en una posición de superioridad alguna. La voluntad cogobierna su suerte, y las desventuras emocionales son reiteradamente recicladas cual déjà vu irrumpe en llanto un estado de quietud amesetada en tanto y en cuanto no se vea alborotada su capacidad de reacción, sea implorando pensamiento o sea vociferando creencia.
Lo cierto es que la negación refugia las culpas, evitando el duelo interno por cuestionarse la ruindad de su responsabilidad en la suerte que le aqueja.
Por consiguiente, así como cuando deshonran a una persona a la que internamente le conceden superioridad, externamente no soportan mostrarse sometidos a su grandeza, y ahondan sus penas en la negación de existencia de tal persona, colocando esta vez a la persona como un medio, y tomando a la ésta suerte de lógica como el fin al que luego aplican sobre la información y el descreo de la realidad que los insta.
El temor por considerarse frustrados, y sumidos a la inteligencia de otro ser, pone de manifiesto que lo que encuentran a todo momento en terceras personas son solo espejos el cual prefieren evitar, escondiendo sus complejos, y desmereciendo la grandeza de las personas, y la contundencia de las ciencias sociales de la cuales son participes indirectos del resultado de su propia realidad.



lunes, 5 de diciembre de 2011

La policía y la simbología del statu quo

“Proteger y servir”
Al parecer, la consigna y/o slogan que pregona una estructura orgánica que depende directamente de los estamentos asociados al republicanismo y a la protección misma de estructuras, poco tienen que ver con la ética y moral que el espíritu mismo del cuerpo policiaco pareciera intentar representar.
Lo cierto es que la “protección” es solo efímera cuando la palabra no se condice con las prácticas que emergen de los aplicativos usuales que se ejecutan desde el seno del Estado, sea este del nivel jerárquico  que fuera.
Por consiguiente, al desfasaje entre la palabra y aquello que se inmiscuye en el relato cotidiano, pasa desapercibido ante la reflexión que sobrevuela los intercambios de ideas o traspasos de creencias que se producen en el núcleo de la sociedad parlante.
Es cierto que la implementación de la policía es ambiguamente tanto necesaria, como contraproducente al mismo tiempo, si lo que se persigue como fin es de corto plazo actuando ex –post, es decir actuando sobre las consecuencias, y no proyectando modificar las bases, es decir, trabajando ex –ante, es decir, sobre las causas de la problemática.
De todas formas, previo al precedente párrafo, es necesario ir hacia lo central del problema, el cual se corresponde con dilucidar lo estructural de lo coyuntural y arribar a la conclusión de que el actuar de la policía comienza cuando se termina de consumar un hecho social, que está directamente relacionado con las condiciones socio-económicas, ya que sucede entre seres humanos, y por intereses de tracto económicos.
Dicho de otra manera, la estructura del reparto de las riquezas se entiende estructural, ya que previamente el derecho a la propiedad privada cercena una porción de los recursos, y los reserva y protege a una elite, en detrimento de las grandes masas.
Es decir, que remontándonos a los registros históricos de las sociedades, los conflictos siempre tuvieron lugar al momento de disputarse recursos, que conforme pasa el tiempo, mutan y evolucionan en función de las ambiciones futuras del ser humano.
Las reglas de juego que enmarcan a una sociedad, se debe tanto a los vacíos legales tanto así como las prácticas que se ejecutan por fuera de la normativa que engloba el comportamiento de las personas como seres humanos sujetos de derechos y obligaciones.
