jueves, 26 de agosto de 2010

Sobre la enseñanza económica

¿Cual es la lógica que impera el espectro socio-económico bajo los planteos de siempre?
La respuesta sería tan compleja donde cada elemento debería ser cuidadosamente explicado lo cual nos llevaría a la elaboración de toda una saga de ediciones, voluminosos libros, conformando toda una enciclopedia. Esto sería lo correcto para asentar una explicación de tal envergadura.
Lo que acabamos de observar en el párrafo precedente, es lo que se dilata en el seno del enriquecimiento de materia gris social.
Es decir, que cuando existen elementos que se dejan de lado, y que no se explican, esa parte queda sujeta –o más bien, voluble- a la omisión, y tal vez la obviedad. Caeteris paribus, siempre se dejan de lado los mismos eslabones, y es ahí, donde considero que los teoremas nuevos hacen aguas, y no solo en sus bases teóricas, sino también –lo que es peor aun- en la ejecución práctica del mismo.
¿Cómo es posible asegurar algo del cual se obvia las bases?
La pertinente construcción es símil al mecanismo de edificación que un ingeniero lleva a cabo para la ejecución de una obra. Sería tan negligente como imprudente –como inconsciente- el de no asegurarse bien los cimientos y construir por encima.
En las ciencias – y más aun en las sociales- el imprescindible delimitar los supuestos, o premisas, bajo las cuales se espera que los acontecimientos se condigan, o se correspondan –ambos son necesarios- ya que, la comprobación empírica es una de las últimas instancias antes de dar por sentada una teoría. La última instancia, probablemente deba ser la de la aceptación de la sociedad, para lo cual el silogismo generado debe ser cuidadosamente elaborado, y por sobre todas las cosas, sometidas a juicio por la aristocracia democrática.
¿A que nos referimos exactamente con “aristocracia democrática”?
Así como en las ciencias exactas, quienes asisten a las exposiciones de los asuntos expuestos, se consideran por la sociedad como los eruditos en la materia, los expertos, etc. En asignaturas de sesgo sociales, el criterio subjetivo es necesariamente determinante, ya que nadie más que Dios –como ser imaginario- sería capaz de considerarse a sí mismo como dueño de la verdad absoluta.
En cuanto al concepto de “democracia” es lo que viene a paliar e intentar soslayar el vacío que deja la erudición en las ramas de las ciencias sociales. Esto quiere decir, que la totalidad –o la mayoría- de la población y magro de presiones e intereses, debe inquirir en la selección del panel de “jueces” quienes den por aceptada el conocimiento que tratamos de sustraer y desmenuzar.
Con esto queda expresado –por mi voluntad- que la selección de las dispersas corrientes de pensamientos las cuales se enseñan en la sociedad –en todos sus niveles- debe ser rigurosamente sometida a elección pública y popular, ya que el dejar tal elección a simple criterio de una minoría, presume que dicha facción consta del maravilloso don del criterio imparcial puro y absoluto. Sueños y utopías.
En cuanto a la enseñanza económica actual, es un tema bastante más que obviado, donde jamás se cuestiona sobre las corrientes de pensamiento seleccionadas. Tal vez esto explique el cíclico y recurrente trayecto que recorren los resultados obtenidos.
Luego de más de dos siglos, el sector agroexportador sigue sosteniendo sus ideas bajo las teorías de Adam Smith, y los del Sector Industrial sostienen las suyas bajo las ideas de David Ricardo, al son que los funcionarios de gobierno seleccionan políticas económicas aunando a estos dos personajes en los modelos de Eli Heckscher y Bertil Ohlin, ya que el premio Nobel de Economía Paul Krugman se encarga de ahorrarles el trabajo a los economistas locales, torturando y forzando los supuestos seleccionando determinados resultados que se obtuvieron, para así encontrar su comprobación empírica para dar por sentado que los modelos anteriores, realmente funcionan. Esto no es legítimo.
Paralelamente, se intenta ocultar y lograr que pasen desapercibidos, planteos que parecen aproximarse más a lo cierto. Tal es el caso del olvidado John Maynard Keynes, quien desde un escritorio leía sobre el pleno empleo, al son que desde su vista periférica le llamaba la atención las largas filas de desempleados que morían de hambre en las calles grises de Inglaterra en plena Gran Depresión de los años 30’.
Tan sólo por citar una parte de lo anunciado por este sujeto, entre sus palabras pondré entre paréntesis, el referente de las etapas sucedidas en la Argentina a lo largo de los últimos años, a saber:
"El movimiento de la tasa de interés hacia arriba o hacia abajo a veces tenía más efecto para atraer capital extranjero o impulsar la inversión en el exterior, que para actuar sobre los precios locales. Cuando el desequilibrio era puramente estacional ello se convertía en una ventaja indudable, puesto que eran preferibles el flujo y el reflujo de los fondos exteriores entre las estaciones de estancamiento y las dinámicas, a las subidas y bajadas de los precios (hiperinflación de Alfonsín). Pero cando ello se debía a causas más permanentes (la industria nacional destruida en los 90) el ajuste era imperfecto, aun antes de la guerra, porque el estímulo a los préstamos externos (Dictadura Militar y Menemismo), aunque restauraba el equilibrio por un tiempo, podía ocultar la gravedad real de la situación (déficits presupuestarios de Cavallo) y permitir que un país viviera más allá de sus posibilidades durante un tiempo muy considerable a riesgo de una bancarrota final (De La Rúa 2001)” (Keynes, 1923)

En próximas publicaciones me dedicaré a explicar cuáles son las teorías de los Economistas liberales que mencioné anteriormente, y cuales las condiciones para que se condigan y se correspondan con la realidad que intentaban –o simplemente pretendían- asociar.