Existe en la naturaleza una interacción biológica entre organismos de diferentes especies en la que uno consigue la mayor parte del beneficio de una relación estrecha con otro organismo. Es un proceso por el cual una especie amplía su capacidad de supervivencia utilizando a otras especies para que cubran sus necesidades básicas y vitales. Las especies explotadas normalmente no obtienen un beneficio por los servicios prestados, y se ven generalmente perjudicadas por la relación, viendo menoscabada su viabilidad.
Al introductorio mecanismo que acabamos de sustraer de una definición ordinaria –por carácter de orden- podemos interrogarnos si el no dar por definición, un nombre a cualesquiera que sean las funciones que le competen tanto al que mencionamos como “uno” al primer agente en cuestión, y “otro” al que resulta perjudicado, merece distinción alguna. Sin dudas que de aquí podemos desprender que en el subconsciente humano, se termina estableciendo un orden en términos de relevancia, liderado por el que resúltese “vencedor” de dicha relación.
Se torna vinculante esta sutil observación al comportamiento humano del que justamente devino tal silogismo creado, en función de la aceptación de tal afirmación como epíteto del agente beneficiado en tal relación.
Es decir, que al ser humano, desde la concepción misma de su lógica, el priorizar la ventaja por sobre lo demás –ya que el mundo es uno solo y ahí dentro lo que cambia es la configuración del reparto de los recursos- es la zanahoria en el horizonte de sus metas.
Podemos sustraer de tal comportamiento –relativo al campo de la antropología- que la inter-intra-relación entre los individuos persigue algún beneficio –aunque éste se manifieste solo implícitamente- que albergue en el seno de su ambición, un objetivo ligado a la metafísica, y –quizá- al apaciguar su propio y natural apetito referido al ego.
Desde el vamos, dejando de lado por tan solo un momento el espíritu mismo del concepto de “solidaridad”, estamos en presencia de una relación que persigue algún que otro beneficio.
De raigambre, el acto desinteresado parece carecer de pertinencia en el asunto en cuestión, ya que comenzaremos por introducir todo este diorama al comportamiento dentro de la sociedad y el impacto mismo que tiene sobre los recursos –escasos, siempre- del que solamente cambian de tenedor y no de composición misma.
El acto de “ser solidario” en nuestra sociedad, mece el sustento mismo de las posiciones sociales, haciendo que éste acto –el de ser solidario- conforme una relación vertical y no una horizontal.
Por vertical entendemos una relación jerárquica, aceptando siempre que la presunción de lo vulgarmente atañido por quien acepta su rol establecido –y no lo cuestiona- cediendo sus propios deseos naturales de pertenecer al lugar dominante –si se quiere- y ser quien reciba los honores propios del resto de los individuos.
Por horizontal hacemos referencia a la igualdad de condiciones, donde ningún elemento se autoproclama mayor relevancia por encima de los demás.
Para darse una verticalidad en una relación abierta, deben concederse roles y posiciones por la sociedad en base a ciertas virtudes que consideran éstos al momento de afianzar un orden al que la naturaleza misma tiende, en cualquiera de las relaciones entre dos o más individuos que se trate.
Es decir, que los seres humanos conceden ciertos honores a determinados individuos, en base a algún elemento distintivo –sea tangible o metafísico- y a su vez, esto deja sigilosamente definido, que al que no posee tal distinción recaerá sobre sí, los deshonores y tomará la posición inferior en la escala vertical que aludimos.
Digamos entonces, que si el ser humano es solidario a expensas del deshonor que recaiga sobre otro, estamos en presencia de una relación perversa en la cual el desinterés pierde lugar alguno en este plano.
Veamos, que en asuntos económicos, el establecer un sistema excluyente de factores al propio sistema genera una intrarrelación vertical perpetua, donde los que están en la parte inferior reciben sustento a cambio del deshonor, y donde los dadores se vanaglorian de su posición, y mantienen así el statu quo dispar que existe entre los agentes económicos en cuestión.
Retrayendo la introducción y aplicándola al sistema económico, desatender la proporción de los recursos, que sale disparada hacia los extremos, deja en el medio un vacío improductivo en detrimento de los desposeídos –de recursos- conformando así, una relación de parasitismo –denominación de la interacción biológica invocada al inicio- ligada directa e indirectamente al concepto actual de “solidaridad” –vertical-.
El hecho de consensuar entre todos los individuos –en igualdad de condiciones- conlleva a establecer un orden, donde todos los que participan de la proporción de los recursos, son traspasados horizontalmente, en la cual el orden es solo ordinario y no de posición jerárquica.