El “robo” se produce como acto de apropiación de propiedad privada ajena, por lo tanto para que exista tal, debe existir la ley de propiedad privada, lo cual carece de relación ética y moral, debido a que la apropiación de recursos es arbitraria y protegida, la cual también no puede encuadrarse en conceptos como “éticos” y “morales”.
Sin embargo, la sociedad juzga al robo, como un acto no ético e inmoral, al mismo tiempo que se corresponde como infracción de legalidad.
Por un lado, quien detiene los actos que infringen la ley, es la policía como primer órgano que lleva a cabo sus prácticas y su voluntad expresa en su accionar, previamente al sometimiento a justicia, es decir, uno de los poderes que el Estado como republicano delega en funciones.
Por otro lado, la Justicia ajusta a derecho las acciones cometidas, o pre-juzgadas por la policía, quien por voluntad propia puede llevar adelante, ya que el criterio subjetivo de éste organismo, se corresponde como facultad delegada.
En efecto, hacer hincapié en la policía como benefactor de la sociedad, es un error conceptual peligroso, que confunde la prevención con la contención, ambos necesarios para sostener un sistema legal como la Constitución Nacional misma requiere para su plena aplicación.
Digamos, que cuando el acto de reparto de riquezas se vuelve injusto debido a la inequidad de oportunidades para seres recién llegados al mundo, vulnerables y necesitados de recursos mínimos de subsistencia y desarrollo, al mismo tiempo que las oportunidades a mediano y largo plazo como incentivo al activismo dentro de los estándares normativos de conductas.
Si se evaluaran las causas de los actos nominados como “delitos” por parte de la investigación que lleva adelante la policía, también correspondería la lógica para la investigación que lleva a cabo la Justicia, ya que ambos relevamientos de “pruebas” son atravesadas por un mismo elemento, el cual es la acción objetiva consumada por los seres humanos.
Sin embargo, existe una causa subjetiva en el accionar de los seres humanos que son impulsadores de tales conductas, las cuales no preocupan ni son el fin para ambos órganos, hablando de la Policía por un lado, y el Poder Judicial por otro.
Si nos adentramos en la vocación del personal que compone a la Justicia como a la Policía, la misma se corresponde con la solvencia de una problemática ex –post que no modifica la estructura, sino que espera recibir una problemática a resolver. Es decir, que filosóficamente hablando, si se reduce la aparición de crímenes y delitos por acto del mejor sistema de reparto de las riquezas, también se reduciría la utilidad de ambos organismos, y el personal abocado (por vocación) carecería de razón de existencia. Si la verdadera vocación de las personas fuera el “servir” y “proteger” a las sociedades, tomando ambos términos como universales para toda la sociedad, implicaría una desviación de agentes volcados a otras actividades político-económicas.
Dado que ésta última conjetura jamás se produce por voluntad expresa de tales personas, su vocación de servir y proteger, no se aplica sobre la sociedad en su totalidad, sino sobre una porción de la sociedad que sale ventajosa en la distribución de los recursos, y que ante la aparición de un intento de apropiación, utiliza en su derecho, al brazo policial, recupera el recurso que el Estado le reconoce a través del derecho a la propiedad privada, y pone al actor del delito bajo el dedo índice del juzgamiento ético y moral de una sociedad que apuesta a la implementación del órgano policial, como herramienta benefactora, que protege y sirve a los intereses de una elite, y que ve pasar delante de sus narices, los recursos a los que ya no podrá acceder.

