sábado, 14 de agosto de 2010

"Psicoanalisis y Religion" - Capítulo III - por Erich Fromm

Para asumir, la declaración freudiana de que el complejo de Edipo, la fijación incestuosa, es el “núcleo de las neurosis”, es una de las visiones más penetrantes del problema de la salud moral, si lo liberamos de la estrecha formulación en términos sexuales y lo entendemos en su amplio sentido de significación interpersonal. El propio Freud ha indicado que él quería dar a entender algo más allá del reino sexual. En realidad, su criterio de que el hombre debe dejar padre y madre y hacer frente a la realidad, constituye su principal argumento contra la religión en el Futuro de una Ilusión, donde su crítica de la religión afirma que ésta esclaviza al hombre y le impide alcanzar el fin supremo de la existencia humana: la libertad y la independencia.
Sería, claro está un error suponer que las observaciones anteriores implican que sólo los que son “neuróticos” han fracasado en la tarea de la autoemancipación, mientras el tipo medio de la persona adaptada lo ha logrado. Por lo contrario, la gran mayoría de la gente de nuestra cultura está bien adaptada porque ha renunciado a la lucha por la independencia antes y más radicalmente que la persona neurótica. Han aceptado el juicio de la mayoría tan completamente, que se han ahorrado el vivo dolor del conflicto que sufre la persona neurótica. Si bien son sanos desde el punto de vista de la “adaptación”, son más enfermos que la persona neurótica desde el punto de vista de la realización de sus propios fines como seres humanos. ¿Puede ser esa solución la considerada como perfecta? Lo sería si fuera posible ignorar sin daño las leyes fundamentales de la existencia humana. Pero eso no es posible, la persona “adaptada”, que no vive de acuerdo con la verdad y que no ama, solo esta protegida de los conflictos manifiestos. Si no la absorbe el trabajo tiene que usar todas las salidas de escape que le ofrece nuestra cultura, con el fin de estar protegida de la terrible experiencia de estar a solas consigo misma y de mirar en el abismo de su impotencia y empobrecimiento humano. ("Psicoanalisis y Religion" -1956- Cap. III - Pag. 111)