jueves, 19 de agosto de 2010

Sobre la política y la filosofía

Es normal en tiempos que corren, en la cuenta regresiva hacia las elecciones presidenciales, en pleno apogeo de las más absurdas recurrencias psico-somáticas –y más adelante veremos por qué- que persigue los confines surreales del cognitivismo humano. Per se, el individuo como ser activo de la sociedad –directa o indirectamente- se ve severamente acorralado entre la información y la pared.
Decimos, que se libra una batalla en la arena emocional, donde la psiquis se viste de contradicción y prefiere portar una máscara para mimetizarse con el ambiente, que a someterse al pre-juzgamiento social sin que el primer individuo pre-y post juzgue a sus propios jueces.
Luego de esta confusa alteración de órdenes que no llevan hacia ningún lado –de plano utilitarista, sólo existencialmente- podremos determinar que el ser humano promedio se ve severamente influenciada bajo los pasos a seguir que el gigante y apócrifo némesis llamado “medio de comunicación” marca al comienzo de cada día, y cierra cada noche.
Vemos, que las contradicciones humanas se dan de plano intrínseco, mediante el cual la razón y pues, la lógica, se enfrentan con la racionalización del pensamiento que estampa la cultura en el desarrollo de cada ser humano.
Bastará tan solo, con el simple ejercicio de repreguntarse el por qué de las cosas, para desmenuzar una afirmación que se establece en el seno de la colectividad, para arribar así hasta los orígenes que componen el silogismo y la matriz de cada “verdad” que se instala.
Con todo, suponemos que en cada derivado de las ciencias sociales, y por tal, no existe tal verdad absoluta, sino más bien, la profundidad en la búsqueda de la verdad misma. Ipso facto, cada individuo desde su postura, tiene dos posibilidades:
Una, aceptar la verdad de otro individuo y tomarla como propia, esto se llama “creencia”.
Y dos, reconstruir su propia verdad, conjugando las premisas, con las creencias, y éstas fundiéndolas con la verdades, a las cuales las tomaremos como empíricas –es decir, lo que efectivamente sucedió y no se puede negar- para dar lugar así al propio “conocimiento”. Esta conjunción, es lo que da lugar al conocimiento en ciencia social, es decir, la “epistemología” –como bien planteó Platón -Teeteto, 202, b-c-.
Al limitar el espectro cognitivo a tan solo estas dos posibilidades, podemos suponer que cada afirmación queda sujeta a las creencias y supuestos que se instauran y acoplan sucesivamente a cada paso del tiempo.
Actualmente, limitar las afirmaciones en asuntos de política, al simple ejercicio de creerlas y reproducirlas en efecto dominó, es casi un error tan grave como la propia consecuencia que trae la ejecución de un plan perverso. Entonces, equiparamos la misma consecuencia de dos causas diferentes. Por un lado, la ignorancia y por otro, la perversidad.
Si lo que se pretende corregir es la consecuencia actuando ex-post, las causas serán constantes, sistémicas y síncronas, pues, el ser humano es dinámico, y los supuestos económicos trabajan estáticos bajo determinadas premisas.
Cabe preguntarse y repreguntarse ante cada afirmación, los fundamentos de la misma, y repreguntarse mediante un simple “¿por qué?” para encontrar el eslabón perdido que nexa entre las teorías y el fin mediato –véase también como “interés”- ya que los albores de cada elemento que se pretende transmitir, consta de un interés –sea de la calaña que sea- pues, los acontecimientos en sociedades numerosas, son tan infinitos como los diversos enfoques que cada persona pueda dar a la situación que percibe. De esto se desprende, que lo que se transmite sorteó previamente, una serie de filtros. Esto es “Costo de Oportunidad”.
El hostigamiento permanente del intelecto, acuñado perversamente por los prejuicios inculcados en el desarrollo y realización del ser humano desde su niñez, propende a incubar en la auténtica integridad individual, una imagen y una matriz lógica que no se condice con los resultados del simple ejercicio de la auto-cuestión. La lógica propia se torna antagónica con ese falso sistema de razonamiento.
Decimos que el sistema de razonamiento es falso, porque es impuesto a la fuerza, desplazando la genuina capacidad razonadora.
Al momento en que el ser humano constata que no existe correlación entre la verdad que le pretenden hacer creer, con la verdad que él mismo es capaz de elaborar. Por tal, ante el perverso castigo con el que es sometido cada individuo en la sociedad, es decir, el “prejuicio”, esto último es el principal impedimento hacia la realización espiritual del ser humano.
Así como las creencias que se instauran en la sociedad, cada intento por ignorarlas y desafiarlas, resultan de “rebelión” ante el rebaño. La persona, como ser gregario, es quien debe ser sometido –o lo someten- al juicio para con el resto de la comunidad, hasta tanto sus conceptos sean aceptados por el resto, independientemente del ejercicio individual y auténtico de cada ser que conforma “el resto” por sentar a rigor científico, cada creencia que le vino dada.
Digamos entonces, que el “sentido común” carece de comprobación empírica que aproxime a una “verdad” más convincente, si se basa en creencias.
Retomamos entonces, que el ser humano para convivir en sociedad, debe encuadrarse en los preceptos del huso común, aun así cuando su propio pensamiento contraste directamente con lo estipulado.
Es decir, que la persona por la simple necesidad de “encajar” se ve obligada a interpretar y asumir un papel y rol que carece de pertinencia con su propia integridad, lo cual emocionalmente terminará por implotar. Esta eclosión interna, de plano existencial, es lo que somatizará –como citamos al comienzo- si no es apaciguado por la voluntad de imponer una nueva verdad: su verdad.
De todas formas, si la respuesta recibida ante el cuestionamiento de las “verdades” en materia de ciencia social, digamos, preguntando “¿por qué?” al individuo que porta dicha “verdad”, es: “porque sí” entonces no quedará más remedio que librar una batalla, no por imponer nuestra propia verdad, sino por lograr que este portador de supuestas verdades, deje de lado la creencia –racionalización del pensamiento- y de paso a un tortuoso ejercicio de pensamiento puro y de plano empírico.