domingo, 16 de octubre de 2011

La primavera reparadora

De entre el crujir de hojas al pisar, y los tintes marrones que decoran el paisaje de un otoño, se gesta el ocaso de una estación y da lugar al florecer de una primavera que se respira en el perfume de las praderas y el aluvión de abejas en la borrasca de polinización.
El aire cambia violentamente y templa otrora semblanza de aquello que vira los humores hacia la empatización de los seres que pueblan las tierras en los confines de este mundo.
En el recorrer de las rutas provinciales se aprecia la variación de las situaciones que particularmente subyacen en cada distrito jurisdiccionalmente determinado.
Casi como la ilustración de aquello que los números y los porcentajes parecen no poder, y que estos mismos paradójicamente parecen alejarse cada vez más de lo humano, para así envolverse en lo abstracto del inimaginable condecir.
Lo cierto es que la evolución/involución de la realidad material que pende de las responsabilidades de la gestión de turno, se manifiesta a gritos vivos en las rutas repavimentadas como así también en las vías de un tren que ya no pasa.
La provincia de Buenos Aires tímidamente expresa su realidad en situaciones sociales que bien se mimetizan con el olvido y la inexistencia visual de coterráneos que no registran en su rango de percepción, y que los medios informativos encargados de tal tarea trabajan en connivencia con la desidia que emerge desde la más primitiva enseñanza escolar, arropada en las nefastas sentencias sarmientistas.
En una orgia de ignorancia, se hacen presentes las vestiduras de la ortodoxia y el gen de honda raigambre, luciendo sus reciclados métodos de sometimiento de la población partiendo todo lo que toca en centro y periferia.
El compromiso que asumen los electos es ratificado en base al grado de compromiso social por el retorno de aquello que transfieren con su voto, para modificar su proyecto de presente, es decir, su futuro mismo.
Casi como en un duelo de esgrima, la estocada final no es simbólica, puesto que el sable penetra en el subconsciente y en el bolsillo que padece a diario la escasez de aquellos recursos que se encuentran en manos de otros, y que necesitan del Dios Estado para reequilibrar aquella injusticia social.
En consecuencia, los recursos son reinsertados en la sociedad, o bien, acumulados ociosamente cual suerte mercantilista pernoctaba en las prácticas de los reinados por el siglo XVI.
De cualquier manera, la ambición es echada a correr por las llanuras del descontrol que emancipa la necesidad del soberano, y su propia voluntad –conciencia mediante- desgraciada en los vestigios de una era agroexportadora.
Los caminos se bifurcan en el acceder a una autopista, o se acotan al colisionar por un desperfecto en las rutas, abandonadas por el desdén vaporado del deseo retorcido de una monarquía oligárquica, sigilada en los agradables modales de una melodía de sirena neoliberal.
El conformismo efervesce del vaso medio vacío cual teoría del derrame nunca se produce, y que a consecuencia de ello, la desprotección social se vanagloria de recalcitrante orgullo y se regodea en el frotar de manos manchadas de sangre trabajadora.
La pereza en el accionar de actores esenciales en la transformación, parece incidir en la ambición del soberano cuyos brazos deja caer acompañado a hombros que se agachan y se reportan como servidumbre del sistema.
Paradójicamente el ocaso para la melancolía ortodoxa liberal, tiñe el paisaje desdibujando la sonrisa financiera de una elite que abre paso su ambición y su especulación, hacia el paso de una nueva generación de conciencia popular que emerge de las multitudes y que interpela a su sociedad, hoy combustible de una llama viva que expresa un discurso sólido e infranqueable susurrado en los oídos de una sociedad puesta de pie.
Las palabras llegan como una brisa sosegadora para acalorados individuos que vieron perderlo todo y descreer, estando en todo su derecho, de seres que hoy deciden poner sus manos en el fuego y quemarse con el calor de las masas populares y cargándose a hombro, bolsones de responsabilidades bajo la tutela de un verdugo elitista y de sesgo marcadamente liberal, refugiados todos ellos en el derecho a la propiedad privada, privilegio de unos pocos, intervención por sobre muchos.
Los hechos hablan por sí mismos, y se manifiestan con leyendas sobre pancartas en desandadas calles de una militancia juvenil y de aquellos eternamente jóvenes en su espíritu, con la grandeza de la humildad que se refleja en brillosas pupilas que encarnan la emoción por sentirse partícipes del cambio de sus propios destinos.
La reparación de aquella desventura soberana, en función del beneficio de unos pocos, hoy se respira y se resiente de la reverberación del sonido de los bombos que acoplan los oídos y que simulan el latir de una generación que carece de edades y que incluye y resquebraja los estándares sociales.
Maginando tan solo a la desidia de algunos que se dejan guiar por la mentira casquivana de comunicadores sociales encuadrados en filas como soldados de las utilidades financistas y corporativas del sistema que deja su huella de sangre y ve perderse en la muchedumbre, fundiéndose en la redistribución de riquezas del trabajador que hoy participa de la mitad de lo producido en el país.