A estas alturas del ciclo sinusoidal macroeconómico, la realidad parece demostrar incesantemente que las premisas adoptadas se dan en una situación que no se condice con el espíritu mismo de la acción.
Se sabe, pues, que las teorías económicas subyacen en la merma constante de la producción improductiva –vaya paradoja- de innumerables pseudo-modelos que distan entre sí, sólo y tan solo en la superficie, puesto que la génesis del árbol genealógico matriz, consta de los mismos genes.
Digamos, que lo que se logra inmiscuir bajo las cepas de una incomprendida –quizá- alteración de supuestos económicos, logra sobrevivir cual germen jamás logra ser alcanzado.
Resulta que, la medicina social e intelectual, parece buscar la cura matando al paciente. No tan rápido.
Es común en los lazos fraternales de las ciencias sociales, que se busque con-fundir en la borrasca inmediata, las bases entre lo que reacciona quid pro quo, casi como una constante donde las mismas, se arropan en el antagonismo perpetuo entre las ciencias exactas, de las sociales.
Como hemos insinuado que el ser humano se destaca por su dinamismo, es preciso remarcar que cada ser comienza desde cero en cada llegada al mundo capitalista. Con esto, no pretendemos resguardar la complicidad –tal vez involuntaria- del individuo con las propias consecuencias que de momento a otro, termina por alcanzarlo, casi en efecto boomerang.
En efecto, las reglas de juego bajo las cuales una persona desarrolla su intelecto, carecen del dinamismo cual individuo denosta. He aquí el punto de inflexión donde cabrán las respectivas inquietudes, de si no será momento de poner en tela de juicio, las propias reglas de juego que mencionamos. Correcto.
Sin embargo, el capitalismo no es más que la exponenciación misma, de las ambiciones y las facetas que cada ser porta intrínsecamente en la genética humana.
Es decir, que así como un todo simplificamos algo tan complejo, cabe mención sobre la dicotomía entre los intereses propios al momento en que el boomerang regresa violentamente sobre el actor material.
Sin dudas, que los hechos demuestran cierta reacción –feedback- entre las causas y las consecuencias.
Decimos entonces, que así como el individuo que se encuentra en desventaja –desde sus intereses naturales- intentará revertir tal situación, a contrapartida del otro individuo que perseguirá mantener el statu quo.
Esta es la parte en que se entiende el por qué de la resistencia a someter a comprobación las bases, o reglas de juego, ya que a una parte le resultará el desplazamiento del eje bajo el que sustenta sus ambiciones.
Es decir, que para que suceda la modificación en las bases teóricas, debe suceder la respectiva modificación en lo que hace a la matriz emocional del ser humano y anular así, la ambición. Algo utópico, por cierto.
En lo que hace a la economía, existe entre los modelos de producción, el de someter a una porción de los individuos, al cese de ambiciones y tan solo limitarlo a su apenas subsistir.
El caos, la psicosis social, las corridas y el descreo del compromiso asumido, son herramientas que permiten dar lugar al racionamiento, y aprovisionarse así, las riquezas de cada individuo, con la eventual defensiva por mantener el pertinente statu quo antes mencionado.
A su vez, los salarios –la remuneración al factor trabajo- se ven expuestos a la decisión del verdugo hacia los sometidos.
Es decir, que como las fronteras son libres hacia las demás mancomunidades, el débil poder de absorción de la producción local, es compensada con el poder adquisitivo de otras economías.
Como podemos apreciar, en el primer país, un sector no ve caer sus ganancias, sino que las mantiene al mismo tiempo que la otra porción –en el mismo país- observa cómo se diluye en sus manos, la capacidad de la supervivencia, no sólo de plano biológico sino también metafísicamente.
Con esto comprobamos que el comercio internacional no es el santo grial al desarrollo colectivo de una sociedad, sino que más bien, se torna contraproducente y funge de motor de exportación de pobreza.
Por un lado, los planteos liberales basan sus premisas razonando como si vivieran en autarquía y bajo fronteras cerradas. El efecto derrame no existe, puesto que el sistema tiene una “pérdida” la que llamamos comercio exterior.
Con esto comprendemos el por qué de perseguir la apertura de comercio hacia afuera indiscriminadamente. Por un lado, la apertura de mercado permite que los pequeños productores/vendedores locales compitan contra los productos abaratados por los bajos salarios del otro país, lo cual conlleva a la quiebra de los productores locales o a la competencia vía salarios, lo que deprime el poder adquisitivo local.
No es de extrañar, que se acuñe al concepto de “desarrollo” la exportación, pero esto solo es viable una vez colmada las proporciones de producto/absorción local, y de marras, exportar lo sobrante, a alto precio.